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Maldito hurón — capítulo 25

La Saeta de Fuego Suprema que los jugadores profesionales de Quidditch usan en sus partidos descansa sobre la cama de Rose. La niña está entusiasmada, adora aquel deporte mágico igual o más que su padre. Muere por contarle a James el regalo que le dieron. El día siguiente será Noche Buena, Rose prepara sus cosas para ir a la casa de sus abuelos, la Madriguera. Los dos días en su casa habían sido fantásticos, su madre había preparado sus galletas de chocolate favoritas mientras que su padre le había enseñado nuevas técnicas de juego en el ajedrez. Llego a la Madriguera con su familia a la mediodía, todavía faltan llegar los tío Bill y Fleur, más sus hijos ya están ahí. Corre hacia la casa, seguido de su hermano, con la Saeta de Fuego Suprema en las manos. Louis es el primero en verlo. —¡Por Merlín! ¡Tiene la nueva escoba! Albus, James y Fred abren la boca, revelando una masticado torta de chocolate. Victoire los regaña. —¡Ah, papá, yo la quiero! —se queja James. Harry Potter entra a la sala, sonriendo a sus mejores amigos. Sacude cariñosamente el cabello de Rose y Hugo, que ríen como acostumbran. Hermione se va a la cocina donde las demás mujeres preparan la comida. Ron y Harry se sientan en el sofá. —Quiero la escoba —repite James. —Yo la conseguí primera —se burla Rose. Hugo pone los ojos en blanco y sale al jardín en busca de Lily, su amistad se hizo más fuerte al ser los dos únicos de la familia en no estar en Hogwarts. —¡Papá! ¡Escoba! ¡Quiero! Harry ríe. —¿Quién dijo que no te la compre para Navidad? El rostro de James se llena de felicidad y comenta sobre eso con Fred. Albus toma la mano de Rose y la hace subir las escaleras hasta llegar al antiguo cuarto de Ginny. Albus está impaciente por mostrarle algo y Rose lo sabe. —Hoy a casa me llegó esto, antes de venir para acá. Albus busca entre sus pertenencias y cuando encuentra lo que quería, sonríe. Se acerca a su prima y ambos se sientan en la cama. Él le pasa uno de los dos objetos. —¿Un espejo? —No es sólo un espejo —niega—. Es un espejo doble. Rose lo mira confundida. —Mira —toma su espejo y los pone a la altura de sus ojos—. ¡Scorpius! Lo primero que se ve es un techo blanco, casi sin vida. Rose sigue sin entender, hasta que la cara pálida y el cabello rubio de su amigo aparecen. —¡Al! —exclama contento. Se da cuenta de la presencia de la niña—. ¡Rosie! Ella sonríe, jugando con el espejo entre sus manos. Ahora podrá comunicarse siempre que quiera con el maldito hurón.