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Niña mimada — capítulo 40

Rose Weasley usa un vestido celeste con un cinturón negro que en el medio tiene un moño blanco. Tiene un hermoso peinado hecho por su madre que la hace ver como una princesa y para hacerla ver más ella misma, tiene una zapatillas gastadas; Rose se opuso firmemente en usar alguna sandalia, mucho menos tacones. A Scorpius le gusta como está vestida. Ella y sus primos se cambiaron en la Madriguera, algo que hizo a sus madres enfadar, pero por lo menos a dos horas del Año Nuevo ellos lucen bien para la ocasión. Aunque según Arthur Weasley, ellos estarán sucios antes que acabe un año. —Éste chaleco me da comezón —se queja Albus con Scorpius, quien mira atentamente como Rose gira sobre si para hacer menear su vestido. James y Fred aplauden animados—. Y mamá se queja que no puede controlar mi cabello, ni el de James, ¡pero no es nuestra culpa, sino la de papá! —Al menos no te vez como un vagabundo como siempre.  —Que gracioso, Scorp. Que gracioso. Scorpius sonríe y mira a su amigo. Albus lleva una remera blanca que tiene una cara de dragón verde que tiene un cuchillo en la frente, que de paso le sale sangre -a su madre no le gustó que se hubiera puesto eso- y unos pantalones negros completan su atuendo. Ah, cierto, también tiene un chaleco que parece de siglos pasados. —¡Menos de cien minutos para Año Nuevo! ¡2019 ya está llegando! —grita Rose, acercándose a ellos. Atrae a Albus y a Scorpius hacia ella y los abraza fuertemente—. ¡Ya llega, ya llega! —Oh, Merlín, ¿has tomado algo que te dieron James y Fred? —pregunta Albus. Rose sonríe enormemente. —Si, tome algo rojo. ¡No sé que era, pero era sabroso! —chilla, saltando varias veces—. ¡Quiero más, necesito más! —Si, será mejor que tus padres no te vean —dice Scorpius, tratando de calmar a su amiga, quien parece muy emocionada por el simple hecho de tener dedos en las manos. —¡James! ¡Fred! —los llama Albus. Su hermano y su primo aparecen con las manos atrás de su espalda y con sonrisas traviesas.  —¿Ocurre algo? —preguntan con inocencia. —¿Qué le dieron a Rosie? —pregunta Scorpius. —Ella quería animarse más. Le dimos un lindo energizante. —¡James! ¡Fred! —lo regañan los niños. Los dos primos ríen y se van de ahí. Albus y Scorpius suspiran y la toman de las manos para llevarla a las   bancas para sentarse, en el transcurso saludan a los padres de ellos como si nada hubiera pasado. —Piensa en algo para que no maten a tu hermano y a tu primo —dice Scorpius. —Que va, si lo matan mejor. —Bien, ahora piensa cómo sacar de algún problema a la niña mimada.