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Niña mimada — capítulo 4
Cuando el reloj marca las diez de la mañana, Scorpius se tensa. Dentro de un rato lo llevarían a la Madriguera vía red flu, donde pasaría tres días con sus amigos de Hogwarts. Su madre ordena algunas cosas en la sala y su padre está con el ceño fruncido, claramente no convencido todavía de ésto. Scorpius aún no olvida que vio anoche, planea preguntarle a Rose que significa la marca que tiene su padre. Finalmente, Draco Malfoy se pone de pie de mala gana y camina hasta la chimenea con su hijo. Él tiene una mochila en su espalda con las cosas necesarias para los pocos días que estaría con los Weasley. Su madre se acerca para darle un beso en el cabello, luego le da una advertencia a su marido sobre que si se comporta como idiota con los Weasley, dormiría una semana en el jardín. Scorpius intenta no reírse. —¡A la Madriguera! —grita, ya adentro de la chimenea, dejando caer unos polvos flu. No le gusta viajar en red flu y ésta no es la excepción. Después, las cosas se empiezan a poner más nítidas, hasta que ve completamente la sala de la Madriguera. Encuentra a James Potter y Fred Weasley sentados en el piso, jugando con un pelota negro pequeña. Lucy Weasley está leyendo un libro en el sofá y Louis Weasley está pintando en un Block de hojas. Todos los primos están reunidos y una niña de cabello rojos y ojos marrones es la primera en verla. Ladea la cabeza confundida. —¿Quién eres? —¡Scorpius! —gritan Rose y Albus. Los primos de ellos le sonríen y él se encamina hasta ellos, pero antes de que de otro paso, sus dos mejores amigos se lanzaron a él y los tres cayeron al piso entre risas. —Niños, por favor, lo van a lastimar. Scorpius reconoce a la mujer por una foto que Victoire Weasley la mostró. Molly Weasley, la abuela de sus amigos. Le sonríe calidamente y ayuda a los tres a pararse. —Buenos días, señora. —Buenos días, querido. ¡Pero mira eso! ¡Estás tan pálido y delgado! Tienes que comer más, te servirá triple ración de comida en el almuerzo, por supuesto. Y tendrás un gran pedazo de postre de chocolate. —¡Yo también quiero! —se queja Rose, haciendo puchero. Su abuela levanta una mano y le acaricia la mejilla. —Claro, mi niña. Comerás cuanto quieras. La señora Weasley ya se ha ganado un lugar en el corazón de Scorpius. Definitivamente su padre y señores Weasley y el señor Potter no congenian bien. Se hace un silencio tensó e incómodo cuando su padre aparece. Luego de un largo momento, él se va, después de hacerle prometer a todos que cuidarán a su hijo. —Vamos a la habitación de mi papá —dice Rose. Albus y Scorpius siguen a la niña mimada