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El secreto del dragón — capítulo 1

Esta noche apenas el sueño me alcanza… no puedo dormir, y no creo que logre hacerlo. Dicen que la vida puede cambiarte en un instante. Y ahora estoy seguro que es cierto. Todo lo vivido este año me parece tan solo un sueño. Lejano en el horizonte quedaron aquellos ojos negros, llevándose mis esperanzas y mis sueños. Sólo quedan recuerdos y el hecho de poder observarla el siguiente año aunque sea de lejos, no es para mí un consuelo. El tiempo se detuvo en sus ojos cuando al fin, después de un año de ansiedad y dudas, se lo dije todo. Le confesé lo que sentía por ella.

Comencé la mañana con algo de inquietud, era mi último día en Hogwarts. Estaba muy preocupado por la carta que me llegó desde casa. Habían atrapado a mi padre en el Ministerio de Magia, junto a otros, y mi madre estaba muy preocupada. La desgracia y el dolor habían cubierto a mi familia. Ni qué decir de la vergüenza… hay gente a la que no puedo mirar a la cara. Y todo era culpa de Potter. ¡Maldito! ¡Ya me las pagará!... Mi madre está muy mal, me contó que el Señor Tenebroso requirió mi presencia para la próxima reunión. No sé qué desea y ella no me lo ha contado, aunque tengo mis sospechas. Probablemente desee que yo tome el lugar de mi padre para así devolverle el honor a la familia. Y… quizás acepte la oportunidad pero… aceptarla significaría alejarme para siempre de ella.

Apenas recuerdo qué desayuné, sólo recuerdo que en el gran comedor no estaba ella. ¿Dónde se habría metido? Seguramente vagaba por la biblioteca. El idiota de Potter y compañía no estaban en la mesa tampoco. Dudo mucho que San Potter esté leyendo algo… hasta me sorprende que pase de año. Debe ser por Dumbledore, que presiona a los profesores para que lo aprueben. ¡Lo detesto! ¡Nunca en la vida le costó nada! No sabe lo que es cargar con el peso del apellido… ¡el honor de la familia! ¡Tonterías! Sólo hay que mirar en dónde acabó mi padre por creer semejante idiotez.

Cuando me aburrí de mirar el vacío, ya el té estaba bastante frío, me levanté y me dirigí hacia el vestíbulo. Allí me encontré con Crabbe y Goyle pero no tenía ganas de soportar sus chistes idiotas, así que seguí de largo. Reconozco que no estaba del mejor humor. Necesitaba pensar. Necesitaba decidir qué hacer. Cual sería mi próximo movimiento. Había llegado a un punto en que su presencia me era necesaria. Hacía que mi vida cambiara por completo. Un verano más sin verla se me haría insoportable, y estaba pronosticado que este sería el peor de todos.

Como no había clases nos permitían vagar por los jardines a nuestro antojo, así que me dirigí hacia ellos pero sin un rumbo fijo. ¿Qué haría ahora? Necesitaba decírselo… Me estaba matando lentamente esa distancia absurda e impuesta que existía entre ambos. Necesitaba mirarla a los ojos, escuchar su risa, oír mi nombre expulsado por sus labios. ¿Cuándo aquellas simples cosas se convirtieron en esenciales para mí? No lo sé… Ya hace tanto tiempo que la amo. Y fingir lo contrario no había ayudado en nada.

No sé en qué momento ni cómo me encontré dentro del castillo de nuevo. De todos modos no importaba mucho, había tomado una decisión. Quizás una de las más importantes que he tomado en mi vida hasta hoy. Iba a decírselo. ¿Y lo demás…? Lo que me impedía hacerlo era un conjunto de cosas que ya me parecían absurdas. El orgullo de las Casas rivales, el hecho de que fuera amiga de mi enemigo, el hecho de que parecía detestarme. ¿Y mis padres? ¿Qué pensarían de esto? La condición de su sangre… ¡Pues que se vayan todos al infierno! ¡Yo ya no puedo vivir así! ¡Me estoy volviendo loco!

Apuré el paso y poco después estaba dentro de la biblioteca… Esta estaba desierta. No parecía estar por ningunas mesa. Caminé por los pasillos donde estaban las estanterías con los libros… Nada…

_ ¿Qué necesitas muchacho?_ dijo una voz a mi espalda. Pegué un respingo y me di la vuelta.

_ Di… disculpe señora Pince. Estaba buscando a alguien_ balbuceé con molestia. ¿Cuándo comenzó a seguirme el buitre horrible este?

