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Historia 190031 — capítulo 1

Prologo

Años atrás.

Las nubes grises estaban a conglomeradas en el cielo impidiendo que la luz del sol se filtrara. Unas cuantas gotas de lluvia caían sobre el suelo fangoso, al mismo tiempo que la neblina se disipaba con lamentable lentitud.

Bek Grimm se encontraba maldiciendo internamente al imbécil que había osado despertarlo esa mañana. Esa semana solo había logrado dormir un par de horas. La principal razón fue una tormenta que termino convirtiéndose en huracán que causó estragos en la isla de la cual era gobernador. Por lo que esos días había caído toda la responsabilidad en sus hombros.

Él era un hombre de unos cincuenta y tantos años, regordete de cabello grisáceo, con bigote y barba del mismo color que su cabello. Sus ojos de color café denotaban un carácter fuerte pero también tristeza. La misma que se había  instalado en ellos un par de meses atrás, ante la pérdida de su esposa por el cáncer dejándolo completamente solo. Desde entonces decidió aislarse completamente en la vieja casona que había pertenecido a su familia por generaciones a las afueras del pueblo Green que era más cercano a la costa. Mientras el auto avanzaba con dificultad entre lodo los pensamientos de Bek  regresaban al día en que su único hijo se había marchado de Grey para no volver, un día igual a ese.

Grey era una enorme isla situada a un par de kilómetros de tierra, llamada así por la neblina que cubría la parte superior de la isla casi todo el año. Se encontraba compuesta por trece poblados los cuales eran gobernados por Bek Grimm. La principal razón por la que Bek nunca había querido marcharse de aquel lugar, es que era un lugar tranquilo y pacífico. Ahí nunca sucedían crimines como los de las grandes ciudades y lo más grave que llego a acontecer fue años atrás cuando un extranjero murió al caer por uno de los acantilados.

El lugar a donde se dirigía en ese momento era un pequeño poblado que se encontraba a varios kilómetros de distancia y el más apartado. El gobernador estaba molesto, Seguramente le habían mandado a buscar para arreglar algún asunto que podía esperar al menos unas horas más.  Llegar al pequeño poblado habitado solo por ciento cincuenta personas era toda una incursión, debido a los estragos del huracán los caminos se encontraban en terribles condiciones.  El lodo no permitía que los vehículos avanzaran y se atascaran, después de varias horas a través del tortuoso camino por fin llegaron a las afueras del pueblo.

Despues de lo que parecieron horas llegaron por fin a las afueras del pueblo. El gobernador se puso su gabardina y salió de la camioneta acompañado de su secretario. El cual no tendría más de treinta años, delgado y bajo corriendo detrás de el con una enorme sombrilla para protegerlo de la lluvia. El pequeño infeliz que había pagado los platos rotos al ir a despertarlo esa mañana.

Lo primero que percibió Bek al bajar de la camioneta fue un desconcertante olor pútrido que le provoco arcadas. Se sorprendió al ver algunas patrullas y ambulancias. La entrada del pueblo acordonada con cinta amarilla, fue entonces que un aire frio recorrió su columna vertebral el cual no tuvo nada que ver con el clima. Conforme avanzaba el vacío en su estómago se acrecentaba. Su mirada se detuvo al ver a un joven oficial volviendo el estómago en unos matorrales a unos metros de distancia de él.

Bek aparto la mirada del joven y la dirigió a los policías que se encontraban reunidos a unos metros delante de él. Sus rostros se denotaban pálidos y taciturnos enfrente de los oficiales se encontraba un hombre de aproximadamente treinta y tantos años. Cabello de color negro y ojos afilados y sagaces del mismo color que su cabello, alto y delgado. El cual se encontraba dando órdenes a los policías. Este levanto la mirada y la deposito en el gobernador, termino de dar órdenes y se dirigió a él, ambos se miraron por unos segundos. El semblante de Jhon Castle, el jefe de policía no auguraba nada bueno.

Bek— Jhon ¿Por qué estás aquí? ¿Qué ha sucedido?

Jhon— Todos en el pueblo están muertos… — Dijo sin ningún miramientos. Él siempre había sido una persona objetiva y fría.

Bek—  Sintió que en su estómago se instalaba un profundo vacío. — ¿Cómo es posible? — Logro articular. Sentía que lo que estaba sucediendo era un mal sueño, no era posible que todos estuvieran muertos.

**Jhon—**No lo sé… pero algo muy malo ha pasado aquí y voy averiguarlo.

En ese momento el gobernador sintió que el aire se volvía más frió y justo en ese instante sintió como si el tiempo se hubiera detenido repentinamente.