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Maldito hurón — capítulo 49
Las manos le sudan mientras sale del salón de Encantamientos, Rose acaba de terminar el último examen del curso y tiembla ligeramente, asustada y nerviosa. Al menos, piensa, ya no tiene por qué preocuparse con los estudios. En dos días, regresará a casa. Decide buscar a Scorpius y a Albus, quienes ya debieron terminar su examen de Pociones. En el desayuno, los tres habían acordado reunirse en el Lago Negro cuando hayan terminado las clases. Rose se entretuvo hablando y consolando a varios amigos mientras se dirigía hacia allá. —¡Ira nadar casa ratón ídolo ballena lata edifico! —escucha que exclama Albus. Rose pone cara de confusión, luego se pregunta preocupada si su primo se golpeó la cabeza severamente. —Lana olla —ahora es Scorpius quien habla raro. Hace una pausa—. Sapo ética. Rose frunce el ceño, preguntándose si tomaron algo que los hizo estar más idiotas de lo que ya son. Albus y Scorpius están sentados sobre una roca grande que está cerca del Lago Negro, Rose se acerca a ellos, aún pensativa con lo que ocurre con sus amigos. —¡Rayos ovnis sobre enojo! —exclama Albus al verla. Scorpius sonríe ante la confusión de la niña. —¿Ustedes están bien? —pregunta ella, mirándolos preocupada. —Es un código, Scorpius acaba de inventarlo —explica Albus—. Hay que tomar las iniciales de las palabras que decimos y se forma una palabra. ¿Comprendes? —Eh, más o menos —murmura, sentándose a su lado—. Supongo, Scorpius, que tienes cerebro. —Muy graciosa, Rose —dice él sarcástico—. Es una pena que se me ocurrió después del examen, nos hubiéramos copiado y el profesor no se hubiera dado cuenta. —Para el próximo año. —¡Ni siquiera lo piensen! —Era broma —dice Scorpius, aunque le guiña un ojo a Albus cuando Rose no lo ve, éste sonríe—. ¿Cómo te fue? —Todavía me tiemblan las manos. —Yo voy a reprobar Pociones —murmura Albus—. Hice explotar la poción, como que me confundí la cantidad de ingredientes que tenía que poner. —Pero cuando lo hiciste de nuevo, te salió fenomenal —trata de animarlo Scorpius. Albus hace una mueca, pero no agrega nada. —Es raro, ¿no? Volver a casa después de tanto tiempo en Hogwarts —comenta Rose. —Si, pero estaremos aquí el siguiente curso. —¡Y entraremos al equipo de Quidditch! Los niños ríen, mirando el Lago Negro. Dentro de dos días tomarían el tren para regresar a sus casas, diciéndole adiós al castillo que de convirtió en su segundo hogar, con sus largos pasillo, extrañas escaleras, banquetes espectaculares, bosques peligrosos, profesores amistosos y amigos leales. Si, les dolería dejarlo, pero al menos tienen la seguridad que regresarán el próximo curso, listos para una nueva aventura. —Eres molesto —le reclama Rose a Scorpius cuando éste la acompaña a la Torre de Gryffindor. El niño no para de decirle que reprobará todos los exámenes. —Sé que me quieres. —Maldito hurón.