No me respondió sino que me miró con el ceño fruncido. Sus arrugas se marcaron aún más en su rostro. Decidí irme. Seguramente estaba pensando en que probablemente querría robarme algún libro para llevármelo a casa. ¡Tonterías! Suficiente tengo con el colegio durante todo el año y voy a andar perdiendo tiempo en el verano. Iba saliendo de la biblioteca cuando tropecé con Lunática Lovegood.

_ ¡Oh! Perdón_ dijo ella.

Ni le presté atención, sólo seguí de largo pero al llegar a la mitad del corredor me percaté de que ella era su amiga y quizás supiera dónde estaba. Así que volví sobre mis pasos.

_ Eh, Lunati... Lovegood_ La chica se dio vuelta, estaba esperando a la señora Pince frente a su despacho.  

_ ¿Sí?

_ ¿Has visto a Granger?_ le dije.

_ ¿Hermione?_ me dijo mientras abría los ojos. ¡Qué pinta de loca que tiene! Pensé.

_ Sí, claro_ dije tratando de calmarme. ¿A quién más me referiría? ¡Obvio que a "ella"!

_ Sí_ dijo y se dio la vuelta. Me quedé esperando un poco sorprendido… pero no dijo nada más.

_ ¿Y bien? ¿Dónde está?_ dije desconcertado.

_ No sé_ me respondió.

_ ¡Pero si acabas de decirme que la viste!_ dije ya fastidiado.

_ Sí, pero no sé dónde está_ respondió ella.

¡Tenía ganas de ahorcarla allí mismo! Estaba a punto de perder la paciencia… pero traté de calmarme con todas mis fuerzas.  

_ ¿Entonces… dónde la viste?_ dije tomando aliento.

_ ¡Ah! Iba bajando las escaleras de mármol con Ron… Estaban peleando. Pero yo sé que no era su intención. Pude ver claramente como salía de su oreja izquierda un…

_ Gracias_ dije y salí del lugar. No tenía paciencia para sus tonterías y ya casi la había agotado en esa absurda conversación.

Luego de largarme de allí, bajé hasta el vestíbulo de nuevo pero no se veían por ningún lado. Ninguna "zanahoria" Weasley andaba cerca. Salí del castillo hasta los jardines y… nada. En el lago estaban conversando unas chicas de Gryffindor. Desde esa distancia no podía saber quiénes eran así que pensé que a lo mejor se había unido a ellas. Bajé hasta el lago ya más animado, pero me encontré con mis amigos a medio camino y no pude librarme de ellos. ¡No se me ocurrió ninguna excusa! De todos modos no estaba entre esas chicas, eran unas niñas de segundo. ¿Dónde demonios estaba entonces?

A la hora del almuerzo y ya en el gran comedor comencé a inquietarme. Tenía que encontrarla para decírselo. No podía pasar otro verano más sin saber si al menos tenía una leve esperanza de estar con ella. Me demoré a propósito en la mesa de Slytherin pero no llegó al almuerzo. No sé qué le pasaba, eso era algo extraño. De todos modos cuando me estaba retirando escuché que Patil le decía a Brown que Hermione estaba llorando en el baño de chicas que quedaba en el segundo piso. Entonces me preocupé un poco. ¿Qué le habría hecho el idiota de Weasley? ¡Si le tocaba un pelo me las iba  apagar!

En el segundo piso no se veía nadie. No podía entrar al baño de las mujeres así que me quedé deambulando un rato en el corredor por si salía de allí. Al cabo de varios minutos apareció por la puerta del baño una niña de rojo, por su aspecto estaba seguro que era de primer año… Ya estaba cansado de esperar así que me acerqué a ella.

_ Disculpa… ¿no has visto una chica allí dentro?... es mi amiga y… ¡Espera!_ La niña al verme salió corriendo. ¡Parecía que me tenía miedo! Estos mocosos…

Sentí un ruido a mis espaldas y me di la vuelta. Allí estaba ella saliendo del baño, tenía el cabello revuelto, se tapaba la cara y sus hermosos ojos estaban rojos. Seguro que había estado llorando.

_ Hola, Granger_ le dije… no sabía cómo comenzar la conversación. Al igual que la niña de primero, se asustó al verme.

_ ¡Quítate del camino Malfoy!_ me gritó y me empujó hacia un costado mientras salía corriendo, tapándose el rostro.

_ ¡Espera! ¡Tenía que decirte algo!_ le dije mientras corría tras ella. ¡Necesitaba hablarle!

El corredor terminaba en unas escaleras y ella ya comenzaba a subir cuando, desde un corredor lateral apareció el profesor Snape y, sin poder evitarlo, me lo llevé por delante. Fui a dar contra el piso.

_ ¡Ahhh! ¡La mierda!_ exclamé adolorido.

