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Hasta el mas fuerte, caeria rendido a tus pies. — capítulo 2

Hace dos años… Cursaba su penúltimo año en el colegio HMH, ella sabía que sería un año  lleno de sorpresas y emociones, aunque el miedo crecía más y más conforme el Señor Tenebroso tomaba  ventaja y avanzaban hacia el poder. Se veía realmente hermosa, al fin había podido aplacar su cabellera  rebelde, como toda una leona, en su lugar daba paso a unos rizos totalmente definidos, abundantes, y sumamente cuidados, vaya que le costó trabajo llegar a eso, sus pestañas siempre habían sido largas y rizadas, ahora aplicaba un poco de maquillaje y sus ojos resultaban aún más de lo que ya hacían, color miel, una mirada profunda y soñadora, nariz respingada y llena de pequeñas pecas, sus labios, tan finos, cualquiera hubiese podido sucumbir a ellos, aplicaba gloss transparente sólo para definirlos un poco más, el cuerpo de niña había quedado atrás, ahora daba paso a una figura perfectamente torneada, un busto firme, ligeramente grande, una cintura perfectamente delineada, unas caderas lo suficientemente anchas de acuerdo a sus porciones y físico, mientras que su trasero estaba perfectamente tonificado, sus piernas, si que había crecido, realmente torneadas, como siempre, llevaba su uniforme perfectamente colocado, sin ninguna arruga o pelusa a la vista, había recortado ligeramente su falta, al menos 2 centímetros arriba de la rodilla, su camisa, del primer al último botón bien cerrado, su corbata, un nudo perfecto podía visualizarse, pese a que el uniforme cubría gran parte de su cuerpo, podían notarse ligeramente que aquella niña que años atrás entraba emocionada y nerviosa por las puertas del gran comedor había quedado en el pasado, se  visualizaba ahora a una mujer  hermosa, de pies a cabeza. Contemplaba con detenimiento el Castillo, pese a tener un hogar en donde siempre fue amada, podía sentir ese mismo calor de hogar en el Castillo, era su segunda casa, había aprendido tanto ahí, como ser una de las mejores estudiantes, había encontrado a su segunda familia, gente con quien contar, ayudar y apoyar sin importarle nada más. Estaba tan concentraba en sus pensamientos y memorias que realmente se asusto cuando un pelinegro  ojiverde, realmente atractivo llegaba de sorpresa a abrazarla. -Mione, llegaste!, te he extrañado tanto!- decía Harry realmente emocionado, mientras depositaba un dulce beso en la frente de Hermione.Era su mejor amiga, mejor dicho esa hermana que jamás pudo llegar a tener, la quería tanto, admiraba mucho, y deseaba que la vida, permitiera tenerla en el futuro, como hasta ahora, era muy especial para él, esa familia hecha que le cuido y ayudó cuando el creía que estaba sólo y a la deriva sin dirección alguna. -Harry!, también te extrañe tanto, por qué no respondiste mis cartas?- decía ella dándole un golpe al moreno. -perdona Mione, sabes que no se me da eso de las cartas- le decía mientras dejaba de abrazarla. -tendrá que compensarlo Potter- lo miraba desafiante y queriendo reír.-por supuesto que si, unas cervezas de mantequilla te alegraría?  - si preguntan, puse algo de residencia- reía mientras le guiñaba un ojo a su amigo--la más difícil de todas al tratar de convencerla- reía Harry mientras le daba un ligero golpe en la barbilla a su amiga. Caminaron juntos hasta la entrada del gran comedor, llegaban justo a tiempo para la cena, el director Dumbledore  empezaría a dedicar palabras de bienvenida que año con año le daba a todos los alumnos. Una vez acabado su discurso, se abrieron las puertas del gran comedor para dar paso a los alumnos nuevos que serían seleccionados en sus respectivas casas gracias al sombrero seleccionador y a la profesora McGonagall, todos estaban atentos a las