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Historia 190400 — capítulo 23

El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo

preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que

revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa

semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el

fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus

pergaminos, Harry no pudo dejar de alegrarse con el resto.

—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando

se reunieron con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber

estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el

levantamiento de Elfrico el Vehemente.

A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes, pero Ron

dijo que iba a ponerse malo, así que se fueron hacia el lago y se dejaron caer

bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los

tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.

—Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—.

Puedes alegrarte un poco, Harry, aún falta una semana para que sepamos lo

mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.

Harry se frotaba la frente.

—¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfadado—. Mi cicatriz

sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido

como ahora.

—Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione.

—No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un aviso... significa que se

acerca el peligro...

Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor.

—Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras

Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que

Snape encontrara la forma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez,

no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al quidditchen el equipo de

Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dum bledore.

Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado algo…súbitamente ese algo le vino a la mente.

—Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—.

Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.

—¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.

—¿No os parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta

de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto

aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo?

¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por

las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por

qué no se me ocurrió antes?

—¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Harry echó a correr por

los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.

Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y

las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran

recipiente.

—Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exámenes? ¿Tenéis

tiempo para beber algo?

—Sí, por favor —dijo Ron, pero Harry lo interrumpió.

—No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te

acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido

con el que jugaste a las cartas?

—No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.

Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.

—No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar

de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la

cara porque no se quitó la capucha. conservar la calma.

—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto?

Entonces le dije que Fluffyera buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando

música se dormía en seguida...

De pronto Hagrid pareció horrorizado.

—¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde vais?

Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada,

que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.

—Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Harry—. Hagrid le dijo al

desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort,

debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo

espero que Dum bledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene.

¿Dónde está el despacho de Dumbledore?

Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara.

Nunca les habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocían a nadie a quien

hubieran enviado a verlo.

—Tendremos que... —empezó a decir Harry pero súbitamente una voz

cruzó el vestíbulo.

—¿Qué estáis haciendo los tres aquí dentro?

Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.

—Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermione con valentía,

según les pareció a Ron y Harry.

—¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara

que era algo inverosímil—. ¿Por qué?

—Es algo secreto —dijo, pero de inmediato deseó no haberlo hecho,

porque la profesora McGonagall se enfadó.

—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—.

Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para

Londres de inmediato.

—¿Se fue? —preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora?

—El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tiene muchos

compromisos...

—Pero esto es importante.

—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de

Magia, Potter?

—Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata

de la Piedra Filosofal...

Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros

que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.

—¿Cómo es que sabes...? —farfulló.

—Profesora, creo... sé... que Sna... que alguien va a tratar de robar la

Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dum bledore.

La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.

—El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo finalmente—. No sé

cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede

robarla, está demasiado bien protegida.

—Pero profesora...

—Harry sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cortante. Se inclinó y

recogió sus libros—. Os sugiero que salgáis y disfrutéis del sol.

—Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?

Los otros dos lo miraron asombrados. Estaba pálido y los ojos le brillaban.

—Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.

—¡Estás loco! —dijo Ron.

—¡No puedes! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho

Snape y McGonagall? ¡Te van a expulsar!

—¿Y qué? —gritó Harry—. ¿No comprendéis? ¡Si Snape consigue la

Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas

cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para

que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes

Oscuras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creéis que

él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Gryffindor gana la

copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré

que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será

sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca

me pasaré al lado tenebroso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada

de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recordáis?

Los miró con furia.

—Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz.

—Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla

recuperado.

—Pero ¿nos cubrirá a los tres? —preguntó Ron.

—¿A... nosotros tres?

—Oh, vamos, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo?

—Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo crees

que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en

mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...

—Pero si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros.

—No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me

dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a

expulsar después de eso.

Era tarde en la noche, la casa de los Potter estaba en silencio, todos dormían.

Sus  recorrían su cuerpo, Lily seguía luchando, trataba de zafarse de él: pero era en vano, estaba atada a la maldita cama.

Con ambas manos el mortifago comenzó a rasgar su vestido dejándola desnuda. Ataco sin piedad sus senos, hiriéndolos con sus dientes. No podía sentir placer, sentía terror, asco, impotencia., dolor. Intento saquear sus labios, entonces fue su turno de morder, no podía evitar ya que tomara su cuerpo, pero no podía permitir que robara sus besos, sus besos que eran de james. El animal la golpeó, una, dos, tres, cuatro; quizás seis o diez veces hasta que la pelirroja dejó de sentir su rostro. Lo siguiente que la chica sintió antes de ser cruelmente penetrada, fue su séptima costilla quebrándose bajo el puño de su agresor. Las lágrimas comenzaban a mezclarse con la sangre que salía de su nariz, la chica sentía que se ahogaba entre forcejeos.