_ ¿Estás bien, Draco?_ me dijo. Tendió su mano para ayudarme pero la rechacé.

Tenía un cierto conflicto con ese hombre. Él no había ayudado a mi padre. Todos estaban en Azkaban mientras el murciélago idiota seguía allí muy tranquilo. Jugando su papel de inocente. Estaba furioso con él, así que me levanté y me dirigí hacia el corredor por donde había aparecido el hombre. Allí había una escalera que bajaba directamente a las mazmorras. No quería que me viera persiguiendo a Granger.

No me dijo más nada, supongo que se me quedó mirando mientras me alejaba, pero no me di la vuelta para comprobarlo. Ya en las mazmorras me dirigí hacia mi sala común. Estaba llena de alumnos con su insoportable alegría. Subí a mi habitación para estar más tranquilo y así evitar tener que estampar una hipócrita sonrisa en mi rostro… necesitaba pensar qué iba a hacer para poder hablarle esa tarde. Las horas pasaban con rapidez y las opciones se me acababan.  

No sé cómo pasó pero me quedé dormido y me desperté un poco tarde. ¡Ya pronto oscurecería! Alterado me levanté y salí corriendo. La busqué desesperadamente por todas partes… y no estaba. Ya cansado me senté en un rincón de las escaleras que bajaban hacia los jardines. ¡Todo me estaba saliendo mal! Pero aquel día estaba por ocurrir un milagro. Poco hacía que estaba sentado con los ojos posados en el horizonte sin ver nada, cuando apareció ella… y estaba sola. No me vio, bajó las escaleras y se dirigió hacia el lago. ¡Era mi oportunidad!

La seguí de cerca… mis manos temblaban un poco a causa de la ansiedad. Era tiempo de poner al descubierto mi secreto. Ya no podía con el peso de cargarlo. Al menos ella era lo suficientemente buena como para no mencionárselo a nadie. Confiaba en que así sería. Dio varios rodeos y en uno de ellos la perdí de vista. Estábamos cerca del bosque prohibido y pronto oscurecería. ¿Dónde se habría  metido?

_ ¿Me sigues, Malfoy?_ dijo su voz detrás míos. Di un respingo, no tenía idea de que ella hubiese advertido mi presencia.

_ No… no… yo…_ tartamudeé como idiota. ¡¿Por qué me tenía que poner colorado?! ¡Por qué!

_ Te he visto_ me dijo con el ceño fruncido. Parecía molesta.

_ Quería hablarte_ le dije… ¿para qué iba a seguirle mintiendo? Ya me había tragado el orgullo por ella.

Pareció muy sorprendida, a lo mejor esperaba otra respuesta.

_ ¿Ah, sí? ¿Y de qué?_ dijo con cautela.

_ Ammmmm…. Yo…._ no sabía cómo continuar. No pude seguir mirándola a los ojos y confieso que me puse muy nervioso.

_ ¿Qué es lo que quieres, Malfoy? Si pretendes fastidiarme te aclaro que voy y le digo a la profesora McGonagall. Así que ten cuidado con lo que vayas a decir y…

_ Me gustas_ dije… o mejor dicho, se me escapó.

_ ¿Qué?_ dijo con los ojos como platos.

_ Que me gustas_ volví a repetir pero ya con más firmeza. Había olvidado por completo lo que planeé decirle.

_ ¡Oh!_ exclamó y un rubor apareció en sus mejillas.

El silencio se extendió y comencé a tener miedo… no hablaba, sólo se limitaba a mirarme. ¿Qué estaría pensando? Temblaba entero y me obligué a mí mismo a pronunciar las palabras que había imaginado decirle durante mucho tiempo.

_ Siempre me has gustado… Creo que eres la chica más bonita que he conocido…_ dije entrecortadamente. No me estaba saliendo muy bien.

_ ¿Esto es una especie de juego?_ me interrumpió ella furiosa. La miré estupefacto_. ¿Te estás burlando de mí?

_ ¡Por supuesto que no!_ dije perplejo.

_ ¿Crees que soy idiota? ¿Qué me voy a tragar tus mentiras?_ decía ella_. ¿Pretendes burlarte de mí para después ir y decirle a tus estúpidos amiguitos todo? ¿O ellos están aquí?_ Hablaba furiosa, fuera de sí. Luego agregó mirando hacia los árboles_. ¿Dónde están? ¡Salgan idiotas!

_ Estoy solo y no me estoy burlando de ti. Me gustas mucho… y te amo_ dije sin poder creer que pensara aquello. ¿Tan mala opinión tenía de mí? No es raro siendo amiga de San Potter, seguro que el imbécil le hablaría mal de mí todo el tiempo.

_ ¡Eres un idiota… eres…!_ decía furiosa, no me creía.

