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This is life, Lily — capítulo 1
Nunca debí invitarlo ese día a casa. Si no lo hubiera hecho, quizá seguría con él. O quizá, no. Ella me lo hubiera sacado de cualquier manera. Aquel día el Sol estaba en lo alto, la brisa no era ni demasiado fría ni carulosa, las nubes bien blancas estaban en el cielo celeste y los pájaros cantaban animadamente en los árboles. Era el día perfecto para pasar en familia. Mi abuela con mi madre y mis tías hacían la comida, comentando lo adorables que eran sus hijos y también se quejaban de sus esposos. Papá y uno de sus cuñados, que a la vez era su mejor amigo, habían salido a buscar una "gran y extraordinaria sorpresa" para la familia. Mis otros tíos jugaban en el jardín con mis primos al fútbol, mientras mis primas conversaban sentadas bajo un roble. El día parecía normal. Yo no sabía que todo cambiaría unas horas después. —¡Llegamos! —grité, entrando por la puerta, tirando a mi entonces novio. Me había quedado a dormir en su apartamento la noche anterior, nos habíamos quedado hasta tarde conversando. Dentro de cinco meses nos casaríamos y estábamos debatiendo los últimos detalles del compromiso, por lo cual dormidos tarde y eso hizo que fuéramos los últimos en llegar—. Me pregunto para qué nos citaron todos aquí. —Reunión familiar, tal vez —dijo Scorpius Malfoy. Negué con la cabeza, las reuniones familiares eran una vez al mes en domingo, nunca había sido un miércoles. No era que no íbamos a visitar a mis abuelos al pueblo Ottery un día que no fuera domingo, pero no recordaba un día que nos hallaramos todos un día semanal, exceptuando cumpleaños, claro esta. Internamente, rogué que no le sucediera nada malo a los abuelos, que ya estaban llegando a una considerable edad. —No te preocupes, amor —Scorpius me había apretado la mano, como si hubiera leído mis pensamientos—. Nada malo podría suceder hoy. Que confundido estaba. Y que tonta yo por creerle. Conocí a Scorpius cuando mi hermano mayor, Albus Potter, lo trajo a casa luego de terminar su primer año en la Universidad Hogwarts. Quedé enamorada de él apenas verlo, era difícil no hacerlo. Scorpius era rubio, con el cabello hasta los hombros, aunque se lo había cortado al proponerme matrimonio. Tenía los ojos grises, extrañamente los bordeaba un color verde brillante. Cualquiera quedaría rendida al verlos. Era alto para su edad, una razón por la cual yo llegaba a la altura de su pecho, perfecto para sentir su corazón latir. Tenía el cuerpo de infarto y no era sorpresa el ver muchas chicas detrás de él. Dos años después de conocerlo, comenzamos nuestra relación. Cuándo Scorpius se enamoró de mí, no lo sé. Lo único que sabía en ese momento era que él estaba enamorado de mí y seriamos felices el resto de nuestras vidas. Me equivoque una sola vez. Él estaba enamorado de mí (eso quiero creer) y él si obtuvo su "felices para siempre". En lo que me equivoque fue en incluirme en esa felicidad, yo no estaba incluida en esa parte de su vida. —¡Ya llegaste! —gritó mi madre, saliendo de la cocina. Sonreí, adoraba ver el parecido físico que tenía con ella: pelirroja, ojos café, piel blanca, pecosa y baja. Yo era la favorita de mi padre por ese motivo—. ¡Scorpius, cariño, que grande estás! Mi madre ya era de por si muy feliz, siempre alegrando a todos por su buen humor, pero aquella vez parecía estar muy emocionada por algo en particular. Ginny Potter corrió hacia nosotros y nos dio un fuerte abrazo y unos besos en la mejilla, aunque tuvo que ponerse levemente de puntillas para poder besar a Scorpius, él era incluso más alto que ella. —Tu padre y tu tío Ron fueron a buscar una gran y extraordinaria sorpresa —dijo, sonriendo enormemente —. Tus primos y tus tíos están en el jardín, y yo con tus tías y tu abuela preparamos la comida. —¿Qué sorpresa, mamá? —pregunté, imaginando cientos de cosas que papá y tío Ron podrían traer a la casa de los abuelos. Nunca se me pasó por la cabeza lo que en verdad era. —Oh, ya lo sabrás —la sonrisa que tenía no le entraba en su rostro—. Scorpius, ¿qué tal van las cosas de la boda? ¡Me recuerda tanto a mi