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This is life, Lily — capítulo 2

Crecí en un ambiente hogareño y cariñoso. Mi casa era enorme, más bien era una mansión hereda por mi padre de parte de su padrino, tenía un gran jardín al que mamá le había colocado toda clase de flores, incluso había un rosal en forma de arco. El lugar era tan hermoso que normalmente pasaba todas mis tardes ahí. La mansión contaba con dos pisos y un sótano, que luego se convirtió en la habitación de James cuando él cumplió quince años. Mis padres tenían la habitación mas grande para ellos y yo había tomado la que estaba a su lado y a la vez la que estaba cerca del cuarto del baño. Albus también tenía su habitación, pero él no pasaba tiempo ahí adentro, apenas si dormía en su cama; únicamente usaba su pieza para acumular su ropa sucia y dejar sus cosas desordenadas. Cuando Sirius Black, el padrino de papá, murió dos años antes del nacimiento de James, le dejó a mi padre la Mansión Black a su disposición. Lo único malo que puede haber en ese lugar son los horribles cuadros que tienen a los antepasados Black, debieron de usar un súper pegamento porque nosotros nunca pudimos quitarlos. Me gustaba mi antiguo hogar, por eso iba a visitarlo seguido. Por ejemplo ese día fui, aún no sé si fue lo mejor o peor que me pudo haber pasado. Tal vez ambas cosas, aunque yo creo que fue más la segunda opción, aunque mi madre diga que fue bueno haber ido ese día. Cuando llegue, mis hermanos James y Albus estaban jugando en la consola de vídeo-juegos, mi padre estaba sentado en la mesa de la sala, terminando con su papeleo (él trabajaba como Jefe de Departamento de Policías de Londres, normalmente se los conocía como Aurores; mi tío Ron también era policía y era la mano derecha de mi padre), y mi madre estaba en la cocina preparando la comida para nosotros y la familia Weasley-Granger, quienes fueron a comer ese día. O al menos fue la mayoría de sus integrantes. Mis padres y mis tíos Ron y Hermione eran mejores amigos desde niños. Mi padre y mi tía Hermione se conocieron cuando tenían seis años, en una fiesta para recaudar fondos para niños desprotegidos. Los dos siempre actuaron como hermanos y lo seguían haciendo de grandes, incluso cuando tía Hermione gustaba de algún chico, papá hacía lo imposible por espantarlos para que no se acerquen a ella. Aunque cuando tía Hermione se fue de vacaciones con sus padres se enamoró de otro chico y papá no pudo decir nada. Al final, resultó que ese chico era tío Ron y de inmediato se hizo mejor amigo de papá, y de esa forma él conoció a mi madre. Recuerdo que de niña le rogaba a mi madre para que me cuente esa historia, era mi favorita. Yo soñaba con enamorarme de alguien y durar tantos años como mis padres o mis tíos Ron y Hermione. Realmente creí que Scorpius era el "indicado" para mí, el que se convertiría en mi futuro esposo y padre de mis hijos. Por un largo tiempo, me permití soñar con aquello. Pero era un sueño y yo acabé despertando. —Parecen zombies —me dijo mi padre, refiriéndose a James y Albus—. Llevan cuatro horas jugando y no despegaron en todo el tiempo la vista del televisor. —No han cambiado nada, entonces —dije riendo. Me acerque a él y mi padre se levantó para abrazarme. —Creí que Scorpius vendría conmigo. —Dijo que iría a visitar a sus padres —contesté. Mi padre asintió, creyéndome. Yo también me lo había creído. Ninguno de los dos nos dimos cuenta que Scorpius estaba mintiendo. —Faltan tres meses para la boda —me recordó—. ¿Cuándo irás a conocer a toda la familia de Scorpius? Solo una vez conocí a los padres de mi entonces prometido. Draco y Astoria Malfoy eran los dueños de la mayor empresa petrolera, la cual Scorpius heredaría al casarse ("Abraxas Malfoy, mi bisabuelo, debió de estar borracho cuando decidió que únicamente los hombres Malfoy casados pueden convertirse en dueños de la Empresa", se quejaba Scorpius cada vez que su padre lo apuraba para que se casará). El señor Malfoy era la copia de Scorpius: rubio, ojos grises, piel blanca y alto. Mientras la señora Malfoy tenía el cabello castaño oscuro, los ojos verdes