decisiones que llevaba a cabo el sombrero, Hermione aprovechaba para saludar a Ginny y Neville, mientras Ron a lo lejos le dedicaba una pícara sonrisa a la castaña, ella no supo como interpretar eso.Una vez seleccionados los nuevos alumnos en sus respectivas casas, las grandes mesas del comedor se llenaron por completo de comida, todos comenzaban a degustar los manjares que segundos atrás aparecieron en ellas, todo era risas y juegos, Ron contaba  una gran anécdota graciosa al resto de los Gryffindor y amigos cerca de ellos, todos reventaban a carcajadas, en ese justo momento Hermione daba un gran sorbo a su jugo de calabaza, y con la anécdota no pudo evitar que un poco saliera de su boca evitando derramar todo, justo cuando tomaba una servilleta para limpiarse lo que poco antes derramaba en su barbilla gracias a su intento de carcajada, volteó ligeramente a los lados para cerciorase que nadie más la hubiese visto, cuando se encontró con unos grandes ojos obscuros como la noche, la miraban fijamente, y ella no pudo evitar sentirse cohibida. Severus Snape se había dedicado desde hace tiempo a sólo hacerle la vida a cuadros, cada que podía intentaba sacarla de sus casillas, siempre intentaba que la castaña se sintiera menos en sus clases pese a que era una de las alumnas más brillantes que había pisado el Colegio, no le daba si quiera la oportunidad de resaltar y eso a Hermione la frustraba mucho. Snape no le quitaba la mirada de encima, y la castaña empezaba a incomodarse, más no permitiría que algo sumamente normal y que pudo haberle pasa a cualquiera fuera motivo para que su profesor la molestara luego, cuando Snape se dio cuenta de eso inmediatamente la miro de arriba abajo y continuó degustando su cena. La castaña tenía las mejillas bastante ruborizadas y su corazón sumamente acelerado, logró controlarse ya que ahora Harry contaba otra historia y todos estallaban a carcajadas. Terminaron su cena y se dirigían a su habitación, estaban a punto de llegar a la sala común pero a Hermione se le había olvidado en el gran comedor un anillo que esa misma mañana antes de partir, sus padres le habían dado como regalo por continuar con sus estudios y ser la más brillante bruja de su edad. -Como pude ser tan tonta?!, Mis padres se esforzaron mucho para lograr encontrar ese anillo para mi!, brillante Hermione, eres brillante!- se decía a si misma en voz alta mientras corría hacia el gran comedor. Iba doblando en una esquina cuando chocó con alguien y después sólo es escuchaban como varios contenedores de cristal caían al suelo y se hacían pedazos, acompañados de un quejido. -Granger, no puede fijarse por donde camina?!, o es que además de odiosa también es ciega!- decía realmente molesto su profesor de pociones mientras se ponía de pie y trataba de ayudarle a  ella, la cual había caído de sentón tras el impacto. -Perdóneme profesor, no me di cuenta y no era mi intención hacerlo…-decía muy preocupada Hermione mientras se percataba que Severus sangraba de la palma izquierda por lo que minutos antes había ocurrido y  por su vago intento de querer sostener sus cosas. Se dirigía a las mazmorras para poder acomodarlas en su estante. -Que sea torpe no es de mi incumbencia, sólo no se meta en mi camino!- la miraba muy retante y se acomodaba hacia atrás su cabello con la mano que no sangraba. -Le aseguro profesor que yo sería la última en querer meterme en el camino de alguien como usted!