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Niña mimada — capítulo 3

Ya es de noche y Scorpius no puede dormir, ya sea por la emoción o por los nervios. En menos de doce horas estaría en la Madriguera, y a pesar de que los primos Weasley son sus amigos, no puede evitar sentirse así. Al fin de cuentas, los señores Weasley y el señor Potter no parecen querer que sus hijos se junten con él, por ser un Malfoy. Scorpius necesita una taza de leche fría, éso siempre le ayuda a tranquilizarse. Sus padres seguro duermen. Él sale despacio de su habitación, procurando no hacer ruido; aunque sus padres saben del extraño remedio que él usa para tranquilizarse, los regalaran por no estar durmiendo a esas horas. Podría llamar a uno de sus elfos domésticos, pero Scorpius odia hacer que le sirvan, al menos que sea un caso desesperado, que normalmente no ocurre. Scorpius definitivamente no salió igual a su padre. En la cocina, saca con cuidado una taza de la alacena y quita la leche de la heladera. Sus manos tiemblan mientras lo hace, los pensamientos de qué puede suceder mañana lo pone nervioso. Corre una silla de la mesa y se sienta, disfrutando su leche y de la poca luz que entra en la cocina. Cuando vuelve a subir las escaleras, escucha un sonido proveniente de la habitación de sus padres. Sollozos ahogados y susurros reconfortantes. Scorpius se preocupa, sus padres habían arreglado sus problemas en febrero, no quiere pensar en la posibilidad de que quieran separarse de nuevo. Preocupado, camina a la habitación. —Ya han pasado más de veinte años. —Eso no me alivia. Scorpius asoma la cabeza. Sus padres están sentados en la cama, con la sábana hasta la cintura. Los dos tienen su piyama puesta y el cabello desordenado. Scorpius se da cuenta que los ojos de su padre están rojos e hinchados, como si hubiera estado llorando hace un momento, incluso puede ver lágrimas secas en sus mejillas. —Draco... —No, Astoria. Ésto me va a matar de por vida. —Eras un niño. —Pero yo lo elegí. Scorpius frunce el ceño confundido. Mira en dirección al lugar que sus padres están viendo. Arruga la frente al ver el antebrazo izquierdo de su padre. Es como una especie de tatuaje lo que tiene, aunque Scorpius está seguro que no lo es. Se trata de una calavera, a la que parece le sale una serpiente por la boca. No tiene ni menor idea de lo que significa o por qué su padre parece angustiado de tenerla. Vuelve a su habitación, más confundido que antes. Esa marca no le gusta, le da mala espina, pero no sabe por qué. Tiene que averiguar qué es, alguien debe saberlo, y tal vez lo sepa la chica más inteligente que conoce: la niña mimada.