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Historia 190031 — capítulo 2
Capítulo 1. Ecos del pasado, voces del presente
Época actual.
Era al redor de media noche y alguien se encontraba corriendo a través del bosque. Su corazón latía con fuerza contra su pecho, tenía la sensación de que en cualquier momento explotaría, cada vez que exhalaba podía ver su aliento. A pesar de que el frío que hacía, todo su cuerpo se encontraba bañado en sudor.
Parecía que por fin los había dejado atrás, al menos llevaba unos 5 minutos de ventaja. Sin embargo, sabía que sus minutos estaban contados y que no llegaría a ver el amanecer. Todos los que se habían descubierto la verdad habían muerto en extrañas circunstancias y el no sería la excepción. Tenía que darse prisa y asegurarse de reparar el terrible error que había cometido. Esa sería su expiación.
Contaba con la ventaja de conocer el bosque a la perfección y la neblina que se había formado le habían ayudado a obtener cierta ventaja. Se detuvo un momento y escondiéndose detrás de un enorme pino contuvo la respiración y agudizo lo más que pudo su oído para cerciorarse que no lo seguían, no escucho absolutamente nada. En ese momento el bosque se encontraba envuelto en un silencio sepulcral.
Un escalofrió recorrió su columna vertebral por completo eso no auguraba nada bueno. Decidió detenerse un momento y pensar que es lo que tenía que hacer. Sabía que no había escapatoria pero al menos no moriría en silencio, así que las ideas se acumularon de golpe y se formuló la idea de lo que tenía que hacer rápidamente se incorporó y miro alrededor para orientarse y logro distinguir el camino por el cual debía seguir.
Seis meses antes.
El camino recorrido hasta el momento parecía interminable entre las montañas. Daniel miraba a través de la ventana del auto con fastidio. No entendía cómo era posible que un chico de 17 años como el tuviera que ir a vivir a un maldito lugar apartado de dios a vivir con un abuelo del que desconocía su existencia. No entendía como su padre jamás le había hablado de él o las razones para ocultárselo. La única explicación que encontraba era que su abuelo fuera un hijo de puta, por qué otro motivo su padre nunca lo había mencionado. Los pensamientos de Daniel se detuvieron en cuanto el auto se detuvo.
— Tenemos que tomar el ferri ya que es la única forma de llegar a Grey. — Dijo la mujer que conducía. Una mujer de unos cincuenta años delgada y que usaba gruesas gafas de media luna de las cuales colgaba una cadena, vestida de negro y de mirada penetrante. Su nombre era Margaret.
Daniel— ¿La única forma de llegar? — Pregunto y entonces se dio cuenta justo a unos kilómetros de distancia se alzaba una enorme isla cubierta por neblina.
Margaret— Es ahí a dónde nos dirigimos. — Dijo señalando la isla que Daniel estaba viendo.
Daniel— No podía creerlo, era peor de lo que había imaginado. — ¿Es una isla? — Dijo más para sí mismo que para su acompañante.
Margaret— El lugar al que nos dirigimos es la parte más apartada de la región y ha permanecido de esa forma por mucho tiempo, digamos que tienen unas costumbres muy arraigadas. Creo que pronto podrás darte cuenta de lo que quiero decir.
Daniel no hizo más preguntas y su acompañante tampoco dijo nada más. El viaje en el tranvía se le hizo eterno y no mejoro cuando llegaron. La carretera serpenteando entre el bosque, mientras una pequeña neblina comenzaba a levantarse y la escasa luz comenzaba a extinguirse señal de pronto oscurecería.
El trayecto fue más largo de lo que el chico hubiera esperado pero al fin pudo vislumbrar las luces del pequeño pueblo y algo dentro de esa escena le hizo sentir un vuelco en el estómago. Sus padres habían muerto y ahora él tenía que ir a vivir con su abuelo, un completo desconocido. La solo idea hizo que le dieran ganas de vomitar. Aparto su vista del pueblo hacia el bosque y fue entonces que la vio.
Una chica de piel pálida y cabello negro que resaltaba en contraste con la palidez de su piel. Vestida de negro y posando sus ojos del mismo color que sus ropas en el poblado al cual ahora el ahora mismo se dirigía. Daniel nunca había visto a una chica como ella y supo en el instante que sus ojos se encontraron que él jamás volvería a ser el mismo.