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La Tercera Generación de Hogwarts IV — capítulo 4

Capítulo 2: Carpe Diem.

Cuando el hermano de la anfitriona -disfrazado de enano de jardín-, abrió la puerta a Susan Jordan y a Fred Weasley, fue como si hubiera abierto de golpe las puertas del infierno. La música estaba puesta a tope, y no era la clase de música que les gustaba bailar a los padres de aquella muchacha de la clase de Lola Cavanaugh, sino algo entre house y dubstep. Una muchacha con una corona en la cabeza se escurrió junto al enano de jardín y vomitó sobre el parterre de hortensias junto a la entrada. Tenía la cara bastante verde, aunque también podía ser maquillaje.

-¡Touchdown!- gritó cuando se incorporó de nuevo.- Uf, creí que no conseguiría llegar hasta aquí.

-Oh, fiestas de instituto.- bufó Fred Weasley en voz baja.- Qué guay.

Susan Jordan se quedó plantada en la entrada con los ojos abiertos de par en par, absolutamente perpleja. Estaba claro que allí había algo que no funcionaba. Ante ellos se encontraba la elegante residencia de los Dale, en el acomodado barrio de Chelsea, un lugar en el que normalmente se hablaba en susurros. ¿Cómo se explicaba entonces que hubiera gente bailando en el vestíbulo de la entrada? ¿Y por qué eran tantos? ¿Y de dónde venían esas risas? James les había contado que no se solía reír en las fiestas de Cynthia, y si alguien lo hacía alguna vez, antes se tapaba la boca con la mano.

Aquel verano, habían conocido a Lola Cavanaugh, la muchacha que había decidido llevar al joven Potter a aquella fiesta adolescente; y la que les prometió que les invitaría también a ellos durante la libertad condicional que le había brindado el Ministerio de Magia. Habían ido allí porque su amigo James Potter se encontraba en aquella fiesta de disfraces de temática "verde". Les había mandado un "mensaje de texto", algo a lo que no se habían acostumbrado todavía los magos, y les había pedido ir a aquella fiesta tan "loca", y, sobre todo, porque había llevado a su prima Rose, quien parecía haberse descontrolado. Por lo que sabía Fred Weasley, había sido ella la que le había pedido ir a ahogar sus penas en alcohol, pues tenía que estar un año entero sin su novio, el chino. Además, era una fiesta de adolescentes borrachos encubierta y seguramente todos los padres creerían que era una aburrida velada de ponche sin alcohol.

-¿Sois verdes, no? ¡Pues adelante, adelante!- graznó el hermano de Cynthia Dale, la anfitriona, y puso un vaso en la mano de Susan, quien tan solo llevaba una chaqueta verde para seguir la etiqueta requerida.- ¡Toma, baba de monstruo! Muy sano. Solo zumo, fruta fresca, colorante verde, ¡pero biológico! Y una pizca de vino blanco.

Al parecer, los padres de la anfitriona se habían ido de viaje, pero aquella locura desatada no parecía ser fruto de aquella niña pija de la que le había hablado James, quien la conocía por haber estado en su misma clase durante el tiempo que iba al colegio muggle.

Fred Weasley cogió el vaso de la muchacha y tomó un sorbo.

-Diría que la amiga de James tiene algo que ver con todo esto.- dijo Fred Weasley con una sonrisa orgullosa, como el viejo Fred bromista.- ¿Una pizca de vino blanco? Calculo que la mitad de esto es vodka como mínimo.

Miró hacia la pista de baile, en el comedor, donde Cynthia, disfrazada de estatua de la Libertad, bailaba de una forma bastante descontrolada.

-Busquemos a James y a Lola y larguémonos de aquí cuanto antes.- dijo Susan.

Un pimiento verde atropelló a Fred.

-Peddón.- murmuró una muchacha, que estaba cosida al pimiento, y a continuación puso unos ojos como platos y añadió-: ¡Oh, Dios mío! ¿Eres de verdad?- Hundió el índice en la camiseta de Fred que marcaba todos sus abdominales para comprobarlo.

-Oye, ¿has visto a una tal Lola en algún sitio?- Le preguntó Susan Jordan, aparentemente fastidiada.- ¿O estás demasiado borracha como para acordarte?

-¡Estoy muy pero que muy sobria!- gritó la joven, y se tambaleó de tal modo que se hubiera caído el suelo si Fred no la hubiera sujetado.- Te lo demostraré: Tres tristes tigres comen trigo en un trigal. ¡Tres tristes tigres comen trigo en un trigal! ¡A ver si puedes hacerlo tú! Esto no se puede decir si estás borracha. ¿Verdad que no?

  • Lanzó una mirada lánguida a Fred, que parecía encontrarlo todo muy divertido.- Si eres un vampiro, te doy permiso para morderme.

En ese momento, Susan Jordan estuvo tentada de arrancarle a Fred de la mano el vaso de baba de monstruo y vaciarlo de un trago. El aullante infierno verde en plena ebullición era puro veneno para sus nervios destrozados.

Dejaron a aquella joven retando a los demás invitados a decir una serie de trabalenguas que ni ella misma era capaz de acabar. Durante un breve instante tuvo una visión de Lola Cavanaughy de su amigo James pasando junto al bufet, mirando alrededor con aire conspirativo y vaciando una tras otra botellitas de vodka en el ponche.

Iban a abandonar la siguiente habitación, cuando, de repente, Susan Jordan vio a Rose Weasley. O a alguien que hubiera podido ser Rose Weasley si ese alguien no hubiera estado en el invernadero de pie sobre una mesa y con un micro en la mano, cantando con entusiasmo a todo volumen.

-Oh, por las barbas de Merlín.- murmuró Fred Weasley, y se sujetó al marco de la puerta.- El tío Ron nos va a matar.

-Ready for those flashing light...- cantó Rose.

Susan Jordan se quedó momentáneamente sin habla, recordando la imagen de una alumna responsable y ejemplar que tenía de la prima de sus amigos.

En torno a la mesa se había agrupado una multitud de groupies aulladores, porque la verdad era que Rose no cantaba nada mal, y un muchacho a su lado se unió rápidamente a la masa de fans y empezó a bramar:

-¡Que se desnude! ¡Que se desnude!

Entonces fue cuando descubrieron a James y a Lola y ambos se abrieron paso hasta ellos.

-¡Vaya, por fin!- gritó Lola echándole los brazos al cuello de Susan como si fuesen amigas de toda la vida.- ¡Le he echado cinco botellas de vodka a los ponches! Y nos hemos olvidado de ella, y ha bebido demasiado como ella quería, y ya no es la misma. Desde las once y media está tratando de explicarle a la gente lo de la sociedad maga y que existe la magia y que todo está entre nosotros. Lo hemos intentado todo para llevarla a casa, pero es escurridiza como una anguila.

-Además, es mucho más fuerte que nosotros.- dijo James, que llevaba un divertido sombrero verde, pero, aparte de eso, no parecía muy divertido.- Antes casi consigo arrastrarla hasta la puerta, pero entonces me ha retorcido el brazo y me ha amenazado con partirme la rodilla.

-Y ahora además tiene un micro.- añadió Lola, con aire sombrío.

Miraron hacia arriba, hacia Rose, como si fuera una bomba de relojería a punto de explotar. Susan Jordan no se podía creer que James hubiese cedido a los ruegos de una adolescente encaprichada, aunque seguramente sus padres tenían algo que ver. Había dado por sentado que Rose había preferido salir de fiesta con James y Lola, que con Albus y con Scorpius, quienes no serían nunca la alegría de la huerta.

Cuando el muchacho que antes estaba a su lado volvió a gritar que se desnudara, la joven Weasley empezó a quitarse lascivamente uno de los largos guantes verdes que llevaba a conjunto con su vestido esmeralda, ayudándose con los dientes. Todos chillaron que siguiera, pero entonces, de repente, se detuvo: había descubierto la nueva presencia de su primo Fred y Susan.

-¡Vaya, mirad a quién tenemos aquí!- dijo micro en mano, y su mirada se deslizó por encima de las cabezas de la gente hasta detenerse en el grupo de los cuatro.- ¡Mis dos primitos rebeldes! Eh, chicos, ¿sabéis que en realidad James es un licántropo? De hecho, en unos días será luna llena, así que cuidado con sus garras...

