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Maldito hurón — capítulo 17
Albus pone los ojos en blanco. Sus amigos no pueden ser más inmaduros. Rose aprieta los dientes y se sitúa atrás de Scorpius para darle un masaje en los hombros. De más esta decir que el niño disfruta teniendo como esclava a su pelirroja amiga. —Sólo tres días más y me libro de esta tortura —masculla Rose. —¿Qué has dicho? —Nada, señor Malfoy —Scorpius había obligado hace dos semanas a su amiga llamarlo así—. ¿Necesita algo más, aparte de ésto? —Si, tu tarea de Encantamientos. Rose gruñe y aprieta fuerte, más de lo necesario, los hombros de Scorpius, quien gime de dolor por el apretón. Bufa, mientras se cruza de brazos. Albus, sentado a unos metros de ellos, con la espalda contra el árbol, niega con la cabeza, murmurando palabras innentendibles. Rose se arrepiente de haber aceptado la apuesta, el buscador de Slytherin había sido más rápido que la buscadora de Gryffindor. James y Fred seguían molestos por la derrota, sobre todo cuando Dominique y Lucy se burlaron de ellos por días. Tía Ginny incluso le mandó una Vociferadora a su hijo y sobrino por poner pica-pica en la ropa de sus primas. Hay personas que se toman muy en serio el Quidditch. Albus juega con la nieve que ya había cubierto todo el jardín de Hogwarts, antes de levantar la cabeza. —¿Qué harán para Navidad tu familia, Scorp? —Creo que celebraremos en casa con mis tíos y primos. —¿Qué villancicos cantaran? —pregunta Rose, apretando ligeramente los hombros de él. —¿Villa-qué? —Villancicos. Ya sabes, Noche de paz, *Los peces en el río,*Mi burrito sabanero. Scorpius mira a sus amigos confundido. —No sé que es eso. Normalmente, las Navidades son entre los Malfoy y los Nott, a veces con los Zabini, en donde nos sentamos todos en la mesa, comemos pavo, se brinda y se abren los regalos. Luego, taza, taza, cada uno a su casa. Rose para con el masaje y se siente con su primo. Antes tienen expresión de extrañeza. —¿Y qué hay de los juegos? ¿De las bromas, las anécdotas? ¿Cuándo tu tío se emborracha y te cuenta las cosas más vergonzosas que hizo? ¿De las salidas al Bosque en buscar de madera para hacer una fogata y cantar villancicos alrededor del fuego? ¿Los cohetes, los fuegos artificiales para medianoche? ¿El árbol de Navidad? —Bueno —dice Scorpius, rascándose la nuca—, tenemos un árbol. —¿Se pelean por ver quién coloca la estrella? —¿Qué estrella? Los primos se vieron horrorizados, como si les hubieran contado el peor pecado que existe. Giran su cabeza hacia Scorpius y gritan: "¡¿Qué clase de Navidad es esa?!". Él los mira ofendido, se cruza de brazos de brazos, se levanta y se va de ahí. Rose suspira. —Pobre el maldito hurón.