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Maldito hurón — capítulo 18
Rose y Albus están tristes, Scorpius sigue enfadado con ellos. La situación empeoró cuando los primos le espetaron que su familia está loca por celebrar la Navidad así. Falta todavía dos semanas para que los alumnos puedan ir a sus casas. Rose tiene puesto una gorra de panda, totalmente infantil, también tiene la bufanda de colores de Gryffindor alrededor de su cuello, por último un abrigo que tiene en la espalda un león rugiendo, James se lo prestó cuando su prima le dijo que tenía frío. James a su lado comenta sobre la lista de regalos que le escribió a sus padres en la carta que les envió. Su primo le da un beso en el cabello antes de irse con sus compañeros a Hogsmeade, Fred está enfermo y el planea llevarle dulces para subirle el animo. Rose se tira hacia atrás y cae sobre la nieve, mueve los brazos para hacer ángeles de nieve. —¡Genial, te acompaño! —Albus se ríe y se tira a su lado, imita lo que hace—. Oh, hace mucho que no hacía esto. —Por favor, haces ángeles de nieve cada vez que niega. —¡Es que es tan divertido! Las personas que pasan los miran divertidos, otros como si fueran bichos extraños. Ambos no paran hasta que las figuras de ángeles quedan bien hechas, con una rama hacen los últimos detalles. Se sientan al frente de los ángeles de nieve y admiran su trabajo. —Scorpius ni siquiera me mira —dice Albus luego de un rato. —¿Sigue ofendido? Sólo era un comentario, su Navidad es muy diferente a la nuestra. —Si, pero quizá deberíamos disculparnos. Por favor, Rosie, Scorpius es mi único amigo en mi casa. Me siento solo. —Bien, vamos a disculparnos con ese idiota —acepta Rose. No tardan en encontrar a Scorpius se halla en la biblioteca, terminando su tarea de Pociones. No se inmuta cuando llegan, no saben si los ignora o si no se dio cuenta de que están ahí. —Scorpius —saluda Albus con cautela. El niño levanta la mirara, los mira fríamente y vuelve a su tarea—. Queremos disculparnos, Scorpius. No debimos criticar a tu familia por tener una Navidad así, cada uno lo celebra a su manera. —Tal vez yo exagere —murmura Scorpius. —Demasiado, diría yo —agrega Rose. Albus la mira severo. —Es que me aburren mis Navidades, nunca pasa nada interesante, todo se volvió monótono. La Navidad que ustedes describieron era la Navidad que siempre quise. —Si, bueno, tampoco es tan genial —dice Rose, sintiendo lastima por su amigo. —¡Tengo una idea! —exclama Albus—. ¿Y si le preguntamos a nuestros padres si Scorp puede venir a la Madriguera luego de Noche Buena? —¿Bromeas, no? Rose y Scorpius miran al chico como si hubiese pedido por completo el juicio. Rose niega con la cabeza, por nada en el mundo su padre permitiría que pase con ellos las fiestas el maldito hurón.