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Niña mimada — capítulo 12

Scorpius está sentado en las escaleras de la entrada de la Malfoy Manor. Mira atentamente a los pavos reales que hay en el jardín delantero, su abuelo Lucius, quien ahora está alimentando a las aves, tiene gustos muy raros; ¿qué persona sin juicio tendría, en vez de un perro o un gato, pavos reales en su casa? Niega con la cabeza, su abuelo no está bien de la cabeza. Llegó a su casa hace unos horas y está esperando que su madre venga a buscarlo para almorzar, mientras tanto ayudaba a su abuelo a alimentar a las aves, pero éste al ver que su único nieto no lo hacía bien, le dijo que vaya a sentarse y que preste atención a como se hace para la próxima vez. Scorpius duda de que haya una próxima vez. —Sigo sin entender porque fuiste a la casa de las comadrejas.  —Abuelo. —Bien. De los Weasley —se corrige con asco en la voz—. ¿Por qué? —Albus y Rose fueron mis primeros amigos, y su familia me aceptó con los brazos abiertos. Tú sabes lo difícil que es para mí conseguir amigos, no entiendo porque los niños no quieren juntarse conmigo por ser un Malfoy. ¿Qué pasó en el pasado para que todos quieran alejarse de mí? Muy pocas veces Lucius Malfoy se comporta como una persona normal. Las únicas veces que se permite sentir vergüenza por el lado en el que estuvo en la guerra es cuando habla con Scorpius. El niño no tiene la culpa de los errores de su abuelo y su padre, y aun así, las personas lo repudian. Internamente, aunque nunca lo vaya a admitir, está feliz de que Scorpius haya hecho tantos amigos, incluso cuando éstos sean los Weasley. —Sabes que no me gusta hablar del pasado, Scorp. —Abuelo, ¿qué significa esa marca en el brazo de papá? Y tal como sucedió con Albus y Rose, su abuelo se tensa, se pone nervioso e incómodo. Scorpius sabe que su padre no le va a decir y tampoco quiere sacar el tema a relucir con él, no quiere verlo triste, pero esa parece ser la única solución para saber la respuesta. Nadie más parece querer ayudarlo. —Lo siento, pero no puedo decírtelo —su abuelo suspira—. Y si algún día te llegas a enterar, recuerda que la culpa fue mía, no la de tu padre. Y eso hace que las ganas de saber crezcan. Entra a la casa, en busca de su padre; no piensa esperar más. Uno de sus elfos domésticos, Sally, le dice que su padre está en su despacho, revisando algunas cosas de su trabajo. Con paso firme, pero nervioso por dentro, se encamina hasta la habitación.  Draco Malfoy le sonríe al verlo. —¿La comida ya está lista? —¿Qué significa la marca en tu brazo? Lo único que puede pensar es que quizá tuvo que hacerle caso a la niña mimada.