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Ups Me enamore — capítulo 2

Capitulo 1: Siempre POV Hermione Granger Lo detestaba profundamente, o por lo menos lo suficiente como para no desear verlo. Pero eso fueron los primeros años, cuando no hacía nada más que llamarme sangre sucia cada dos segundos o de insultar a Ron y a Harry. ¡Y lo peor de todo es que se aparecía en todos lados! Parecía ser que anotaba todos los lugares donde mis amigos y yo estaríamos y allí aparecía, con el único fin de terminar con nuestra felicidad. ¡Era un niño odioso y mimado, de eso no había duda! Al inicio no lo pasaba, incluso hubo ocasiones en que lo veía a lo lejos en compañía de sus insoportables amigos y decidía tomar una ruta mas larga simplemente para no toparme con ellos. Principalmente, porque sus comentarios eran tan hirientes que solían hacerme daño. Pero eso fueron los primeros dos años, luego, me acostumbre a sus insultos, a sus burlas e incluso a sus comentarios faltos de un lado positivo. En esos años, se nos aparecía hasta en los alimentos, no había un solo lugar en Hogwarts donde no se apareciese aquel rubio de plateados ojos a molestarnos…a hacerme enfadar. Pero me acostumbre a ello, aun cuando me hacia enojar, veía en el fondo de sus ojos una clara intención, no de hacerme daño, sino de simplemente molestarme para hacerme enfadar. Eso ocurre cuando tienes un cerebro tan privilegiado como el mío, cosas como aquella no se me pasaban por alto; en los primeros años, veía en aquellos ojos la intención de herirme, pero al paso del tiempo no era odio lo que reflejaba su mirada. Aun así, no soportaba encontrármelo, porque me hacía enojar, además, perdia tiempo discutiendo con él y sus amigos. Precioso tiempo que podía invertir en muchas cosas, como leer un buen libro, o memorizar un nuevo hechizo. Al final, mi intención al venir a Hogwarts era ser la mejor…al inició pensaba que debía dedicarme solo a estudiar e ignorar a todos pero termine entendiendo que este colegio seria mi hogar…y los Griffindors mi nueva familia. ¡Ahí entraban Ron y Harry! Ellos eran mi familia, me conocían incluso más de lo que yo misma me conocía. Fueron ellos los primeros que se percataron de mis sentimientos por el rubio de plateados ojos, aun antes que yo lo supiese. Más específicamente, fue Ronald quien se percato, al inicio no decía nada, y se lo agradecía en el corazón. Todo empezó cuando fui consciente del latido de mi corazón cada vez que le veía pasar junto a mí y decir uno de sus típicos comentarios, mayormente, llamarme Muggle ordinaria o come libros. Luego fueron las mariposas en el estomago cuando mis ojos, sin que me percatase, terminaban encontrándose con los del rubio, el no se percataba, y si lo hacia lo disimulaba muy bien, porque seguía mirándome y luego cambiaba la vista tranquilamente, como si nunca me hubiese estado observando. Ignoraba cada una de las sensaciones que afloraban en mi cuerpo, pensando que probablemente serian las hormonas, seguramente sentimientos pasajeros que al final no debía de tomar en cuenta. ¡Todo empeoró cuando cada día me lo comencé a encontrar en la biblioteca! Se sentaba a tres mesas de distancia, cerca del escritorio de la señora Irma Pince, quien mas de una vez le mando a dejar de hacer ruido, ya que el rubio parecía tener un "tip" nervioso que le llevaba, inconscientemente, a golpear con los dedos la madera de la mesa. Todas las tardes, cuando yo llegaba a la biblioteca él ya estaba sentado en la mesa rodeado de uno o dos libros; enjutos y arcaicos libros. Solía yo pasar junto a su mesa camino a la mía, cuando lo hacía, miraba sus apuntes y arrugaba el gesto al ver que apenas tenía una que otra palabra mal escrita en sus páginas, con una ortografía digna de un niño aprendiz. ¡Y lo