boda! Fuimos a la cocina y con Scorpius contamos sin revelar tanta información de lo que hablamos anoche. Nadie, ni siquiera mi padre o mis dos hermanos, ponía reparo en que me quedara a dormir con Scorpius en su apartamento. Yo era de las*"chapadas a la antigua", como decía mi detestable prima Dominique Weasley, quien aparte era la novia de mi hermano mayor, James Potter. Si, eran primos e igual estaban juntos, fue un balde de agua fría en la espalda para todos, pero terminamos aceptandolo. En fin, Dominique decía eso porque yo quería mantenerme virgen hasta después de la boda. —¿Albus está afuera? —preguntó Scorpius, cuando pasamos al tema de los niños. Ese era un tema que le incomodaba, pero yo esperaba que cuando seamos marido y mujer dejará su nervios de lado. —Si, cariño —le dijo mi tía Hermione, mi tía favorita, la mujer de mi tío Ron—. Diles, por favor, que el almuerzo estará dentro de media hora. Scorpius les sonrió dulcemente a las mujeres y me dio un corto beso en los labios antes de dirigirse hacia el jardín. Mi tía Fleur me tomó de las manos y me sentó en la mesa. —No te preocupes por eso, Lily, amor. Tu tío Bill tampoco quería saber nada de niños. Y mira ahora, ¡tengo tres bellos niños! Victoire y Louis pueden ser bellos, pensé, sonriendo, pero en definitiva Dominique es un maldito Diablo..... Oh, al menos, una seguidora del Diablo.* —Los hombres empiezan así, pequeña —me dijo tía Audrey—. Cuando tu tío Percy tomó a Molly en sus brazos, de inmediato quería más. Reí junto a mi madre, tías y abuela del comentario de la esposa del tercer hijo mayor de mis abuelos. Miré por la ventana de la cocina que daba al jardín, Scorpius estaba hablando con un sudoroso Fred Weasley, mientras señalaba a Hugo Weasley, quien estaba más rojo que su cabello. Un rato después, Scorpius se unió al juego e hicieron rodar la pelota de fútbol en el césped, siendo animados por mis primas, Roxanne, Lucy y Dominique; Victoire y Molly estaban sentadas con sus respectivas familias. —Eso espero. Realmente me gustaría que uno de mis futuros hijos heredarán los peculiares y hermosos ojos de Scorpius. —Sería un muchacho tan lindo —chilló tía Fleur—. Sobre todo si tuviera tu cabello rojo, querida. —Y yo espero conocerlo y no morirme antes —dijo mi abuela Molly. —¡No digas esas cosas, madre! —la regañó mi madre. —Por favor, querida, tengo ochenta y un años... —Igualmente, no digas nada, suegra —pidió tía Angelina—. Ahora, Lils, ¿ya has pensado quienes serán tus tres damas de honor y tu madrina? —Mi madrina va a ser Alice —revelé, sonriendo. Alice Longbottom era mi mejor amiga desde que eramos niñas y la única que me entendía a la perfección—. Victoire, Roxanne y Lucy serán mis damas de honor. —¿Y Scorpius ha elegido? —preguntó tía Audrey. —Su padrino será Albus y sus caballeros de honor serán sus primos Valentine y Spencer, también Lysander. —Suena muy bien. La boda será fantástica. Les sonreí y me levanté para ir al jardín con mis primos. También estaban las parejas de éstos, o en el caso de Fred y Louis, sus chicas de turno. Victoire estaba con su esposo Teddy Lupin y sus dos preciosos gemelos Remus Ted II y William Arthur II, de cinco años. La familia Lupin-Weasley conversaba sobre la casa a la que se mudarían dentro de dos semanas, para la alegría de los niños, tenía una gran piscina. Molly y su esposo Ezra Jones jugaban con su pequeña hija de un año, Esmeralda Jennet. James había dejado de jugar y ahora estaba con Dominique detrás de un árbol, besándose con tanta pasión que no me sorprendería que se fueran en cualquier momento a una habitación vacía. Fred, Hugo, Albus y Louis jugaban a la pelota con Scorpius y mis tíos George, Percy, Charlie y Bill. Roxanne y Lucy, únicas Weasley sin pareja, cuchicheaban sobre qué sería la sorpresa con Alice Longbottom, la novia de Hugo, Sharon Derek, la esposa de Albus, y las hermanas Katrina e Iris Williams, las novias de Fred y Louis respectivamente. —¡Tía Lily! —chilló Remus Lupin II al verme. Él y su gemelo corrieron a abrazarme las piernas. Su grito hizo que James y Dominique se separaran, mi hermano me sonrió mientras que su desagradable