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Maldito hurón — capítulo 16

James toma la Quaffle y vuela con ella, con una maniobra que su madre le enseñó, logra meterla en el aro. Rose grita emocionada desde las gradas, Hugo y Marcie se unen a ella. El marcador es de 70-20 a favor de Gryffindor. Su casa ganará, Rose lo sabe y la idea de tener a Scorpius como esclavo hasta el fin de noviembre le encanta. Será extremadamente divertido. —¡Y mi casa está ganando el partido! El primer partido de la temporada de Quidditch es muy emocionante, ¿a que si? —una ola de gritos se escucha—. Lo sabía. ¡Quidditch al poder! Rose ríe y sigue mirando con emoción el partido cuando siente que alguien le toca el hombro. Albus y Scorpius están ahí, argumentando que se cansaron de escuchar a sus compañeros de casa insultar tanto a los jugadores de Quidditch. Algunos Gryffindor, Marcie incluida, los miran algo mal, más no dicen nada cuando los dos se sientan con su amiga. Las personas ya se están acostumbrando a la amistad de dos Slytherin y una Gryffindor. —Ganaré la apuesta —le dice Scorpius a Rose, ésta pone los ojos en blanco. —¿Acaso estás ciego? Ellos ganarán el partido, por ende yo ganaré la apuesta. —¿Qué apuesta? —pregunta Albus confundido. Rose y Scorpius lo ignoran. Gryffindor anota otro punto y los dos Slytherin tuvieron que soportar los gritos de Rose. Pero Dominique Weasley le quita la Quaffle a Fred y con rapidez la mete por el aro. Albus y Scorpius se contienen de celebrar, saben que están en las gradas de los de Gryffindor, pero por dentro ya están chillando de felicidad. —Uh, uh, ¿qué es lo que vuela por ahí? La snitch apareció, Leslie y Christian Holp, el buscador de Slytherin, salen detrás la bolita dorada. Rose y Scorpius mantiene los dedos cruzados, rogando que su respectiva casa sea la ganadora. Los demás jugadores se quedan quietos, olvidándose por completo del juego mientras ven a los buscadores. Todo está en silencio y lo único que se escucha es el sonido de las escobas moviéndose contra el viento. Sólo es cuestión de segundos antes de que uno de los dos lo atrape. —¡Si! —¡Bien hecho! —¡Súper! —¿Me van a hablar de la apuesta? —pregunta Albus, mirando a Rose y a, según ella, el maldito hurón.