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Maldito hurón — capítulo 1
Rose camina junto a su primo en el Expreso Hogwarts. Hace menos de cinco minutos se había despedido de sus padres y su hermano en la Plataforma 9 y ¾, y ya los extraña a horrores. Esa sería la primera vez que pasaría tanto tiempo sin ellos. Suspira profundamente, esta sería una gran aventura. Ella sonríe ante un comentario de Albus para aliviar la tensión que ambos tienen por su primer año en Hogwarts. James, a varios metros de ellos, los llama para que se apuren y entrar al compartimiento donde están sus demás familiares. Rose retuerce su pulsera de dijes que fue coleccionando con el tiempo en su muñeca, hace eso cada vez que siente nervios. —Ni siquiera en mi primer día de primaria me sentí así —confiesa Albus. Rose asiente, de acuerdo con él. —Y todavía no estamos en la Ceremonia de Selección —murmura. El tan solo pensar que podría llegar a quedar en alguna casa que no sea Gryffindor, hace que su piel se erice. No quiere decepcionar a su padre. —¡Al, Rosie, apuren! —les grita James, entrando al compartimiento. Albus pone los ojos en blanco y Rose ríe, aunque calla totalmente cuando su pulsera cae al suelo y un chico de tal vez quinto año pasa corriendo a su lado, pateando el accesorio, enviándolo muy lejos de donde se encontraba. —¡Merlín! —susurra. Mira con enfado la nuca del muchacho. Si la pulsera se hubiera roto por su culpa, lo hubiera matado, había sido un regalo de su abuelo materno antes de su muerte—. Espera, Albus. Ya regreso. Sin esperar su respuesta, se da vuelta y camina con rapidez hacia su pulsera, maldiciendo por debajo al chico ese que pateó su valioso tesoro. Cuando está apunto de tomarla, una mano se le adelante y ella, con una clara cara de disgusto, levanta la cabeza para encontrarse con el heredero de los Malfoy. —Eso es mío —dice, mirándolo con el ceño fruncido. Malfoy le sonríe. —Lo sé. Rose abre los ojos, indignada al no recibir su pulsera. Malfoy solo sonríe divertido. —¿Qué es lo que quieres, idiota? —¿Con esa boquita dices: "Mamá"? Rose no aguanta más y le pisa con fuerza el pie derecho, haciendo que el chico suelte un chillido de dolor y suelte la pulsera. Ella le atrapa elegantemente, le regala una sonrisa burlona y se da vuelta con dirección al compartimiento donde sus primos la esperan. Mientras se pone la pulsera en su muñeca, susurra: —Maldito hurón.