y superficial novia miraba mi vestimenta con burla—. Estábamos hablando con papá y mamá de la casa, ¿y sabes qué? ¡Vamos a tener una habitación para cada uno! Les sonreí a los dos y les di un beso en su cabello rubio, después James y Dominique se acercaron con las manos tomadas. —Mi hermana preferida. —Soy tu única hermana, Jimmy. James rió y me abrazó, a la vez que me desordenaba mi cabello. Dominique asintió hacia mí como forma de saludo, pero cuando mi hermano le apretó la mano, ella me abrazó secamente. No sabía quien había detestado más aquel abrazo. Dominique y yo nunca nos llevamos bien, ella era cuatro años mayor que yo y de niña soñaba ser como ella. Ella iba de fiesta, hacía lo que quería y cuando quería, tenía un excelente gusto de la moda y era considerada una princesa de cuentos. Traté de acercarme a ella cuando era niña, pero nunca conseguimos congeniar, finalmente ella eligió a tres primos suyos para formar un grupo de mejores amigos: James, Albus, mis hermanos, y cómo no, mi prima Rosebud, que era el Diablo renacido. Gracias al cielo que ella no está acá. —Así que cinco meses para la boda, eh —dijo James, mientras nos acercábamos a los demás para que yo los saludé—. Vamos a preparar una gran fiesta de despedida de soltero para Scorp. —¿Lo llevarán a un cabaret? —preguntó Dominique riendo. —Aunque lo lleve, Scorpius sólo tiene ojos para mi hermanita. Sonreí mientras asentía de acuerdo. —Él sería incapaz de engañarme. Dominique había sonreído, seguro de forma burlona, como si hubiese sabido que me tendría que comer mis propias palabras dentro de unas horas. —¡Esta va para vos, mi amor! —gritó Scorpius, corriendo con la pelota. Mis primos soltaron una carcajada al ver que mi prometido logró meter la pelota en el arco, haciendo que mi tío Charlie frunciera el ceño. Todo resultó ser armonía y tranquilidad los siguiente veinte minutos, porque después tía Audrey llamó a todos para que entren a comer y la abuela ordenó a los hombres que jugaron al futbol a darse un rápido baño para sacarse el sudor. La cocina había sido expandida por la cantidad de familiares que eramos y aun así apenas entrábamos todos. Cuando por fin toda la familia se sentó alrededor de la mesa, mi madre y mis tías empezaron a poner los platos delante de nosotros al igual que la comida; noté que todas ellas miraban hacia la puerta cada minuto con una grandes sonrisas en los labios. —Esperen que lleguen Ron y Harry —pidió el abuelo Arthur. —Vamos, digan qué es el regalo —apremió James, ansioso. Tía Hermione dejó escapar una risita emocionada y nerviosa. —No es un "que", cariño. Antes de que alguno de nosotros pudiéramos preguntar, se escuchó un auto acercándose. Las mujeres nos prohibieron levantarnos de la mesa para ver el regalo, pero ellas parecían que también hacían esfuerzo por no levantarse. Scorpius, a mi lado, me sonrió dulcemente y me apretó la mano. Me hubiera gustado haber tomado una foto en ese momento, ese momento que ambos fuimos felices con el otro. —La espera está matando —se quejó Roxanne. —Ya, niños. Ya casi —sonrió la abuela Molly. La puerta se abrió y por ella entraron papá y tío Ron, los dos tenían los ojos rojos como si hubieran estado llorando. De inmediato, mi tía Hermione se levantó, pero nosotros seguiamos sentados. Papá pasó por mi lado y me dio un beso en la frente y saludó a Scorpius con un apretón de manos, después se sentó al lado de mi madre. Louis parecía querer decir algo cuando tía Hermione rompió a llorar y abrió los brazos. —Que gusto es volver. Yo no quería volver a oír esa voz. No quería volver a verla a ella. Yo era la única que pensaba así. Scorpius miró confundido como Dominique llevaba sus manos a su boca, emocionada y sorprendida, James la abrazó riendo, mientras que Albus y Hugo sonreían enormemente. Mi familia tuvo diferentes reacciones, pero todos estaban visiblemente felices. Yo no podía creer que ella fuera la sorpresa que se comentaba. —¿Quién es, Lily? —me había preguntado Scorpius en un susurro cuando la mujer entró a la casa. Ella, mi peor enemiga y la persona que más odio en el mundo, se sacó las gafas de sol y sonrió