← La Tercera Generación de Hogwarts IV · de
La Tercera Generación de Hogwarts IV — capítulo 3
Capítulo 2: Carpe Diem.
Cuando el hermano de la anfitriona -disfrazado de enano de jardín-, abrió la puerta a Susan Jordan y a Fred Weasley, fue como si hubiera abierto de golpe las puertas del infierno. La música estaba puesta a tope, y no era la clase de música que les gustaba bailar a los padres de aquella muchacha de la clase de Lola Cavanaugh, sino algo entre house y dubstep. Una muchacha con una corona en la cabeza se escurrió junto al enano de jardín y vomitó sobre el parterre de hortensias junto a la entrada. Tenía la cara bastante verde, aunque también podía ser maquillaje.
-¡Touchdown!- gritó cuando se incorporó de nuevo.- Uf, creí que no conseguiría llegar hasta aquí.
-Oh, fiestas de instituto.- bufó Fred Weasley en voz baja.- Qué guay.
Susan Jordan se quedó plantada en la entrada con los ojos abiertos de par en par, absolutamente perpleja. Estaba claro que allí había algo que no funcionaba. Ante ellos se encontraba la elegante residencia de los Dale, en el acomodado barrio de Chelsea, un lugar en el que normalmente se hablaba en susurros. ¿Cómo se explicaba entonces que hubiera gente bailando en el vestíbulo de la entrada? ¿Y por qué eran tantos? ¿Y de dónde venían esas risas? James les había contado que no se solía reír en las fiestas de Cynthia, y si alguien lo hacía alguna vez, antes se tapaba la boca con la mano.
Aquel verano, habían conocido a Lola Cavanaugh, la muchacha que había decidido llevar al joven Potter a aquella fiesta adolescente; y la que les prometió que les invitaría también a ellos durante la libertad condicional que le había brindado el Ministerio de Magia. Habían ido allí porque su amigo James Potter se encontraba en aquella fiesta de disfraces de temática "verde". Les había mandado un "mensaje de texto", algo a lo que no se habían acostumbrado todavía los magos, y les había pedido ir a aquella fiesta tan "loca", y, sobre todo, porque había llevado a su prima Rose, quien parecía haberse descontrolado. Por lo que sabía Fred Weasley, había sido ella la que le había pedido ir a ahogar sus penas en alcohol, pues tenía que estar un año entero sin su novio, el chino. Además, era una fiesta de adolescentes borrachos encubierta y seguramente todos los padres creerían que era una aburrida velada de ponche sin alcohol.
-¿Sois verdes, no? ¡Pues adelante, adelante!- graznó el hermano de Cynthia Dale, la anfitriona, y puso un vaso en la mano de Susan, quien tan solo llevaba una chaqueta verde para seguir la etiqueta requerida.- ¡Toma, baba de monstruo! Muy sano. Solo zumo, fruta fresca, colorante verde, ¡pero biológico! Y una pizca de vino blanco.
Al parecer, los padres de la anfitriona se habían ido de viaje, pero aquella locura desatada no parecía ser fruto de aquella niña pija de la que le había hablado James, quien la conocía por haber estado en su misma clase durante el tiempo que iba al colegio muggle.
Fred Weasley cogió el vaso de la muchacha y tomó un sorbo.
-Diría que la amiga de James tiene algo que ver con todo esto.- dijo Fred Weasley con una sonrisa orgullosa, como el viejo Fred bromista.- ¿Una pizca de vino blanco? Calculo que la mitad de esto es vodka como mínimo.
Miró hacia la pista de baile, en el comedor, donde Cynthia, disfrazada de estatua de la Libertad, bailaba de una forma bastante descontrolada.
-Busquemos a James y a Lola y larguémonos de aquí cuanto antes.- dijo Susan.
Un pimiento verde atropelló a Fred.
-Peddón.- murmuró una muchacha, que estaba cosida al pimiento, y a continuación puso unos ojos como platos y añadió-: ¡Oh, Dios mío! ¿Eres de verdad?- Hundió el índice en la camiseta de Fred que marcaba todos sus abdominales para comprobarlo.
-Oye, ¿has visto a una tal Lola en algún sitio?- Le preguntó Susan Jordan, aparentemente fastidiada.- ¿O estás demasiado borracha como para acordarte?
-¡Estoy muy pero que muy sobria!- gritó la joven, y se tambaleó de tal modo que se hubiera caído el suelo si Fred no la hubiera sujetado.- Te lo demostraré: Tres tristes tigres comen trigo en un trigal. ¡Tres tristes tigres comen trigo en un trigal! ¡A ver si puedes hacerlo tú! Esto no se puede decir si estás borracha. ¿Verdad que no?