-¡Que siga cantando!- gritaron sus groupies desconcertados.

-¡Que se desnude!- gritó el muchacho.

-Alguien tiene que bajarla de ahí.- dijo James taciturno.

-Sí, pero, ¿cómo? Es una máquina de combate. No sé, tal vez podríamos lanzarle algún objeto pesado.- propuso Lola.

El público estaba un poco inquieto. De algún modo parecía haber percibido que los amigos de la improvisada cantante querían cerrar el espectáculo. Solo aquel muchacho de hormonas revolucionadas seguía suplicando un desnudo.

James trató de hacer contacto visual con Fred, quien pareció captar algo telepáticamente. Éste último, lentamente, se abrió paso hacia la mesa a la que había subido. Rose inspiró hondo, y el micro hizo llegar su suspiro hasta el último rincón del invernadero.

-En realidad, no he visto a Cedric nada más que una semana. ¡No he estado en Japón, sino con mi amiga Alice...! ¡¿Por qué cuándo tengo la relación perfecta el mundo se opone a ella?! - Fred ya casi había llegado hasta ella.- Cedric es increíblemente bueno en todo lo que hace. ¡Y nadie en mi maldita familia lo acepta por eso!

Fred extendió la mano hacia Rose. Si de algo se había dado cuenta Susan Jordan en lo poco que había visto a Fred con sus primas pequeñas, era que era sobreprotector y ellas se dejaban, les gustaba sentirse protegidas por un primo de armas tomar.

-Es hora de ir a casa.

-¡Buuu...!- gritó el muchacho de hormonas revolucionadas.

-Si me tocas, te partiré la rodilla. ¡Domino el Krav Maga!, ¿sabes?

-Y yo soy un joven violento e inestable, ¿lo has olvidado?

De nuevo le tendió la mano. Rose dudó un segundo, pero luego la cogió e incluso dejó que la bajara de la mesa, como una joven cansada y borracha que apenas podía sostenerse ya sobre sus piernas. Fred le rodeó la cintura con el brazo y se volvió hacia el resto.

James estaba temblando y el aire de su nariz salía como si estuviese conteniendo ira interior. Lola, quien a pesar de no estar como Rose estaba algo borracha también, se rio de la expresión de su amigo. Tuvo que ser Susan la que se acercó a él para que se calmara.

-¿Ocurre algo?

-Un licántropo.

En el momento en el que dijo aquello, las ventanas del invernadero estallaron en pedazos y todo el mundo comenzó a gritar, asustados, llevándose las manos a la cabeza. Rose Weasley se cayó al suelo de culo y Fred la dejó allí para ir a por Susan Jordan, cuyo cuerpo oscilaba como si hubiesen activado en ese momento un mecanismo en su cerebro. Lola Cavanaugh tuvo que hacerse cargo de la joven Weasley, ya que James Potter había desaparecido.

Había sido él, a una velocidad extrema, quien había roto el cristal al traspasarlo en forma de lobo, tras haber notado la presencia de Theodore en el jardín. Les estaba acechando. Y él, como líder de aquella su pequeña manada, no podía permitir que les ocurriese nada.

Recordó en aquel mismo instante que, en caso de que alguien hubiese visto su transformación -lo cual sería imposible- o le viera a él convertido; tendría problemas con el Ministerio de Magia: estaba rodeado de muggles. No solo se molestaría el Ministerio por todo el papeleo que aquello conllevaba, sino también porque, al ser él menor de edad, no respondía a ningún ilícito. Para más inri de la mayoría de los aurores, no era un altercado cualquiera, sino una criatura mágica, un licántropo; y no era algo muy aceptado todavía en el Departamento.

Pensó en todas las consecuencias desastrosas porque estaba a punto de descontrolarse.

Era la primera vez que veía a Theodore después de su conversión.

En ese momento de su vida, la persona a la que más odiaba era a aquel licántropo. Además, se sentía en igualdad de circunstancias. Se sentía capaz de vencerle. La ira y la violencia dispararon el ritmo de su corazón.

Seguía oliendo su presencia, pero era incapaz de verlo. Rugió y se arrastró hasta el rincón más oscuro del jardín.

Entonces lo vio.

Estaba en su abrupta forma humana, vigilando cada uno de sus pasos como si lo estuviera poniendo a prueba. Le miraba con esos ojos inyectados de sangre como si se estuviera preparando para defenderse de él. ¿Defenderse? Ese deshecho de persona jamás haría algo así con él. Frunció su ceño peludo. Algo andaba mal.

¿Por qué estaba examinando su reacción? Después de todo, estaba muy convencido de que aquel miembro del Clan del Ojo, el grupo terrorista mágico, estaba allí por él. Por James Sirius Potter, el licántropo. Y estaba quieto, no pretendía atacarle a no ser que él lo hiciera. Y aun así, no le haría más daño del que ya sufría, ¿entonces?

Sus pupilas se dilataron al comprenderlo.

Sus patas retrocedieron y le enseñó los dientes sagazmente.

Theodore había logrado convertir a uno de los hijos del héroe inglés en algo como él. En una bestia. Desearía ansiosamente que se descontrolara, que atacara, que asesinara... Que se convirtiera en un Theodore. James jamás permitiría aquello.

Se oyeron hechizos y conjuros a sus espaldas: los aurores ya habían llegado para limpiar aquel desastre. Todos los muggles estaban en el invernadero, viendo como si se tratase de un espectáculo a un lobo desafiando a un hombre. Todos, borrachos y eufóricos, alababan al hombre que estaba domando al licántropo, ya que creían que la criatura era un demonio.

James miró hacia sus primos y sus amigas. Fred estaba hablando con un auror, Rose estaba adormecida en una silla, Susan estaba temblando de allí para allá y Lola estaba contemplando asombrada al lobo en el que se había convertido su amigo. Cuando volvió la mirada, Theodore ya se había marchado como intuía. Había ganado aquel enfrentamiento, y aquello le dio fuerzas para plantarle cara a los aurores que parecían temerle.

Al volver a su forma humana, recibió una ovación del público que no tardaría en olvidarlo. No se azoró cuando se percató de que tan solo los restos de unos pantalones vaqueros y una camiseta cubrían su cuerpo. Se hubiese quedado desnudo de no ser porque no quería hacer sentir incómodas a las muchachas.

Se acercó con calma hacia el auror que le exigía una explicación. Le sostuvo la mirada sin reparos y el auror bufó. Tendría unos treinta años y cero ganas de reñir a un crío, pero eso a James le daba igual.

-Según el Código de Conducta de los Hombres Lobo, ningún licántropo sin límite de edad puede transformarse por voluntad propia delante de muggle, excepto en defensa propia en caso de que un mago o una bruja le ataque con magia.- anunció con ira acumulada el auror.- ¡No ha habido ni un ataque mágico, señor Potter! ¡Me temo que queda usted detenido por...!

-¿¡QUÉ?!- bramó el joven exasperado.- ¡Eso es imposible! Ya sé que no me ha atacado, pero se trata del licántropo del Clan del Ojo que...

El hombre cogió su antebrazo con fuerza, deteniéndole en caso de huida.

-Queda usted detenido, señor Potter. Debe conocer mejor la normativa que existe acerca de su nueva condición... Supongo que se atrasará su educación... ¡Pero mejor eso que más atentados de criaturas descontroladas! ¿No le parece justo para la armonía de la sociedad?

James Potter estaba temblando de rabia. Buscó a Fred para que le apoyase, pero no lo encontró, ni a él ni a su prima ni a sus amigas. Aquello le mosqueó, ¿habrían huido sin él? Era raro, pues su primo estaba hablando con un auror hacía un rato.

El agarre del auror cesó. Éste se tambaleó, cerró los ojos y se cayó de bruces al suelo. Pudo ver a Fred detrás de él, con un rostro serio y franqueado por dos hombres con abrigos negros y largos y con expresiones duras en su rostro. James se estremeció.