a todos. No me gustó la mirara que le dedicó a Scorpius al verlo. Se había ido hace siete años a Francia a estudiar en la Universidad Beauxbatons, después se había instalado allí, por eso eran pocas veces las que se le veía por acá, afortunadamente yo nunca me la cruce, por lo tanto Scorpius mucho menos. En realidad, él ni siquiera sabía de su existencia hasta ahora. —¿No me conoces? —preguntó ella sonriendo cariñosamente, después de separarse de su madre. Se acercó a Scorpius y le ofreció su mano, que él aceptó—. Rosebud Weasley, cariño, pero por favor, llámame Rose. Apreté los dientes, siempre me había molestado que ella llamase a cualquier persona "cariño", "cielo"o "amor". Y mucho menos me gustó que llamase así a mi prometido, que le sonrió amablemente antes de besar su mano. Ella rió encantada. —Todo un caballero —comentó, acomodándose su bolso celeste en su hombro—. ¿Qué haces tú entre todos estos cavernicolas? Scorpius se sonrojó. Había esperado que él no cayerá ante ella como todos los demás chicos que mi prima había conocido. Pero no podía culparlo, Rose era la más bella de nosotros. Su cabello rojo aclarado, casi anaranjado, caí en ondas por su espalda hasta la mitad de la espalda y en las puntas lo tenía con rizos. Sus ojos tan azules como el mar en la noche la sacaban de más de un apuro, nadie podía resistirse a ellos, mucho menos un hombre. Y el hecho de tener largas pestañas negras ayudaba. Su piel era blanca como la nieve y las pecas que tenía salpicadas en su rostro no la hacía ver horrible como a otras chicas, sino que le daba un toque de chica tierna y rebelde a la vez. Una camisa blanca de botones, una chaqueta azul marino y unos vaqueros blancos eran su vestimenta más unos zapatos blancos con gemas negras. Ella era increíblemente irresistible. Puse mi mano sobre la de Scorpius, para traerlo a la realidad y marcar mi territorio. Conocía a mi prima, eso no le iba a importar para nada. Rosebud me miró con una ceja alzada, con su estúpida sonrisa egocéntrica que compartía con Dominique. —Lily, te ves... —me recorrió con la mirara, evaluandome. Demás esta decir que ella era la abeja reina de la secundaria y seguramente lo fue en su Universidad—uh, bien. Dominique soltó una risita y se levantó. Corrió a abrazar a Rosebud, su mejor amiga y prima favorita. —¡No me dijiste que venías! —gritó abrazandola. Rosebud rió, pasando sus brazos por el cuello de ella. —¡Sorpresa! Y como si estuvieran esperando eso, todos, excepto Scorpius (quien para mi irritación seguía sonrojado) y yo. Mis abuelos también se levantaron, a pesar de su edad, y fueron a abrazar a su séptima nieta. James, Albus y Dominique volvieron a abrazar a Rosebud con fuerza y a la vez le reprochaban por no visitarlos continuamente. —De eso no tienen ya por qué preocuparse —dijo animada—, ¡vuelvo a Londres! Y esa fue la gota que colmó al vaso. Me levanté bruscamente y salí de la cocina. Esto para mí no era nada bueno, si era una sorpresa, para mí era una horrible sorpresa. Si apenas aguantaba a Dominique, ahora las burlas crecerían con el regreso de Rosebud. Esto no era bueno. Yo debí saber que el día comenzó bastante bien como para saber que todo se arruinaría. Y aún no llegamos a la peor parte. —¡Lily! —escuché que me llamaban mis padres, tal vez enfadados por mi comportamiento. ¿Qué habían esperado? ¿Qué como no la había visto en siete años la iba a abrazar llorando? ¿Qué recién hoy íbamos a demostrar que eramos primas? ¡Nunca nos llevamos bien! ¡Todo el mundo me comparaba con ella! Deberías ser más inteligente como Rose, decían mis profesores. Deberías vestirte como Rose, decían mis primas. Deberías arreglarte bien el cabello como Rose, decía Albus. Deberías comprar más ropa como Rose, decía James. Deberías ser más como Rose, decía mis padres. ¡Siempre la jodida vida a la sombra de ella! ¡De esa maldita perra! —Lily, ¿qué pasó? Ni siquiera me había sentado en la cama de la habitación que usaba mi madre cuando vivía acá, cuando Scorpius entró. Apoyé mi cabeza en mis manos, suspirando profundamente. Scorpius se sentó a mi lado en la cama y me rodeó con un brazo la cintura. —¿Que