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Maldito hurón — capítulo 50

—¿Qué ocurre? Rose no se ha movido ni un centímetro, se da cuenta Scorpius, mientras se asienta a su lado. Ve por la ventana, a varios padres abrazando a sus hijos que volvieron de Hogwarts para pasar las vacaciones de verano. Albus ya ha bajado y ella puede verlo rodeado por los brazos de tía Ginny, mientras le deja besos por toda la cara. James y Lily ríen. —No sé, no quiero dejar Hogwarts, o al menos el tren, sería como si me estuviese despidiendo y no quiero hacerlo. Scorpius suspira. —Tampoco es un adiós para siempre. Dentro de dos meses y medio volveremos. —Pero me he encariñado con el castillo. —Tus padres te están esperando —le recuerda. Rose se encoge de hombre y apoya la cabeza en el hombro de su amigo. —Sabía que me pasaría esto —susurra—. Soy demasiado sentimental en los momentos menos adecuados. Scorpius sonríe y apoya su cabeza en la de él, mirando hacia adelante. Tiene la impresión que no queda nadie más en el tren que ellos y en cualquier momento sus padres y los señores Weasley vendrían a buscarlo por no salir al anden. Él puede ver a Albus en la plataforma, quienes los mira curiosos, aunque se encoge de hombre y se dirige hacia donde están su tío Ron y su tía Hermione. —El próximo año regresaremos, Rosie. Es hora de marcharnos, nuestros padres se enojaran.  —Prometeme que el próximo curso estaremos juntos. Él se inclina y le da un beso en la mejilla a Rose, quien se sonroja avergonzada, pero sonríe con timidez. Ambos se paran y toman cada uno su baúl, aunque Scorpius la ayuda a llevar a Rose el suyo. Como supuso, no hay nadie en el tren aparte de ellos. —Ahora a escuchar la reprimenda de nuestros padres —murmura Scorpius, mientras la ayuda a bajar. —Les diré que fue mi culpa —propone. —No, déjalo. ¿Sabes? Ya tenemos una anécdota más que contar cuando seamos viejos. Rose ríe, aunque calla al ver las caras ceñudas de sus padres, aunque su padre parece más enojado de que esté con un Malfoy que lo haya hecho esperar tanto tiempo. A su lado, James y tío Harry niegan con la cabeza. Ella sonríe de forma angelical, rogando para que no la regañen todo el camino hacia la Madriguera. —Será mejor que me vaya, mis padres me están esperando —dice Scorpius. Rose asiente y ahora es ella quien le da un beso en la mejilla, algo que le asegura que va a tener un largo sermón de parte de su padre. —Recuerda: no es un adiós, es un hasta luego. Scorpius le revuelve el cabello y va a hasta donde están sus padres, su madre le sonríe pícaramente y su padre se encuentra inexpresivo. Rose va con sus padres, recordando cada momento vivido con el maldito hurón.