Afuera la tormenta estaba en su máxima potencia mezclándose con sus gritos.

El monstruo salió de su cuerpo, Lily comenzaba a sentir alivio que se convirtió en horror cuando el violador llevo su pene hasta la entrada de su ano..

El dolor, la humillación y el sentimiento de degradación humana llegaron a su punto máximo, entre más forcejeaba, más le dolía, pero no se estaría quieta, no se sometería a él. Quería que acabara, que terminara su horrible tortura y la matara de una buena vez.

—Enviare tus saludos a Potter, le consolara saber que te cogí bien antes de dejarte morir…—dijo con sarcasmo al acabar…..

Todo se volvió negro, cuando pudo ver otra vez, seguía atada, Harry estaba liberándola.

—¿ qué haces aquí? No me veas hijo.

—Vine a salvar la piedra. —acabó de desatarla y camino hasta la salida.

—Pero es muy peligroso.

—Lo sé, pero no quiero que voldemort regrese.

El chico comenzó a alejarse, Lily trato de levantarse, pero sus piernas no le respondieron, cayó al suelo, trataba de arrastrase pero su cuerpo no le respondía

—¡NO!

El salto de la Sra. Potter despertó a su esposo. Este la abrazo, ella no paraba de llorar. Él le dio agua, Lily bebió antes de hablar.

—¡Tenemos que ir con Harry!

—Tranquila…fue un sueño.

—Está en peligro…nos necesita.

Lilian saltó de la cama, y comenzó a vestirse.

—Mi sueño, comenzó con la misma pesadilla de siempre, con aquella maldita noche, pero en lugar de desatarme tu, lo hizo Harry —La pelirrja acabo de contar su sueño—No fue solo una pesadilla.

—Haremos una cosa. Escribiremos a Dumbledore, le pediremos que se fije si Harry está bien, y pasa algo, iremos de inmediato. Quizas es solo un sueño, no tiene por qué significar algo.

—No hay tiempo, debemos ir ya.

Lilian aún sollozaba. Bebió algo mas de agua y se lavo la cara.

—Vístete, despertaré a Jo para que cuide a los gemelos.

Menos de diez minutos después james tomó la mano de y Lily y con su magia se aparecieron en hogsmeade para poder llegar a hogwarts.

Despues de pasar con éxito a fluffy, de que casi los estrangulara una planta llamada lazo del diablo y de encontrar entre decenas de llaves que volaban salvajemente la que abria la siguiente puerta, los chicos se encontraron ante un tablero de ajedrez.

—¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry

—Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la

habitación.

Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.

—¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.

—Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.

Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De

inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el

caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.

—¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?

El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros dos.

—Esto hay que pensarlo... —dijo—. Supongo que tenemos que ocupar el

lugar de tres piezas negras.

Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin

dijo:

—Bueno, no os ofendáis, pero ninguno de vosotros es muy bueno en

ajedrez...

—No nos ofendemos —dijo rápidamente Harry—. Sim plemente dinos qué

tenemos que hacer.

—Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en

lugar de esa torre, al lado de Harry.

—¿Y qué pasa contigo?

—Yo seré un caballo.

Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un

caballo, un alfil y una torre dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del

tablero, dejando libres tres cuadrados que Harry, Ron y Hermione ocuparon.

—Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al

otro lado del tablero—. Sí... mirad.

Un peón blanco se movió hacia delante.

Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente

cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?

—Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha.

La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado.

La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se

quedó inmóvil, bocabajo.

—Tuve que dejar que sucediera —dijo Ron, conmovido—. Te deja libre

para coger ese alfil. Vamos, Hermione.

Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no

mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras

desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a

tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro. Él mismo jugó por todo el

tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían

perdido.

—Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Déjenme pensar... déjenme

pensar.

La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.

—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me

ataquen.

—¡NO! —gritaron Harry y Hermione.

—¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron—. ¡Hay que hacer algunos

sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre

para hacer jaque mate al rey, Harry.

—Pero...

—¿Quieres detener a Snape o no?

—Ron...

—¡Si no se dan prisa va a conseguir la Piedra!

No había nada que hacer.

—¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido—. Allá voy, y

no se queden una vez que hayan ganado.

Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en

la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione

gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado.

Parecía desmayado.

Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco

se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado. Las piezas

saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de

desesperación hacia Ron, Harry y Hermione corrieron hacia la salida y subieron

por el siguiente pasadizo.

