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Historia 190400 — capítulo 22

Las vacaciones habían acabado, las clases habían vuelto a la normalidad y también los entrenamientos de quidditch por lo que Harry habia tenido menos tiempo para buscar información de Nicholas Flamel. Esa tarde, regreso afligido del entrenamiento, y les manifestaba a sus amigos su preocupación por la decisión de snape de ser arbitro de aquel partido, Harry tenía miedo de que otra vez tratara de hechizar su escoba. Hablaban de eso cuando ne

ville llegó a punto de llorar por un hechizo que malfoy le había lanzado. Había tenido que ir saltando todo el camino con sus piernas unidas hasta la torre Gryffindor. Lucía cansado y triste.

Todos empezaron a reírse, salvo Hermione, que se puso de pie e hizo el

contramaleficio. Las piernas de Neville se separaron y pudo ponerse de pie,

temblando.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a

Harry y Ron.

—Malfoy —respondió Neville temblando—. Lo encontré fuera de la

biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo.

—¡Ve a hablar con la profesora McGonagall! —lo instó Hermione—.¡Acúsalo!

Neville negó con la cabeza.

—No quiero tener más problemas —murmuró.

—¡Tienes que hacerle frente, Neville! —dijo Ron—. Está acostumbrado a

llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al

suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles.

—No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para

pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Malfoy —dijo Neville,

atragantándose.

Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la

última de la caja que Hermione le había regalado para Navidad. Se la dio a

Neville, que parecía estar a punto de llorar.

—Tu vales por doce Malfoys —dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para

Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa

Slytherin.

Neville dejó escapar una débil sonrisa, mientras desenvolvía el chocolate.

—Gracias, Harry.. Creo que me voy a la cama... ¿Quieres el cromo? Tú los

coleccionas, ¿no?

Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.

—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...

Bufó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Luego levantó la vista

hacia Ron y Hermione.

—¡Lo encontré! —susurró—. ¡Encontré a Flamel! Os dije que había leído

ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí. Escuchad lo que dice:

«El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago

tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones

de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su

compañero Nicolás Flamel!».

Hermione dio un salto y se fue corriendo, al regresar trajo un libro.

Al fin encontró lo que buscaba.

—¡Lo sabía! ¡Lo sabía!

—¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso

omiso de él.

—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el único descubridor

conocido de la Piedra Filosofal.

Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.

—¿La qué? —dijeron Harry y Ron.

—¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabéis leer? Mirad, leed aquí. Empujó el libro

hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:

El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el

descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que

tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier

metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace

inmortal al que lo bebe.

Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos,

pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás

Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel,

que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una

vida tranquila en Devon con su esposa Perenela (de seiscientos

cincuenta y ocho años).

—¿Veis? —dijo Hermione, cuando Harry y Ron terminaron—. El perro

debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a

Dumbledore que se la guardase, porque son amigos y porque debe de saber

que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!

—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo

Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.

—Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en ese Estudio del

reciente desarrollo de la hechicería—dijo Ron—. Él no es exactamente

reciente si tiene seiscientos sesenta y cinco años, ¿verdad?

Los días pasaron y el dia del partido llegó, ron y Hermione ya estaban en las gradas y su familia  también. Había olvidado contarles a sus papás que Hermione sabia la verdad.

—No quiero presionarte, Potter; pero si alguna vez necesitamos que se

capture en seguida la snitch, es ahora. Necesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda favorecer demasiado a Hufflepuff.

—¡Todo el colegio está allí fuera! —dijo Fred Weasley —. Hasta... ¡Vaya,Dumbledore ha venido al partido!

Harry tenía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía. Estaba a

salvo. No había forma de que Snape se animara a hacerle algo si Dumbledore

estaba mirando.

 Cuando arry estuvo en el aire se dedicó a buscar la snitch, necesitaba encontrala, mientras tanto en la tribuna malfoy provocaba a Ron y neville. Ron que se sentía inquieto por Harry reacciono mal y una pelea acabo dándose en las gradas entre ellos dos justo en el momento en que Harry atrapaba la snitch, era la primera vez que lograban capturarla tan rápido. La familia Potter aplaudía y vitoreaba orgullosa.

Ron estaba en la enfermería y Hermione habia buscado a Harry en los vestuarios.

—¡Estuviste genial Harry!

—Gracias…estoy muy contento.

—tus padres deben estar felices.

—eso creo, aun no los vi…quizás estén por llegar.

—¿puedo conocerlos? He leído mucho sobre ellos….y tu madre..es una de las hechiceras que más admiro.