-He mandado un Patronus a unos de amigos de las peleas callejeras.- anunció Fred, señalando a aquellos hombres intimidantes.- Los aurores, tan solo hay tres, se han encargado de borrar los recuerdos de lo sucedido a todos los muggles. Y Atticus y Vanger han borrado los de los aurores y ahora van a llevárselos a otro lugar mientras nos largamos.

Le indicó con la mano que le siguiera.

-Gracias.- murmuró James hacia aquellos hombres que se quedaron en el jardín observando el cuerpo del auror que yacía en el suelo.- ¿No tendremos más problemas por esto?- preguntó en voz baja mientras entraban de nuevo a la casa y se dirigían a la entrada, donde se encontraban las tres muchachas.

-Primero, Atticus y Vanger saben lo que están haciendo...- dijo tajantemente.- Y segundo, ¿estás seguro de que quieres hacer con las consecuencias de todo esto? A mí me interrogarían y no me dejarían ir a Hogwarts porque tengo no sé cuántos avisos sobre mi violencia y mi inestabilidad que no puedo superar, y este hecho los superaría todos. A Rose y a Susan les caería una buena por parte de sus padres: fiesta con alcohol, magia,... ¡Horror! ¡Piensa en la que montaría el tío Ron! Y, bueno, encerrarían definitivamente a Lola en el Ministerio porque lo están deseando para extraerle toda la información que no da... Y sé que tú no quieres eso amigo. Y, por último, ¡y más importante! ¡Te meterían en Azkaban! Quizás creas que puedas escaparte, pero, amigo, las leyes contra los licántropos se han endurecido, y porque seas hijo de quien eres no van a permitir desigualdades ante la ley. Es más, la mayoría de la población quiere encerrar de una vez por todas a todos los licántropos... Ya sabes que Theodore se ha cebado este verano en Inglaterra... Y están aterrorizados, James. Por eso ha venido hoy, para encerrarte en Azkaban. - Fred suspiró. Aquello era demasiada información que quizás James no era capaz de digerir bien.- Vámonos antes de que nos encontremos con los refuerzos.

Eran las dos del mediodía cuando Hugo Weasley, Albus y James Potter, Fred Weasley y Louis Weasley, se encontraron en el jardín a casi todos los invitados de la boda. Los jóvenes apuestos iban trajeados, como nunca antes habían hecho, y se miraban entre sí incomodos, pues había sido de su tío Charlie la idea de que todos sus sobrinos (y no sobrinas) fuesen vestidos con el mismo traje, para así evitar cualquier atuendo estrafalario que Fleur Weasley (quien había propuesto la idea en un principio) quería evitar a toda costa en aquella familia. Se sentían parte del personal del catering, aunque tenían que reconocer que el gusto de Alexis, la futura esposa de su tío, no les había defraudado. De hecho, había dejado a la elección de cada uno el color de la corbata. Así, Hugo llevaba una corbata con franjas azules y de color bronce, haciendo honor a Ravenclaw. Albus había optado por una de color esmeralda, porque acompañaba al color de sus ojos y no porque fuese así el escudo de su Casa, como le recriminaba James. Éste llevaba una de color burdeos porque simplemente le gustaba el color, la misma razón que habían dado Fred y Louis, al escoger una de color negro y otra de color celeste, respectivamente. Su abuela no paraba de mirarles con orgullo y ya se había hecho un par de fotos con ellos, antes de que destrozasen su atuendo.

Puesto que habían sido los primeros en estar listos, la Madriguera aquella mañana era un remolino de maquillaje y vestidos, gritos y risas de muchachas -y mujeres no tan jóvenes- que disfrutaban al prepararse para aquel evento; su tío Charlie les había pedido que fueran indicándoles a los invitados que asientos eran los suyos. Quienes acudían a la boda eran sumamente raros, sin contar a los magos que aquellos jóvenes ya conocían de antemano. Un grupo de camareros vestidos de blanco había llegado hacía una hora, junto a una banda de música que procedía, según les había dicho el tío George, de una tribu africana que conoció el tío Charlie en unas de sus expediciones al monte Kilimanjaro. El tío Bill les había comentado que su abuela había hecho todo lo posible para que aquella boda fuese lo más parecida a la de Bill, su favorita entre toda las bodas de sus hijos; pero, por fortuna o desgracia, el tío Charlie había hecho cambios de última hora que seguramente les sorprendería a todos. Harry Potter les había dicho a sus hijos que su abuela ponía tanto empeño en que se pareciese a la boda de Bill porque era la más parecida en cuanto al contexto que vivían: una boda en medio de una guerra.

Detrás de donde se habían quedado los jóvenes, se encontraba la entrada de la inmensa carpa que simulaba a una de aquellas grandes tiendas de la estepa asiática donde vivían los mongoles. Sin embargo, la decoración interna era muy diferente: una larga hilera de filas con inestables sillas doradas dispuestas a ambos lados de una larga alfombra decorada con motivos árabes. Victoire Weasley se había encargado de colocar un enorme montón de globos dorados en el punto exacto donde Charlie y Alexis serían próximamente marido y mujer.

Fuera, aprovechando aquel día soleado, habían puesto varias sillas y mesas en el jardín y un escenario donde una banda inglesa -probablemente dada la insistencia de la abuela Molly- tocaría tras el banquete.

-Si alguna vez me caso- le comentó Hugo a su primo Albus, mientras se aflojaba la corbata con sumo cuidado para que su madre no le regañará por descuidar su presentación-, pegadme una bofetada si os obligo hacer algo de esto. No creo que me case, pero si lo hago, por favor, hacedme entrar en razón y que no se me suba la emoción a la cabeza.

-Díselo a la abuela Molly, habría que lanzarle algún hechizo para que no interviniera como ha hecho con el tío Charlie...- añadió el joven Potter.

-¡Inmovilización Total!- gritó su tío George a su espalda, sorprendiendo a los jóvenes por su repentina excitación.- Eso fue lo que dijo mi hermano Fred que haría en el día de su boda cuando Bill se casó.- se apresuró a añadir con una gran sonrisa, que más que felicidad transmitía un sentimiento de pena insoportable. -¡Oh, vaya, preparaos!- señaló una muchedumbre que se acercaba en la entrada.- Aquí vienen... Esto es mucho mejor que las primas veela de Fleur.

A Hugo se le desencajó la mandíbula: en su vida había visto a tantas criaturas mágicas juntas. Habían llegado con aurores del Departamento en el que inicialmente estaba Charlie, así como muchas otras acompañadas de biólogos magos. Los primeros en entrar fueron Rolf y Luna Scarmander, vestidos con sus peculiares galas, iban acompañados de unas pequeñas criaturas que parecían estar hechas de corteza y ramitas, cuyos ojos eran de color castaño. Hugo los había encontrado en la lista de invitados, eran unos Bowtruckle pertenecientes a una comunidad del oeste de Inglaterra que le debían mucho a su tío Charlie tras salvarles del incendio que les dejó sin hogar hacía una década. A continuación, Lyslander y Lorcan Scarmander escoltaban varios elfos domésticos, de los que Hugo solo conocía a Winky y a Kreacher. Todos ocuparon sus respectivos asientos, así como los siguientes biólogos que entraron acompañados de criaturas como hadas, crups, clabberts o jarveys.

Cuando parecía que el pequeño espectáculo mágico había acabado, se dieron cuenta de que no había hecho nada más que empezar. Hugo y Albus salieron corriendo de la carpa al oír a un graznido de un pájaro aparentemente enorme por su sonido: un hipogrifo.

Fue Hermione Weasley la que acudió a recibirlo con tanto cariño que Hugo reconoció en seguida el hipogrifo que había llegado a la boda: Buckbeak. Al parecer, Charlie Weasley, tras la muerte de Hagrid, era el que se encargaba de darle compañía y se había convertido en un leal compañero desde entonces. Sus enormes alas y su majestuosa figura fue alabada por la mayor parte de los invitados que habían salido fuera de la carpa para contemplarlo.