—¿Y si él está...?

—Él estará bien —dijo Harry, tratando de convencerse a sí mismo—. ¿Qué

crees que nos queda?

—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber

hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos

deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...

Habían llegado a otra puerta.

—¿Todo bien? —susurró Harry.

—Adelante.

Harry empujó y abrió.

Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se taparan la nariz con la

túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo

frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y

con un bulto sangrante en la cabeza.

—Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —susurró Harry,

mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no

puedo respirar.

Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía...

Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de

diferente tamaño puestas en fila.

—Snape —dijo Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?

Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.

—¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas.

Harry miró por encima de su hombro para leerlo:

El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,

dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,

una entre nosotras siete te dejará adelantarte,

otra llevará al que lo beba para atrás,

dos contienen sólo vino de ortiga,

tres son mortales, esperando escondidos en la fila.

Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,

para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:

Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre

encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;

Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres

moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;

Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni

el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;

Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son

gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean

diferentes.

Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sorprendido, vio que

sonreía, lo último que había esperado que hiciera.

—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un

acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y

se quedarían aquí para siempre.

—Pero nosotros también, ¿no?

—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está

en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a

salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.

—Pero ¿cómo sabremos cuál beber?

—Dame un minuto.

—Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.

Harry miró a la diminuta botella.

—Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo—. No hay más que un trago.

Se miraron.

—¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?

Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.

—Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca a Ron y coge las

escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la

trampilla sin que os vea Fluffy. Id directamente a la lechucería y enviad a

Hedwiga Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a

Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.

—Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?

—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —dijo Harry, señalando su

cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo.

Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo

abrazó.

—¡Hermione!

—Harry.. Eres un gran mago, ya lo sabes.

—No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo

soltaba.

—¡Yo! —exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho

más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado!

—Bebe primero —dijo Harry—. Estás segura de cuál es cuál, ¿no?

—Totalmente —dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la

botellita redondeada y se estremeció.

—No es veneno, ¿verdad? —dijo Harry con voz anhelante.

—No... pero parece hielo.

—Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.

—Buena suerte... ten cuidado...

—¡VETE!

Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.

Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se

enfrentó a las llamas negras.

—Allá voy —dijo, y se bebió el contenido de un trago.

Era realmente como si tragara hielo. Dejó la botella y fue hacia delante. Se

dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no lo quemaban.

Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al

otro lado, en la última habitación.

Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.

Era Quirrell.

—¡Usted! —exclamó Harry.

Quirrell sonrió. Su rostro no tenía ni sombra del tic.

—Yo —dijo con calma— me preguntaba si me iba a encontrar contigo aquí,

Potter.

—Pero yo pensé... Snape...

—¿Severus? —Quirrell rió, y no fue con su habitual sonido tembloroso y

entrecortado, sino con una risa fría y aguda—. Sí, Severus parecía ser el

indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme.

Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profesor

Quirrell?

Harry no podía aceptarlo. Aquello no podía ser verdad, no podía ser.

—¡Pero Snape trató de matarme!

—No, no, no. Yo traté de matarte. Tu amiga, la señorita Granger,

accidentalmente me atropelló cuando corría a prenderle fuego a Snape, en ese

partido de quidditch. Y rompió el contacto visual que yo tenía contigo. Unos

segundos más y te habría hecho caer de esa escoba. Y ya lo habría

conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio,

tratando de salvarte.

—¿Snape trataba de salvarme a mí?

—Por supuesto —dijo fríamente Quirrell—. ¿Por qué crees que quiso ser

árbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse de que yo no

pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No

podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores

creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho

muy impopular... Y qué pérdida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche.

Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron

en el cuerpo de Harry, sujetándolo con fuerza.

—Eres demasiado molesto para vivir, Potter. Deslizándote por el colegio,

como en Halloween, porque me descubriste cuando iba a ver qué era lo que

vigilaba la Piedra.

—¿Usted fue el que dejó entrar al trol?

—Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. ¿No viste lo que le

hice al que estaba en la otra habitación? Desgraciadamente, cuando todos

andaban corriendo por ahí para buscarte, Snape, que ya sospechaba de mí,

fue directamente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi

monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la

pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho...

Hizo una pausa:

—Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante

espejo.

De pronto, Harry vio lo que estaba detrás de Quirrell. Era el espejo de

Oesed.

—Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró

Quirrell, dando golpecitos alrededor del marco—. Era de esperar que

Dumbledore hiciera algo así... pero él está en Londres... Cuando pueda volver,

yo ya estaré muy lejos.