peor fue cuando, pasando a su lado, le vi anotar algo en el borde de las páginas de uno de los libros! Desee detenerme y sujetar su mano para impedir el tan grande daño que estaba causándole a aquella pulcra y perfecta hoja. Creo que él jamás se percato de que tarde un segundos más de lo normal en pasar junto a su mesa. ¡A causa de la pequeña crisis que había sufrido ante lo visto! Intentaba ignorar su presencia, pero a veces resultaba imposible. Aún más en esos días cuando el rubio decidía ir a buscar libros a los mismos estantes que yo. Mientras buscaba, le veía por el rabillo del ojo mirando los libros completamente ajeno a mi presencia, cosa anormal, ya que en los pasillos solía hacerme enojar aun viéndome a diez metros de distancia. Normalmente no tardaba tanto en elegir los libros que leería pero, cuando nos encontrábamos en los estantes, solía perder parte de mi tiempo observándolo para luego tomar el primer libro que me pasase por la mente. ¡Leer era otro problema! Tardaba en concentrarme, y cuando conseguía concentrarme la mirada se me fugaba hacia la mesa del rubio. ¡Y él estaba tan tranquilo! Me enojaba saber que él se concentraba en su lectura mientras yo estaba aquí peleando con mi mente y ejerciendo autocontrol sobre mis ojos para no quedármele viendo. A pesar de esto, disfrutaba sabiéndolo allí, al inicio me enojaba pero luego me acostumbre a desviar mi mirada de la lectura y estudiar al rubio un rato, al final, aprendía cosas sobre él todos los días. ¡Recuerdo aquel día en que fui consciente de cuan mal acostumbrada estaba! Fue a principios de diciembre, llegue animadamente a la biblioteca, incluso me había mirado más de una vez al espejo para ir bastante presentable a leer, pero cuando atravesé el pasillo que llevaba a mi mesa fui consciente de la ausencia del rubio. Me detuve en su mesa vacía, recorriendo con mi vista la madera vieja, y luego me gire hacia la señora Pince. Pensé en preguntar si el rubio había venido, pero no quería levantar sospechas, además, probablemente la señora Pince no era consciente de que el rubio se sentaba en esa mesa todos los días. ¡Solo yo era consciente de eso! Leí menos del tiempo acostumbrado ese día, cada vez que levantaba la mirada de las paginas miraba a su mesa esperando que apareciese. ¡Quizás se le había echo tarde! Jamás apareció, ese día, me fui preocupada hacia la torre. Los siguientes cuatro días fueron exactamente igual, y no le había visto ni en los salones ni en el gran salón. Pasada una semana me lo encontré en los pasillos, como siempre lanzo una de sus burlas y se fue riendo con Parkinson. ¡Fue la primera vez que disfrute de sus tontas bromas! Ese mismo día, cuando llegue a la biblioteca… él estaba allí…fiel como siempre. Dos libros escuálidos sobre la mesa, una libreta con apuntes mediocres y los dedos golpeando con insistencia la madera, al son de un ritmo interno. A pesar de ser consciente de cuanta importancia le daba al rubio, jamás acepte que tuviese sentimientos por él. Probablemente, porque era Draco Malfoy, el príncipe Slytherin, el único chico en mi lista de "Chicos prohibidos". Además, era el primero en la lista de personas en contra del P.E.D.D.O, mi organización para defender los derechos de los obreros. ¡Era el sangre pura más terco y obstinado que haya nacido! Jamás, admitiría mis sentimientos, además…no era consciente de ellos. Pero, a Ronald no le importaba en cuantas listas negras yo hubiese ensamblado a Malfoy, el solo era consciente de cómo me brillaban los ojos cada vez que veía al rubio. ¡Y fue consciente de esto, aun antes de que yo lo fuese! Fue una tarde en la torre cuando me lo dejo saber, por supuesto, de la peor manera y en el peor momento. ¡Fue un choque entre mi yo interior y mi yo racional! -¿Por qué no puede gustarme, Greengrass?