-Por favor- pidió Hermione-, os ruego que quienes quieran tener contacto con Buckbeak, deben ser educados con él, ¿de acuerdo? Los hipogrifos se molestan con mucha facilidad, nunca le ofendáis o podría ser lo último que hagáis. Vais hacia él, os inclináis y esperáis. Si él responde con una inclinación, querrá decir que os permite tocarlo. Si no hace la inclinación, entonces es mejor que os alejéis de él enseguida, porque puede hacer mucho daño con sus garras... Aunque Buckbeak procurará no hacerlo, ¿verdad?- le dijo cariñosamente, mientras acercaba su cara al plumaje del rostro de la criatura.

Muchos de los invitados decidieron alejarse, y ninguno optó por acercarse a Buckbeak. Hugo Weasley y Albus Potter se miraron y acordaron mantenerse alejados sin necesidad de pronunciar una palabra.

Dominique Weasley, envuelta en un sencillo y brillante vestido granate, salió de la Madriguera para ver al hipogrifo con tanto ímpetu que muchas de las pequeñas criaturas que aún estaban entrando a la carpa gritaron sorprendidas. Los invitados que aún estaban por entrar, se quedaron regazados para contemplar cómo la bella joven se acercaba a la criatura mágica vigilada por Hermione. Todos ovacionaron cuando el hipogrifo se inclinó ante ella.

Hugo y Albus se sentían meros espectadores de una obra que todavía no había acabado. Todos los invitados se alejaron de una criatura que acababa de llegar: Firenze, el centauro del Bosque Prohibido amigo de un puñado de magos, entre los que se encontraba el tío Charlie. Hermione, de nuevo, fue la que se acercó a saludarle con una reverencia. Los jóvenes se quedaron sorprendidos ante su figura: de medio cuerpo para abajo era un caballo blanco con cola rubia, y de medio cuerpo para arriba era un apuesto joven rubio de ojos azules. Harry Potter y Ron Weasley salieron de la Madriguera para saludarle a él y a Buckbeak, posteriormente.

Una llamarada de color verde rompió el cielo. Todos los invitados gritaron instintivamente. Hugo sabía de la existencia de aquel invitado, pues todos habían sido avisados: Noberta. Era un dragón femenino, conocida por su violenta actitud, que había prometido a Charlie, su cuidador, comportarse en la boda a la que deseaba asistir. Al aterrizar en el jardín, se acurrucó sobre sí misma en un rincón observando divertida cómo todo el mundo parecía temerle.

Albus y Hugo se apresuraron a la entrada donde se encontraron con un mago con aspecto de lo más raro y de una figura que parecía tener cien años, acompañado de un joven al que a ambos le resultó de lo más familiar.

-Newton Scarmander- dijo, extendiendo la mano hacia Hugo, quien no pudo más que abrir los ojos como platos.- Veo que has leído algo de mí, señorito Weasley.- El joven Weasley soltó una risa nerviosa.- Todos me dan por una leyenda muerta, ¿verdad, Francis?- comentó dirigiéndose a su joven acompañante. Tanto Albus como Hugo le miraron con algo de escepticismo, pues su rostro le era demasiado familiar.- Es mi ayudante o mi asistente médico, como quieran verlo mejor: Francis Abbott. -El joven dio un respingo y no dijo ni una palabra, sino que se dirigió hacia el asiento que tenía asignado junto a aquella leyenda del mundo mágico.

Justo después, entró la familia Longbotton, a la que Albus tuvo el detalle de saludar cordialmente antes de que se sentaran en sus respectivas sillas. Hugo notó la distante reacción que el joven tuvo con su amiga Alice, a quien no acababa de entender.

-¿Ahora estás en el momento anti-Alice?- Albus bufó.- ¿Por qué todos la han perdonado menos tú?

El joven Potter le miró con una sonrisa forzada.

-Estamos en la boda del tío Charlie- dijo simplemente.- No es lugar para hablar sobre mis problemas con Longbotton.- aclaró.

Hugo se encogió de hombros, no era que le importase demasiado aquello. De hecho, lo había preguntado por simple curiosidad. Además, seguía creyendo que a su primo Albus le gustaba Alice, pues no hacía nada más que perseguirla con la mirada y bufar cada vez que hablaba amistosamente con el tal Francis Abbott.

-Al, mira quien ha venido...- dijo señalando a una anciana, para ellos bicentenaria.- La tía Muriel.

No pudieron escapar de la mirada de la bruja anciana, con nariz puntiaguda y ojos bordeados de rojo, que llevaba un tocado rosa de plumas que le hacía parecer un flamenco malhumorado. Les abrazó con ilusión y les dio un sonoro beso a cada uno en la mejilla.

-¡Hugh!- le dijo a Hugo, a quien siempre solía llamarle por el derivado inglés de su nombre.- Tienes el pelo demasiado largo, como tu padre Ronald de joven...¡Si no llevases ese traje pensaría que eras tu hermana Rosebud!- Apartó su mirada para dirigirla a Albus.- ¡Y tú eres la mejor copia que han podido hacer de tu padre!

  • El joven Potter sonrió forzadamente mientras su primo reía por lo bajo.- No me han dejado instruir a la novia en cómo llevar mi tiara... ¡Os lo podéis creer! ¡Ha roto la tradición de nuestra familia! Es una mujer muy bella, pero aun así... Bastante siesa para mi gusto. Bien, bien, encuéntrame un buen sitio Albert.- le ordenó a Albus.- Tengo ciento veinte años, no me conviene estar demasiado tiempo de pie.

Albus le lanzó a Hugo una mirada significativa al pasar y no tardó bastante en reaparecer de nuevo. Cuando se volvieron a encontrar en la entrada, Hugo había llevado a una docena de personas más a sus asientos. La carpa estaba ya casi llena, solo quedaban fuera las criaturas mágicas y algunos invitados que querían aprovechar la última calada de su cigarro.

-La tía abuela Muriel es una pesadilla.- dijo Albus, limpiándose la frente con la manga.- Ahora entiendo porque nos ha dicho tu padre que nos ocupemos nosotros de ella... ¡No quieren verla ni en pintura!

Hugo se rio suavemente.

-Mi padre me ha contado que solía venir todos los años en Navidad cuando eran pequeños y que una vez se molestó porque los tíos Fred y George tiraron una bomba fétida bajo su silla durante la cena. El abuelo siempre les decía que los iba a quitar del testamento... Como si nos importase a alguno, el tío George ha acabado más rico que ningún otro gracias a los Sortilegios Weasley...-se detuvo un segundo.- Guau, Rose, ¡estás genial!

La joven se apresuró a ellos a toda prisa. Lo cierto era que Rose Weasley estaba arrebatadora. Se había alisado su larga mata de pelo y le quedaba como una bonita cascada rojiza sobre la espalda de aquel vestido beige, a juego con su tono de piel, con decoración negra en la cintura, que acentuaba su delgada y fibrosa figura.

-La tía Muriel no opina lo mismo... Me ha dicho "Oh, ¿está es la hija de Ronald? Igual que su madre: mala postura y codos delgaduchos".

-No te lo tomes como algo personal, Rose, ya sabes que es así con todo el mundo.- le recordó su primo Albus.

-¿Habláis de Muriel?- inquirió James, reapareciendo de la carpa con Fred.- Has tenido suerte y no ha visto la resaca que debes de tener ahora mismo... ¿Cómo es posible que te haya durado dos días?

-Cállate, James.- le ladró con saña.

-¿¡Resaca!?- bramó sorprendido Albus.

-No te calles, James... ¿Mi hermana con resaca?- cuestionó Hugo, justo antes de que la indignada Rose se fuera.

-Este no es el mejor lugar ni el mejor momento para hablar de eso, Hugo.- explicó Fred algo serio.- Digamos que tus primos han hecho algo de lo que no debe enterarse nadie... Y sí, incluye a tu hermana teniendo su primera borrachera.

-¿Por qué solo me avisáis cuando necesitáis buscar libros, pero os olvidáis de mi existencia cuando vais a pasároslo bien?

Fred rio, acompañado de James, quien le dio unas palmaditas a la espalda de su primo.

-Tampoco nos llevamos a Albus, si te sirve de consuelo... -Albus bufó, era lo único que hacía desde que vio entrar a Alice Longbotton deslumbrante con su vestido rojo.- Por cierto, ¿no ha venido tu amigo Scorpius?

