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Oscura atracción — capítulo 12
HERMIONE
Han pasado varios días y ahora vagamos por el campo a través procurando evitar los lugares con presencias de mortífagos, que ya eran pocos sitios y ninguno era seguro. Así que cambiábamos todos los días de lugar.
Si bien habíamos encontrado el guardapelo autentico, la cosa no pintaba nada bien.
Cuando escapamos de la Madriguera, decidimos alejarnos de las calles, pues ya habíamos tenido un encontronazo. Así que nos dirigimos a Grimauld Place.
Gracias a Kreacher, del cual Harry se pudo ganar su lealtad, conseguimos saber que el guardapelo había estado allí pero que lo habían robado. El elfo nos trajo al ladrón después de unas horas y este nos confesó a quien se lo había vendido.
Dolores Umbrigde.
Llegué a pensar que no volveríamos a verla, pues su estancia con los Centauros, por lo que sé, no fue muy agradable.
Pero ahí estaba. En el Profeta, con su macabra sonrisa y su ridícula forma de vestir, engañando con su falsa apariencia de mujer amable. Nadie sabe lo que esconde verdaderamente.
Para entrar al Ministerio, tuve que idear un plan. Usaríamos la poción Multijugos, no era la primera vez que la usábamos así que no tendría que haber problema. Bueno, solo había uno. Tardábamos mucho en encontrarlo.
Bueno, en realidad, tuvimos dos problemas. Tardábamos en encontrarlo y que cuando escapábamos, Yaxley me agarró y tuve que hacer que apareciéramos en otro lugar. Si él descubría que estábamos en Grimauld Place hubiéramos tenido al mismísimo Voldemort en la puerta.
Así que escapamos. Por los pelos he de decir.
Y aquí estábamos. En medio de un bosque, con un Harry frustrado y un Ron herido. Y yo como siempre, en medio. Pues no es muy agradable estar en medio de dos chicos de mal humor.
Al haber hecho la Aparición tan bruscamente, Ron había sufrido una desparticion. Casi pierde el brazo. Gracias a Merlín que fui precavida y metí lo que nos iba a hacer falta en mi bolso.
Después de poner los hechizos pertinentes de seguridad, de descansar y de comer algo, Harry y yo intentamos destruir el guardapelo. Sin éxito.
Sabía que algo estaba fallando, sabía que había algo más y me sentía muy frustrada porque no encontraba la solución. Pero sabía que estaba ahí, delante de mí. Tal vez el poco descanso y la comida escasa no me estaba ayudando a pensar bien.
Todo eso me ayudó a no pensar en Draco. Bueno, más de lo normal. Cuando me tocaba hacer guardia no podía evitar tener como acompañante los momentos que había vivido con él, incluido los malos. La verdad era que lo extrañaba y me preguntaba todas las noches donde estaría y si estaba bien.
Después… las cosas se complicaron.
Me había dado cuenta de que el guardapelo influenciaba negativamente a aquel que lo llevara. Sin bien el humor entre nosotros estaba un poco tenso, por la falta de avance en su destrucción, ese objeto maldito lo hacía peor.
Ese era el alcance de un trozo del alma de ese ser.
Finalmente, Ron nos abandonaba.
Fue una noche y como si de repente una bombilla se hubiera encendido en mi cabeza, di con la solución.
La espada de Godric Gryffindor. Harry ya la había utilizado en la Cámara de los Secretos para salvar a Ginny, estaba empañada con el veneno del basilisco al que había matado. Si pudo destruir el Diario de Tom Riddle con el colmillo, con la espada seria coser y cantar.
Pero, obviamente, había un problema.
Nadie sabía dónde estaba la verdadera. Desde hace meses estaba desaparecida.
Así que eso hizo que el humor de Ron reventara.
Acusó a Harry de no saber absolutamente nada del asunto, que Dumbledore lo había mandado a una misión suicida. Estábamos tan cerca de destruir el guardapelo como de encontrar el siguiente. Y a mí de tener algo con Harry.
Después de tantos años juntos, después de todo lo que estábamos pasando y sus celos siempre tenían que ser más fuertes que nuestra lealtad o nuestro cariño.
Adoro a Harry, no es un misterio. Pero como se adora a un hermano pequeño, no había más sentimiento fuera de lo fraternal.
Aquella noche, pensé de nuevo en Draco.
Si Ron me había acusado de tener algo con Harry y se había puesto así, incluso me dio a elegir, ¿Cómo se pondría si supiera que había tenido algo con Malfoy?
Creo que estallaría otra guerra mágica.
Así que pasaron más días. Destrozados, por haber sido abandonados por nuestro mejor amigo, Harry y yo decidimos visitar el pueblo donde nació.
Si bien la historia, de cómo Voldemort entró en la casa de los Potter y los mató y luego lanzó la maldición asesina contra un bebé, te la puedes imaginar; ver la casa con el piso de arriba, donde estaría Harry y su madre, totalmente destrozado te eriza todo el cuerpo y te rompe el alma.
Y ves a tu amigo de diferente manera. Pues no es lo mismo escucharlo que verlo. Verlo lo hace infinitamente peor.
Verlo, te hace caer en la cuenta de que todo ha sido real, horriblemente real. Y que tu mejor amigo, aquel al que adoras como un hermano, se libró por poco y solo porque su madre dio la vida por él.
Y aquí estaba, a mi lado. Sin derrumbarse del todo, pues no pudo evitar soltar lágrimas de pena, y me siento más orgullosa de él. Y vuelvo a convencerme de que todo esto vale la pena.
Días después, y después de una huida rápida de los colmillos de Nagini, las cosas cambiaron. Vaya que si cambiaron.