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No quiero decir adiós — capítulo 4

Rocky despertó más temprano de lo habitual, gracias a su nuevo reloj despertador. Tras respirar hondo unos minutos, se levantó de su cama, y fue a la pequeña cocina, esperando encontrar al siempre madrugador Alex Hunter. No lo hizo. Su puerta siempre estaba entreabierta. Con mucha sutileza, se aproximó al dormitorio de su compañero de piso, y trató de ver si estaba en su cama. Lo estaba, sin dejar nada a la imaginación, acompañado de alguien. La joven dio un respingo, y volvió a la cocina. No había oído llegar a Alex después del trabajo, ni sabía con quien se acostaba ahora, aunque sabía que no había vuelto con su ex novia. Últimamente se había hecho amiga de Colleen. La había llevado de compras porque no toleraba ver su casi vacío armario, y había insistido en regalarle maquillaje, libros y discos. Dijo que ella no usaba ese maquillaje, y que quería llevarla por su camino "culto". Le agradaba. Ambas se agradaban.  A la media hora, cuando Hayley ya había preparado tres tazas de café (asumía que la nueva adquisición de Alex se quedaría a desayunar), salieron ambos del dormitorio. En efecto, no era Colleen. Ni siquiera sabía como se llamaba. No era su encargada. -Tú debes ser Hallie- dijo sonriendo la muchacha, y miró las tazas-. Oh, que linda, nos preparaste café. -Es "Hayley"- corrigió Alex, y bebió unos tragos del café-. Dijiste que tenías que hablar conmigo, pero cuando llegué anoche ya estabas dormida. ¿Qué necesitas? Rocky tomó aliento, y bebió un trago para envalentonarse. -Sabes que Jake tuvo un accidente. -Mhmm- gruñó el joven, y su acompañante lo miró-. Oh, ella es Lucy. -Encantada de conocerte- dijo con cortesía Hayley, y miró de nuevo al rubio-. Ya fui a su apartamento para ver si necesitaba algo. Le llevé comida y algunas cosas. Algunos amigos se encargaban de él porque apenas puede moverse por las lesiones, y le dije que podría hablar contigo para ver si podía quedarse aquí hasta que mejore, ya que sus amigos lo dejaron solo. Su edificio no tiene ascensor. Pasa los días encerrado en su apartamento. Creo que se está deprimiendo. Ambos la miraron. Nunca habían presenciado unas oraciones tan largas, rápidas, en la boca de alguien tan joven. -No hay lugar aquí, Hayley. -Le puedo dar mi dormitorio. No será por tanto tiempo. Yo puedo dormir en el sofá, ya que a veces duermo allí y me resulta cómodo- intentó convencerlo la muchacha, esperanzada.  Sabía que Alex lo odiaba, y esa era su máxima preocupación. -Debes hacer que se comporte. No quiero discutir con él- dijo tras unos minutos de vacilación el muchacho, mirando el reloj, y luego a Lucy-. ¿Debo llevarte a tu casa? -Eres fantástico en la cama, pero eres horrible como pareja- espetó la muchacha, enojada, y terminó su café-. Mucho gusto, Hayley. Muy rico café. Adiós, Hunter. Los dejó solos, perplejos e incómodos. -¿Nueva novia? -Ojalá- suspiró Alex, y se ajustó el cinturón-. ¿Cuando lo traerás? -En una hora. Pedí el día libre para intentar que se sienta cómodo aquí. -Bien. -Gracias, Alex. Sé cuanto lo odias. -Me dejó tocar en su banda. Le debo un favor. Hayley se vistió, y caminó rápidamente hasta el edificio donde vivía Jake.  Subió las largas escaleras, terminando cansada, y golpeó la puerta de su compañero de trabajo, que le dijo que podía pasar, con voz adormilada. -Hey, Illinois. -Hola, Jake. Puedes quedarte con nosotros. Alex no puso trabas.  