brillantes y la piel bronceada. La primera vez que vi a los señores Malfoy fue a los dos meses de empezar a salir con Scorpius. Fui a la Mansión Malfoy al mediodía con él y almorzamos con sus padres; al señor Malfoy le caí bien, aunque pensaba que era porque era la pareja de su hijo y puede que nos casemos, en cambio a la señora Malfoy no le resulte muy agradable. Más tarde me enteré que era porque mi madre y ella se habían conocido de adolescente y se llevaban horrible. La cuestión era que únicamente conocía a los padres de Scorpius, todavía me faltaba conocer a sus abuelos y a sus tíos. —No sé —le contesté a mi padre, dejando mi chaqueta sobre la silla—. Tal vez el mes que viene. Con Scorpius planeamos hacer una cena para la familia, las damas de honor y los caballeros de honor. —Seguro su familia te amará —afirmó mi padre—. ¡James, Albus! ¡Fuera juegos! Ninguno de los dos puso atención. —Par de zombies —masculló. Él se giró hacia la cocina—. ¡Amor, ayuda! —¡James Sirius y Albus Severus, dejen ya mismo los vídeo-juegos! Mis hermanos se sobresaltaron y corrieron escaleras arriba para arreglarse. Mi padre, indignado pero divertido, fue a apagar la consola y arreglar el sillón. Yo, por mi parte, me había encaminado a la cocina a saludar a mi madre. Ella estaba de espaldas a mí, sacando un pollo del horno con una sonrisa habitual en ella. Cuando me vio, dejó las cosas preparadas en la mesa y se acercó a darme un gran abrazo. —Madre —la saludé con cariño. —¿Cómo has estado, mi niña? —me preguntó, dándome un beso en el cabello. Lo sucedido con Rosebud en la Madriguera hace dos meses había quedado en el olvido. —Bien, mamá. ¿Sabes?, estuve viendo casas para vivir con Scorpius después del casamiento y cada una era mejor que la otra. ¡Una incluso tenía un río! Mi madre rió. —Me haces recordar tanto a como era yo a unos meses del casamiento con Harry. Le sonreí a mi madre. —Deseo tanto que mi matrimonio con Scorp sea igual al tuyo con papá. Tonta. Tonta. Tonta. Ingenua, tuviste que dejar de vivir en la fantasía. —Por supuesto que será así, hija mía  —aseguró mi madre.  ¿Por qué fui tan estúpida para creerle? ●•●•●•● Mis tíos llegaron unos minutos antes que la comida estuviera lista. No había rastros de Rosebud. Tio Ron dijo que ella había salido a ver lugares para hacer su desfile de modas. Si, Rosebud era diseñadora de ropa, en Francia era totalmente famosa por eso y parece que había ido a buscar éxito en Inglaterra. Dominique Weasley también había ido ese día y estaba al lado de James, riendo de viejas anécdotas. Ellos tenían 27 años para entonces y ni siquiera estaban comprometidos, a ninguno de los dos le llamaba la atención la idea de casarse, decían que no necesitaban un papel para saber cuánto se amaban. Mi otra cuñada, Sharon Potter, también se encontraba ese día, se habían casado hace dos años y parecían querer agrandar su familia; mi madre estaba encantada con ese detalle. Hugo había venido con su novia Alice y con ella estuvimos hablando un buen rato sobre mi boda, mientras mi madre y mi tía Hermione escuchaban atentamente. Mi padre y tío Ron, en cambio, hablaban sobre el trabajo y como los trataba la vida. Si, esas fueron las personas que me vieron caer ese día. El almuerzo transcurrió tranquilo y al acabar nos fuimos a sentar al jardín. Y ahí acabó toda la felicidad. Antes de que pudiera acomodarme en el pequeño sillón que había afuera, mi celular sonó. Era Valentine Nott, el primo de Scorpius. Me disculpé con ellos y me alejé para hablar con Valentine, sin poder ocultar mi sorpresa. Lo conocía, aunque no muy bien para ser sincera, lo había visto unas diez veces mínimo y su llamada me sorprendió. Luego la preocupación se apoderó de mí. ¿Le habría pasado algo a Scorpius? Intenté alejar esas cosas de mi cabeza mientras aceptaba la llamada. —Hola, Valentine —saludé, rogando que mis nervios no se muestren—. ¿Cómo te va? —Muy bien, Lily. Gracias por preguntar —hizo una pausa—. Oye, ¿Scorpius está contigo? —Eh, no. Dijo que iría a visitar a sus padres. El sonido se volvió amortiguado y supusé que Valentine había puesto la mano sobre la pantalla