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El reloj dorado — capítulo 12
Unos días después, en hogwarts Hermione iba muy pendiente de su libro, había un ejercicio que no sabía hacer, iba a ir a preguntárselo al profesor, cuando se choco de nuevo y todo termino en el suelo.
−Leoncita, siempre igual. −Le dijo Draco que la miraba divertido. −Si me quieres tanto dímelo, pero no te choques mas conmigo.
Ante eso la leona lo miro con los labios apretados. −Siempre estás en medio, ayúdame que por tu culpa se ha caído todo.
−Te ayudare pero me tienes que dar algo a cambio.
−No, porque es tu culpa. −Y tras decir eso se agacho y se puso a recoger las cosas.
−¿Por qué ibas tan distraída? −Le pregunto Draco que también se agacho y se puso a ayudarla.
−Es que hay un ejercicio que no me sale y aunque lo he mirado de cien veces diferentes sigue sin salir.
−Si quieres te ayudo. −Le pregunto Draco terminando de recoger las cosas y dándoselas.
−Gracias. −Y guardando las cosas en la mochila lo miro. −No sé si dejar que me ayudes, mis deberes son muy importante para mí.
−Lo sé, ¿Qué crees que hare con ellos? −Y la miro divertida. −Que poca fe tienes en mí, yo con lo bueno que soy.
−Huy sí. −Y lo miro, no sabía que había en ese chico pero cada vez que lo veía y se metía con ella tenía ganas de darle un golpe en la nariz.
−¿Entonces qué dices, me dejas que te ayude? Decide pronto, porque tengo cosas que hacer, no puedo quedarme todo el tiempo a que me contemples.
−Idiota. −Y mirándolo un momento se fue a la biblioteca y buscando una mesa vacía, dejo sus cosas y se puso a estudiar.
No mucho tiempo después, llegaba Draco y sentándose a su lado la miro. −Anda que te lo explico.
Hermione que sabía que él podía ayudarle se olvido de todo por el momento y le enseño el ejercicio que no le salía.
Draco leyéndolo un momento sonrió, lo bueno de tener un cerebro de 17 años es que se sabía muchas cosas y ese ejercicio aun lo recordaba sin contar que ya lo había hecho no mucho antes de encontrarse con Hermione.
Un par de horas más tarde, la castaña se despedía de Draco.
−Gracias por todo.
Draco le sonrió. −De nada, leoncita. −Y antes de que pudiera decirle nada se fue riéndose.
Hermione mirándolo un momento se fue a su sala común, al llegar se encontró a Harry que estaba jugando al ajedrez mágico.
−Harry. −Le grito.
El niño la miro. −¿Algún problema?
−Tu primo es idiota, me ha llamado leoncita de nuevo.
Ante eso Harry se rio. −Draco es así, le encanta meterse contigo.
−¿Y yo que le he hecho?
−Que te sulfuras rápidamente y ya le vas detrás diciéndole algo, pasa de él y ya, seguro que pronto se cansara.
−No puedo. −Le confesó.
Ante eso la miro intrigado. −¿Y porque no?
−Porque aunque es un idiota, un gran idiota él es interesante.
Harry le sonrió. −Sí que es interesante, no solo es muy inteligente sino que nunca se queda callado cuando algo no le gusta.
−Por eso. −Y lo miro. −Es que él sabe hablar bien, no habla solo de quidditch y tonterías.
−Te entiendo. −Y le sonrió. -Entonces solo te queda tener paciencia.
−Si lo sé. −Y le sonrió. −Me ha ayudado con los deberes que no me salían.
−Eso está bien, como digo es muy inteligente.
−Lo es, ¿me prestas a Hedwig?
−¿Quieres enviarle un mensaje a tus padres?
−Más bien una carta quiero contarles lo bien que va todo y como el sábado Hedwig lleva la carta a tu familia, quiero aprovechar ahora que ya he terminado los deberes.
