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Historia 190400 — capítulo 21

Harry y Hermione se reunieron con Hagrid y con Ron, El gigante le había preparado a Harry un té, un poco fuerte para  calmar un poco la excitación que le había producido el perder el control de la escoba.

—¿Que creen que pasó? —preguntó Harry.

—Era Snape —explicaba Ron—. Hermione y yo lo vimos. Estaba

maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te quitaba los ojos de encima.

—Tonterías —dijo Hagrid, que no había oído una palabra de lo que había

sucedido—. ¿Por qué iba a hacer algo así Snape?

El trio intercambio miradas preguntándose que responder. Hasta que al final Harry se decidió a decirle lo que sabia.

—Descubrimos algo sobre él —dijo a Hagrid—. Trató de pasar ante ese

perro de tres cabezas, en Halloween. Y el perro lo mordió. Nosotros pensamos

que trataba de robar lo que ese perro está guardando.

Hagrid dejó caer la tetera.

—¿Qué saben de Fluffy? —dijo.

—¿Fluffy?

—Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año

pasado... y se lo presté a Dumbledore para guardar...

los chicos continuaron mareando a Hagrid con preguntas, hasta que lograron sonsacarle que lo que el perro escondía era de Dumbledore y de un tal Nicholas Flamel. Todo era peor de lo que imaginaban, Hagrid y Dumbledore confiaban en que snape ayudaba a proteger lo que escondían y el solo quería robárselo.

No tenían aún un plan para evitarlo, por el momento necesitaban descubrir que era lo que escondieron en el tercer piso, y quizás si descubrían quien era Nicholas Flamel  eso les daría una pista para saber cómo actuar.

Las siguientes semanas, pasaron cada minuto libre en la biblioteca, buscaron de miles de libros y nada encontraron.

La navidad se acercaba, faltaba un dia para regresar a las casa y Harry habia decidido quedarse en hogwarts para poder seguir con su búsqueda.

La noche de la víspera de navidad, Harry se fue a la cama, y al despertar la mañana siguiente encontró sus regalos a los pies de la cama.

—¡Feliz navidad Ron!

—tambien para ti—respondió Ron y comenzaron a abrir sus regalos.

El primero era de su mamá, una cámara fotográfica para que pudiera capturar recuerdos de aquellos años en hogwarts. El siguiente paquete que tomó, era una caja llena de golosinas y una tarjeta de parte de Hermione. Luego desenvolvió uno de la mamá de ron.

—por favor Ron, agradece a tu madre por mí. Fue muy amable de su parte.

El ultimo regalo que abrió fue la capa de invisibilidad, con una nota que decía.

Hijo: Este es mi regalo para ti en esta navidad, me fue muy útil en mis años en hogwarts. Dumbledore la tuvo un tiempo y ya me la ha devuelto creo que es hora de que sea tuya. Estuvo con los Potter por generaciones. Que te sea provechosa.

Te quiero

Papá.

Fred y George, unos días antes le habían ayudado para hacer algunas compras por catalogo, asi que la noche anterior había mandado a Hedwig y a otras dos lechuzas de la escuela con los regalos para su familia.

A su mamá le regalo un libro de medicina mágica, a su padre una camiseta de su equipo de quidditch favorito. A jo un ajedrez mágico y para los bebes unos colgantes para cuna que podían animarse mediante magia.

A Ron le regalo una enorme caja de ranas de chocolate y a Hermione una bonita pulcera con forma de snitch.

Despues de pasar una divertida navidad con los hermanos weasley y disfrutar el exquisito banquete de hogwarts Harry se recostó. Estaba cansado, todos dormían, pero el recuerdo de la capa lo asaltó, con ella, no había rincón de hogwarts cerrado para el, ni horarios para dormir.

¿Adónde iría? De pronto se detuvo, con el corazón palpitante, y pensó. Y

entonces lo supo. La Sección Prohibida de la biblioteca. Iba a poder leer todo lo

que quisiera, para descubrir quién era Flamel. Se ajustó la capa y se dirigió

hacia allí.

La biblioteca estaba oscura y fantasmal. Harry encendió una lámpara para

ver la fila de libros. La lámpara parecía flotar sola en el aire y hasta el mismo

Harry, que sentía su brazo llevándola, tenía miedo.

Recorrio uno a un los libros sin saber bien en cual comenzar a buscar, hasta que se decidió por un tomo grande que llamó su atención, lo abrió.

Un grito desgarrador; espantoso, cortó el silencio... ¡El libro gritaba! Harry

lo cerró de golpe, pero el aullido continuaba, en una nota aguda,

ininterrumpida. Retrocedió y chocó con la lámpara, que se apagó de inmediato.

Aterrado, oyó pasos que se acercaban por el pasillo, metió el volumen en el estante y salió corriendo. Pasó al lado de Filch casi en la puerta, y los ojos del

celador; muy abiertos, miraron a través de Harry. El chico se agachó, pasó por

debajo del brazo de Filch y siguió por el pasillo, con los aullidos del libro

resonando en sus oídos. Su terror fue mayor cuando filch le dijo a alguien que un alumno había estado en la sección prohibida y quien contestaba era el profesor snape. El muchacho retrocedió lo más silenciosamente posible y logro escabullirse rápidamente por una puerta entre abierta. Parecía un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupitres amontonados contra las paredes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente... Había algo que parecía no pertenecer allí, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio.