- Lanzó una mirada lánguida a Fred, que parecía encontrarlo todo muy divertido.- Si eres un vampiro, te doy permiso para morderme.
En ese momento, Susan Jordan estuvo tentada de arrancarle a Fred de la mano el vaso de baba de monstruo y vaciarlo de un trago. El aullante infierno verde en plena ebullición era puro veneno para sus nervios destrozados.
Dejaron a aquella joven retando a los demás invitados a decir una serie de trabalenguas que ni ella misma era capaz de acabar. Durante un breve instante tuvo una visión de Lola Cavanaughy de su amigo James pasando junto al bufet, mirando alrededor con aire conspirativo y vaciando una tras otra botellitas de vodka en el ponche.
Iban a abandonar la siguiente habitación, cuando, de repente, Susan Jordan vio a Rose Weasley. O a alguien que hubiera podido ser Rose Weasley si ese alguien no hubiera estado en el invernadero de pie sobre una mesa y con un micro en la mano, cantando con entusiasmo a todo volumen.
-Oh, por las barbas de Merlín.- murmuró Fred Weasley, y se sujetó al marco de la puerta.- El tío Ron nos va a matar.
-Ready for those flashing light...- cantó Rose.
Susan Jordan se quedó momentáneamente sin habla, recordando la imagen de una alumna responsable y ejemplar que tenía de la prima de sus amigos.
En torno a la mesa se había agrupado una multitud de groupies aulladores, porque la verdad era que Rose no cantaba nada mal, y un muchacho a su lado se unió rápidamente a la masa de fans y empezó a bramar:
-¡Que se desnude! ¡Que se desnude!
Entonces fue cuando descubrieron a James y a Lola y ambos se abrieron paso hasta ellos.
-¡Vaya, por fin!- gritó Lola echándole los brazos al cuello de Susan como si fuesen amigas de toda la vida.- ¡Le he echado cinco botellas de vodka a los ponches! Y nos hemos olvidado de ella, y ha bebido demasiado como ella quería, y ya no es la misma. Desde las once y media está tratando de explicarle a la gente lo de la sociedad maga y que existe la magia y que todo está entre nosotros. Lo hemos intentado todo para llevarla a casa, pero es escurridiza como una anguila.
-Además, es mucho más fuerte que nosotros.- dijo James, que llevaba un divertido sombrero verde, pero, aparte de eso, no parecía muy divertido.- Antes casi consigo arrastrarla hasta la puerta, pero entonces me ha retorcido el brazo y me ha amenazado con partirme la rodilla.
-Y ahora además tiene un micro.- añadió Lola, con aire sombrío.
Miraron hacia arriba, hacia Rose, como si fuera una bomba de relojería a punto de explotar. Susan Jordan no se podía creer que James hubiese cedido a los ruegos de una adolescente encaprichada, aunque seguramente sus padres tenían algo que ver. Había dado por sentado que Rose había preferido salir de fiesta con James y Lola, que con Albus y con Scorpius, quienes no serían nunca la alegría de la huerta.
Cuando el muchacho que antes estaba a su lado volvió a gritar que se desnudara, la joven Weasley empezó a quitarse lascivamente uno de los largos guantes verdes que llevaba a conjunto con su vestido esmeralda, ayudándose con los dientes. Todos chillaron que siguiera, pero entonces, de repente, se detuvo: había descubierto la nueva presencia de su primo Fred y Susan.
-¡Vaya, mirad a quién tenemos aquí!- dijo micro en mano, y su mirada se deslizó por encima de las cabezas de la gente hasta detenerse en el grupo de los cuatro.- ¡Mis dos primitos rebeldes! Eh, chicos, ¿sabéis que en realidad James es un licántropo? De hecho, en unos días será luna llena, así que cuidado con sus garras...
-¡Que siga cantando!- gritaron sus groupies desconcertados.
-¡Que se desnude!- gritó el muchacho.
-Alguien tiene que bajarla de ahí.- dijo James taciturno.
-Sí, pero, ¿cómo? Es una máquina de combate. No sé, tal vez podríamos lanzarle algún objeto pesado.- propuso Lola.
El público estaba un poco inquieto. De algún modo parecía haber percibido que los amigos de la improvisada cantante querían cerrar el espectáculo. Solo aquel muchacho de hormonas revolucionadas seguía suplicando un desnudo.
James trató de hacer contacto visual con Fred, quien pareció captar algo telepáticamente. Éste último, lentamente, se abrió paso hacia la mesa a la que había subido. Rose inspiró hondo, y el micro hizo llegar su suspiro hasta el último rincón del invernadero.