- nos cuestiono Ron a Harry y a mí, era ese el tiempo en que el pelirrojo había tenido un flechazo con la rubia Slytherin, ya saben, cuando las hormonas se revolucionan y de la noche a la mañana despiertas enamorado de una persona que antes ni siquiera sabias de su existencia. -¡Además de que es una Slytherin, es una presumida, insoportable, y decías que apestaba!- le dijo Harry mirándolo con cara de "No es obvio". -Pero a Hermione le gusta Malfoy, y no le dices nada.- se quejo el pelirrojo, abrí lo ojos enormemente ante su declaración. -Pero a Hermione le gusta desde siempre.- le dijo Harry como si fuese lo más normal del mundo. -¡Oigan! ¡Estoy aquí! ¡Y no me gusta Malfoy!- dije enojada, cruzándome de brazos en el sillón. -Vamos, Mione, lo miras como Ronald mira la tarta de calabaza.- comenzó a decir Harry, abrí la boca dispuesta debatir ese punto. -Es cierto…- susurro Ron con una sonrisa, probablemente pensando en la tarta de calabaza. -¡Que no es cierto!- sentencie aun más enojada que en un inicio. -Tranquila, Mione, nosotros no te entendemos, pero te apoyamos.- me dijo Harry pasando un brazo sobre mis hombros. -Pero…- comencé a decir. -Exacto, por eso deben apoyarme también a mi.- comenzó a decir Ron. -¡No te apoyamos, Ron!- sentenciamos Harry y yo con respecto a Greengrass. Desde ese día, fui aún más consciente del palpitar en mi pecho cuando veía a Malfoy y de las extrañas mariposas volando en mi estomago. Comprobé que, si, era cierto, me gustaba Malfoy. Mis amigos no volvieron a sacar el tema a colación, pero a veces, entre bromas, solían lanzarme indirectas que conseguían enrojecerme, además de enfadarme claro esta; porque me molestaba saber que me gustaba un imposible. Todo fue aun peor cuando nos enterramos que Malfoy era novio de Parkinson, aquella noticia me supo a hiel, pero no podía hacer nada al respecto, y aunque pudiese hacerlo…Malfoy no estaba para nada interesado en mi. Aquel día cuando me dispuse a tomar el camino hacia el andén 9¾ solo tenía la intención de centrarme en mis estudios. Tenía planeado ser la mejor puntuación en los EXTASIS así que había decidido que ese año abandonaría mi mesa y me iría lejos de la presencia de Draco Malfoy. ¡No pensaba distraerme ni un solo minuto contemplandolo! Ahora mas, sabiendo que era incorrecto estar pendiente a un chico con novia, y aun peor, estar imaginando que podría existir algo entre ambos. Estaba completamente decida a dejarlo a un lado y seguir mi vida, pero no contaba con que ese año se vería aun más guapo el condenado. Cuando choque con él en el pasillo del tren, no me enojo tanto que lanzara todos mis preciosos libros al suelo, me enojo saber que alteraba cada una de mis neuronas con solo estar presente. Me enojo saber que me gustaba aun mas que el año pasado, y me enoje aun mas cuando nació un nuevo deseo en mi pecho. Por primera vez en mi vida me había pasado por la cabeza un cuestionamiento que me parecía un grave problema "¿Realmente, serian suaves sus labios? Por que a simple vista si lo parecían". Tal fue la frustración del momento que mientras recogía los libros, probablemente mi cólera se reflejo en mi semblante. -Te vi con Malfoy, castaña.- me dijo Ronald con una sonrisita burlona cuando entre a nuestro vagón, Harry estaba mirando por la ventana mientras mi amigo pelirrojo estaba comiendo algunas ranas de chocolate. -¿Me estas vigilando, Ron?- cuestioné colocando mi maleta en el lugar provisto. -Te escuche gritar un "Oye", así que me asome, y bueno, los vi.- me dijo dándole un mordisco a su chocolate. -Pensaba que habías dicho que lo habías superado.- me dijo Harry sacando su vista de la ventana y mirándome. -¡No quiero hablar de eso!- exclame dejándome caer junto a Harry, descansando mi cabeza sobre su hombro.

