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Niña mimada — capítulo 57

—No te metas donde no te llaman. —Es también mi asunto.  —¡Esto no te incumbe! —¡Me incumbe si mi supuesta mejor amiga me deja de hablar un día para otro! Rose se queda callada, sin tener algún argumento sólido con el cual replicar lo dicho por Scorpius, quien se encuentra frente ella con los brazos cruzados, impidiéndole que se aleje de los estantes con libros. Están en un área donde mayormente los alumnos no van a buscar libros y ambos saben que no van a hacer interrumpidos por nadie. Albus y Marcie los ven desde lejos, pero sin llegar a entender que están hablando, y los dos están preocupados por como termina la conversación. Ninguno de ellos quiere ver como sus mejores amigos dejan de hablarse para siempre. Rose se aparta un mechón rebelde de su frente y mira con el ceño fruncido a Scorpius, como si él tuviera toda la culpa de las desgracias humanas. El niño intenta parecer serio, pero una vez que ella empieza a patalear como una bebé, tiene dificultades para continuar en ese estado. —Escúchame, Rose. No pongas esa cara, Rosebud. Deja de mirarme así. Bien —Scorpius se pasa una mano por su cabello, con cansado. Rose únicamente mantiene los ojos en él y tiene los labios fruncidos—. Tú simplemente no puedes irte. No así. No de la nada. Yo estuve contigo en la Torre de Astronomía cuando te enteraste que tu abuela murió. Yo estuve contigo cuando tuviste un ataque y me quede a tu lado hasta que te tranquilizaste. Yo fui quien te llamo los tres días que estuviste fuera para asegurarme que estuvieras bien. Y como si fuera poco, estuve concentrado en todas las clases, aunque odio hacerlo, solo porque tú querías los apuntes. ¡Eres una egoísta, Rose! Rose abre la boca para decir algo, pero baja la cabeza al darse cuenta que Scorpius tiene toda la razón del mundo al pensar que ella es una egoísta. Tira con insistencia su pulsera, mientras mira atentamente el movimiento que hace su collar cuando su cuello se mueve. Siente la mirara penetrante de Scorpius en ella, lo que la hace sentirse más nerviosa y avergonzada. —Entonces, después de ser un buen modelo de mejor amigo, ¿tú decides que tienes que dejarme hablar? ¿Esa es tu manera de agradecerme? —pregunta Scorpius, dando golpesitos en la clavícula de ella. Rose traga saliva. —Tengo miedo —susurra tan bajo que él pone expresión de confusión. —¿Qué has dicho? —¡Que tengo miedo, idiota! Rose chilla de rabia y empieza a pegarle el pecho con sus pequeños puños. Scorpius, a la vez que intenta alejarla, le hace una seña a sus amigos para que no se acerquen. —¿Miedo de qué? —¡Miedo de seguir sintiendo lo que siento por ti, maldito hurón! Scorpius se queda quieto mientras Rose rompe a llorar sobre su pecho. Distraído, le caricia el cabello, dando vueltas a las palabras que le dijo la niña mimada.