del celular, tal vez para que yo no escuché lo que dijo. Le pregunté que ocurría y él me dijo que había ido a la Mansión Malfoy a hablar con sus tíos con Spencer y éstos le habían dicho que Scorpius les dijo que estaría con ellos, mientras que a ellos Scorpius les había dicho que estaría almorzando con mi familia y para completar el círculo, él me había dicho que estaría con sus padres. Eso me pegó duro en el pecho. Tenía un mal presentimiento. Me quedé callada unos segundos, o tal vez fueron horas, quién sabe, y luego le dije a Valentine que si enteraba en dónde estaba que por favor me avisé. Colgué sin siquiera despedirme y me quedé quieta, tratando que mi expresión dolida se vaya de mi rostro. Scorpius nunca me había mentido, ni yo a él. La sinceridad lo era todo en nuestra relación. Finalmente, forcé una sonrisa y me acerqué a mi familia. —¿Y qué quería Valentine, cariño? —me preguntó mi madre. —Nada, solo que le recordará el día de la cena familiar para que nos conozcamos todos —mentí. Dominique alzó una ceja y rió silenciosamente. Éso no ayudó a mi estado, sentía que ella sabía dónde estaba Scorpius—. ¿Saben?, el día está muy caruloso hoy, creo que iré a comprar algo de helado para nosotros. Ya vuelvo. Ellos aceptaron y siguieron con sus cosas. El departamento de Scorpius se encontraba cerca de la Mansión Black-Potter, así que no tardé en llegar ahí con mi Jaguar rojo. Estaba nerviosa, preocupada y enfadada, intentaba buscar el porqué Scorpius me mentiría. Por un momento pensé que podría tratarse de un regalo sorpresa para mí, pero esa idea fue rechaza al instante que llegó a mi cabeza. Algo me decía que no era eso. Saludé a la dueña del edificio con una sonrisa fingida y traté de no parecer una mujer súper nerviosa, sino tal vez me negaría la entrada. Me pregunté si la mirara de lástima que me dirigió habían sido cosas mías. Hoy en día supe que no me lo había imaginado. Fue la primera de muchas miraras de lastima que recibí. Busqué la copia de la llave del departamento de Scorpius que tenía, me la había hecho unos meses después que nuestra relación haya comenzado. Llegué al piso cuatro con las manos temblando, no me hubiera extrañado que algún vecino de mi prometido haya llamado a un loquero para decir que me escapé. No estaba en mi mejor momento, había que recordar. Y el hecho de que mi mal presentimiento aumenté a medida que llegaba a la puerta de Scorpius no ayudaba. Con suspiro preocupado, inserté la llave en la cerradura. El departamento no era la gran cosa. Si alguien lo veía, dudaría que Scorpius sea hijo de dos millonarios, a él esas cosas del dinero nunca le importaron. Sobre la pequeña mesa cuadrada que estaba al frente del viejo sofá había dos cajas de pizza, una vacía y otra con algunas porciones. También había dos minis-botellas de cerveza casi vacías. Estaba claro que Scorpius había estado ahí hace unos minutos con alguien. El televisor estaba pausado en una escena de la película Diario de una pasión, la pude reconocer ya que era mi película favorita, lo que no entendía era por qué Scorpius la estaba viendo, él odiaba las películas románticas. La sala, por así decirlo, del departamento estaba desordenada, había unas cuantas cosas tiradas en el suelo y otras volcadas en sus lugares, como si un terremoto hubiera pasado. Cerré la puerta, preguntándome por qué diablos me había comportado como una loca, cuando escuché sonidos. O gemidos, más específicamente. —¡Ah, si! —era Scorpius sin duda. Yo sabía que él se masturbaba para quitarse el deseo de su cuerpo, pues yo no quería perder la virginidad hasta después del casamiento. Por un solo segundo, creí que él podría estarse masturbando y listo. Luego oí gemidos de mujer. Llevé una mano a mi boca, conteniendo un sollozo. Ahora entendía esa mentira y recién me daba cuenta de lo distraído y distanciado que Scorpius estaba conmigo. ¿Cómo pudo hacerme aquello? Se suponía que me amaba, ¡nos íbamos a casar! Faltaba solo tres meses para esa fecha tan importante, ¿por qué hacer esto? No tenía ni idea desde cuando había comenzado su aventura con otra mujer, mucho menos por qué. Era la mujer