  • Animo, Mione, yo supere a Greengrass; lograras superarlo.- me alentó Ronald con la boca medio llena. -¡Nunca te gusto, Greengrass, Ron! ¡Y ahora tienes a Lavender!- le dije mirándolo algo exasperada. -Hablando de Lavender, chicos, creo que…esa relación no corre.- nos dijo Ron con aquel semblante que solía surcar su rostro cuando no entendía algo o estaba asustado.
  • Ahora a ver qué haces, te advertimos que no te convenía.- le dijo Harry, yo asentí completamente de acuerdo con mi amigo pelinegro. -No me ayudan.- susurró Ron -Tienes que aprender a enfrentar tus malas decisiones, Ron. Lavender está muy enamorada.- le dije seriamente, él no podía ir por Hogwarts rompiendo corazones, que ahora fuese uno de los chicos mas cotizados no le daba el derecho de no tomar enserio a las pobres muchachas. -Lo sé, no quiero lastimarla, pero…es que no se van a creer lo que me ocurre.- nos dijo cubriéndose el rostro. -¿Ahora quién es?- cuestionó Harry incrédulo. -Mejor no les digo.- dijo Ronald cubriéndose el rostro nuevamente. -Acaba y habla Ron.- le advertí -Hannah Abbott.- susurró Ronald -¿Hannah Abbott, Ron? Vamos no juegues.- le dije incrédula. -Hablo enserio.- dijo Ron. -¿Perdiste el juicio?- le pregunto Harry -¡Estoy seguro de que es amor!- exclamó el pelirrojo. -Dijo lo mismo sobre Greengrass.- le susurre a Harry, quien lanzo un suspiro mientras se llevaba las manos al rostro. Unos golpes en la puerta, seguido del rostro de Snape consiguió que dejásemos de hablar. El profesor se veía, como todos los años, con mal semblante, probablemente acababa de molestar a dos niños de primer año o de espantar a alguna pareja. Nos miro desde su posición en silencio, con una ceja alzada y su túnica negra tan reluciente como todos los días. ¡Debería cambiar el atuendo, suele ser incomodo ver a una persona con la misma ropa todos los días! -Señorita Granger y joven Weasley; como prefectos se les ha encomendado ir por los vagones avisando que estamos por llegar.- nos dijo Snape antes de cerrar la puerta. Y como mismo había llegado se había ido, nos miramos en silencio y luego salimos a cumplir la encomienda. Todo fue perfecto, como siempre, Ronald abría las puertas y yo daba el anuncio, hubiese sido una misión impecable si no hubiésemos tenido aquel accidente con la pareja Slytherin. ¡Había sudado la gota gorda de pie en aquella puerta! Incluso las orejas se me pintaron de rojo ante la vista del rubio, que en ningún momento cubrió su torso, y claro, yo estaba ejerciendo todo mi autocontrol para no observarle. ¡Envidiaba, hasta cierto punto, a Parkinson, ella probablemente era feliz con Malfoy! -Esta rica, esta tarta.- le escuche decir a Ron cuando sirvieron la cena, yo todavía me encontraba emocionada por el monólogo de Dumbledore. ¡Fue algo sublime! Por supuesto, a Ron únicamente le importaba la comida, aparte de esto, le daba igual si pasaba sus exámenes o si reprobaba alguna materia. Y Harry…bueno…Harry…. -¿Harry?- llame a mi amigo viendo que se encontraba distraído, no me hizo el mas mínimo caso, seguía con la vista perdida. -Olvídalo, está mirando a Cho Chang.- me dijo Ron dándole un sorbo a su zumo. -Prefiero verte a ti con Hannah antes que a este con Cho.- le dije a Ron rodando los ojos. -Yo te preferiría con Krum antes que con mr. Hurón, pero no puedo evitar que babees por el rubio desteñido.- me dijo Ron, intercalando las palabras con una cucharada de comida. -Shh, baja la voz, te pueden oír.- le dije mirando hacia los lados, todos parecían pendientes a sus propias conversaciones. -Lo siento.