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Historia 191583 — capítulo 1

Draco estaba aterrado mirándo la escena que tenía ante los ojos. Su padre estaba delante de la chimenea como si nada pasara, como si aquella chiquilla no estubiera gritando de dolor. Su madre lo agarraba por los brazos como si eso le pudiera proporcionar alguna protección. No era él quien estaba siendo torturado, pero sentía el dolor de Hermione, lo sentía y lo destrozaba por dentro, como si Bellatrix le estubiera tallando las palabras "sangre sucia" en el cuello a él y no a ella. Hermione no se lo merecía, nadie se merecía lo que estaba pasando. ¿De qué le servía a él ser un mago oscuro y tener sangre pura si al fin y al cabo seguía siendo escalvo, como todos los demás? Debía hacer algo, revelarse contra Voldemort, revelarse contra sus propias creencias porque la quería. No sabía cómo había pasado y tampoco estaba muy seguro de cuando, pero eso no importaba ahora. Tenía que sacarla de ahí. Se zafó de los brazos de su madre, sacó la varita y sin pensarlo dos veces gritó.

-¡Petrificus totalus!- Bellatrix calló al suelo como una estatua, los ojos le giraban en las órbitas desesperados en busca de aquel que la había petrificado. Draco sabía que si pudiera, lo mataría en aquel preciso instante. Se dio la vuelta hacia donde estaba su padre y lo petrificó también antes de darle tiempo a reaccionar y repitió el proceso con Greyback y su acompañante, que calleron al suelo igual que Bellatrix.

-¡Draco!- Gritó Narcissa.- ¿Qué haces?- La desesperación de reconocía facilmente en su voz y, a pesar de que ella todavía tenía su varita, Draco sabía que no le haría daño.

-Vete. Escódete de él y llévate a papá contigo.- Fue corriendo hacia donde estaba Hermione, casi inconsciente.

-Hijo, ¿qué haces con ella?- Su madre estaba horroriza.

-¡Vete!- Girtó Draco con todas sus fuerzas. Narcissa dio un salto por el susto y fue corriendo hacia donde su marido estaba tirado.- Desaparece y no vuelvas.- Sin decir ni una palabra más se agachó junto a Hermione y la levantó en brazos, se acercó a su oido y le susurró.- Siento no haberte escuchado antes. Todo ha terminado. Te lo prometo.- Le dio un beso en la frente, se dio la vuelta para comprobar si sus padres seguían allí, pero había Desaparecido. Esperaba que se pudieran esconder lo suficiente de Voldemort. A pesar de que era una tontería, bajó a las mazmorras donde el resto estaban encerrados. Potter, Weasley, la lunática de Ravenclaw, Ollivander, aquel otro sangre sucia de Gryffindor y el duende de Gringotts. Hermione estaba inconsciente pero parecía dormida y era ligera como una pluma. Llegó a la puerta de la mazmora y la abrió de un golpe. Potter, Weasley y el duende eran los únicos que quedaban en la mazmorra.

-¡Tú!- Le gritó Ron con desprecio. Se habría abalanzado sobre él de no haber sido porque Potter se lo impidió.

-Tenemos que salir de aquí antes de que el hechizo se esfume.- Ninguno dijo nada.- Maldita sea Potter, tenemos que irnos.- Harry se quedó mirando estupefacto la escena que tenía delante, Hermione estaba en brazos de Malfoy.

-¿Está...- Balbuceó él.

-¡Está dormida!- Bufó Malfoy más para convencerse a sí mismo que a Harry. De repende se escuchó un pequeño "pop" y Dobby, su antiguo elfo Apareció delante de sus ojos. Cuando lo vio, sus enormes ojos que parecían pelotas de tenis se ensancharon aún más y el elfo se apartó horrorizado.- ¡No hay tiempo, Dobby!- Tronó Draco.- Tenemos que salir de aquí.- Sin preguntarse siquiera dónde aparecerían, Draco dejó que el elfo le cogiera del pantalón y junto con los otros tres prisioneros se adentraron en la oscuridad. Draco agarró a Hermione más fuerte que nunca, no podía perderla por el camino. Lo que le pareció una eternidad después, sus piernas tocaron tierra firme, o mejor dicho arena. Estaba en alguna playa, a lo lejos se veía una pequeña casita. Se aseguró de que Hermione seguía entera en sus brazos y de repente sintió un fuerte dolor en la espalda.

-Sueltala.- Gritó Ron.- No la toques.- En ese momento Hermione abrió los ojos aterrada y cuando vio aquel rostro pálido el corazón le dio un vuelco.- He dicho que la sueltes.- Draco calló al suelo por el golpe que Ron le había dado en la espalda, pero no soltó a Hermione. Podía soportar el dolor si ella estaba bien.

-Basta, Ron.- Dijo Hermione con la voz debil.- Me has salvado.- Susurró ella mientras intentaba levantarse, pero Draco la tenía sujeta con mucha fuerza.

-No, me has salvado tú.