Lo único que se le ocurrió a Harry fue tratar de que Quirrell siguiera

hablando y dejara de concentrarse en el espejo.

—Lo vi a usted y a Snape en el bosque... —dijo de golpe.

—Sí —dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo

para ver la parte posterior—. Me estaba siguiendo, tratando de averiguar hasta

dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustarme...

Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...

Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado.

—Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?

Harry luchó con las sogas qué lo ataban, pero no se aflojaron. Tenía que

evitar que Quirrell centrara toda su atención en el espejo.

—Pero Snape siempre pareció odiarme mucho.

—Oh, sí—dijo Quirrell, con aire casual— claro que sí. Estaba en Hogwarts

con tu padre, ¿no lo sabías? Se detestaban. Pero nunca quiso que estuvieras  muerto.

—Pero hace unos días yo lo oí a usted, llorando... Pensé que Snape lo

estaba amenazando...

Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell.

—Algunas veces —dijo— me resulta difícil seguir las instrucciones de mi

maestro... Él es un gran mago y yo soy débil...

—¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? —preguntó Harry

—Él está conmigo dondequiera que vaya —dijo con calma Quirrell—. Lo

conocí cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, lleno de ridículas

ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostró lo equivocado que

estaba. No hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado débiles

para buscarlo... Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces

le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo. —Quirrell se estremeció

súbitamente—. No perdona fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar

esa Piedra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía

que vigilarme muy de cerca...

La voz de Quirrell se apagó. Harry recordó su viaje al callejón Diagon...

¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había visto a Quirrell aquel mismo día y

se habían estrechado las manos en el Caldero Chorreante.

Quirrell maldijo entre dientes.

—No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que

romperlo?

La mente de Harry funcionaba a toda máquina.

«Lo que más deseo en el mundo en este momento —pensó— es encontrar

la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro en el espejo, podría

verme encontrándola... ¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida!

Pero ¿cómo puedo mirar sin que Quirrell se dé cuenta de lo que quiero hacer?

Trató de torcerse hacia la izquierda, para ponerse frente al espejo sin que

Quirrell lo notara, pero las sogas que tenía alrededor de los tobillos estaban tan

tensas que lo hicieron caer. Quirrell no le prestó atención. Seguía hablando

para sí mismo.

—¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!

Y para el horror de Harry, una voz le respondió, una voz que parecía salir

del mismo Quirrell.

—Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacho...

Quirrell se volvió hacia Harry.

Lily y james subían con Mcgonagal y Dumbledore las escaleras que conducían al tercer piso, el temblor y el nerviosismo había abandonado a lilian, en su rostro había determinación y valentía.

—Sí... Potter... ven aquí.

Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso

lentamente de pie.

—Ven aquí —repitió Quirrell—. Mira en el espejo y dime lo que ves.

Harry se aproximó.

«Tengo que mentir —pensó, desesperado—, tengo que mirar y mentir

sobre lo que veo, eso es todo.»

Quirrell se le acercó por detrás. Harry respiró el extraño olor que parecía

salir del turbante de Quirrell. Cerró los ojos, se detuvo frente al espejo y los

volvió a abrir.

Se vio reflejado, muy pálido y con cara de asustado. Pero un momento

más tarde, su reflejo le sonrió. Puso la mano en el bolsillo y sacó una piedra de

color sangre. Le guiñó un ojo y volvió a guardar la Piedra en el bolsillo y,

cuando lo hacía, Harry sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De

alguna manera (era algo increíble) había conseguido la Piedra.

—¿Bien? —dijo Quirrell con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?

Harry, haciendo de tripas corazón, contestó:

—Me veo con Dumbledore, estrechándonos las manos —inventó—. Yo...

he ganado la copa de la casa para Gryffindor. Quirrell maldijo otra vez.

—Quítate de ahí —dijo. Cuando Harry se hizo a un lado, sintió la Piedra

Filosofal contra su pierna. ¿Se atrevería a escapar?

Pero no había dado cinco pasos cuando una voz aguda habló, aunque

Quirrell no movía los labios.

—Él miente... él miente...

—¡Potter, vuelve aquí! —gritó Quirrell—. ¡Dime la verdad! ¿Qué es lo que

has visto?

La voz aguda se oyó otra vez.

—Déjame hablar con él... cara a cara...

—¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!

—Tengo fuerza suficiente... para esto.

Harry sintió como si el Lazo del Diablo lo hubiera clavado en el suelo. No

podía mover ni un músculo. Petrificado, observó a Quirrell, que empezaba a

desenvolver su turbante. ¿Qué iba a suceder? El turbante cayó. La cabeza de

Quirrell parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, Quirrell se dio la

vuelta lentamente.

