Extraño sentimiento — capítulo 8
Albus, Dominique, Roxanne y Lily descansan sobre las camas del Hospital San Mungo. Únicamente dejan a entrar dos por personas y los padres de los cuatro, más sus abuelos, ya habían pasado. El nuevo grupo en entrar son Fred, James, Louis, Hugo, Rose, Victoire, Lucy y Molly. Más tarde se tornarán para entrar los tíos, Ted y Scorpius. Aunque los primos están preocupados por los suyos, no pueden evitar reírse por la manera tan exagerada en la que se pusieron cuando ellos entraron. —Nos vamos a morir —lloriquea Roxanne, haciendo puchero, mientras que su hermano mayor se acerca a su cama. —Tienes catorce años y pelos en la axila, ¿y sigues comportandote como una niña? —se burla Fred, mirando el yeso que cubre el brazo derecho de ella. —Esa es información que yo no necesitaba saber —dice Louis, haciendo una mueca de disgusto, mientras se sienta al lado de su hermana en la cama. Rose, riendo en voz baja como sus primos, se acerca a la cama de Albus, que mira con el ceño fruncido su pierna izquierda, que como es de esperarse, está rota. Es una suerte que las clases de Hogwarts no comiencen hasta dentro de un mes o en definitiva no podría jugar como buscador en el equipo de Quidditch de su casa. Rose toma impuso y toma asiento al lado de él, mirando con algo de preocupación el moretón que hay en el cuello de Albus. De alguna manera, se siente culpable por lo que le pasó a él y a sus primas. —Scorp está afuera, dijo que luego entra... —Scorpius ya no es mi amigo —dice con firmeza. Lily que tiene la cama al lado de la de su hermano pone los ojos en blanco, ante la actitud inmadura de él—. ¡Me ha traicionado! —El golpe en la cabeza hizo que fueras más idiota de lo que ya eres —le espeta Rose, enojada. Albus arruga la nariz en señal de molesta y se cruza de brazos, claramente ofendido. Rose decide ir a ver a Dominique antes que la discusión con su primo suba de grado; ella no quiere pelearse con Albus, aunque ahora se esté comparando como un completo idiota. Siendo sinceros, Rose había creído que él se alegraría al saber que ella gusta de Scorpius, porque es su mejor amigo. Rose no está contenta con la actitud que Albus está tomando. —No te preocupes, Rosie —dice Victoire, dando golpesitos en el dorso de la mano de su prima menor—, tú sabes que los chicos se comportan como idiotas cuando una de nosotras empieza a sentir algo por un chico. Recuerda lo que le hicieron a Ted y eso que lo conocen desde que nacieron. Rose suspira profundamente. Scorpius ni siquiera es su novio, pero tampoco es un simple amigo, es alguien con el que comparte un extraño sentimiento.