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Niña mimada — capítulo 41

Teddy tuvo que traer de su departamento una Poción para que a Rose se le baje su emoción. La niña parece avergonzada de haberse comportado de esa manera, a pesar de que no haya hecho algo humillante, lo cual agradece infinitamente. Ahora ella está corriendo a James y Fred, quienes están asustados y divertidos; solo Scorpius, Albus y Teddy saben la razón por la cual los está persiguiendo. —Es agradable estar aquí —confiesa Draco sinceramente. Scorpius sonríe radiante—. Hicimos bien en aceptar la oferta. —Seguro —concuerda Astoria, acariciando los cabellos de su hijo—. Es lindo pasar el Año Nuevo así. —Me alegro que se estén llevando bien con los Weasley y los Potter, son personas fabulosas —asegura Scorpius. Sus padres le sonrieron—. Aunque creo que están un poco loco —agrega, señalando a Louis y Hugo, que están haciendo un supuesto baile irlandés. —¡Cáncer a los ojos! —grita Molly. —¿En dónde aprendieron a bailar así? —pregunta riendo Lucy. —¡Viendo Los Simpson! —contestaron los dos. Rose y Albus ríen mientras se acercan a su amigo. Queda solo media hora para que empiece el siguiente año y los Weasley, los Potter y los Malfoy están llenos de felicidad. Scorpius les sonríe y los tres entran a la Madriguera en busca de la sidra para niños y para adultos. Albus bromea diciendo que hay que alejar a Rose de la bebida, lo que hace que ella se sonroje y le de un golpe en la parte posterior de la cabeza. —Oh, falta tan poco para que sea 1 de enero —dice Albus contento. —2019 —murmura Scorpius—. Lindo número. —No alcanzo —masculla Rose, alargando la mano para obtener las copas—. Scorp, sujetame para que no me caiga de la silla. Ella acerca una silla y se sube, mientras Albus se disculpa para ir a buscar algo al salón. Scorpius, sonrojado y algo incómodo, rodea la cintura de su amiga para ponerla en equilibrio. Rose tiene gesto de concentrado con la lengua afuera, que hace que Scorpius tía levemente. Ella agarra las tres cajas de copas que su abuela compró hace semanas y con ayuda de Scorpius, se baja. Claro que éste olvida el detalle de soltarla. —Hay una docena en cada caja —murmura Rose ruborizada—. Serán suficientes para todos, ¿no? —Si, por supuesto. Escuchan un carraspeo y ambos se alejan como si quemaran. Albus los ve con una ceja alzada y con los brazos cruzados. Rose le da una caja a Scorpius y otra a su primo para salir como si nada hubiera pasado. Pese a la insistente mirara de Albus, Scorpius sigue a la niña mimada.