ocurre, amor? —Ella volvió. —¿Y eso no te agrada? —preguntó. —Ella es una maldita perra. Rosebud es una condenada de mierda. Scorpius pareció sorprendido, yo no era de decir malas palabras a nadie, ni siquiera a Dominique. Pero Rosebud me sacaba de quicio, era la maldad personificada y la muy perra sabía esconderlo bien, todo el mundo seguía creyendo que era un ángel caído del cielo. Recordaba perfectamente que en la secundaria era la adoración de los profesores y todos los alumnos querían ser sus amigos, ignorando que ella se burlaba de ellos a sus espaldas o preparaba bromas en su contra. —Nunca nos llevamos bien —murmuré, apoyando mi cabeza en su hombro—. Somos como perro y gato. Agua y aceite. De niñas peleabamos a casa rato, ¿y adivinas quién se llevaba la culpa de eso? Yo. Esa estúpida hacía creer a todos que yo era la mala del cuento. —¿No es buen momento de hacer las pases? —me dijo al oído. —¿Con ella? ¡Ni en sueños! —Pues a mí me gustaría hacer las pases. En la puerta, estaba Rosebud, jugando con el collar que la abuela le dio antes de partir a la Universidad Beauxbatons. Scorpius se sonrojó al verla, pero decidí ignorar ese detalle. Rosebud me había sonreído de forma inocente, como si por dentro no supiera que se estaba burlando de mí. —Lils... —empezó, pero la corté. —¡Perra de mierda! —¡Lilian! —empujando suavemente a Rose, mis padres adentraron a la habitación—. ¡No vuelvas a llamar a tu prima de esa forma! —Dejen, tíos queridos —pidió Rosebud, llevándose una mano al cabello, tomó un mechón entre sus dedos—. Lily tiene todo el derecho de tratarme así, no he sido una buena prima. Puse los ojos en blanco. Esa estrategia de fingir que tiene la culpa de todo para que los demás se comparezcan de ella. Y por supuesto, funcionó. Mi madre obligó a Scorpius y Rosebud salir de la habitación, ésta última puso reparos, aunque disimulaba su diversión. Cuando estaba cerrando la puerta, Rosebud me guiñó un ojo burlona cuando nadie la veía. —Lily, tu prima no lleva ni media hora en la casa y tú ya la atacas —me espeta mi madre—. Tu tía Hermione está enojada. —¡Pero ella es una pe...! —¡Lilian, no nos grites! —me gritó mi padre, enojado y con la cara roja—. No puedo creer que no hayas madurado, Rosie ni siquiera parece recordar las discusiones de cuando eran niñas. Estás a punto de casarte, mujer, deberías dejar el pasado atrás. —La odio, papá. La odio con cada fibra de mi alma. Mi madre negó con la cabeza y me miró decepcionada. Murmurando sobre problemas de chiquilla, tomó la mano de mi padre y salieron de la habitación. Tomé la almohada que más cerca tenía y grité con fuerza. Sentía lágrimas de rabia que salían de mis ojos y apretaba con los dientes la almohada. ¡Maldita seas, Rosebud! No sé cuánto tiempo pasó, pero el sol había bajado considerablemente. Salí de la habitación, quitando el rastro de las lágrimas de mis mejillas. Caminé desganada, la verdad no tenía ganas de ver a nadie, mucho menos a mis padres o a la familia Weasley-Granger. —Cuatro elefantes se balanceaban, sobre la tela de una araña—escuché la voz de Rosebud cuando estuve en las escaleras. Ella estaba apoyada en la puerta del baño del tercer piso—. Y como veían que resistían, fueron a llamar a otro elefante. —Te odio, zorra —le espeté pasando por su lado. Rose río, de forma burlona. —Sip. La verdad es que tienes que hacerlo —aseguró, acomodándose su camisa. Recién ahí me di cuenta que estaba desarreglada—, pero lastima para ti que no sabes la razón por la cual debamos odiarme. —Ya te odio —le gruñí. Rosebud sonrió. —¿Qué es peor que odiar a alguien? Tal vez querer matar a alguien. Y tú, mi dulce prima, vas a querer matarme cuando te enteres. Traté que la confusión y la curiosidad no se apoderadan de mi cara, creo que no tuve éxito, ya que Rosebud soltó una carcajada y se fue por el lugar que yo recorrí. No sabía a qué se refería ella con eso de querer matarla, pero conociéndola, ella podría estar mintiendo o diciendo la verdad solo para molestarme. Muy tarde me dí cuenta del chupetón que tenía en el cuello y que su cabello desprendía el aroma del perfume que Scorpius llevaba esa mañana.