-En realidad, no he visto a Cedric nada más que una semana. ¡No he estado en Japón, sino con mi amiga Alice...! ¡¿Por qué cuándo tengo la relación perfecta el mundo se opone a ella?! - Fred ya casi había llegado hasta ella.- Cedric es increíblemente bueno en todo lo que hace. ¡Y nadie en mi maldita familia lo acepta por eso!
Fred extendió la mano hacia Rose. Si de algo se había dado cuenta Susan Jordan en lo poco que había visto a Fred con sus primas pequeñas, era que era sobreprotector y ellas se dejaban, les gustaba sentirse protegidas por un primo de armas tomar.
-Es hora de ir a casa.
-¡Buuu...!- gritó el muchacho de hormonas revolucionadas.
-Si me tocas, te partiré la rodilla. ¡Domino el Krav Maga!, ¿sabes?
-Y yo soy un joven violento e inestable, ¿lo has olvidado?
De nuevo le tendió la mano. Rose dudó un segundo, pero luego la cogió e incluso dejó que la bajara de la mesa, como una joven cansada y borracha que apenas podía sostenerse ya sobre sus piernas. Fred le rodeó la cintura con el brazo y se volvió hacia el resto.
James estaba temblando y el aire de su nariz salía como si estuviese conteniendo ira interior. Lola, quien a pesar de no estar como Rose estaba algo borracha también, se rio de la expresión de su amigo. Tuvo que ser Susan la que se acercó a él para que se calmara.
-¿Ocurre algo?
-Un licántropo.
En el momento en el que dijo aquello, las ventanas del invernadero estallaron en pedazos y todo el mundo comenzó a gritar, asustados, llevándose las manos a la cabeza. Rose Weasley se cayó al suelo de culo y Fred la dejó allí para ir a por Susan Jordan, cuyo cuerpo oscilaba como si hubiesen activado en ese momento un mecanismo en su cerebro. Lola Cavanaugh tuvo que hacerse cargo de la joven Weasley, ya que James Potter había desaparecido.
Había sido él, a una velocidad extrema, quien había roto el cristal al traspasarlo en forma de lobo, tras haber notado la presencia de Theodore en el jardín. Les estaba acechando. Y él, como líder de aquella su pequeña manada, no podía permitir que les ocurriese nada.
Recordó en aquel mismo instante que, en caso de que alguien hubiese visto su transformación -lo cual sería imposible- o le viera a él convertido; tendría problemas con el Ministerio de Magia: estaba rodeado de muggles. No solo se molestaría el Ministerio por todo el papeleo que aquello conllevaba, sino también porque, al ser él menor de edad, no respondía a ningún ilícito. Para más inri de la mayoría de los aurores, no era un altercado cualquiera, sino una criatura mágica, un licántropo; y no era algo muy aceptado todavía en el Departamento.
Pensó en todas las consecuencias desastrosas porque estaba a punto de descontrolarse.
Era la primera vez que veía a Theodore después de su conversión.
En ese momento de su vida, la persona a la que más odiaba era a aquel licántropo. Además, se sentía en igualdad de circunstancias. Se sentía capaz de vencerle. La ira y la violencia dispararon el ritmo de su corazón.
Seguía oliendo su presencia, pero era incapaz de verlo. Rugió y se arrastró hasta el rincón más oscuro del jardín.
Entonces lo vio.
Estaba en su abrupta forma humana, vigilando cada uno de sus pasos como si lo estuviera poniendo a prueba. Le miraba con esos ojos inyectados de sangre como si se estuviera preparando para defenderse de él. ¿Defenderse? Ese deshecho de persona jamás haría algo así con él. Frunció su ceño peludo. Algo andaba mal.
¿Por qué estaba examinando su reacción? Después de todo, estaba muy convencido de que aquel miembro del Clan del Ojo, el grupo terrorista mágico, estaba allí por él. Por James Sirius Potter, el licántropo. Y estaba quieto, no pretendía atacarle a no ser que él lo hiciera. Y aun así, no le haría más daño del que ya sufría, ¿entonces?
Sus pupilas se dilataron al comprenderlo.
Sus patas retrocedieron y le enseñó los dientes sagazmente.
Theodore había logrado convertir a uno de los hijos del héroe inglés en algo como él. En una bestia. Desearía ansiosamente que se descontrolara, que atacara, que asesinara... Que se convirtiera en un Theodore. James jamás permitiría aquello.
Se oyeron hechizos y conjuros a sus espaldas: los aurores ya habían llegado para limpiar aquel desastre. Todos los muggles estaban en el invernadero, viendo como si se tratase de un espectáculo a un lobo desafiando a un hombre. Todos, borrachos y eufóricos, alababan al hombre que estaba domando al licántropo, ya que creían que la criatura era un demonio.