Harry le sonrió. −Claro que si, puedes usarla.
−Gracias. −Y sonriéndole se fue a su cuarto a dejar sus cosas y a recoger lo que necesitaría para escribir la carta a sus padres.
Al día siguiente, tras las clases, Harry se encontró a Draco a solas, así que se acerco. −Draco.
El niño lo miro. −Ah, eres tú.
Harry lo miro intrigado. −¿Esperas a alguien? Como por ejemplo a Hermione. −Y le sonrió. −Ya me ha contado que no dejas de llamarla leoncita y cosas así.
Draco mirándolo unos segundos más, dejo de hacerlo y presto atención al castillo. −¿Qué ves a tu alrededor?
Harry sentándose a su lado, se puso a mirar a su alrededor y lo miro. −Gente, hogwarts. −Y entonces frunció el ceño. −Draco yo no soy tan cerebrito como tú, ¿Qué ves tú?
−Veo una segunda oportunidad, para hacer bien las cosas. −Y lo miro. −Veo que aquí las diferencias de sangre son mínimas, solo los idiotas se preocupan por ello, que puedo ser amigo de quien yo quiera, como de Hermione, que en el otro lado la odiaba.
−Porque es una hija de muggles.
−En parte era por eso, pero también porque ella podía decir lo que quisiera, nunca se quedaba con la boca cerrada, si había algo que no le gustaba ya estaba ella diciéndolo, en cambio yo…
−Tú no podías decir nada, porque si no te hubieran matado.
−Exactamente. −Y lo volvió a mirar. −Pero aquí yo puedo ser quien quiera, aquí puedo decir tonterías que nadie me mirara mal, y puedo ser amigo de quien quiera porque sé que mis padres lo aceptaran.
−Te entiendo, no sé si lo sabes pero me criaron una gente que no aceptaba lo que era mío por naturaleza.
−¿El qué?
−La magia, mis tíos no tenían magia, mi tía creció acomplejada por mi madre y Severus, los dos tenían magia y mi tía no, así que en su casa no se podía hablar de magia ni otra cosa que se saliera de lo normal, así que los dos nos hemos criado igual, por tu parte con gente que no aceptaba a gente que no tuviera poderes y yo con gente que no aceptaba a la gente con poder, así que te entiendo más de lo que imaginas. −Y le sonrió. −Pero aquí, todo es muy diferente, no solo tengo a mis padres, también tengo a mis abuelos incluso tengo hermanos, siempre quise tener hermanos.
−Hermanos. −Y lo volvió a mirar.− Cuando supe que aquí tenia hermanos, me congele, mi padre era de la opinión que solo puede haber un Malfoy, un Malfoy para heredarlo todo y que no hubieran discusiones estúpidas por herencias y cosas así.
−En mi caso, a mis padres no les dieron la oportunidad de tener más hijos, los mataron antes de intentarlo. −Y volvió a sonreírle. −Pero ya no tenemos que pensar en el otro lado.
−No, no tenemos que pensar en ese lugar. −Y cogiendo aire lo soltó muy lentamente. −Este lugar es el que siempre veía cuando cerraba los ojos. −Y cerró los ojos. −Cuando cierro los ojos veo a unos padres amorosos y cariñosos que aceptan todo de mi.
−Aquí lo tienes.
Draco abriendo los ojos asintió. −Lo tengo, y por conservar este lugar, matare a cualquiera sea quien sea.
−Te entiendo. −Y miro a su alrededor. −Después de todo lo que hemos vivido, este es el paraíso. −Y le sonrió. −Nuestro paraíso Draco.
−Nuestro paraíso. −Y mirando a su alrededor lo miro y le sonrió. −Me gusta como suena, el paraíso.
−Sí.
−Harry. −Se escucho la voz de Hermione acercándose corriendo.
El niño la miro. −¿Hermione que hay fuego? Porque vienes corriendo.