—está bien…es curioso como los ve la gente…para mí solo son mis padres…es decir se que son buenos y todo eso …pero para mí son mamá y papá.

La charla se había desviado hacia snape cuando los Potter entraron al vestuario.

—Hola ¿ como estas? —saludó james

—Bien sr. Gracias. ¿Cómo esta usted?

—estupendamente…—james miro a harry—Buen juego socio.

—Hermione—Lily besó la mejilla de la niña—¿que tal?

—Ho-hola- murmuro nerviosa.

Lily beso a Harry.

—te felicito.

—gracias…

Joey tambien saludo a su hermano y este  se acercó a los bebes para saludarlos.

—Debo informarles algo- dijo Harry

—Dinos- pidió james.

—Hermione, es muy inteligente y observadora, son pocas las cosas que se le escapan. Se dio cuenta de que no son mis tios.

Los potter miraron a Hermione.

—Los muggles no pueden ver el catillo, asi que de ser los tios de Harry no habrían podido venir. Además escuche que les dijo mamá y papá

—le tuve que decir la verdad—dijo Harry.

—alguien más lo sabe?

—nadie más…- dijo Harry.

—no se preocupen, no lo diré- les sonrió Hermione. —Es un placer conocerlos.

—Gracias- respodieron.

—lei mucho sobre ustedes, Sra Potter, usted es la hechicera que más admiro.

—Guau…gracias, no me trates de Usted…puedes tutearme, estas guardándome un gran secreto, ya estamos en confianza…

—Genial.

—tal vez, te gustaría visitarnos en las vacaciones, incluso pasar unos días con nosotros si tus padres te lo permiten.

—gracias, lo tendré en cuenta

—eso sería genial- dijo Harry.

—Bien…puedes hacerlo cuando quieras.

—si..

—será mejor regresar…mi guardia comienza en unas horas….hasta pronto.

Lily beso a Harry y Hermione, todos se despidieron y los Potter se fueron

—Guardia? A que se dedica ahora tu madre? —preguntó Hermione mientras salía para que Harry pudiera cambiarse.

—Es médica, como lo fueron mis abuelos…adelántate, te veré en la casa de Hagrid.

Harry salió un rato después cargando su escoba para luego guardarla, No recordaba haberse sentido tan contento. Había hecho algo de lo

que podía sentirse orgulloso. Ya nadie podría decir que era sólo un nombre

célebre. El aire del anochecer nunca había sido tan dulce. Anduvo por la hierba

húmeda, reviviendo la última hora en su mente, en una feliz nebulosa: los

Gryffindors corriendo para llevarlo en andas, el orgullo en los ojos de sus padres.

Harry llegó a la cabaña. Se apoyó contra la puerta de madera y miró hacia

Hogwarts, cuyas ventanas despedían un brillo rojizo en la puesta del sol.

Gryffindor a la cabeza. Él lo había hecho, le había demostrado a Snape...

Y hablando de Snape.

Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalones delanteros del

castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigiéndose a toda prisa hacia el

bosque prohibido. La victoria se apagó en la mente de Harry mientras

observaba. Reconoció a la figura que se alejaba. Era Snape, escabulléndose

en el bosque, mientras todos estaban en la cena... ¿Qué sucedía?

Harry saltó sobre su Nimbus 2.000 y se elevó. Deslizándose silenciosamente sobre el castillo, vio a Snape entrando en el bosque. Lo siguió. Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a través de las hojas.

Abajo, en un espacio despejado y sombrío, vio a Snape. Pero no estaba solo. Quirrell también estaba allí. Harry no podía verle la cara, pero

tartamudeaba como nunca. Harry se esforzó por oír lo que decían.

—... n-no sé p-por qué querías ver-verme j-justo a-aquí, de entre t-todos

los l-lugares, Severus...

—Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado —dijo Snape con voz

gélida—. Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra

Filosofal.

Harry se inclinó hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo

interrumpió.

—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Hagrid?

—P-p-pero Severus, y-yo...

—Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell —dijo Snape, dando un

paso hacia él.

—Y-yo no s-sé qué...

—Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.

Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae del árbol. Se

enderezó a tiempo para oír a Snape decir:

—... tu pequeña parte del abracadabra. Estoy esperando.

—P-pero y-yo no...

—Muy bien —lo interrumpió Snape—. Vamos a tener otra pequeña charla

muy pronto, cuando hayas tenido tiem po de pensar y decidir dónde están tus

lealtades.