Antes de que el joven Albus negara, se dio cuenta de un invitado que acababa de entrar en la carpa, un joven de cabella negro y rasgos orientales que buscaba a una persona en especial.

-Estás preciosa.- dijo con sus ojos en Rose Weasley.

-¡Cedric!- gritó ella mientras fue a abrazarlo y éste la besó apasionadamente. Rose lo retiró con cuidado, toda su familia les estaba viendo.- No sabía que fueses a... Dios... es muy agradable verte... ¡Te he echado tanto de menos!

Las orejas de Hugo se habían puesto de un rojo brillante. Cedric miró al grupo de jóvenes que lo miraban como si de una jauría de lobos se tratase. Rose tuvo que poner los ojos en blanco.

-Tus primos no están muy contentos de verme...

Su aparición estaba causando un pequeño alboroto. Después de todo, acababa de besar en público a la hija de Ron Weasley, lo que daba a entender que realmente estaban juntos. Ronald Weasley fue con una sonrisa claramente falsa hacia la pareja para indicarle a Cedric Kato que se sentase lo más lejos que pudiera de su hija.

-Tiempo de sentarse- dijo Rose mientras se apresuraba a alcanzar a sus primos con cierto mal humor.- O nos va a atropellar la novia.

Hugo, Rose, Albus, James y Fred ocuparon sus asientos en la segunda fila, ocupada por todos los sobrinos del tío Charlie, justo detrás de la fila en la que estaban sentados los hermanos (con sus respectivas parejas) y sus padres. Rose estaba sonrojada, no sabían muy bien si por la vergüenza que le había hecho pasar su padre, por el enfado que ello había causado o porque simplemente estaba sonrojada por ver a su "novio".

James entendía la reacción de Rose al ver a Cedric, ya que, mientras todos creían que llevaban juntos todo el verano, a él y a Fred les había confesado borracha que en realidad había pasado todo el verano con Alice Longbotton en una misión secreta. Los borrachos decían la verdad y aquella reacción al ver a Cedric no hacía nada más que confirmarlo. Hugo, en cambio, seguía enfadado por la elección de su hermana a la que no entendía, como le pasaba a Albus.

Fueron dejando paso a todas las primas que tenían que ocupar sus asientos. Las sobrinas de Charlie Weasley habían sido las últimas en llegar. Dominique Weasley, la favorita de su tío, estaba en la puerta, custodiando a Noberta que quería ver a través de la entrada toda la ceremonia. Victoire Weasley, enfundada en un largo y ajustado vestido rojo, había entrado con Remus en brazos se había sentado al lado de su hermano menor, Louis, quien parecía no muy contento de sentarse al lado de su prima Lucy, quien llevaba un bonito mono beige no muy arreglado para la ocasión (lo cual había hecho surgir una pelea con su padre). A su lado, Molly Weasley estaba radiante en un vestido rojo y miraba a la nada, como adormecida. Le seguía Fred Weasley, James Potter, Rose Weasley, Albus Potter, Hugo Weasley y, por último, la dulce y bonita Lily en un vestido largo de color lila que parecía sacado de un cuento de hadas.

Una sensación de nerviosa anticipación había llenado la cálida tienda, el murmullo general roto por brotes ocasionales de risas excitadas. El señor y la señora Weasley avanzaron por el pasillo, sonriendo y saludando con las manos a sus familiares. Un momento después, el tío Charlie y el tío Bill se encontraban al frente de la carpa, ambos llevando trajes de gala, con grandes rosas blancas en las solapas; el tío George silbó con admiración y hubo un estallido de chillidos entre las criaturas mágicas. Entonces la multitud se quedó en silencio cuando la música, de estilo africana, empezó a salir de lo que parecían ser unos tambores hechos a mano.

-Ohhh...- alabó Rose Weasley, girándose de su asiento para mirar a la entrada.

Un suspiro unánime salió de las brujas y magos reunidos, cuando Richard McKing y Alexis empezaron a caminar por el pasillo. Todos los presentes sabían que Alexis era huérfana y no tenía familia que le acompañase en el paseo el día de su boda. Aquel gesto de McKing no era propaganda política, sino una propuesta de un amigo que siempre había estado con ella. Alexis se deslizaba en un vestido blanco con mangas largas y bombachas, acorde con el peculiar estilo de la novia. Una vez que Alexis alcanzó a Charlie Weasley, este parecía más atractivo que nunca.

-Damas y caballeros- dijo una voz rotunda e increíblemente mágica. Hugo, sorprendido así como los demás magos presentes, pudo ver a Firenze, el centauro, presidiendo aquella ceremonia.- Estamos reunidos hoy aquí para celebrar la unión de dos almas fieles...

Rose Weasley sollozó y Hugo no pudo reprimir la risa.

-¿En serio, Rose?- Ésta bufó y se llevó el pañuelo a la cornisa de sus ojos limpiando sus lágrimas de emoción para no quitar su maquillaje.

-Creo que es la mejor boda a la que he asistido- anunció Lily Potter a su primo Hugo, mientras este asentía sin dudar.

-Charles Weasley, ¿tomas a Alexandra...?

En la primera fila, la señora Weasley y Fleur Weasley estaban sollozando en silencio en trozos de encaje. Un largo suspiro acompañado por un cálido olor a humo les dijeron a todos que aquel momento también había emocionado a Noberta. Rose se giró hacia atrás y vio a Dominique sonriendo radiante, orgullosa de su tío.

-...entonces os declaro unidos de por vida.

El centauro movió una varita por encima de las cabezas de Charlie y Alexis, y un chorro de estrellas plateadas cayó sobre ellos, moviéndose en espirales alrededor de las ahora entrelazadas figuras. Mientras el tío George y el tío Ron encabezaban un aplauso, los globos dorados suspendidos estallaron: miles de hadas pequeñas volaron y esparcieron una lluvia de luces de colores sobre el matrimonio, mientras evocaban una canción.

-Perfecto- dijo Hugo con aprobación cuando los camareros aparecieron por todos lados, algunos llevando bandejas con zumo de calabaza, cerveza de mantequilla y whisky de fuego; otros tambaleándose con pilas de tartas y sándwiches.

-Deberíamos ir y felicitarlos- dijo Rose, poniéndose de puntillas para ver donde Charlie y Alexis habían desaparecido en medio de una multitud que les deseaba lo mejor.

-Tendremos tiempo después- James se encogió de hombros, agarrando tres cervezas de mantequilla de una bandeja que pasaba y dándole una a Fred.- Albus, corre, coge una mesa...¡No allí! ¡Allí va la tía Muriel!

La banda había empezado a tocar canciones africanas a las que Rose Weasley les seguía el ritmo, Charlie y Alexis fueron los primeros en salir a la pista de baile, causando un gran aplauso y todos los invitados se sorprendieron cuando ambos se pusieron a bailar al son de los tambores africanos. El señor Weasley miró a la señora Weasley con consideración, Hugo se rio al ver la mirada de consternación de ambos.

-Pagaría por ver bailar eso al abuelo.- comentó mientras todos sus primos se reían.

Cedric se acercó rápidamente a la mesa y sacó sin más dilación a Rose a la pista que poco a poco se iba llenando de personas que intentaban bailar sin mucho éxito los mismos pasos que el tío Charlie.

Hugo pudo ver cómo su madre se reía de su padre, quien se negaba a salir y se había sentado al lado de su abuelo para apoyar la moción. Sus tíos Bill y Fleur bailaban animadamente, y su tía Ginny había sacado a su tío George a la fiesta. Al joven Weasley se le dibujó una sonrisa en la cara sin quererlo.

De sus primos, Victoire se balanceaba con el pequeño Remus al lado de los padres de ésta. Sintió curiosidad por saber dónde estaba Teddy y lo encontró junto a un grupo de personas serias y de rasgos salvajes que también estaban acompañados por Moonlight y Dominique, quien no tardó en sacar a un muchacho de estos a la pista. Al parecer, era una comunidad americana para la que trabajaría su prima Dominique de ahora en adelante.