- se le miraba realmente molesta, sabía que con ese hombre no podría llegar a lidiar. -Bueno, no podría esperar más de alguien que minutos antes me demostró que ni siquiera puede comer bien- Hermione sólo sintió como sus mejillas se ponían completamente rojas de la vergüenza y el coraje. -A todo esto Granger que hace fuera de los dormitorios tan tarde?, 50 puntos menos para Gryffindor- -yo…olvidé un anillo que mis padres me dieron esta mañana- decía más calmada ya que sabía que retarlo implicaría menos puntos para su casa y eso que aún no comenzaban las clases. -Valla, además de odiosa, ciega, insufrible, también despistada- decía Snape en tono de burla. Hermione sólo se quedó callada, siempre la había insultado y la sacaba de sus casillas, esta vez era diferente, por qué le dolía aun más de lo normal que él le dijera todo eso?.Ella sólo se limitó a observar la mano de su profesor que aún sangraba.-podría…revisarle?- decía ella mientras intentaba tomar la mano de Severus. -usted?, no vio que con sus  torpezas ya hizo más que suficiente!?- decía el mientras que con un movimiento de varita hacia que los cristales rotos que momentos antes yacían en el suelo, volvieran en perfecto estado a ser los recipientes que llevaba a las mazmorras. -no entiendo por que siempre tiene que ser malo conmigo profesor--Granger, entienda que en este mundo los buenos no son nadie- -y eso es motivo suficiente para que usted siempre busque la forma de quererme hacer sentir mal?!, eso le da motivos para que siempre me ridiculice?!, y me trate como si no valiera nada?- decía Hermione con un tono de voz alto y realmente molesta, mientras que sus ojos amenazaban con soltar algunas lágrimas. Más no le daría en gusto a su profesor, así que sólo se hizo la fuerte. -Sólo intento ayudar profesor, y enmendar aunque sea un poco el error que cometí, puedo?- intentaba tomar su mano nuevamente. A Snape en lo absoluto le dio miedo el estado en el que se había puesto la castaña, sólo pudo pensar que algo bueno podría hacer después del incidente en el que se encontraba. -prosiga…Granger- dijo con su tono de voz frívolo mientras dejaba que la castaña lo revisará. Ella con su varita, emanaba un poco de luz en la punta, y la colocaba delicadamente en la palma de su profesor, mientras hacia un hechizo mental para detener la pequeña hemorragia que causaba el sangrado. Sacó uno de sus pañuelos, y lo enredo alrededor de la palma de Severus. Ante aquel acto, Severus no pudo evitar sentir un ligero cosquilleo en su mano, además de el dolor que momentos antes tenía, el hecho de que la castaña quisiera ayudarlo aun cuando el se había comportado como un verdadero cretino, le sorprendió, cualquiera en su lugar hubiese corrido o llorado cuando el comenzará a insultar. Pero ahí estaba, aquella niña a la que siempre molestaba, y trataba enfrente de todos como menos, ayudándole y haciéndolo con mucho cuidado, la veía  fijamente mientras ella continuaba con su labor, veía su cara de concentración, se daba cuenta que fruncía el ceño, de esos grandes pero hermosos ojos que tenía, esas pequeñas motas en su nariz, sentía la calidez de sus manos. -Qué es lo que me pasa?, por qué de pronto no se me hace tan insufrible esta niña?- se decía a si mismo mientras ella terminaba de colocar su pañuelo y lo miraba fugazmente. -listo, profesor- Pasaron sólo algunos segundos para que Snape quedará absorto de sus pensamientos. -supongo que ahora quiere que le agradezca?, o que es lo que está esperando para irse?- decía con su cara de pocos amigos mientras le dedicaba una mirada intimidante de arriba abajo. Hermione sólo se dio la vuelta para regresar a su dormitorio. -supongo que no, buenas noches profesor- Había avanzado al menos unos 2 metros cuando… -Granger!... es muy tarde para que ande sola por el Castillo, sólo la acompañare hasta la puerta de su sala a común- decía Snape mientras alcanzaba a una muy sorprendida y confundida castaña. -No es necesario profesor, supongo que tiene cosas que hacer y yo ya hice mucho para atrasarlo- -Insisto, soy su maestro y tengo que ver que cumpla con las reglas del Colegio.