Se echó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya estaba casi

oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.

Al salir de casa de Hagrid algunas horas más tarde, les conto a sus amigos lo que habia visto. Ahora todo dependía de que Quirrell  siguiera oponiéndose a snape.

Las semanas fueron transcurriendo y Hermione comenzaba a ponerse neurótica, organizando horarios de estudio y resumiendo apuntes a la vez que trataba de obligarles a hacer lo mismo a ellos, Harry ya habia tomado un gran cario a Hermione, pero la verdad es que comenzaba a cansarlo. Asi que esta vez, cuando sus padres le ofrecieron pasar en casa las vacaciones de pascua, acepto gustoso, además aprovecharía para que su madre le ayudara con pociones, que era a fin y al cabo en la única asignatura que se sentía inseguro.

El lueves santo por la mañana su madre lo estaba esperando el King cross para llevarlo a casa, acababa de salir del trabajo. Al verse, madre e hijo se dieron un largo abrazo.

—Mi cielo…no sabes lo mucho que te extraño, que bueno que vinieras.

—también los extrañó.

Subieron al auto.

—Papá está trabajando y Jo esta en clase de danza…te gustaría que hagamos algo? Ir por un helado, ir al cine, o por una pizza…- pregunto esperanzada Lily, de verdad se moria de ganas de pasar un tiempo con su hijo.

Harry sonrió.

—Yo almorcé en el tren…podemos ir por un helado si quieres.

Lily se desvió hasta una heladería.

—es raro…no sé cuál es tu helado favorito—dijo su mama con algo de tristeza.

—El de chocolate y también el de fresa.

—A mi también me gusta el de chocolate y el de cerezas.

La Sra. Potter compro dos enormes helados, y se sentaron en una mesa  cerca de la ventana a comerlos.

—¿Cómo está Hermione?- preguntó Lily.

—oh ella se puso neurótica con los exámenes, esta volviéndonos locos a Ron y a mi. Nos organiza horarios de estudio y pretende que estudiemos todo el dia.

—jajajaja Ten paciencia, solo está asustada, no sabe como son los exámenes entonces quiere estar preparada, recuerda ella cree que tiene mucho que demostrar. Cuando vea que los exámenes no son tan terribles seguirá estudiando pero estará más relajada…

—De todas formas, no puedo quejarme, ha sido muy duro para mi llevar la escuela y los primeros entrenamientos, y ella me ayudo en todo lo que pudo. Es tan brillante que en ocasiones asusta.

—y también es muy bella…¿no?

—supongo.

—te gusta…- afirmo Lily riendo.

Harry enrojeció.

—basta ya mamá…tengo solo once años…para afirmarlo.

—¿Cuándo fue su primera cita?

—Teníamos 16, fue una visita al pueblo y me convenció para ir diciendo que no sería una cita…al final fue una cita. Ya comprar un debía comprar un vestido y el me ayudo a elegirlo, aún lo guardo...en fin, te las ingeniaste para cambiar el tema- acusó riendo.

—Me gusta cuando te ríes…

—me gusta reir contigo…¿Cómo esta Ron?

—muy bien…malfoy lo molesta menos desde que le dejara el ojo negro el dia del partido,

Lily volvió a ponerse seria.

—No entiendo porque siguen haciéndole caso, te repetí muchas veces que se mantengan lejos de el.

—Nosotros no lo buscamos, el se acerca provocando, siempre esta molestándonos, sobre todo a Neville y a Hermione.

—bueno..no la dejen sola nunca, si se acerca a molestar se la llevan de allí, y se acabó. Los malfoy no son buenas personas Harry, manténganse a distancia de ellos.

Cuando acabaron el helado, tomaron el camino hasta la casa.

—siempre que nombro malfoy te pones seria—observo una vez dentro de la casa.

—conozco a sus padres. No fueron buenos conmigo.

—¿por qué insistes en que no deje sola a Hermione?

—¿por qué siempre tienes que cuestionarlo todo?- pregunto exasperada- no puedes simplemente confiar en mi...algún día cuando considere que tienes la suficiente madurez para que te cuente ciertas cosas te las contaré.

—lo siento, no quería enojarte…yo solo trato de entender…

—no estoy enojada…siento haber reaccionado mal ¿cambiamos el tema?

—bien..

—Hagrid me ha escrito…me dijo que estuviste metiendo tus narices en asuntos que no debes, Se que sabes de la piedra, y que la esta custodiando fluffy .

—¿tu estas al tanto de la piedra?

