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El reloj dorado — capítulo 39

Al día siguiente en la prensa se anunciaba que había un nuevo Black en la familia, y tanto el bisabuelo como los abuelos y los hermanos del nuevo padre hablaban para la prensa aunque nunca lo hacían, pero ese era un momento único, no todos nacía un miembro de su familia.

Tras leer el profeta, Harry miro a Ron.

−¿Qué? −Le pregunto el pelirrojo mirándolo mal.

−Tu sobrino ha nacido y ni siquiera le has felicitado.

−Ese tipo no es mi hermano solo es un traidor. −He iba a decir algo pero Cygnus le agarro del cuello de la camisa. −Ni se te ocurra hablar mal de mi sobrino porque aunque tú no quieras saber nada del pequeño Edward yo si lo quiero y lo protegeré de tipos como tú, así que ves con mucho cuidado.

−Señor Black, suéltelo. −Le dijo Severus que iba pasando por ahí.

−Profesor no pasa nada. −Y miro a Ron. −Recuerda lo que he dicho. −Y tras decir eso lo soltó y se fue.

−Vaya tipo más insensible. −Dijo Harry a Ron y muchos estuvieron de acuerdo con él.

El día de san Valentín no tardo mucho en llegar y muchos alumnos recibieron regalos, y aunque Lyall y Daphne tenían que estar separados, igual se hicieron regalos, incluso pudieron estar unas horas juntos gracias a la ayuda de sus amigos.

El tiempo fue pasando y en pascua, la casa de Bill y Dora se lleno de chicos que querían ver al bebe.

−Es hermoso. −Le dijo Hermione mirando a la prima de su novio. −Es súper pequeñito.

−Sí que lo es. −Le dijo Dora contenta de tener a esa chica en su casa, le caía bien y sus padres eran muy buenas personas. −Incluso ya tu padre me ha dicho que cuando le empiecen a salir los dientes lo podemos llevar a su clínica.

Ante eso la chica se rio. −Mi padre siempre preocupado por los dientes de todos.

−Es normal, es su trabajo y se nota que le gusta lo que hace. −Y le sonrió. −Gracias por las flores y los bombones.

−De nada, ya me voy, seguro que ya estáis cansados y queréis descansar, gracias por dejar que lo viera.

Dora le volvió a sonreír. −De nada. −Y bajando las escaleras vio a Bill y Draco. −Draco acompaña a Hermione a casa.

−Lo hare. −Y levantándose le dio un beso a su prima. −Nos vemos pronto.

−Sí, gracias por venir.

−De nada. −Y despidiéndose de Bill se fueron.

−Gracias por acompañarme. −Le dijo Hermione a Draco una vez estuvieron en la calle.

−De nada, a Dora le encanta tener visitas que vean a su bebe, es un niño muy especial es un metamorfago como ella.

−Sí que es especial, ¿los Weasley han venido a verlo?

−Los de siempre, ni los señores Weasley ni sus hermanos pequeños han venido, según mi abuelo Cygnus aun esperan que Bill vaya un día con un baúl lleno de dinero.

−Eso muy egoísta.

−Sí que lo es, pero bueno no podemos hacerles cambiar de opinión, ¿te acompaño a casa?

−Aún es pronto, mis padres no me esperan hasta las cinco.

−Entonces iremos a pasear por el callejón diagon, ¿Qué te parece?

Ante eso Hermione asintió. −Me parece muy bien, además pocas veces voy por allí, solo cuando tengo que comprar mis libros.

−Pues hoy disfrutaremos de la tarde allí.

−Sí. -Draco le entrego un casco y el poniéndose otro se subieron en su scooter, su padre se la había regalado en pascua.

Mientras paseaban por el callejón diagon, Hermione vio algo que le gusto en un escaparate y entrando Draco se lo regalo, al salir se lo agradecía.

−Muchas gracias. −Le dijo la chica.

−De nada. −Y sonriéndole iban a volver con su paseo cuando se encontraron con los Weasley. −Vaya los que faltaban. −¿Quieren algo? ¿O van a seguir de estatuas?

−No les hagas caso. −Le dijo Hermione. −Vamos a comer algo.

−Si vamos. −Y cogiéndole de la mano se iban a ir cuando Draco les dijo: −Por nosotros podéis quedaros como estatuas. −Y sin decir nada más se fueron.

Draco cada vez lo que veía tenia dolor de estomago, no solo eran unos garrapatas sino que es que se quedaban mirándolos y no hacían nada, y no solo daba miedo sino que era muy molestos.

Olvidándose de los Weasley los novios siguieron disfrutando de su paseo, a las cinco menos cuarto Draco acompañaba a Hermione a su casa, al llegar se despidieron con un beso y el chico se fue a su casa.