- pensó que esa sería una gran excusa para contemplarla sólo un poco más en lo que llegaban a su dormitorio. -de acuerdo- Hermione comenzaba a caminar mientras que Snape se ponía a su lado y seguía su paso.Caminaron sin dedicarse ni una sola palabra, hasta que llegaron a la puerta de la sala común de Gryffindor. -Buenas noches profesor, y gracias por acompañarme de vuelta- -supongo que así estaremos a mano…Granger- -mañana buscaré mi anillo,  espero tener algo de suerte- decía algo triste Hermione.-No sea tan despistada a la próxima- decía Snape mientras se daba la vuelta para dirigirse a las mazmorras. Hermione seguía un tanto confundida y entraba a la sala común, se dirigió a los dormitorios y se sorprendió al ver a  todas las chicas en pijama y al parecer en una fiesta. -Herms, tardaste mucho! Ven, Únete!- le decía  Ginny mientras Hermione con un movimiento de varita se ponía su pijama. ________________________________________ En las mazmorras.Snape depositaba sus cosas en los estantes, una vez acomodadas, prosiguió a retirarse su  capa negra, y también su levita además de quitarse sus zapatos y calcetas. i Se encontraba sólo en pantalón negro, y la camisa blanca que tenía, le había desabotonado los 3 primeros botones, dejaba ver unos pectorales firmes y fuertes, cualquier alumna en su vida hubiese creído que Severus Snape tendría ese cuerpo, morirían al ver los dotes de su maestro. Comenzó a servirse un poco de whisky de fuego y se sentó en  uno de sus sillones individuales para poder beber el contenido de su vaso, deseaba acomodar sus ideas, vaya que la castaña había logrado confundirlo mucho mas esa noche y necesitaba sacarla de su cabeza a como diera lugar. Seguía bebiendo un vaso tras otro, y no lo conseguía, sólo miraba el pañuelo que llevaba alrededor de su mano, tenía bordado en una esquina con letra cursiva y pequeña, en dorado, las iniciales de Hermione Granger, lo contemplaba como si fuera lo último que llegaría a ver en la vida, no pudo evitar olerlo. -Vainilla, igual que ella- se decía a si mismo en voz alta. Vaya que le había desordenado la cabeza por completo y no permitiría que lo hiciera más. -no dejaré que lo hagas, estoy cansado de que siempre es lo mismo- se repetía mientras tomaba mas whisky . -No puedo pensar así de ti, se que será lo mismo, se como acabara la historia, se repite, sólo cambiaron los personajes y no seré parte de esto. Alguien como yo,  no merece pero ni un poco de lo que los vida le da. Y tampoco te arrastraré a este desorden mío llamado vida, eres mi alumna, podría ser tu padre incluso, tengo que sacarte a como de lugar de mi cabeza, me prometí hace meses que no volvería a pensar en ti de esa forma--Qué me hiciste Hermione?- decía en voz alta mientras se entregaba a los brazos de Morfeo tratando de ordenar sus ideas.  Por otro lado con las chicas, la pijama había terminado. Una muy confundida Hermione yacía en su cama, tapada viendo hacia el techo, no dejaba de pensar en su profesor y se recriminaba una y mil veces el hacerlo. Qué tenía el? Por qué no dejaba de pensarle?Siempre la había tratado mal y ahora no podía dejar de pensar en él, le preocupaba su estado, gracias a ella se había lastimado, y aunque lo ayudo, quería saber como estaba. -Quizá sea sentimiento de culpa y nada más- trataba de convérsese a si misma. Por que de pronto su profesor se le hacía realmente interesante? ,,por qué deseaba mirar sus ojos nuevamente? Por qué sus facciones se le hacían de pronto atractivas?. Sólo deseaba que fuera mañana para poder verle aunque fuese dos horas en su clase. -Lo mejor será que duerma, no puedo pensar así de mi maestro y mas si toda la vida me ha hecho sufrir- se acomodaba en su cama mientras su último pensamiento fue él antes que de que se quedara profundamente dormida.