- me dijo Ron sirviéndose más zumo, sabía que no lo sentía en lo mas mínimo. Ronald siguió comiendo apresuradamente, a veces me pregunto cómo le hace para almacenar tanto alimento y no engordar, pero intento no pasar mucho tiempo formulando ideas sobre ese tema. Decidí comer en silencio lo que restaba de noche antes de irnos a la torre. Cuando llegamos allí, Lavender se arrojo sobre Ronald y lo lleno de besos aun cuando el pelirrojo había intentado evitar estos lo más posible; Harry y yo no hicimos nada para ayudarlo, quizás eso le daba un escarmiento. Me fui a dormir temprano, mañana iniciaban las clases y deseaba iniciar con el pie derecho, además…comenzaba mi rutina de lectura, y …con eso mi eterna lucha interna entre, moverme de mesa para estudiar más, o quedarme allí para contemplar, en lo secreto, al rubio de plateados ojos. Desperté temprano a la siguiente mañana, fui la segunda en llegar a la sala común ya que cuando baje, Harry ya estaba allí. Lo vi perturbado, aún más de lo habitual pero decidí no comentar nada, después de todo mi amigo no la pasaba muy bien últimamente, ni en sus sueños ni en su vida cotidiana, y desde que le gusta Chang esta mas decaído que nunca. Ron y yo pensamos en decirle que la asiática no le convenía, pero tras ver su obstinación respecto a sus sentimientos decidimos desistir y dejar que el mismo se percatase de que no había un futuro entre ambos. A veces me pregunto porque mis amigos no hicieron eso conmigo, intentar convencerme de que mis sentimientos hacia Malfoy no tenían sentido alguno. -Buen día.- salude a Harry sentándome junto a él frente a la chimenea. -Buen día, Mione.- me contesto. -¿Y ese semblante? ¿Ocurre algo?- cuestione viendo que ni siquiera me había mirado. -No lo sé, todo esto de las amenazas sobre el regreso de Voldemort y la poca información que la Orden de Fénix nos permite obtener me preocupa.- me dijo Harry sin mirarme a los ojos. -¿Hay algo mas, Harry? Eso ya lo sabíamos.- le dije intrigada. -Una cosa, no te la había comentado, bueno…es que vi a Malfoy en el callejón Diagon mientras compraba mis artefactos mágicos y…lo note extraño, me preocupa que sea un mortifago.- me comentó Harry, deje salir un largo suspiro. -Probablemente si no es, lo será pronto.- comenté con cierta desilusión. -Lo tengo vigilado con el mapa del merodeador, intentare estar al pendiente de sus pasos.- me dijo Harry, levanto la mirada para verme a los ojos. -Esa es una buena idea.- le dije antes de ponerme en pie. -¿A dónde vas?- me preguntó mi amigo -A desayunar, ahí viene Ron.- le dije escuchando como el pelirrojo bajaba las escaleras haciendo más ruido del necesario. -¡Buenos días!- nos saludo el pelirrojo al vernos. -Buenos días.- contestamos. -¿Y esas caras? ¿Ocurre algo malo?- cuestiono Ronald llegando hasta donde nosotros, acomodándose la camisa. -Harry dice que vio a Draco en el callejón Diagon y le pareció sospechoso.- le explique. -¿Que quieres decir con sospechoso? ¿Te refieres a sospechoso de enemigo? ¿O sospechoso de solo sospechoso?- cuestiono Ron confundido. -Sospechoso de posible mortifago.- le dije rodando los ojos. -Uy, ese sospechoso es aun peor.- exclamo el pelirrojo. -Sí, pero no es tan grave, es solo una corazonada.- nos tranquilizo Harry poniéndose en pie. -Entre tanto que es una corazonada todo está bien.- sentencio Ron lanzando un suspiro de alivio. -Tomas todo a la ligera.- susurre algo irritada. -Para que desesperarme por algo que no puedo controlar.- me dijo Ronald encogiéndose de hombros. -¡Olvídenlo chicos! Vamos a desayunar.