Harry hubiera querido gritar, pero no podía dejar salir ningún sonido.

Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro, la cara

más terrible que Harry hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con

brillantes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las serpientes.

Los potter y los directores del colegio encontraron a Hermione trtando de despertar a ron para salir de allí.

Mcgonagal lo despertó y se llevó a los dos niños de allí.

James y Lily siguieronadelante con Dumbledore.

—Harry Potter... —susurró.

Harry trató de retroceder, pero sus piernas no le respondían.

—¿Ves en lo que me he convertido? —dijo la cara—. No más que en

sombra y quimera... Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de

otro... Pero siempre ha habido seres deseosos de dejarme entrar en sus

corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en estas

semanas pasadas... tú viste al leal Quirrell bebiéndola para mí en el

bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un

cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el

bolsillo?

Entonces él lo sabía. La idea hizo que de pronto las piernas de Harry se

tambalearan.

—No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y te

unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome

misericordia...

—¡MENTIRA! —gritó de pronto Harry. No debía decir mas, el no debía saber que sus padre vivian.

Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudiera mirarlo. La cara

maligna sonreía.

—Qué conmovedor —dijo—. Siempre consideré la valentía... Sí,

muchacho, tus padres eran valientes... Maté primero a tu padre y luchó con

valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerte... Ahora,

dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.

—¡NO LO HARÉ! —gritó de pronto Harry.

Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudiera mirarlo. La cara

maligna sonreía.

—Qué conmovedor —dijo—. Siempre consideré la valentía... Sí,

muchacho, tus padres eran valientes... Maté primero a tu padre y luchó con

valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerte... Ahora,

dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.

—¡NUNCA!

Harry se movió hacia la puerta en llamas, pero Voldemort gritó:

—¡ATRÁPALO!

—¡HARRY!

Los Potter corrían hacia ellos, james empuñaba su varita

Harry sintió la mano de Quirrell

sujetando su muñeca. De inmediato, un dolor agudo atravesó su cicatriz y sintió

como si la cabeza fuera a partírsele en dos. Gritó, luchando con todas sus fuerzas

y, para su sorpresa, Quirrell lo soltó. El dolor en la cabeza amainó...

Miró alrededor para ver dónde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor,

mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.

—¡ATRÁPALO! ¡Atrápalo! —rugía otra vez Voldemort, y Quirrell arremetió

contra Harry, haciéndolo caer al suelo y apretándole el cuello con las dos

manos... La cicatriz de Harry casi lo enceguecía de dolor y, sin embargo, pudo

ver a Quirrell chillando desesperado.

James y Lily observaban la escena como pretrificados.

—Maestro, no puedo sujetarlo... ¡Mis manos... mis manos! Y Quirrell,

aunque mantenía sujeto a Harry aplastándolo con las rodillas, le soltó el cuello

y contempló, aterrorizado, sus manos. Harry vio que estaban quemadas, en

carne viva, con ampollas rojas y brillantes.

—¡Entonces mátalo, idiota, y termina de una vez! —exclamó Voldemort.

Quirrell levantó la mano para lanzar un maleficio mortal, pero Harry,

instintivamente, se incorporó y se aferró a la cara de Quirrell.

—¡AAAAAAH!

Quirrell se apartó, con el rostro también quemado, y entonces Harry se dio

cuenta: Quirrell no podía tocar su piel sin sufrir un dolor terrible. Su única

oportunidad era sujetar a Quirrell, que sintiera tanto dolor como para impedir

que hiciera el maleficio...

Harry se puso de pie de un salto, cogió a Quirrell de un brazo y lo apretó

con fuerza. Quirrell gritó y trató de empujar a Harry. El dolor de cabeza de éste

aumentaba y el muchacho no podía ver, solamente podía oír los terribles gemidos

de Quirrell y los aullidos de Voldemort: ¡MÁTALO! ¡MÁ TALO!, y otras

voces, tal vez sólo en su cabeza, gritando: «¡Harry! ¡Harry!».

Sintió que el brazo de Quirrell se iba soltando, supo que estaba perdido,

sintió que todo se oscurecía y que caía... caía... caía...

Cuando despertó lo primero que vio fue los rostros preocupados de sus padres. que de inmediato lo abrazaron y rompieron a llorar aliviados. Cuando por fin lo soltaron, Harry notó a dumbledore en la habitación.

—Buenas tardes, Harry —dijo Dumbledore.

Harry lo miró asombrado. Entonces recordó.

—¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido...

