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Maldito hurón — capítulo 33
—¿Cuánto tiempo más vas a estar ignorandome? Rose toma su libro y se levanta de la mesa de Gryffindor, con el ceño fruncido. Scorpius gruñe desde atrás y la sigue, pero por mucho que intente hablarle, ella no le hace el menor caso. Rose sigue enojada por lo ocurrido con Albus, a pesar de que haya pasado una semana y que su primo dijera que él también había retado a Scorpius a comer torta de melaza. Albus Potter es el primer mejor amigo que tuvo y es su primo favorito, así que siempre lo ha protegido como un bebé. Entonces el hecho de que un reto de Scorpius lo haya dejado en la enfermería, aunque sea por sólo una noche, es suficiente para que ella lo odie por un tiempo. —Te he pedido disculpas más veces a ti que a Albus —escucha que le dice, pero ella sigue ignorando—. Por favor, Rosie. No quiero estar peleado contigo. Rose gira a la derecha y sube las escaleras, tratando de llegar lo más rápido a la Torre de Gryffindor, al menos ahí Scorpius no iba a poder molestarla. —¿Y si te regalo un libro? ¿Un peluche? Lo único que se escucha son los pasos de ambos niños y la voz desesperada de Scorpius. —No es como si tú nunca le haya hecho un reto a alguien que hizo que ésta persona terminará mal, ¿verdad? Bueno, si lo hizo. Tía Fleur aún está algo resentida por hacer que Louis pasará una semana en San Mungo por un hueso roto, pero al fin y al cabo, no fue sólo culpa suya, James la ayudó. Y el que resultó herido no fue Albus. Y como se dijo, nadie molesta a Albus sin recibir nada malo a cambio. Y Rose piensa que la mejor manera de hacer sentir mal a Scorpius es ignorandolo. —Ha pasado una semana. Venga, Rose, ¿no se puede dejar en el olvido? El retrato de la Dama Gorda se encuentra a unos cuantos pasos de ella, ya casi se va a librar de Scorpius. —¿Contraseña? —Rugidos —contesta. Y la entrada se abre. —¿Rose? —la llama Scorpius. Rose lo ignora y entra en su Sala Común, sin molestarse en mirar al maldito hurón.