—por supuesto, tenemos un contacto muy estrecho con dumbledore. Tus averiguaciones son en parte ciertas, alguien quiere la piedra. No quiero, que sigas con esto Harry es muy peligroso.

—¿al menos está protegida por algo más que ese perro? Dimelo y podre estar tranquilo.

—SI, esta protegido por toda clase de encantamientos. Ahra aquí doy por cerrado el asuntos y tu no vuelves a meter tus narices.

—Bien…

los gemelos habían despertado, y lily los atendió, minutos mas tarde llego james con Joey, a quien retiró de su clase de danza.

Los potter pasaron una bonita semana santa juntos, Lily ayudo mucho a Harry en pociones y el chico lograba hacer pociones tan exitosas como las de Hermione, practicaron todas las que había visto en el año.

El lunes por la noche, estuvo otra vez en hogwarts, y le contó a Hermione lo que sabía. El martes por la tarde, estuvieron con Hagrid y Harry volvió a manifestar su inquietud ante el profesor snape.

—Ajá... No seguiréis con eso todavía, ¿no? Mirad, Snape ayudó a proteger

la Piedra, no quiere robarla.

Harry sabía que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que él. Si

Snape había formado parte de la protección de la Piedra, le resultaría fácil

descubrir cómo la protegían los otros profesores. Es probable que supiera

todos los encantamientos, salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy.

—Tu eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿no, Hagrid? —

preguntó Harry con ansiedad—. Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni

siquiera a un profesor?

—Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo —dijo Hagrid con orgullo.

—Bueno, eso es algo —murmuró Harry a los demás—. Hagrid,

¿podríamos abrir una ventana? Me estoy asando.

—No puedo, Harry, lo siento —respondió Hagrid. Harry notó que miraba de

reojo hacia el fuego. Harry también miró.

—Hagrid... ¿Qué es eso?

Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, debajo de la

cazuela, había un enorme huevo negro.

—Ah —dijo Hagrid, tirándose con nerviosismo de la barba—. Eso... eh...

—¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante

la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una

fortuna.

—Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando

unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se

alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero.

—Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —preguntó

Hermione.

—Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de

debajo de su almohada—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones

para placer y provecho. Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo.

Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y,

cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de

pollo, cada media hora. Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El

que tengo es un ridgebacknoruego. Y son muy raros.

Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.

—Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo.

Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras

alimentaba el fuego.

Así que ya tenían algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a

Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dragón ilegal en su cabaña.

.

Al dia siguiente, durante un desayuno, Hedwigentregó a Harry otra nota de

Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir».

Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directamente a la cabaña.

Hermione no quería ni oír hablar de eso.

—Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón

saliendo de su huevo?

—Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer

nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...

—¡Cállate! —susurró Harry

Malfoy estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos.

¿Cuánto había oído? A Harry no le gustó la expresión de su cara.

Ron y Hermione discutieron durante todo el camino hacia la clase de

Herbología y, al final, Hermione aceptó ir a la cabaña de Hagrid con ellos

durante el recreo de la mañana. Cuando al final de las clases sonó la campana

del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta

el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y radiante.

—Ya casi está fuera —dijo cuando entraron.

El huevo estaba sobre la mesa. Tenía grietas en la cáscara. Algo se movía

en el interior y un curioso ruido salía de allí.

Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respirando con agitación.

De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en

la mesa. No era exactamente bonito. Harry pensó que parecía un paraguas

negro arrugado. Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su

cuerpo flacucho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas

de los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones.

Estornudó. Volaron unas chispas.

—¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la

cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos

colmillos puntiagudos.

—¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mamá —dijo Hagrid.

—Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks

noruegos?

Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro palideció. Se puso de

pie de un salto y corrió hacia la ventana.

—¿Qué sucede?

—Alguien estaba mirando por una rendija de la cortina... Era un chico... Va

corriendo hacia el colegio.

Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible:

Malfoy había visto el dragón.

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente ponía

nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de su tiempo libre

en la oscura cabaña de Hagrid, tratando de hacerlo entrar en razón.

—Déjalo ir —lo instaba Harry—. Déjalo en libertad.

—No puedo —decía Hagrid—. Es demasiado pequeño. Se morirá.

Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana. Ya le

salía humo de las narices. Hagrid no cum plía con sus deberes de

guardabosques porque el dragón ocupaba todo su tiempo. Había botellas

vacías de brandy y plumas de pollo por todo el suelo.

—He decidido llamarlo Norberto—dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos

húmedos—. Ya me reconoce, mirad. ¡Norberto! ¡Norberto!¿Dónde está

mamá?