Era un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy

trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras. Tenía una

inscripción grabada en la parte superior: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.

Ya no oía ni a Filch ni a Snape, y Harry no tenía tanto miedo. Se acercó al

espejo, deseando mirar para no encontrar su imagen reflejada. Se detuvo

frente a él.

Vio su reflejo y algo mas, vio a su madre, a su padre y a sus hermanos, el estaba con ellos delante de todos, no estaban ocultos, sus compañeros y profesores podían verlo y su mamá…nunca la había visto tan feliz y hacia una magia tan hermosa.

Aún que su madre solía sonreír la mayor parte del tiempo, el sentía que no era del todo feliz y quizás por eso no podía hacer magia.

En una ocasión, estando a solas con su papá este le había preguntado si creía que la Sra. Potter volvería a hacer magia un día.

—Tu madre, fue una de las mejores hechiceras de nuestra generación, realmente talentosa y poderosa. Es realmente triste que no pueda hacerlo, pero yo creo que algún día volverá a lograrlo, ella sufrió mucho Harry, y dejarte fue la gota que la rebalsó, creo que ya te lo conté….en fin yo creo que solo necesita un empujoncito, algo que funcione como detonante—le había respondido.

Un ruido lo sacó de sus pensamientos, y regreso a la sala común.

—Podías haberme despertado —dijo malhumorado Ron.

—Puedes venir esta noche. Yo voy a volver; quiero enseñarte el espejo.

—Me gustaría ver a tu madre y a tu padre —dijo Ron con interés.

—Y yo quiero ver a toda tu familia, todos los Weasley. Podrás enseñarme

a tus otros hermanos y a todos.

—Puedes verlos cuando quieras —dijo Ron—. Ven a mi casa este verano.

De todos modos, a lo mejor sólo muestra gente muerta. Pero qué lástima que

no encontraste a Flamel.

Esa noche cuando llegaron al aula vacia y se pararon frente al espejo, ron solo pud verse a el mismo, siendo exitoso.

La noche siguiente a esa, Harry regreso, otra vez solo, ver a su madre tan feliz lo había obsesionado. Quería investigar el tema, saber que cosas le habían sucedido a su madre en el pasado y descubrir la manera de que su sonrisa y sus ojos fueran tan felices como en el espejo.

—Entonces de vuelta otra vez, ¿no, Harry?

Harry sintió como si se le helaran las entrañas. Miró para atrás. Sentado en

un pupitre, contra la pared, estaba nada menos que Albus Dumbledore. Harry

debió de haber pasado justo por su lado, y estaba tan desesperado por llegar

hasta el espejo que no había notado su presencia.

—No... no lo había visto, señor.

—Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invisible —dijo

Dumbledore, y Harry se sintió aliviado al ver que le sonreía—. Entonces —

continuó Dumbledore, bajando del pupitre para sentarse en el suelo con

Harry—, tú, como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del espejo

de Oesed.

—No sabía que se llamaba así, señor.

—Pero espero que te habrás dado cuenta de lo que hace, ¿no?

—Bueno... me mostró a mi familia y...

—Y a tu amigo Ron lo reflejó como capitán.

—¿Cómo lo sabe...?

—No necesito una capa para ser invisible —dijo amablemente

Dumbledore—. Y ahora ¿puedes pensar qué es lo que nos muestra el espejo

de Oesed a todos nosotros?

Harry negó con la cabeza.

—vamos a ver…elhombre mas feliz de la tierra, podría usar este espejo y verse tal cual es…

—nos muestra lo que queramos?

—Algo asi, nos muestra nuestro más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón, tu vez a tu familia en la luz, sin esconderse y  tu madre feliz . tu amigo Ronald que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos. Pero tienes que saber que este espejo,no te dara verdad ni conocimiento, muchos magos se han perdido frente a el, llegando incluso a la locura. Es por eso que mañana cambiara de lugar y espero, que seas sensato y no intentes encontrarlo. Ahora ¿por que no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?

Harry se puso de pie.

—Señor... profesor Dumbledore... ¿Puedo preguntarle algo?

—Es evidente que ya lo has hecho —sonrió Dumbledore—. Sin embargo,

puedes hacerme una pregunta más.

—¿Qué es lo que ve, cuando se mira en el espejo?

—¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.

Harry lo miró asombrado.

—Uno nunca tiene suficientes calcetines —explicó Dumbledore—. Ha

pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par. La gente sigue

insistiendo en regalarme libros.

En cuanto Harry estuvo de nuevo en su cama, se le ocurrió pensar que tal

vez Dumbledore no había sido sincero. Pero es que, pensó mientras sacaba a

Scabbersde su almohada, había sido una pregunta muy personal.