Su primo Louis se había quedado rezagado en la misma mesa que él y miraba sonriente la escena. Entonces, se percató de que Chris Nott no se encontraba por allí e, instintivamente, buscó dónde estaba Lucy Weasley, quien había estado hablando con Newton Scarmander, a quien admiraba por sus obras, y ahora estaba intentando sacar a la pista a su joven acompañante. Por su parte, su prima Molly había desaparecido, pero aquello a Hugo no le parecía importante.

Se fijó entonces en James y en Fred, quienes bebían cerveza de mantequilla mientras miraban atentos a sus familiares. Poco después, James se unió al grupo de Teddy y se quedó allí un rato. Fred no tardó en largarse de la carpa poco después.

Así, su primo Louis, Albus y Hugo eran los últimos que quedaban en la mesa, cuando Lily Potter salió de la carpa alegando que iba a buscar a Lys, lo cual era mentira, pues Lys y Lorcan estaban divirtiéndose con todas las criaturas mágicas que se habían unido al baile.

Igor Krum, que era el hijo de Victor Krum y se encontraba allí en representación del mismo, se acercó a la mesa de los tres. Habían coincidido en un par de ocasiones, él era mayor de edad y había cogido el rebelo en el puesto de Quiddicht que su padre le había dejado.

-Hola, Potter. ¿Qué tal estás?- le preguntó a Albus, mientras Hugo tosía a conciencia para hacer ver su importante presencia allí.- Hola, Weasley.- le dijo con cierta burla.

-Hola, Krum.- le dijo con cierto recelo.

Hugo habló con él sobre el pasado de sus padres y resultó en una tensión que les hizo enmudecer un segundo.

-Esa chica es muy bonita- dijo Krum, volviéndose a Albus para cambiar de interlocutor. Krum estaba señalando a Alice, que se acababa de unir a Rose Weasley.- ¿Es la hija del director de Hogwarts?

-Sí- contestó Albus repentinamente irritado-, y creo que sale con alguien. Del tipo celoso.

-¿Qué beneficios tiene ser un jugador de Quidditch internacional si todas las chicas guapas están cogidas?- gruñó vaciando su copa y marchándose nuevamente.- Le pediré un baile si alguien no se lo pide antes.- Dijo con burla y se marchó dando grandes zancadas dejando a Albus, que cogió un sándwich de un camarero que pasaba ante la inquisitiva mirada de Hugo.

-No sabía que Alice tenía un novio celoso. - comentó Hugo con aire socarrón. Albus se levantó y le lanzó una mirada asesina a su primo pequeño.- Ya, ya, este no es el mejor momento para hablar de ello...

Albus puso los ojos en blanco y se acercó a su prima Rose, quien estaba bailando esta vez con Alice, teniendo muy de cerca al insoportable Kato. Ninguna de las dos lo había visto acercarse, así que oyó algo que no debió oír.

-...Mi hermano me ha dicho que Alexis sabe mantener su coartada en el Ojo...- susurró Alice con seguridad ante la interesada mirada de Rose.

-Aún me sorprende que sea la madre de Gwendoline Cross.- añadió Rose.

Aquello enervó la sangre de Albus. Cogió a ambas de los antebrazos y con una sonrisa forzada las sacó de la pista de baile. Les estaba haciendo daño en la muñeca, pero le daba igual.

-¿Qué acabáis de decir?

Las jóvenes se miraron entre sí. Rose tomó la iniciativa y se salió de la carpa con Alice, y con Albus pisándole los talones. Afuera había incluso más gente bailando al son de la banda inglesa que ponía vals.

-Haz algo, Rose, no puede enterarse.- suplicó Alice a la pelirroja mientras esta sacaba de su escote su varita.

-No te atreverás...- dijo Albus tajante en mitad de la multitud.

-Obliviate- formuló mientras Rose cerraba los ojos por si no funcionaba.

Alice lanzó un chillido, pero al parecer ningún invitado se dio cuenta del halo de luz que salió de la varita de Rose y que apuntaba directamente a Albus. Al recibir el hechizo, que Rose había precisado que olvidase los anteriores dos minutos, el joven se encontró confundido en mitad de la nada.

Las muchachas se miraron entre sí, entre nerviosas y cómplices. Cosa que Albus no entendió. Y, de todos modos, ¿qué hacía él fuera? ¿No estaba dentro con Hugo e iba a ver a Alice y a Rose? ¿Cómo era que de pronto estaba fuera?

-¿Ha pasado algo?- preguntó en un hilo de voz.

Rose se mordió el labio y se alejó un poco de él, temerosa de que estuviese fingiendo.

-Ibas a sacar a tu prima a bailar.- le propuso Alice con una sonrisa.

Albus miró a Alice. No podía dejar de pensar en lo radiante que estaba con aquel vestido rojo, con sus frondosos labios y sus ojos verdes. Quizás volvería a arrepentirse de aquello.

-No.- dijo, aún confuso.- Iba a sacarte a ti.

-Cobarde- dijo.- Maldito cobarde.

-¿Qué he hecho?- se defendió el pobre hombre.

-Ya sabes lo que no has hecho, perro sarnoso.- contestó Montdark.

El hombre estaba aterrado. No podía salir airoso de aquella situación gracias a su labia si Montdark no lo escuchaba.

Su jefe se quitó la chaqueta y se arremangó la camisa.

-Tráemelo- ordenó.

Norman, uno de los que le hacía el trabajo sucio a Montdark cuando este estaba ocupado, salió de la habitación y volvió con un látigo. El hombre que sabía que iba a ser torturado, Leopold, lo miró fijamente. Era el que Montdark utilizaba cuando alguno de sus secuaces no tenía éxito en una misión. Tenía una empuñadora larga de madera y tres correas de cuero, cada una de ellas rematada por una bola de plomo. Leopold nunca había tenido que ser azotado, pero había visto hacerlo. A Montdark le encantaba hacerlo y los jefes de estos se lo permitían siempre y cuando devolviese al azotado a enfermería.

Cuando uno entraba en el Ojo, lo que más temía era que le asignaran a Montdark. Se había labrado su reputación a base de torturas, que jamás muertes, contra todos los que trabajaban para él. No era de extrañar que fuesen tan pocos. El Clan del Ojo era conocido por su violencia, tanto contra los que a él se oponían contra los propios que trabajaban para él. Si no era temido por sus propios súbditos, no sería temido para los demás. Así era cómo se crecía en el poder.

Leopold se encogió de miedo, se volvió de espaldas y se clavó sus uñas en el suelo. El látigo llegó con un silbido cruel y le mordió el cuello y los hombros. El hombre aulló de dolor.

Montdark volvió a restallar el látigo. Aquella vez le dolió más.

Leopold no podía creer lo insensato que había sido. Le había dado miedo el dragón que custodiaba la morada de los Weasley y no se había atrevido a rozarle para rociarle una poción que le haría perder los estribos. ¿En qué estaba pensando? La tortura por desobedecer era mucho peor que lo que lo hubiese podido hacer aquel dragón.

Montdark volvió a darle un latigazo. En aquella ocasión, Leopold se hizo a un lado para intentar eludir el látigo. Solo le rozaron los extremos de las correas, que se clavaron sin piedad en su carne, y él volvió a gritar de dolor. Intentó zafarse, pero Norman lo devolvió a su sitio, riéndose como quien se ríe por cumplir con la voluntad de su jefe.

Alzó de nuevo el látigo, empezó a bajarlo y se detuvo a medio camino, cuando Leopold trató de esquivarlo, entonces le dio el latigazo. Leopold tenía las piernas rajadas y las heridas sangraban. Cuando Montdark lo azotó otra vez, se apartó desesperadamente, tropezó y cayó al suelo de cemento. Se quedó tumbado de espaldas, perdiendo fuerzas por momentos, y Montdark le fustigó y le alcanzó en el vientre y los muslos. Leopold rodó sobre sí mismo, demasiado mortificado y aterrado para ponerse en pie, pero el látigo siguió torturándolo. Hizo acopio de energía para gatear unos pasos como un bebé, pero resbaló con su propia sangre, y el látigo cayó de nuevo sobre él. Dejó de gritar: no le quedaba aliento.

