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Niña mimada — capítulo 52
Scorpius tiene que hacer esfuerzo para no ir a abrazar a Rose cuando ésta entra al Gran Comedor. James es el primero en acercarse a ella, seguida por Dominique y Molly. Albus le pregunta si va a ir con él, pero Scorpius niega con la cabeza, entendiendo que es momento que los primos de Rose la consuelen. Él podrá hacerlo más tarde. Pero aun así, no aparta la mirara de su pequeña figura. Scorpius ve atentamente como ellos se sientan en la mesa de Gryffindor y empiezan a hablar en voz baja, para que los curiosos que se acercaron a averiguar que ocurre, no los escuchen. Rose, pese a su sonrisa por ver a su familia, tiene los ojos hinchados y ojeras bajo sus párpados. Scorpius se siente terrible por no estar ahí cuando lo necesitaba. —¿Qué le habrá pasado? —pregunta Megan, sentándose a su lado. Scorpius mira como Marcie Fields le da golpesitos en la espalda a su amiga Rose y como se aleja para darle espacio con sus primos. —Problemas familiares —responde. No va a decir que la abuela de Rose murió sin su autorización. Una parte de él se pregunta cómo estará Hugo, le tomó mucho cariño al niño cuando estuvo en la Madriguera. —¿Crees que vaya a clases? Scorpius se encoge de hombros, aunque sabe la respuesta. Rose le dijo ayer a la noche por el espejo doble que llegaría a Hogwarts para la hora del desayuno, pero que no retomará las clases hasta el día siguiente. —¿Por qué no vas a saludarla? Ni siquiera dejas de mirarala —pregunta Megan, untando queso en su pan. —Que esté un momento con su familia, yo iré después. Megan lo mira sin entender, pero no dice nada más. Scorpius mira a Rose unos segundos más y luego baja su vista hacia la mesa para servirse su desayuno, rogando internamente que ella esté al menos un poco bien. Con una galleta en la boca, Scorpius agarra su mochila y saca un pergamino para ponerlo sobre la mesa. Lo dobla con cuidado y sigue disfrutando de su desayuno, levantando la mirara algunas veces para asegurarse que Rose no estuviera llorando. Cuando es momento de ir a Herbología, toma el pergamino y camina con rapidez hacia fuera del Gran Comedor, así poder ir a hablar con Rose antes de que ella vaya a su habitación. —¿Por qué no viniste? Estaba esperando que vinieras —se queja Rose. Scorpius no pierde tiempo y la abraza. —Lo siento, creí que necesitabas tiempo con tus primos. Ten —dice, pasándole el pergamino—. Hable con todos tus compañeros para saber que hicieron el viernes y ahí tienes los apuntes de las clases. —¡Gracias! —chilla feliz, volviendo a poner sus brazos alrededor de su cuello. Scorpius sonríe, enterrando su cabeza en el cuellos de Rose, aspirando disimuladamente su aroma. A flores frescas y pan fresco huele la niña mimada.