perfecta para él. Me había graduado de la Universidad Hogwarts y empezaría a trabajar como doctora en un hospital privado, le preparaba su comida favorita cuando comía con él y nunca pedí nada material, simplemente que me tomé de la mano o me de un abrazo. Estuvimos juntos tres años, ¿por qué hacía esto? ¿Qué había hecho de malo? —Eres tan fantástico, Scorpius. —Desgraciada —susurré, reconociendo la voz. Una sonrisa amargada apareció en mi rostro mientras me quitaba las lágrimas. Por supuesto, por eso Dominique me miraba con burla desde hace semanas, porque sabía que Scorpius se estaba acostando con Rosebud. ¡Maldita perra! Siempre quitándome todo lo que quería de mi vida. Me robó mi muñeca cuando tenía seis años, me quitó mi turno en la fila de la boletería para conseguir la última entrada a un recital al que deseaba ir, me sacó los amigos que tenía en la secundaria, se llevó a mis hermanos, mis padres. ¿Tuvo que meterse también con Scorpius? No recordaba haberle hecho algo tan horrible para que ella haga eso. Yo sabía que a Rosebud no la pararía el hecho de saber que Scorpius era mi prometido. Dejé mi bolso en el sofá y caminé hacia al cuarto con la tranquilidad que no sentía. Abrí levemente la puerta para ver, Scorpius estaba sobre ella, besando su cuello mientras que Rosebud murmuraba unas palabras con la cabeza hacia atrás. Sus manos raguñaban la espalda blanca de su amante y sus piernas rodeaban sus caderas. Scorpius la acariciaba hábilmente, lo cual me hizo pensar enfadada que no era la primera vez que lo hacía. Y Rosebud reparó en mi presencia. Sonrió. La muy perra sonrió con diversión. —Dime que me amas —le dijo a Scorpius en el oído, pero lo suficiente alto para que la escuché. Rosebud me seguía mirando, mientras él la penetraba. —Te amo. Te amo, Rosie. Ella me guiñó un ojo y dejó escapar un fuerte gemido. Scorpius se movió más rápido. —¿Dejarás a Lilian, no es cierto? —le preguntó la zorra. Yo hervía de furia, clavaba las uñas en la puerta—. Y nosotros podremos estar juntos. —Si. La deja... re. Maldita seas, Rose, estás muy mojada. Rosebud me sonrió y se aferró al cuello de Scorpius. Cuando empezaron a besarse, fue como si una bala me atravesará el corazón. Puede ser que ella lo haya seducido, que ella lo haya persuadido para que me engañé, pero aun así Scorpius lo hizo. Él era consciente cuando me traicionaba, él sabía lo que hacía, nadie lo obligaba a hacer esto. Él no me amaba lo suficiente como para quedarse conmigo. La culpa no era solo de Rosebud, también tenía la culpa. Y yo también. Estaba muy cegada por el amor que sentía por él como para ver claramente las cosas. —¡SCORPIUS! Scorpius paró y Rosebud se mordió el labio para no reír. Entré a la habitación, haciendo chocar bruscamente la puerta contra la pared. Él maldijo en un murmullo y lentamente se separó de ella, quien encontró algo interesante en el techo que ver, mientras con sus dedos jugaba con la cinta negra que usaba como collar. Tuvé ganas de apretarselo en ese momento. Scorpius se puso sus boxers y su pantalón antes de mirarme, lucía apenado y arrepentido. Arrepentido de haberme lastimado, por supuesto que no por haberse acostado con Rosebud. —Lily, yo... —¡No digas mi nombre, maldito bastardo! —le grité enojada y lastimada—. ¡Confíe en ti! ¡Yo te amo y te di lo mejor de mí! ¡¿Por qué demonios me pagas así?! —Esto parece una película de drama —comentó Rosebud con tranquilidad. Se sentó en la cama y envolvió su cuerpo con la sabana—. Scorpius, cariño, ¿me pasas mi ropa? Grité con rabia. Incluso Rosebud debía de tener corazón, ¿cómo era capaz de hacer algo así a alguien, incluso a la persona que más odiaba? Nadie se merecía esto. Nadie. ¿No tenía un poco de cariño por alguien? Scorpius se veía perdido, como si estuviera decidiendo acercase a mí para explicar entre balbuceos que ocurría o pasarle la ropa a su amante. Mis lágrimas seguían saliendo y apenas si conseguía mantenerme de pie, tenía ganas de seguir peleando, de escupirles en la cara todo lo que eran, pero me contuvé. Ya no daba más. Miré a Scorpius con decepción y dolor. —Realmente te amaba —le dije, entregándole