-Debería matarte- dijo Montdark cuando recuperó la respiración-, pero no puedo.

-Dependíamos de ti.- añadió Norman.

Aturdido por el miedo y el dolor, Leopold intentó pensar.

-Tendremos otra oportunidad para...- consiguió gruñir aquellas palabras.

Montdark levantó el látigo con un gesto raudo y Leopold se ovilló.

-¡Ni se te ocurra decir eso! ¡Cuando el Ojo ordena algo, es imperativo!- gritó Montdark.- ¿Puedes imaginar la humillación que me estás causando?- espetó- Loring no me dará tantas misiones por tu culpa.- Su rostro se encendió y su voz se transformó en un rugido.- ¿Cómo vamos a conseguir a Ivonne si no podemos ni atemorizarles con una poción? ¡Era la tarea más fácil! ¡Confiaron en mí para ello! Ya estoy viendo como dejarán de mirarme como antes... ¡Y todo por culpa de un maldito cobarde!

Lanzó el látigo al otro extremo de la habitación y se marchó. Se encontraba en uno de los pasillos del Palacio de Loring y se encontraba mareado. Loring le había dicho que le había fallado a él y al Ojo. No era que le importara concretamente lo que opinase Loring al respecto, pero su opinión era lo único que conocería McOrez de su fracasada misión.

Rugió y gruñó. Intentó calmarse. Iba a asistir a una reunión importante del Ojo y habían permitido que él estuviese presente por su conexión en el pasado con Ivonne, quizás lo único que les impedía no deshacerse de él, pese a lo útil que les era. Todos sabían que Montdark era inestable y, en muchas ocasiones, incontrolable. Solo tenían había algo que podía frenarle: Ivonne. O la mera idea de volver a verla.

Entró en la Sala de Juntas que había habilitado Loring y contempló a todos los que allí se hallaban. Había demasiada gente, y, por lo que estaba apreciando, no se trataba de la Junta a la que él pretendía ir (la de los superiores), sino la Junta de los miembros como él que tenía que hacerse cargo de pequeños grupos para diferentes misiones. Al primero que vio, por primera vez, fue al nieto de McOrez: Frank McOrez. Le miraba con cierto recelo y tenía ese aire de arrogancia que Montdark no soportaba. Al parecer, había sustituido a su hermana, pues no la encontraba en la mesa. Junto a ese crío, vio a otro que ayudaba al doctor Schneider, un joven atractivo al que llamaban Livingston. Alexis también se encontraba allí y bajó la mirada a modo de saludo. Montdark la ignoró, no confiaba en ella todavía, sobre todo después de que su hija, Gwendoline Cross huyera del Ojo llevándose con ella al hijo de Longbotton. Todos confiaban en ella por el gran sacrificio que había hecho: casarse con un Weasley, no podía haber mayor castigo. Le pusieron al lado de Theodore, el licántropo que se había convertido en su camarada. En frente, soportaba la mirada de indiferencia que le dedicaba Octavio Onlamein.

Había muchos más rostros, pero él solo conocía a ellos. A los que prácticamente vivían bajo el techo de hielo de la morada de Loring, quien, irritado, no presidía la mesa como le hubiese gustado. Tristán McOrez era el que dirigía aquella charla, y miraba fijamente a Montdark y le culpaba por la tardanza. No dijeron nada al respecto.

-... Les he reunido aquí hoy a todos para fijar el claro objetivo que tenéis a partir de ahora: Encontrad a Ivonne.- Unos bufaron, Montdark supuso que los más jóvenes insensatos.- ¿Qué? Ese ha sido uno de vuestros objetivos y hasta ahora no lo habéis cumplido. Siento que seáis tan inútiles como para tener que asignaros nada más que una tarea. - espetó. Montdark supo que Tristán estaba siendo suave con aquella contestación.

-Sabemos que la tienen ellos.- acertó a decir uno.

Tristán rio, como si aquello fuera una broma sin sentido.

-¡Cruccio!- le lanzó sin más dilación. El hombre empezó a temblar sobre la mesa y cayó en el suelo donde sus gritos se esparcían por toda la Sala. Nadie dijo nada. Nadie hizo nada por aquella persona. Todos pensaban que era lo correcto.- Todos estáis bienvenidos a sufrir el horror de mi varita. - Anunció con una sonrisa.- Prosigo: Debéis encontrar a Ivonne. Sabemos, como bien ha mencionado nuestro querido trozo de carne malhecha, la tienen ellos. Pero, ¿quiénes son ellos? Por supuesto, no es Harry Potter, o nos lo hubiera restregado en la cara porque es un perro sarnoso y rabioso que tiene más orgullo que muchos de vosotros. Tampoco la tiene McKing, o lo hubiésemos sabido por Alexis... Por cierto, felicitaciones por tu matrimonio.- Soltó una risotada que fue secundada por muchos. La mujer alzó las cejas sin darle mucha importancia. - ¡Hay personas que desconocemos que están metidas en todo esto...! Y tenéis que encontrarlas para dar con Ivonne.

-¿Qué hay de Carla Marín?- preguntó Alexis.- ¿Nos hemos rendido porque se llevaron al hijo de Potter? Creía que alguien le había sacado algo.

-Esa búsqueda está restringida. Es una obsesión que tiene mi padre y me ha impedido indagar más... Sería una buena idea.

-Puedo sonsacarle algo a McKing y saber si Longbotton sabe algo. Su hijo ha estado desaparecido demasiado tiempo, ¿no crees que sea algo raro? Nadie desaparece tanto tiempo.

-Parece que tu hija sabe muy bien cómo esconder a su novio.- comentó con sorna Frank McOrez, recibiendo una mirada asesina de Alexis.- Ya nos has dicho que para ti está muerta, pero pronto lo estará de verdad. Hace poco fue vista en Irlanda.

Montdark observó con cautela la reacción de Alexis. Nada. Como si su hija no le importase en absoluto. Si de verdad les estaba engañando a todos, lo estaba haciendo realmente bien.

-¿Y si buscamos a Cross para encontrar a Ivonne?- propuso Theodore.- A no ser que alguno de nosotros la mate antes.

Tristán dio un puñetazo sobre la mesa que sonó por todos los rincones y enmudeció a toda la Sala.

  • Nos estamos desviando del tema, mis sicarios- dijo con cierta ironía.- ¡Ivonne! Encontrad a Ivonne y punto... - De pronto, hizo como que se acababa de acordar de algo. - Ah, y tenemos un método infalible para encontrarla en caso de que nos sea imposible: su hija.

-¿Qué?- el gruñido se le escapó a Montdark sin querer.

Al parecer, McOrez estaba esperando ansiosamente aquella reacción por su parte.

-Oh, ¿no te lo habían dicho? Hace poco hemos descubierto que Ivonne tuvo una hija que está huyendo con ella. Nos los chivaron los del Ministerio. ¿Quién será el padre?- se rio con sorna, sabiendo que aquellas palabras estaban hiriendo como cuchillos el corazón de Montdark.

Éste no lo pudo soportar y abandonó la Sala de Juntas. No quería saber nada más. O en realidad sí y por eso se dirigía a una habitación en concreto del Palacio de Loring. No estaba lejos de aquel pasillo. Solo tenía que bordear unas cuantas esquinas... Bajar dos tramos de escaleras... Volver a bordear dos o tres pasillos. Y allí estaba.

Abrió la puerta con tanto ímpetu que estuvo a punto de hacer saltar las bisagras. Destapó con ira la tela que cubría al espejo y le pegó un puñetazo haciendo saltar sus propios nudillos.

-¡Hijo de puta!- le gritó a Celius O'Smosthery.- ¡Hijo de puta!

-Te recuerdo que tu madre y la mía son la misma persona, y ambos siempre le tuvimos mucho aprecio.- le contestó calmado, acostumbrado a aquellos arranques de ira que solían darle.- ¿A qué se debe el honor de tu visita?

-¡La dejaste embarazada!

El rostro calmado de Celius cambió bruscamente. Miró atónito a Adolf y tragó saliva. Empalideció.

-¿Qué?

Adolf también se sorprendió.