James miró hacia sus primos y sus amigas. Fred estaba hablando con un auror, Rose estaba adormecida en una silla, Susan estaba temblando de allí para allá y Lola estaba contemplando asombrada al lobo en el que se había convertido su amigo. Cuando volvió la mirada, Theodore ya se había marchado como intuía. Había ganado aquel enfrentamiento, y aquello le dio fuerzas para plantarle cara a los aurores que parecían temerle.
Al volver a su forma humana, recibió una ovación del público que no tardaría en olvidarlo. No se azoró cuando se percató de que tan solo los restos de unos pantalones vaqueros y una camiseta cubrían su cuerpo. Se hubiese quedado desnudo de no ser porque no quería hacer sentir incómodas a las muchachas.
Se acercó con calma hacia el auror que le exigía una explicación. Le sostuvo la mirada sin reparos y el auror bufó. Tendría unos treinta años y cero ganas de reñir a un crío, pero eso a James le daba igual.
-Según el Código de Conducta de los Hombres Lobo, ningún licántropo sin límite de edad puede transformarse por voluntad propia delante de muggle, excepto en defensa propia en caso de que un mago o una bruja le ataque con magia.- anunció con ira acumulada el auror.- ¡No ha habido ni un ataque mágico, señor Potter! ¡Me temo que queda usted detenido por...!
-¿¡QUÉ?!- bramó el joven exasperado.- ¡Eso es imposible! Ya sé que no me ha atacado, pero se trata del licántropo del Clan del Ojo que...
El hombre cogió su antebrazo con fuerza, deteniéndole en caso de huida.
-Queda usted detenido, señor Potter. Debe conocer mejor la normativa que existe acerca de su nueva condición... Supongo que se atrasará su educación... ¡Pero mejor eso que más atentados de criaturas descontroladas! ¿No le parece justo para la armonía de la sociedad?
James Potter estaba temblando de rabia. Buscó a Fred para que le apoyase, pero no lo encontró, ni a él ni a su prima ni a sus amigas. Aquello le mosqueó, ¿habrían huido sin él? Era raro, pues su primo estaba hablando con un auror hacía un rato.
El agarre del auror cesó. Éste se tambaleó, cerró los ojos y se cayó de bruces al suelo. Pudo ver a Fred detrás de él, con un rostro serio y franqueado por dos hombres con abrigos negros y largos y con expresiones duras en su rostro. James se estremeció.
-He mandado un Patronus a unos de amigos de las peleas callejeras.- anunció Fred, señalando a aquellos hombres intimidantes.- Los aurores, tan solo hay tres, se han encargado de borrar los recuerdos de lo sucedido a todos los muggles. Y Atticus y Vanger han borrado los de los aurores y ahora van a llevárselos a otro lugar mientras nos largamos.
Le indicó con la mano que le siguiera.
-Gracias.- murmuró James hacia aquellos hombres que se quedaron en el jardín observando el cuerpo del auror que yacía en el suelo.- ¿No tendremos más problemas por esto?- preguntó en voz baja mientras entraban de nuevo a la casa y se dirigían a la entrada, donde se encontraban las tres muchachas.
-Primero, Atticus y Vanger saben lo que están haciendo...- dijo tajantemente.- Y segundo, ¿estás seguro de que quieres hacer con las consecuencias de todo esto? A mí me interrogarían y no me dejarían ir a Hogwarts porque tengo no sé cuántos avisos sobre mi violencia y mi inestabilidad que no puedo superar, y este hecho los superaría todos. A Rose y a Susan les caería una buena por parte de sus padres: fiesta con alcohol, magia,... ¡Horror! ¡Piensa en la que montaría el tío Ron! Y, bueno, encerrarían definitivamente a Lola en el Ministerio porque lo están deseando para extraerle toda la información que no da... Y sé que tú no quieres eso amigo. Y, por último, ¡y más importante! ¡Te meterían en Azkaban! Quizás creas que puedas escaparte, pero, amigo, las leyes contra los licántropos se han endurecido, y porque seas hijo de quien eres no van a permitir desigualdades ante la ley. Es más, la mayoría de la población quiere encerrar de una vez por todas a todos los licántropos... Ya sabes que Theodore se ha cebado este verano en Inglaterra... Y están aterrorizados, James. Por eso ha venido hoy, para encerrarte en Azkaban. - Fred suspiró. Aquello era demasiada información que quizás James no era capaz de digerir bien.- Vámonos antes de que nos encontremos con los refuerzos.