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Niña mimada — capítulo 55

—Esto es sorprendente viniendo de ti. Scorpius la ve con el ceño fruncido, algo ofendido. —¿Sabes? Se supone que cuando alguien hace algo lindo por ti, le agradeces, no lo ofendes. Rose le sonríe dulcemente y se inclina para darle un beso en la mejilla, algo que sinceramente él niño no esperaba, por lo tanto ahora está sonrojado. Ella guarda con sumo cuidado los apuntes que Scorpius consiguió y anotó en su mochila, para después pasar a sus pergaminos. Realmente está agradecida por lo que Scorpius hizo por ella. —Entonces, muchas gracias, Scorp. Eres un gran amigo —dice sinceramente. Él sonríe y ladea la cabeza, clavando sus ojos grises en el collar de mariposa que él le dio el curso pasado. Es increíble que aún lo tenga—. ¿Me perdí de algo hoy? —Uhhh... Albus le dijo, por algún motivo que el desconoce, que no le dijera nada a Rose sobre lo que pasó con Megan Solace cuando fuera a verla a la Torre de Astronomía. Scorpius está a punto de romper su promesa, pero decide negar con la cabeza y confiar en el poco juicio de Albus.  —¿Quieres hablar sobre cómo fueron tus días en casa? —pregunta Scorpius suavemente, cambiando de tema. Rose niega con la cabeza sin mirarlo—. ¿Necesitas un abrazo? Rose le sonríe y poco a poco va acercándose a él hasta recostarse en su cuerpo. Scorpius rodea su menuda cintura con sus brazos y apoya su mentón sobre la cabeza de ella. Ambos miran hacia más de la baranda, justo al cielo nocturno, sin una sola estrella. Rose chasquea la lengua. —Odio la oscuridad. Scorpius sonríe y la aprieta contra él. —Lo sé. Rose se cruza de brazos sobre los de él y empieza a explicar los motivos por el cual no le gusta, haciendo que Scorpius apriete los labios para no reír, a la vez que su dedo meñique acaricia la palma de su mano. —Es simplemente detestable. —Aja. La oscuridad es asquerosa. —¡Exacto! Scorpius ríe en el cuello de Rose, haciendo que ésta se sonroje y tosa nerviosamente. Y por supuesto, al ver como están, aumenta su sonrojo, no es la primera vez que se encuentra en una posición comprometida. Scorpius es ajeno a los pensamientos que pasan por la cabeza de Rose. —¿Sabes que estaré ahí contigo si lo necesitas, no? —le pregunta Scorpius suavemente. Rose gira la cabeza para mirarlo.  —Si, lo sé. Lo has demostrado. —Cuando necesites hablar, aquí me tienes. —Eres muy bueno, Scorpius. —Siempre lo seré contigo. Rose, más animada, vuelve a apoyar su espalda en el pecho de Scorpius, quien cabsllerosamente se saca su cazadora para ponerla sobre ella así no siente frío. Scorpius sonríe al ver que las mejillas escarlatas de la niña mimada.