−Has recibido una carta de tu familia. −Y le dio un sobre. −¿Está todo bien?
−Sí que lo estaba la última vez que me escribieron, ahora veremos qué pasa. −Y cogiendo el sobre lo abrió y al leerlo sonrió. −Todo está bien en casa, me escribe mi madre para preguntarme si quiere que me envié cosas para halloween, ya solo quedan dos semanas. −Levantándose los miro. −Voy a enviar una carta a mi madre, para pedirle algunas cosas. −Y miro a Draco. −Me alegro haber tenido esta conversación contigo.
−Yo también.
Harry sonriéndole miro a Hermione. −Nos vemos luego.
−Sí. −Y viendo como Harry se iba miro a Draco. −¿De qué hablabais?
−De cosas muy importantes.
−¿Cómo qué?
Ante eso, Draco la miro divertido. −Eres un poco entrometida.
−Claro quiero saberlo todo en este mundo mi cerebro me lo pide.
−Entonces te enseñare un libro que te gustara mucho, vamos. −Y la llevo al gran comedor donde le pidió que le esperara.
No mucho tiempo después, Draco volvía con un libro y se lo presto.
Hermione cogiéndolo leyó el titulo. −¿El porque de las cosas? −Y miro a Draco. −¿Qué libro es este?
−Este te responderá muchas preguntas.
La chica cogiéndolo lo abrió y se puso a leer la primera página. −Pues lo leeré.
−Hazlo. −Y viendo como la chica se olvidaba de todo y se metía en el libro, Draco se fue, esperaba que después de que terminara el libro se olvidara de que lo había encontrado con Harry hablando de cosas que no podía saber.
Unos días después, mientras Hermione seguía leyendo el libro que Draco le había prestado y había resultado ser muy interesante, en Londres Lily estaba en el callejón diagon, comprando los dulces para su familia.
Entrando en la tienda de dulces más grandes de todas, sonrió, esa tienda siempre le ayudaba muchísimo, y mirando a su alrededor vio que como cada año, habían cosas nuevas.
Cogiendo una cesta se puso a llenarla, que si manzanas, chocolates, dulces, al terminar, las cosas se desbordaban de la cesta, pero lo importante es que ya lo tenía todo, una vez pagado salió de la tienda y sintió que la miraban.
Mirando por todos lados, vio que Molly Weasley la observaba, no sabía que le había hecho a esa mujer, pero siempre la estaba mirando.
−Lily. −La llamaron.
La mujer girándose vio a su marido que se acercaba con sus amigos.
−James.
−¿Todo bien?
Lily que sabía que James se enteraba de todo, se lo dijo: −Me miran.
Ante eso, los tres se giraron y vieron que Molly los miraba.
−¿Otra vez? Esa mujer en vez de estar mirándote tanto, tendría que buscarse trabajo. −Le dijo Sirius y la miro. −Ignórala, no sabe hacer otra cosa, ¿Qué has comprado? −Pregunto mirando interesado las bolsas.
−Dulces para halloween, pero tengo regalos para vosotros. −Y pidiéndole a James que cogiera todas menos una, la abrió y le enseño lo que les había comprado. −Una manzana decorada, lleva chocolate, dulce de leche y muchas otras cosas, por eso están gordita.
−Gracias. −Le dijeron Sirius y Remus.
−De nada. −Y miro a su marido. −A ti te los doy en casa.
−Sí, ahora para casa que ya está haciendo tarde.
−Sí. −Y miro a sus amigos. −¿Vendréis a la fiesta de halloween?
−Claro que si pelirroja. −Le dijo Sirius. −Mary me ha hecho comprar un montón de cosas, para la fiesta, así que ni loco le digo que tenemos otros planes. −Y señalo a Remus. −Y él ni loco se saltaría una fiesta donde se puede comer todos los chocolates del mundo.
−Entonces os espero. −Y dándole un beso a cada uno, se fue con su marido.