-Oh, no lo sabías, ¿verdad?- se desternilló de la risa y acto seguido volvió a darle un puñetazo al espejo que guardaba al joven.- Te la tiraste y la dejaste sola y abandonada... ¡Qué clase de O'Smosthery eres! ¡Traidor! ¡Le metiste esas ideas en su cabeza y por eso huyó!

-¿¡Cuántas veces tengo que decirte que ella siempre fue así y que ella me cambió a mí para bien!?

-Lo que más gracia me hace es que tienes una hija y te has enterado casi cincuenta años después...Todas estas décadas encerrado ahí sin saber que hay un trozo de carne con tu sangre andando por ahí, sin protección... ¡Por tu culpa!

-¿Y si yo no soy el padre?- preguntó algo exasperado, nervioso. Aquello le había alterado. Era lo único que le había hecho sentir algo en mucho tiempo. -Pudo conocer a alguien después de mí... O, ¿hiciste tú algo con ella? La noche que me la llevé. ¿Le hiciste algo?

-¿Cómo osas decir algo así? ¡Nunca la tocaría hasta que no fuese mayor y adulta! ¡Tú eras un sinvergüenza al que no le importaba la inocencia de una niña de dieciséis años...!

-¡Nos amábamos, Adolf! Por Merlín... ¡Nunca comprenderás por qué me eligió a mí! Tu mente es demasiado retrograda...

-Ahora tengo que traer a las dos a casa.- sentenció.

-Sigues sin enterarte de nada, Adolf- dijo Celius.- Ni se te ocurra traer a mi hija a este infierno- le ladró.- Es tu sobrina, piensa con la cabeza de una por todas. ¡Solo necesitan a Ivonne para hacerse ellos poderosos a su costa! ¡Ivonne es un instrumento! ¡Todo el mundo le hará daño: los buenos, los malos...! Incluso tú y yo le hicimos daño...

-Ésta es la casa de Ivonne y tú le estás privando de cobijo...

-¡Cobijo! ¡Acabarán con ella en cuanto tengan la oportunidad! ¡Y contigo!

-Encontraré a su hija y la amenazaré con matarla si no viene.

-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Si matas a su hija la perderás para siempre.- Celius suspiró.- Aún puedes recompensar el que le hayas estado dando caza todos estos años. Salva a su familia, Adolf. Salva a mi familia. Sálvate a ti.

Adolf le miró con furia. Lo tenía muy cerca. Le miró como cuando le pedía perdón por algo que había hecho y quería que siguiese siendo el hermano mayor que era. Adolf ya no era Adolf O'Smosthery. Adolf O'Smosthery fue elegido Hufflepuff por su lealtad, por su bondad... Adolf era una buena persona. Estaba enamorado de Ivonne. Nadie en el Clan del Ojo pensaba que llegaría alguna vez a matar a alguien. Su hermano pequeño, el rebelde y revoltoso Celius fue elegido Slytherin. Eran como la noche y el día. Y un día, Graham McOrez le dio una paliza tan extrema a Adolf por dejar que su hermano pequeña confundiese a Ivonne que jamás volvió a ser el mismo. Tuvieron que llevarlo a la casa de la colina de un medimago en Groenlandia para que le suturase todas las heridas sin que se enterasen de ello en Hogwarts. Entonces, se cambió el nombre a Montdark. Y se convirtió en uno de los magos más despiadados de la historia de la magia.

-Tú eres el culpable de todo- siempre le decía lo mismo a su hermano pequeño.

-Sé que en el fondo el Adolf que quiero está dentro de ti, hermano.

-Lo mataste tú.

-No es cierto- negó Celius con vehemencia.- Sé que está ahí porque no has encontrado a Ivonne todavía. Tu subconsciente la está protegiendo y en el fondo lo sabes. No quieres encontrarla porque sabes que, esté donde esté, está a salvo. En el fondo, tú sabes dónde puede estar. Todo este tiempo lo has sabido. Si no, me hubieses matado. Te lo digo ahora porque más que nunca me urge que esté bien y que las protejas. Sé que siempre las has estado protegiendo.

-Si supiera donde está, la hubiese traído a casa.

-Me has tenido retenido aquí tantos años para que vea que no eres tan cruel. Soy tu garantía de que podrá perdonarte. No sé con certeza si la has llegado a ver, pero sé que sabes algo. Por eso has venido corriendo a verme a mí antes de que te confirmaran que era yo el padre. ¿Verdad? Tú ya sabías que tenía una hija, pero lo descubriste hace no tanto. Quizás porque la viste en persona y te recordó a ella.

Adolf gruñó. No le gustaba aquella conversación en absoluto. Le pegó un puñetazo al cristal y la sangre lo empañó.

-Þú ert með barnabarn.- le susurró con un sonido gutural.

Quizás se arrepentiría de haberse confesado. Tras tantos años, había creado a Montdark tan bien que le había robado su identidad. El Adolf que decía Celius que seguía existiendo ya nunca aparecía bajo la mirada de un hombre torturado. Celius le miró atónito. Después de todo lo que le había dicho, no debería estar tan sorprendido de aquello.

Le acababa de decir que tenía una nieta.

Adolf O'Smosthery sabía quién era la nieta de Ivonne. Reconoció aquel celeste en su iris en cuanto la vio la primera vez en Hogwarts. Aquella mirada, la viva imagen de Ivonne, hizo volver a revivir al Adolf de antes. Celius tenía razón. Siempre había estado protegiendo a Ivonne. Simplemente no podía permitirse pensar en aquello o mandaría a la mierda todo en lo que había estado trabajando durante medio siglo.

-Fyrirgefðu- con ese susurro Celius estaba perdonando a su hermano todas las torturas a las que le había sometido.

Queridos lectores:

Cuánto tiempo sin dedicaros unas palabras fuera de la narración.

Espero que os esté gustando esta cuarta parte de la saga, y, como siempre, me gustaría poder conocer vuestras impresiones.

Supongo que este capítulo es uno de los más interesantes de esta temporada, la parte final para mí es una de las más emotivas que vais a encontrar... Aunque todavía no logréis entenderlo del todo, pues no conocéis todo lo que engloba la historia de estos dos extraños personajes.

En cuanto a la boda de Charlie, bueno, quizás nadie se haya puesto a pensarlo, pero siempre me la había imaginado así: repleta de criaturas mágicas que habían tenido un papel importante en la historia de Harry Potter... Estamos hablando de un cuidador de dragones, ¿no?

Para quien no haya "pillado" quiénes son los miembros del grupo con el que estaba Teddy en la boda, son los licántropos de Luperca, que tienen relación con Charlie Weasley (en concreto han acudido Tala, Dasan e Hinun, Wakanda no al ser la líder que debe cuidar del resto de la manada) y por ello se han quedado en la boda rodeados de Teddy, Moonlight y James (todos licántropos) y con Dominique (porque va a trabajar allí, como se deduce del texto).

En caso de más dudas, poned un comentario. O ponedlo simplemente porque os apetezca como hace mi buen amigo Otoitzarra (de quien espero ansiosamente su comentario)

Con cariño,

-A.

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Para quien esté interesado en saber qué vestidos son los que llevaban las chicas Weasley:

*Victoire W.:*http://www.gotceleb.com/wp-content/uploads/celebrities/jessica-chastain/2013-amfar-in-cannes/Jessica-Chastain-in-red-dress-at-2013-amFAR-in-Cannes--07.jpg

DominiqueW.: http://cdn9.lbstatic.nu/files/looks/large/2012/12/22/2724060_f.jpg?1356187168

Molly W.: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/236x/64/ec/f3/64ecf3de1a56c1994d9ddd11ea0bf781.jpg

Lucy W.: http://www4.pictures.stylebistro.com/gi/Jane+Levy+Suits+Jumpsuit+rKxTGNKBMeEx.jpg

Rose W.: http://www3.pictures.zimbio.com/gi/Marguerite+Julien+Premiere+68th+Annual+Cannes+E9QgB25j42Bl.jpg

Lily P.: http://i.dailymail.co.uk/i/pix/2016/05/20/22/346FD60800000578-0-image-m-34_1463778353782.jpg