—Cálmate, qúerido muchacho, estás un poco atrasado —dijo

Dumbledore—. Quirrell no tiene la Piedra.

—¿Entonces quién la tiene? Señor, yo...

—Harry, por favor, cálmate, o la señora Pomfrey me echará de aquí.

Harry tragó y miró alrededor. Se dio cuenta de que debía de estar en la enfermería. Estaba acostado en una cama, con sábanas blancas de hilo, y

cerca había una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de la tienda de golosinas

—Regalos de tus amigos y admiradores —dijo Dumbledore, radiante—. Lo

que sucedió en las mazmorras entre tú y el profesor Quirrell es completamente

secreto, así que, naturalmente, todo el colegio lo sabe. Creo que tus amigos,

los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un

inodoro. No dudo que pensaron que eso te divertiría. Sin embargo, la señora

Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.

—¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí?

—Tres días. El señor Ronald Weasley y la señorita Granger estarán muy

aliviados al saber que has recuperado el conocimiento. Han estado sumamente

preocupados.

—Pero señor, la Piedra...

—Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Piedra. El profesor

Quirrell no te la pudo quitar. Aunque  tus padres y yo llegamos a tiempo para evitarlo,  debo decir que lo hiciste muy bien tu solo.

—¿Usted llegó? ¿Recibió la lechuza que envió Hermione?

—Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegué a Londres, me di cuenta

de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a

tiempo para quitarte a Quirrell de encima...

—Fue usted.

—Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde.

—Casi fue así, no habría podido aguantar mucho más sin que me quitara

la Piedra...

—No por la Piedra, muchacho, por ti... El esfuerzo casi te mata. Durante un

terrible momento tuve miedo de que fuera así. En lo que se refiere a la Piedra,

fue destruida.

—¿Destruida? —dijo Harry sin entender—. Pero su amigo... Nicolás

Flamel...

—¡Oh, sabes lo de Nicolás! —dijo contento Dumbledore—. Hiciste bien los

deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y

estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.

—Pero eso significa que él y su mujer van a morir, ¿no?

—Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y

luego, sí, van a morir.

Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el

rostro de Harry.

—Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble,

pero para Nicolás y Perenela será realmente como irse a la cama, después de

un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la

muerte no es más que la siguiente gran aventura. Sabes, la Piedra no era

realmente algo tan maravilloso. ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear!

Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El

problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas

que son peores para ellos.

Harry yacía allí, sin saber qué decir. Dumbledore canturreó durante un

minuto y después sonrió hacia el techo.

—¿Señor? —dijo Harry—. Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya

no esté, Vol... quiero decir Quién-usted-sabe...

—Llámalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las

cosas. El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra.

—Sí, señor. Bien, Voldemort intentará volver de nuevo, ¿no? Quiero

decir... No se ha ido, ¿verdad?

—No, Harry, no se ha ido. Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando

otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede

matar. Él dejó morir a Quirrell, muestra tan poca misericordia con sus

seguidores como con sus enemigos. De todos modos, Harry, tú tal vez has retrasado

su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado

para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca

vuelva al poder.

Harry asintió, pero se detuvo rápidamente, porque eso hacía que le doliera

más la cabeza. Luego dijo:

—Señor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, si me las puede

decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad...

—La verdad —Dumbledore suspiró—. Es una cosa terrible y hermosa, y

por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado. Sin embargo, contestaré tus

preguntas a menos que tenga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese

caso te pido que me perdones. Por supuesto, no voy a mentirte.

—Bien... Voldemort estaba convencidos de que si logro matarlos— empezó harry dando una ojeada a sus padres. —Voldemort dijo que sólo mató a mi madre porque ella trató de evitar que me matara.

Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar?

—Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy.

No ahora. Lo sabrás, un día... Quítatelo de la cabeza por ahora, Harry. Cuando

seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés listo, lo sabrás.

Y Harry supo que no sería bueno discutir.

—¿Y por qué Quirrell no podía tocarme?

—El otro yo de tu madre, el del futuro murió para salvarte. Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo

visible... Haber sido amado tan profundamente, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarte por esa razón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno.

Harry miro a su madre.

—Gracias….

Lily beso su mano como toda respuesta.

Entonces Dumbledore se mostró muy interesado en un pájaro que estaba

cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harry para secarse los ojos con la

sábana. Cuando pudo hablar de nuevo, Harry dijo:

—¿Y la capa invisible... sabe quién me la devolvió?

—Yo mismo, ya la conocía, asi que era obvio que era la tuya, sobre todo porque ya sabía que la tenias tu, luego de verte con ella en la sala del espejo.

—Y hay algo más...

