Extraño sentimiento — capítulo 10
—Te ves horrible —es la manera que tiene Hugo de saludarla al entrar a la cocina a la mañana. Rose le da una mirara asesina, aunque duda que pueda intimidarlo cuando tiene los ojos hinchados y ojeras negras por no dormir anoche, sin contar que parece una zombie recién salida del cementerio. Pero aun así, se levanta y lo rodea con sus brazos. —Feliz cumpleaños, cariño. Su hermano, ahora de once años, ríe y le devuelve el abrazo con fuerza, claramente emocionado por tener la edad suficiente para comenzar su educación mágica en Hogwarts. Su madre aparece en la cocina entonces, mirando a sus hijos con una sonrisa, y camina hacia la heladera para comenzar a hacer el desayuno. —La familia vendrá al mediodía —comenta su padre, luego de desearle feliz cumpleaños a su hijo menor— y no te preocupes, Hugo, ellos ya saben que no deben hacer magia, así que tus amigos muggles pueden venir tranquilamente. El niño castaño sonríe y se sienta en la mesa, acompañado por Rose, quien piensa seriamente en tomar una pequeña siesta después del desayuno para estar bien descansada. Ha sido un error quedarse hasta altas horas de la noche contando las estrellas desde su ventana. Pero también, ella no podía dormir, cada vez que cerraba los ojos, la imagen de aquel baile de máscaras de su sueño aparecía, dejándola con una extraña sensación en su pecho. —Pero mira que viene ahí —comenta cantarina Hermione Weasley. Los hermanos miran por la ventana de la cocina como dos lechuzas vuelan hacia la casa. Hugo prácticamente chilla cuando una de ellas deja caer la carta de aceptación de Hogwarts en su regazo. Rose ríe y le da un beso en la mejilla, se pone de pie con su carta y mientras sale de la cocina, avisa que va a intentar dejar de verse como una no humana. Subiendo por las escaleras, abre el sobre y repara en el permiso para ir al pueblo de Hogsmeade. Rose sonríe, ha ido a unas cuantas veces al pueblo mágico con su familia, pero será agradable ir con sus primos y amigos a tomar cervezas de mantequilla por su cuenta a Las Tres Escobas. O ir a pasear de la mano con Scorpius. Rose suspira, pese de la oleada de felicidad que tiene cada vez que piensa en él, no puede dejar de sentir algo de pavor al darse cuenta que está completamente enamorada de él. Tiene trece años, ¿realmente alguien puede enamorarse verdaderamente a esa edad? Entiende que pase a los catorce, como a sus padres, pero ¿a los trece? Los cumplió un mes atrás. Cada día se sienta más confundida que ayer, preguntándose si puede llamar amor a ese extraño sentimiento.