el anillo de compromiso. No lo iba a necesitar más—. Arruinaste todos mis sueños y esperanzas, espero que te sientas feliz. Y con los sollozos en mi garganta, me di media vuelta para irme, escuchando detrás la risa cruel de Rosebud. ●•●•●•● Cuando llegué a casa, caí sl suelo literalmente, llorando a mares. Aún me sigo preguntándome cómo es que no choqué con lo fuera de control que estaba. Mis padres se acercaron y me abrazaron rápido. James y Albus me inspeccionaban con la mirara, capaz preguntándose si había sido lastimada. ¡Y fui lastimada, solo que sentimentalmente! Mis tíos me vieron sorprendidos y apenados, Hugo se acercó a mí y abrió los brazos, yo me acerqué a él. Siempre había encontrado cariño y protección en él. Dominique se mantenía a una distancia prudente, tenía el celular en la mano y los labios apretados, seguro ya estaba enterada de todo. Sharon y Alice parecían estar incómodas, como si estuvieran pensando que ese espectáculo era solo para la familia. Hugo me hizo sentarme en el sillón y mi madre me trajo un vaso de agua. —Mi niña, ¿qué ocurrió? —preguntó mi padre al verme más calmada. Me quité las últimas lágrimas que tenía y me pasé las manos por el cabello. —Valentine no me llamó para que le recordada sobre la cena —dije en un murmullo. Mis padres se inclinaron para escuchar mejor. Yo no levanté la vista del vaso con agua a medio tomar—, sino para preguntarme dónde estaba Scorpius. Papá frunció el ceño confundido. —Creí que Scorpius estaba en casa de sus padres. —Scorpius me dijo que estaba en casa de sus padres. A sus padres les dijo que estaba con Valentine y Spencer. Y a ellos les dijo que estaba conmigo —expliqué. Hugo hizo que apoyara la cabeza en su hombro, miré a Albus quien parecía confundido. —¿Por qué te mintió? Sentí la ira adentro de mí, tratando de salir a la luz. Y lo consiguió. Me levanté bruscamente y miré con ojos furiosos a Dominique. —¡Tú lo sabes, ¿verdad?! ¡Tú lo sabes todo! ¡Y nunca me lo dijiste, querías verme destruida como ella! ¡Felicidades, lo conseguiste! —le grité. James nos miró a ambas con el ceño fruncido. —¿Qué está pasando, Lily? —¡Que te lo diga tu novia! Vamos, Dominique, cuentales a todos lo que tú y ella hicieron. ¡Sé que me odias, yo también te odio, pero si hubieras estado en mi lugar y yo lo supiera, te lo hubiera dicho! Ella miró incómoda hacia James y jugó con su pulsera de hilos en su muñeca izquierda. —No sé de que me hablas, Lilian —me dijo con voz tranquila. Entre nosotros, nunca me arrepentí de lo que hice. Gritando de rabia, me tiré sobre ella y envolví mis manos alrededor de su cuello. Dominique y Rosebud eran iguales físicamente, no me fue difícil creer que ella era la maldita perra. Dominique me miró sorprendida y trató de apartarme las manos de su cuello, mientras jadeaba. —¡Lilian, suéltala! —gritó James furioso. Albus, Hugo, Sharon y Alice parecían que querían irse. Mis padres y mis tíos se encontraban en shock. James me apartó bruscamente y se abrazó protectoramente a su novia, que seguía soltando jadeos y estaba sudada. Caí al suelo y esta vez nadie hizo nada para ayudarme. Las lágrimas salían con velocidad de mis ojos, no sabía si de furia o de tristeza. O quizás ambas. —¡Lilian, ¿cómo pudiste...?! —Dominique sabía que Scorpius me estaba engañando hace semanas con Rosebud. El silencio inundó la sala. Mis padres pestañaron, tío Ron y tía Hermione abrieron los ojos, Albus y Hugo parecían dudar de mi estado mental, Sharon y Alice miraban la puerta con ansias, James aflojó el agarre del abrazo y Dominique frunció el ceño. —¿Qué? Me levanté del piso con la poca dignidad que me quedaba. Sin decir nada más, me fui a mi cuarto, cerrando la puerta bruscamente. Una vez sola, volví a derrumbarme, escuchando las voces amortiguadas de los demás. Me subí a mi cama y comencé a llorar. Recuerdo que después vino Rosebud, los gritos de ella, mi tío Ron y Hugo, los insultos de Dominique y James, los sollozos de tía Hermione, los murmullos de mis padres. No sé bien lo que pasó, pero según Albus, Rosebud se fue para no volver jamas. A mí poco o nada me importaba, solo quería desaparecer.