—Dispara….

Harry miro a su padre.

—Quirrell dijo que Snape...

—El profesor Snape, Harry

—Sí, él... Quirrell dijo que me odia, porque odiaba a mi padre. ¿Es verdad?

James iba a responder pero dumbledore se adelantó.

—Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como tú y el señor Malfoy. Y

entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle.

—¿Qué?

—Le salvó la vida.

—¿Qué?

—Sí... —dijo Dumbledore, con aire soñador—. Es curiosa la forma en que

funciona la mente de la gente, ¿no es cierto? El profesor Snape no podía

soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforzó tanto para

protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría

seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...claro que los recientes acontecimientos podrían cambiar eso, ahora que sabe que tu padre sigue vivo quizás siga odiándolo en total armonía .

Harry trató de entenderlo, pero le hacía doler la cabeza, así que lo dejó.

**—**Y señor, hay una cosa más...

—¿Sólo una?

—¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo?

—Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis más

brillantes ideas y, entre tú y yo, eso es decir mucho. Sabes, sólo alguien que

quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de

conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la

Vida. Mi mente me sorprende hasta a mí mismo... Bueno, suficientes

preguntas. Te sugiero que comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas

de todos los sabores. En mi juventud tuve la mala suerte de encontrar una con

gusto a vómito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme. Pero

creo que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no te parece?

Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado. Luego se

atragantó y dijo:

—¡Ay de mí! ¡Cera del oído

La señora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta.

—Sólo cinco minutos —suplicó Harry

—Ni hablar.

—Usted dejó entrar al profesor Dumbledore y a mis Papás

—Bueno, por supuesto, es el director, y tus padres es muy diferente. Necesitas

descansar.

—Estoy descansando, mire, acostado y todo lo demás. Oh, vamos, señora

Pomfrey..

—Oh, está bien —dijo—. Pero sólo cinco minutos.

Y dejó entrar a Ron y Hermione.

—¡Harry!

Hermione parecía lista para lanzarse en sus brazos, pero Harry se alegró

de que se contuviera, porque le dolía la cabeza.

James y Lily intercambiaron miradas cómplices.

—¡Hola chicos!...Ron ellos son..

—ya lo se, tus padres.

—siento no.

—no te preocupes, sé que no podías decirlo.

—Oh, Harry; estábamos seguros de que te... Dumbledore y tus papás estaban tan

preocupados...

—Todo el colegio habla de ello —dijo Ron—. ¿Qué es lo que realmente

pasó?

Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera historia era aún más

extraña y apasionante que los más extraños rumores. Harry les contó todo:

Quirrell, el espejo, la Piedra y Voldemort. Ron y Hermione eran muy buen

público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando Harry les dijo lo que

habia tras el turbante Hermione gritó. Siguieron charlando pero en aquel momento, entró la señora Pomfrey

—Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA—dijo con severidad.

Un rato más tarde sus padres a regañadientes regresaron a casa, los bebes ya habían estado sin ellos muchas horas y aunque la sra mitchel ya debía de estar en casa, jo seguramente estaba preocupada.

Harry bajó solo a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Lo había ayudado a

levantarse la señora Pomfrey, insistiendo en examinarlo una vez más, así que,

cuando llegó, el Gran Comedor ya estaba lleno. Estaba decorado con los

colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos. Un gran estandarte, que cubría la

pared detrás de la Mesa Alta, mostraba la serpiente de Slytherin.

Cuando Harry entró se produjo un súbito murmullo y todos comenzaron a

hablar al mismo tiempo. Se deslizó en una silla, entre Ron y Hermione, en la

mesa de Gryffindor, y trató de hacer caso omiso del hecho de que todos se

ponían de pie para mirarlo.

Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las

conversaciones cesaron.

—¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros

con la charla de un viejo, antes de que podáis empezar con los deliciosos

manjares. ¡Qué año hemos tenido! Esperamos que vuestras cabezas estén un

poquito más llenas que cuando llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para

dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el próximo año... Bien, tengo

entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son:

en cuarto lugar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar,

Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos

veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.

Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Harry

pudo ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa. Era una visión

repugnante.

—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los

acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.

Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron

un poco.

—Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para

agregar. Dejadme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...

Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con insolación.

—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en

muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encantado, y las estrellas

parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: «Es

mi hermano, ¿sabéis? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de

ajedrez gigante de McGonagall!».

Por fin se hizo el silencio otra vez.

—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica

al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Hermione enterró la cara entre los brazos. Harry tuvo la casi seguridad de

que estaba llorando. Los cambios en la tabla de puntuaciones pasaban ante

ellos: Gryffindor estaba cien puntos más arriba.