Entonces perdí el control. La tomé de un brazo para atraerla hacia mí y la besé en los labios. Al abrir los ojos vi que me miraba perpleja pero como no me había empujado creí, ¡pobre de mí!, que me aceptaba. Hasta que la solté. Estaba roja como un tomate, y supongo que yo también, pero sus ojos me miraban con odio.

_ ¿Por qué hiciste eso? ¡Eres repugnante!_ me gritó.

Al escucharla sentí que el mundo se venía abajo… no logré decir nada. Aquellas palabras me dolieron en el alma.

_ Yo… lo siento, pensé…_ balbuceé avergonzado pero ella me interrumpió.

_ ¡¿Pensaste qué?!

No pude hablar… las palabras se negaban a salir de mi garganta.

_ ¡Ves, ese es tu problema! ¿Por qué pensaste que me gustaría un cobarde como tú? ¡El hijo de un asqueroso mortífago!_ me gritó en la cara.

_ Yo no… ¡no soy un cobarde!_ sólo atiné a decir.

_ ¡Me repugnas tú y tu estúpida familia! ¡Casi morimos en el Ministerio gracias a tu padre y los demás mortífagos!

_ Yo no sabía nada de eso… Nunca me imaginé lo que iba a pasar_ le dije con la urgencia de explicarme. Si hubiera sabido que ella estaba en peligro no me habría quedado en el colegio.

_ Eres un mentiroso… ¡Y aléjate de mí! ¡No quiero saber nada de ti!_ me gritó mientras salía corriendo.

_ ¡Espera, Hermione! ¡Por favor, espera!_ le dije mientras la seguía, pero ella no se dio vuelta y poco después me detuve. ¡Las malditas lágrimas no me dejaban ver!

La dejé ir. Tenía vergüenza de admitir que el desprecio que ella sentía por mi familia y sus actividades era igual al mío. Pero no podía negar de dónde venía. Cuando pude calmarme, entré al colegio y me dirigí a mi habitación. Estaba devastado… y no tenía ganas de encontrarme con nadie. Ella no me quería, me despreciaba y hasta le parecía repugnante. Todas las ilusiones que había tenido quedaron reducidas a cenizas. ¿Y ahora qué iba a hacer? No podía continuar viviendo sin ella… y menos sabiendo lo que pensaba de mí. ¿¡Por qué la vida es tan injusta?! Yo la amaba… y habría dado todo por ella. ¿Por qué fue tan cruel? ¿Acaso me odia?... Sí… era obvio que así era.

Las vacaciones de verano llegaron con la mañana siguiente y esa misma noche ya dormía en mi casa. En mi propia habitación que se sentía tan fría y vacía. Todo me parecía triste… mi futuro se cubría de un espeso humo negro y no podía ver más allá del presente. Pensaba en ella y en sus palabras todo el tiempo… ¿tanto la amaba como para arrancarla de mi corazón y dejarla ir?… Su felicidad me parecía en ese momento más importante que mi patética vida. Pero… ¿podría hacerlo? La respuesta estaba por presentarse unos días después.

El Señor Tenebroso, como sospechaba, requería mis servicios. Me propuso pertenecer a su círculo íntimo. Era un honor mayúsculo, era lo más halagador que podrían ofrecerme, como dijo mi tía Bellatrix. Todos estaban asombrados y eufóricos con aquella distinción, excepto mi madre. A ella no le gustaba nada que su único hijo siguiera los pasos de su padre. ¡Y cómo juzgarla! Sólo había que mirar a dónde lo había llevado a mi padre. Sin embargo la propuesta me gustó, claro que no sabía qué era lo que me iba a pedir a cambio, pero pensaba que de esa forma Granger ya no iba a pensar que era un cobarde. ¡Soy tan capaz como ella de combatir por mis ideales! ¿Pero qué estaba diciendo…? ¿A quién quiero engañar? No eran mis ideales… eran prejuicios e ideas prestadas. Lo que realmente deseaba era demostrarle a ella y a todo el mundo que ¡no soy ningún maldito cobarde! Lo que esa tarde me dijo frente al lago había ido envenenando mi alma. Nunca me había sentido tan insignificante como aquella vez.

Perteneciendo a los mortífagos ya no había esperanzas de que ella me aceptara algún día… pero no importaba porque no creía realmente que ese día llegara alguna vez… Aquello me daba el consuelo que necesitaba para olvidarme de ella de una vez por todas. ¿Cómo se me había ocurrido que mi vida podría ser diferente si estaba a mi lado? Mejor sería de esa forma. Así que decidí arrancar lo que sentía por ella de mi alma y unirme a las filas del Señor Tenebroso.