—Ha perdido el juicio —murmuró Ron a Harry.

—Hagrid —dijo Harry en voz muy alta—, espera dos semanas y Norberto

será tan grande como tu casa. Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier

momento.

Hagrid se mordió el labio.

—Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo

echarlo, no puedo.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

—Charlie —dijo.

—Tu también estás mal de la cabeza —dijo Ron—. Yo soy Ron,

¿recuerdas?

—No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos

enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

—¡Genial! —dijo Ron—. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a

Charlie.

La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miércoles encontró a

Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que

todos se fueran a acostar. El reloj de la pared acababa de dar doce

campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la

nada, al quitarse la capa invisible de Harry Había estado en la cabaña de

Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.

—¡Me ha mordido! —dijo, enseñándoles la mano envuelta en un pañuelo

ensangrentado—. No podré escribir en una semana. Os aseguro que los

dragones son los animales más horribles que conozco, pero para Hagrid es

como si fuera un osito de peluche. Cuando me mordió, me hizo salir porque,

según él, yo lo había asustado. Y cuando me fui le estaba cantando una

canción de cuna.

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

—¡Es Hedwig!—dijo Harry, corriendo para dejarla entrar—. ¡Debe de traer

la respuesta de Charlie!

Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.

Querido Ron:

¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encantado de

quedarme con elridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí.

Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a

visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos

llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar alridgeback noruego a la

torre más alta, la medianoche del sábado? Ellos se encontrarán

contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad.

Envíame la respuesta lo antes posible.

Besos,

Charlie

Cuando llego el sábado, Harry y Hermione se aventuraron con la capa invisible, Hagrid se despidió desconsoladamente de Norberto y los muchachos se lo llevaron.

Era casi medianoche cuando trasladaron la jaula de Norbertopor las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Subieron una escalera, luego otra... Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.

—¡Ya casi llegamos! —resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que

había bajo la torre más alta.

Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la

jaula. Olvidando que eran invisibles, se encogieron en las sombras,

contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres

metros de ellos. Una lámpara brilló.

La profesora McGonagall, con una bata de tejido escocés y una redecilla

en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

—¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando

en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

—Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

—¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos,

hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Vamos, Malfoy!

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les

pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde

se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie

de salto.

—¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

—No lo hagas —la previno Harry.

Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norbertomoviéndose en su jaula.

Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la oscuridad.

Los amigos de Charlie eran muy simpáticos. Enseñaron a Harry y

Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto

entre ellos. Todos ayudaron a colocar a Norbertopara que estuviera muy

seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les

dieron las gracias.

Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan

libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón,

y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?

La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad. Habían dejado la capa    invisible en la torre.

Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso,

donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba.

Excusas, disculpas y locas historias cruzaban la mente de Harry, cada una más

débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella

vez. Estaban atrapados. ¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la

capa? No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara

que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más

alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a

todo eso Norbertoy la capa invisible, ya podían empezar a hacer las maletas.

¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado.

Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.

—¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio—. Estaba tratando de

encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que

tenías un drag...

explicación.

—Estoy disgustada —dijo la profesora McGonagall—. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así! Tu, Hermione

Granger, pensé que tenías más sentido común. Y tú, Harry Potter... Creía que

Gryffindor significaba más para ti. Los tres sufriréis castigos... Sí, tú también,

Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche,

en especial en estos días: es muy peligroso y se os descontarán cincuenta

puntos de Gryffindor.

—¿Cincuenta? —resopló Harry. Iban a perder el primer puesto, lo que

había ganado en el último partido de quidditch.

—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a

través de su nariz puntiaguda.

Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último

lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que

Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el

estómago.

Cuando amaneció, Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error.

¿Cómo iban a tener; súbitamente, ciento cincuenta puntos menos que el día

anterior? Y luego, se propagó la historia. Harry Potter; el famoso Harry Potter,

el héroe de dos partidos de quidditch, les había hecho perder todos esos

puntos, él y otros dos estúpidos de primer año.

De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry

súbitamente era el más detestado. Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le

giraban la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la

copa. Por dondequiera que Harry pasara, lo señalaban con el dedo y no se

molestaban en bajar la voz para insultarlo. Los de Slytherin, por su parte, lo

aplaudían y lo vitoreaban, diciendo: «¡Gracias, Potter; te debemos una!».

Cuando llegaron las notas avisándoles que su castigo tendría lugar a las once de la noche, se reunieron con el Filch en el vestíbulo de la entrada, que los guio con agrid para llevarlos al bosque. El conserje los dejo en cuanto estuvieron con el semigigante .

Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia

un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles

negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al

bosque.

—Mirad allí —dijo Hagrid—. ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso

plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido

malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto

el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez

tengamos que evitar que siga sufriendo.

—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros

primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.

—No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o

con Fang—dijo Hagrid—. Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en

dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por Pasaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Harry seguía mirando

por encima de su hombro, con nerviosismo. Tenía la desagradable sensación

de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran

con ellos. Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermione se

aferró al brazo de Hagrid.

—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!

—¡Vosotros esperad aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quedaos en el sendero,

volveré a buscaros!

Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asustados, hasta que ya

no oyeron más que las hojas que se movían alrededor.

—¿Crees que les habrá pasado algo? —susurró Hermione.

—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a neville…esta aquí por nuestra culpa. Así que Harry se internó en el corazón del bosque, con Malfoy y Fang.

Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid.

Malfoy, Neville y Fangestaban con él. Hagrid estaba furioso. Malfoy se había

escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y

envió las chispas.

—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del

alboroto que habéis hecho. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú

te quedas conmigo y Harry. Hermione, tú vas con Fangy este idiota. Lo siento

—añadió en un susurro dirigiéndose a  la niña— pero a él le va a costar mucho

asustarte y tenemos que terminar con esto.

—Hagrid…yo iré con el, Hermione puede ir contigo— dijo harry recordando lo que su madre le aconsejó de no dejar sola a su amiga.

Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente,

hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles

eran muy gruesos. Harry pensó que la sangre también parecía más espesa.

Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se

hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, más adelante, a través

de las enmarañadas ramas de un viejo roble.

—Mira... —murmuró, levantando un brazo para detener a Malfoy

Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más.

Sí, era el unicornio y estaba muerto. Harry nunca había visto nada tan

hermoso y tan triste. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos

extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre

las hojas oscuras.

Harry había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo

que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba

en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura

encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Harry, Malfoy y

Fangpermanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el

unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su

sangre.

—¡AAAAAAAAAAAAAH!

Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang. La figura

encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del

unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente

hacia él... Harry estaba paralizado de miedo.

Entonces, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido,

como si la cicatriz estuviera incendiándose. Casi sin poder ver, retrocedió. Oyó

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cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura.

El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodillas. Pasaron unos

minutos antes de que se calmara. Cuando levantó la vista, la figura se había

ido. Un centauro estaba ante él. No era ni Ronan ni Bane: éste parecía más

joven, tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.

—¿Estás bien? —dijo el centauro, ayudándolo a ponerse de pie.

—Sí... gracias... ¿qué ha sido eso?

El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos

zafiros. Observó a Harry con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz que se

veía amoratada en la frente de Harry.

—Tú eres el chico Potter —dijo—. Es mejor que regreses con Hagrid. El

bosque no es seguro en esta época en especial para ti. ¿Puedes cabalgar? Así

será más rápido... Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas

delanteras, para que Harry pudiera montar en su lomo.

Firenze partió rápidamente, con Harry sujetándose lo mejor que podía, y

dejó atrás a Ronan y Bane, que se internaron entre los árboles.

Harry no entendía lo sucedido.

—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó—. Y a propósito, ¿qué

era esa cosa de la que me salvaste?

Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a

causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y

en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a

hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido,

Firenze se detuvo.

—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?

—No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta—. En la clase de

Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio.

—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze—.

Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer

semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si

estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e

indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita,

desde el momento en que la sangre toque sus labios.

Harry clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz

de la luna.

—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —se preguntó en voz alta—. Si te

van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?

—Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que necesites sea

mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva

toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes

qué está escondido en el colegio en este preciso momento?

—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo

quién...

—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para

regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?

Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de

Harry. Por encima del ruido del follaje, le pareció oír una vez más lo que Hagrid

le había dicho la noche en que se conocieron: «Algunos dicen que murió. En mi

opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como

para morir».

—¿Quieres decir —dijo con voz ronca Harry— que era Vol...?

—¡Harry! Harry, ¿estás bien?

Más tarde, de regreso en la sala común, Harry les conto a Ron y a Hermione lo que había sucedido.

El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Se fueron a la cama

agotados, con las gargantas secas. Pero las sorpresas de aquella noche no

habían terminado.

Cuando Harry abrió la cama encontró su capa invisible, cuidadosamente

doblada. Tenía sujeta una nota:

Por las dudas.