—Tercero... al señor Harry Potter... —continuó Dumbledore. La sala estaba

mortalmente silenciosa—... por todo su temple y sobresaliente valor, premio a

la casa Gryffindor con sesenta puntos.

El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir,

se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin,

cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto más a

Harry... Pero así no llegaban a ganar.

Dumbledore levantó el brazo. La sala fue recuperando la calma.

—Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dumbledore—. Hay que

tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el

mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos

al señor Neville Longbottom.

Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Comedor habría creído

que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron

de la mesa de Gryffindor. Harry, Ron y Hermione se pusieron de pie y

vitorearon a Neville, que, blanco de la impresión, desapareció bajo la gente que

lo abrazaba. Nunca había ganado más de un punto para Gryffindor. Harry, sin

dejar de vitorear, dio un codazo a Ron y señaló a Malfoy, que no podía haber

estado más atónito y horrorizado si le hubieran echado el maleficio de la

Inmovilidad Total.

—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque

Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebrando la derrota de Slytherin—, que hay

que hacer un cambio en la decoración.

Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron

escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar

paso al león de Gryffindor. Snape estrechaba la mano de la profesora

McGonagall, con una horrible sonrisa forzada en su cara. Captó la mirada de

Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia él

no habían cambiado en absoluto. Aquello no lo preocupaba. Parecía que la

vida iba a volver a la normalidad en el año próximo, o a la normalidad típica de

Hogwarts.

Los chicos recibieron sus notas, que al final resultaron ser muy buenas, Harry se sorprendió al descubrir su nota en pociones, habían dado resultado las horas que habia practicado con su madre, habían hecho que estuviera tan seguro de lo que hacía que snape no podía ponerlo nervioso para que se equivocara. Hasta neville habia pasado, quizás su mamá accediera a ayudarlo a el tambien. Ahora que habían "vuelto a la vida".

A la mañana siguiente, Subieron al expreso de Hogwarts, charlando y

riendo, mientras el paisaje campestre se volvía más verde y menos agreste.

Comieron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda velocidad por las

ciudades de los muggles, se quitaron la ropa de magos y se pusieron camisas

y abrigos... Y bajaron en el andén nueve y tres cuartos de la estación King

Cross.

Tardaron un poco en salir del andén. Un viejo y enjuto guarda estaba al

otro lado de la taquilla, dejándolos pasar de dos en dos o de tres en tres, para

que no llamaran la atención saliendo de golpe de una pared sólida, pues

alarmarían a los muggles.

—Tienen que venir y pasar algunos días del verano en casa —dijo Harry—, los dos. Les enviaré una lechuza.

La gente los empujaba mientras se movían hacia la estación, volviendo al

mundo muggle. Algunos le decían.

—¡Adiós, Harry!

—¡Nos vemos, Potter!

—Sigues siendo famoso —dijo Ron, con sonrisa burlona

Él, Ron y Hermione pasaron juntos a la estación.

—¡Allí está él, mamá, allí está, míralo!

Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no señalaba a su hermano.

—¡Harry Potter! —chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...

—Tranquila, Ginny. Es de mala educación señalar con el dedo.

La señora Weasley les sonrió.

—¿Un año movido? —les preguntó.

—Mucho —dijo Harry—. Muchas gracias por el jersey y el pastel, señora

Weasley

—Oh, no fue nada.

—¿Ya estás listo?- preguntó Lily tras el.

— ¡Usted debe de ser la mamá de Harry! —dijo la señora Weasley.

—¡asi es...soy lilian, puede llamarme Lily….es un placer conocerla, sra weasly.

 sus hijos fueron muy agradables y en especial Ron, ha hecho mucho por Harry!

— ¡eres muy amable, llámame molly…es bueno saber que están con vida!

—¡no tanto como reaparecer!- dijo james acercándose— James Potter sra. Weasly, nos hermos cruzado cuando era yo un joven…jugué con su hijo mayor en su primer año en el equipo, yo era cazador, fue mi último año.

—Todos mis hijos mayores,  menos Percy estuvieron el equipo.

—he visto jugar a sus gemelos, son asombrosos.

—Muchas gracias…

—james.

—james…claro. Debemos irnos ya. Fue un placer concerlos

—igualmente, saludaron los potter.

Hemione se despidió tambien.

—ya sabes donde están tus papás? Pregunto Lily preocupada al no verlos.

—si, ya estoy con ellos, vine a despedirme mientras papá acerca el coche.

Harry y su familia regresaron muy felices a su hogar.