Jake la miró desde su sofá, acostado. No parecía totalmente convencido, pero estaba aburrido, y casi deprimido. -Si tú lo dices, Illinois. Solo tengo que armar mi equip... -Me encargaré yo de eso. Vine por un motivo- sonrió ella, y le dio un pequeño termo con café-. Lo preparé antes de salir.  -Gracias. Te tomas demasiadas molestias, y no me conoces mucho. -Me caes bien. Y te estoy tomando algo de cariño. Y obviamente que siento lástima por ti- le dijo con un tono de burla la muchacha, y lo vio sonreír. Le gustaba verlo sonreír. Era muy atractivo. -Eres bastante atrevida para ser tan joven- contestó Jake, bebiendo el café, y sentándose. -Cállate, solo eres cinco años mayor que yo. Hayley puso ropa en una mochila y algunos efectos personales del muchacho en un pequeño bolsito, y trató de ordenar un poco su cuarto. No podía evitarlo. Estaba programada para ello.  Había dejado su celular en el sofá, al darle el café a Jake, y lo escuchó sonar. -Hey, Illinois. Un tal "Norman" te está llamando. -Te concedo permiso para atender y decirle que estoy ocupada- dijo sin pensarlo la muchacha, sin ser muy consciente de lo que acababa de decirle. Siguió guardando ropa en la mochila, hasta que llenó su capacidad, y escuchó hablar a Jake otra vez. -¿Illinois? No le caí bien a Norman y quiere hablar contigo. Hayley, sobresaltada, corrió hacia Jake, y tomó su celular. -¿Qué sucede? -¿Quien era él? -Un compañero de trabajo. -No estás trabajando. No escucho la música de fondo.-Y no es de tu incumbencia, Norm. Estás siendo algo controlador últimamente. No soy tu novia. Y estoy en New York. -Lo siento. Pero... ¿Qué pasó con lo del aeropuerto? ¿Los besos? ¿Ya me olvidaste?-Lo siento, Norm, pero creo que... Hablaremos después. Adiós. Jake la miró, ya más animado por el café y la compañía. -¿Está todo bien? -"El corazón roto en Illinois"- explicó ella, y llevó el equipaje a la pequeña sala de estar. -¿Hiciste todo eso por mí?- preguntó Jake, mirando la mochila y el pequeño bolso. -Sí, mientras tú estabas en plan haragán- se burló Hayley, y Jake esbozó otra sonrisa. -Podría enamorarme de ti. Por suerte no la vio ruborizarse. Les costó un poco llegar al apartamento de la chica, por la carga y por la situación del muchacho, pero finalmente lo hicieron. Ella le mostró su dormitorio, y le indicó que allí dormiría él. -¿Y donde dormirás tú? -En el sofá. Allí tomo las mejores siestas de mi vida- contestó la joven con tono despreocupado, pero Jake negó. -No puedo hacerte eso. No puedo quitarte tu cama. -No es molestia. -Puedes dormir conmigo, si no te asusta. No duermo desnudo, no te preocupes. Y no me puedo mover mucho en este estado, así que no podría hacerte nada- comentó él, guiñándole un ojo, devolviéndole la ironía-. No puedo quitarte la cama, Illinois. Hayley meditó. Ya no estaba en Illinois. Su madre no la juzgaría. Y sabía que Jake no intentaría hacer nada. -De acuerdo. Tienes suerte de que mi cama sea de dos plazas. Jake sonrió, y miró a su alrededor. -Hunter debió haber gastado mucho dinero remodelando esto. -No tengo idea, la verdad. Yo me encargo de ordenarlo porque él hace desastres. Hoy apareció con una nueva chica. Lucy, se llama. Nunca la había visto. Hace una semana trajo a Tracy, y dos días después a Bessie. No sé si planea contraer alguna enfermedad o solo quiere desquitarse con Lindsay por haberse arreglado con Ryan- dijo tras suspirar la muchacha, y lo ayudó a sentarse en el sofá-. Tengo el día libre, así que puedo estar a tu entera disposición. No lo vio, pero Jake sonrió.

Mil disculpas por la demora. Varios meses. Facultad, otras cosas... En fin, estuve alejada de todo. Espero que les guste! Espero actualizar dentro de poco.