Y de nuevo el tiempo fue pasando hasta que llego el verano, una vez que el tren llego a la estación, Harry se iba a ir con sus padres, cuando Blaise lo paro.

−Harry quedamos mañana en el callejón diagon, han abierto un nuevo local, música y todo eso, ya los demás me han dicho que irán.

−¿Puedo ir? −Le pregunto Harry a su padre.

−Sí que puedes, lo he visto y está muy bien. −Y miro a Blaise. −Ya nos vamos se está haciendo tarde.

−Yo también, mi padre me espera. −Y despidiéndose se fue.

Harry vio como su amigo se iba y saludaba a su padre, por lo que sabía habían salvado al señor Zabini de morir envenenado por su mujer, y la habían encerrado algunos años en Azaban, tras casi diez años en la prisión de los magos, la mujer había salido no solo con el divorcio y una orden de mantenerse alejada de Blaise sino que sin nada, así que se había ido del país y lo último que se sabía es que se había casado de nuevo.

−Harry vamos. −Le dijo Lily. −Te estamos esperando.

El chico la miro. −Lo siento.

−No pasa nada, vamos.

−Sí. −Y así sin más interrupciones se fueron a su casa.

Al día siguiente, Harry no sabía que ponerse así que después de bañarse bajo a la planta principal y vio a su padre con sus tíos.

−Papa.

James lo miro. −¿Harry todo bien?

−No sé que ponerme.

−¿Dónde vas? −Le pregunto Sirius.

−Voy a ir a un nuevo local con los demás.

−Ya se cual es, todos los adolescentes van, está muy bien.

−Sí, pero ahora no se que ponerme.

−Ponte una camisa, unos tejanos negros y unos zapatos, iras muy guapo.

−Gracias padrino.

−De nada. −Y sonriéndole miro a James que estaba de acuerdo con la ropa que su amigo había escogido. −Orión y Cassie también irán.

−Y Lyall también. −Le dijo Remus y miro a Harry. −Ves a cambiarte.

−Sí, gracias a los tres. −Y se fue escaleras arriba.

Mirando en su vestidor no tardo mucho en encontrar la ropa que su padrino le había dicho, su madre no dejaba de comprarle ropa tanto formal como informal, según ella había que estar preparada para cualquier situación, tras vestirse se puso un poco de colonia.

−Muy guapo. −Le dijo de pronto James.

Harry le sonrió. −Gracias, ahora no se que llevarme.

−Llévate una mochila de esas de saco para tu video consola que tiene móvil y tu identificación, dentro la puedes dejar en un casillero.

−Lo hare gracias. −Y buscando una bolsa guardo lo que su padre le había dicho y le dijo: −Ya estoy.

−Ten. −Y le dio dinero. −No bebas que conduces y diviértete.

−No beberé, y me divertiré.

−Estupendo, te dejo que estés hasta las 12 no más.

−Gracias. −Y guardándose el dinero se despidió y se fue al calljeon diagon, en su scooter, aunque a su madre no le hacía mucha gracia su padre se la había regalado en pascua y le encantaba, y el no era el único, a todos les habían regalado una para que no hubiera problemas de que tú tienes una y yo no tengo.

Una vez llego al callejón diagon, dejo su scooter bien aparcada y entrando al caldero chorreante saludo y ya se fue al callejón.

Al entrar se iba a ir al local cuando vio unas sombras, ante eso Harry se quedo quieto, pero entonces vio la cabeza de alguien que conocía muy bien y aunque no le gustaba espiar a la gente, se notaba que se escondía así que se puso a seguirlo y no tardo mucho en ver porque se escondía, sin hacer ruido cogió su videoconsola y se puso a hacerles fotos, cuando tuvo suficientes se alejo y ya se fue para el local.

Al llegar vio que Draco y Hermione ya estaban allí.

−Buenas, ¿hace mucho que habéis llegado?

−Acabamos de llegar, he visto tu scooter, ¿entramos?

−Sí. −Y así haciendo cola se pusieron a esperar. −Draco.

El chico lo miro. −¿Qué?

−Ya sé que hacer para que los Brown le den la patada a los Weasley.

−¿Cómo?

Harry encendiendo su videoconsola les enseño las fotos que había hecho.

Draco mirándolas puso cara de asco. −Que mal gusto tiene. −Y lo miro. −¿Sabes quién es?

−Sí, es Romilda Vane de gryffindor.

−Así que tenemos a esta chica besándose con el mono de Ronald. −Y le devolvió la maquina. −Mañana se las enseñaremos a los demás.

−Aunque Lavender no me gusta, no me hace gracia que le estén engañando. -Les dijo Hermione que hasta el momento no había dicho nada.

−A nadie le gusta, pero eso será mañana, ahora vamos a divertirnos. −Y viendo que ellos eran el comienzo de la cola, le enseñaron al de seguridad su identificación mágica y ya entraron.