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Maldito hurón — capítulo 24
Rose está sentada en la parte trasera del auto de sus padres, Hugo a su lado comenta todas las cosas que ellos le compraron para que no se sienta triste por la partida de su hermana. Ron se halla con el ceño fruncido, murmurando en contra de los Malfoy, aunque se calla a ratos cuando su mujer la ve de manera severa. —De todos los niños que hay, ¿por qué justamente un Malfoy? —Ron, no comiences. —Sólo quiero saber por qué. Rose suspira, ella sabía que su padre tocaría ese tema, más pensaba que sería una vez llegaran a casa y que su madre y Hugo fueran a la cocina al ser la comida; con nueve años de edad, su hermano menor es un auténtico chef. —No sé. Albus comenzó a juntarse con él, pero los dos discutíamos mucho... —Oh, lo sabemos: McGonagall nos mandó una carta para avisarnos de tu castigo —Rose se sonroja ante la mirara de su madre. —Si, bueno, nos hicimos amigos gracias ese castigo, estuvimos hablando mucho, pasó casi sin darse cuenta. Papá, Scorpius no es como su padre. Ron resopla y gira a la derecha. Seis cuadras más y llegarían a su casa. Hugo mira por la ventana, sonriendo feliz. —A mí no me parecía tan malo el chico. Parecía agradable. —¿De qué lado estás, Hugo? —le espeta su padre. —¡Ronald! —Perdón. Los hermanos ríen, a pesar de los años, Ron Weasley le sigue teniendo miedo a su esposa. Una vez escucharon a su padre decir que preferiría enfrentarse de nuevo a Voldemort que a la furia de su madre. Rose se inclina sobre su asiento de forma ansiosa cuando visualiza su casa entre tantas de su vecindario. Hace cuatro meses que no la veía, necesita seriamente hacer un recorrido por el lugar para recordar los buenos momentos vividos ahí. —¿Te gustaría ir a algún sitio especial hoy, Rosie? —le pregunta su padre, estacionado el auto. —Podríamos ir a cenar —sugiere ella con una sonrisa, mientras se desabrocha el cinturón—. Quiero ir a ese restaurante que fuimos para mi octavo cumpleaños. —Como digas, cariño —contesta su madre. Baja y le abre la puerta a sus hijos, su esposo saca el baúl. —Un regalo te espera en tu cuarto, Rosie. Rose camina alegremente por el camino, bordeado perfectamente por piedras, quienes son el límite de un césped verde. Se situa frente la puerta, tirando de su pulsera. Su padre la abre, dejando ver la sala. —Bienvenida a casa, Rose. La niña entra dando saltitos y su mirara cae en la fotografía que sus padres y tío Harry se sacaron cuando su mamá se graduó de Hogwarts. Espera que algún día se saquen así una foto ella, Albus y su maldito hurón.