- interrumpió Harry antes que Ron y yo fuésemos a iniciar una de nuestras comunes discusiones. Salimos de la torre hablando sobre la Orden y sobre los comentarios que habíamos escuchado acerca de Lord Voldemort. Estaba claro que la peor guerra que el mundo mágico hubiese presenciado estaba a punto de desarrollarse y no podríamos hacer nada para impedirla. Harry sabia eso y era uno de los motivos por los cuales solía estar desanimado, pero intentaba disimularlo y entre Ron y yo intentábamos animarlo. Logramos bajar las escaleras en completa armonía pero entonces nos salió al encuentro Malfoy con sus compinches como solíamos decirles. ¡No era un buen día para discutir con ellos pero parecía ser que venían con la plena intención de no dejarnos pasar sin decir algún comentario! -Miren quienes están aquí…- comentó Malfoy con los brazos cruzados mientras nos miraba, un poco más atrás estaban Crabbe, Goyle y Parkinson. -No sabía que nos extrañabas, Malfoy.- se burlo Ron, desde que sabe que tengo sentimientos encontrados por el rubio, no toma ninguna de sus burlas en serio. -Claramente a ti no extrañaba, comadreja.- le dijo Malfoy con una sonrisa de burlesca. -Sera entonces que me extrañabas a mi.- le dijo Harry siguiéndole la corriente a Ron. -No eres tan importante, Potty Potter.- le dijo Pansy -¡Oh vaya, entonces debo intuir que es a mí a quien extrañabas, Malfoy!- exclame haciéndome la sorprendida, el rubio detuvo sus ojos en mi, le sostuve la mirada durante varios segundos, eran los ojos más hermosos que había visto; pasados unos segundos el dejo escapar una risa. -A ti si te extrañe come libros, tu elocuencia siempre me alegra el día.- me dijo sin esconder la sonrisa que le pasaba los labios.
  • Acabamos de ver a Lav Lav buscándote, comadreja.- le dijo Pansy a Ron burlonamente. -Muy graciosa cara de…- comenzó a decir Ronald. -No termines esa oración, Weasley.- le interrumpió Draco, sabiendo de antemano lo que diría y viendo como el semblante le había cambiado a Parkinson. Ron solía ser algo ofensivo cuando de molestar a Parkinson se trataba. -¿O qué?- cuestiono Ron con una sonrisa burlona. -No te hagas el valiente, Weasley. Dedícate a posar y sonreír.- le dijo Draco, haciendo referencia a Ron como modelo de las revistas, donde últimamente solía salir a causa de su repentina fama. -Muy gracioso, Malfoy.- comento Ron sonriendo con desgana. -Si no les molesta, vamos a desayunar.- sentencio Harry señalando el camino que estaban obstruyendo. El grupo se hizo a un lado muy lentamente y sin mucho ánimo. Estaba esperando que dijesen algo más antes de dejarnos pasar pero como guardaron silencio Harry dio un paso seguido de Ron. Cuando iba a pasar junto a Malfoy se acerco hasta quedar a mi altura y con una sonrisa burlona me dijo "Bonita camisa, chica Muggle". Luego siguió andando con sus amigos, los seguí con la mirada mientras se alejaban algo sorprendida. Estoy casi segura que Parkinson había escuchado aquellas palabras saliendo por los labios del pelirrubio…acaso ¿No respeta ni siquiera a su novia? -Mione, avanza, sabemos que babeas por Malfoy pero no lo demuestres tanto.- me dijo Ron tirando de mi brazo. -Un día de estos se va a dar cuenta, Mione.- me dijo Harry apoyando a Ron. -No, no estoy babeando, es solo que… ¿No le habéis oído?- cuestione todavía sorprendida, un rotundo "no" fue toda la respuesta que recibí mientras caminábamos hacia el gran salón para tomar los desayunos. -Olvídenlo, son ilusiones mías.- susurre mientras me sentaba, los chicos no se esforzaron en preguntar de que se trataba. Harry se había perdido buscando a Cho Chang y Ronald…ya saben la relación Ron-comida es impenetrable. "Lo que él no sabe es que ella es feliz con tan solo verlo." …Continuara… ¿Comentarios? ¿Sugerencias? ¿Próximo Chapter POV Ron, Pansy o Draco?