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Solo En Mis Recuerdos. — capítulo 11

Capítulo 10: Annabeth es la nueva Cenicienta.

—No, tu no... —pero no sé qué decir. Luke luce muy confundido, como si estuviera diciendo loqueras. Y así me siento—. Tengo... tengo que salir...

Debo salir de la sofocante casa antes de que me desmaye o algo parecido.

—¡Annabeth! ¡¿Qué le pasó a tu maquillaje?! —grita Piper, salida de la nada. Parece tan horrorizada que me agarra por el brazo ella misma y me guía escalera arriba. Voy tropezando por los tacones carmesíes, pensando en lo que acaba de pasar.

¿Cómo es posible que Luke continúe con vida? Esto no es algo que debería ser posible.

Mi mente intenta buscar una solución lógica, pero parece nublada. Es como si no pudiera pensar con claridad.

Me canso de los tacones y me los quito, pero Piper no deja de tirar de mi brazo así que los dejo abandonados a medio pasillo. Piper va a matarme por eso, pero ¿y qué? Ahora hay cosas más importante sucediendo que un par de zapatos.

Piper me hace entrar en un baño enorme con pisos de cerámica y cortinas de seda. Piper cierra la puerta de madera blanca y me conduce hasta el lavamanos.

—¿Qué hiciste con tus zapatos? —sus labios se fruncen, pero no espera a mi contestación. Sacude la cabeza y rebusca algo en su bolso—. Estás muy rara, Annie. No te entiendo —saca un paquete de toallitas húmedas y saca una para pasarla por mi rostro. Cuándo ve que eso no resulta demasiado, abre el grifo del lavamanos y me indica que empiece a lavarme. Obedezco en silencio, aún aturdida.

—Percy me odia —digo cuándo estoy segura que me he lavado todo el maquillaje—. Y odia que me vea como una copia de Drew.

—¿Qué dices? Estás fantástica.

—Él no opina lo mismo —luego de soltar un suspiro le cuento lo que pasó hace unos minutos. Ya me siento más calmada, a pesar de que aún siento mi corazón hecho trizas.

Piper me mira con compasión y lástima.

—Oh ¡Annie, lo siento mucho! —cubre su rostro con sus manos—. Esto es culpa mía, no debí haber pensado ese plan. Lo siento.

Lanzo otro suspiro y aparto sus manos de su rostro. Veo sus ojos cristalinos por las lágrimas contenidas.

—Yo quería hacerlo, es culpa de las dos —digo forzando una sonrisa.

Piper me da una media sonrisa y aparta la mirada.

—Hay que cambiar el plan, entonces —empieza a buscar algo dentro de su bolso otra vez.

—Olvídalo, Piper —suspiro—. Percy me odia y solo quiere estar con Drew —me muerdo el labio, pensando en que mis palabras son verdad.

Un horrible pensamiento llega a mi mente: ¿Y si esta realidad no puede ser modificada? ¿Y si he perdido a Percy para siempre y el Campamento Mestizo no puede ser devuelto?

O incluso peor ¿Y si el Campamento Mestizo jamás existió y todo lo imaginé? Empiezo a dudar de lo que es real e imaginario, mi mente empieza a volverse un revoltijo y de repente quiero llorar otra vez.


—¿Por qué odias a Drew? —decido preguntar luego de pasar un rato en silencio, con Piper aplicándose otra capa de labial.

Ella me da una mirada rápida.

—Siempre hemos sido enemigas naturales —se encoge de hombros—. No hay mucho qué explicar. Nos odiamos y ya.

—¿Nunca has querido hacer las paces con ella?

—Por supuesto que no —me mira espantada—. Drew es una bruja. Y yo no soy amiga de brujas.

Piper saca un rimel de su bolso y empieza a aplicarlo con delicadeza en sus pestañas ya perfectas.

—Además ¿a qué vienen esas preguntas? —me cuestiona—. Es como si yo te preguntara porqué estás tan enamorada de Percy Jackson si ni le conoces bien.

Suspiro. Si ella supiera...

—Quiero ir a casa. Es tarde —digo dirigiéndome hacia la puerta del baño. Puedo sentir los ojos multicolores de Piper sobre mí, pero ella no me detiene. Ni se ofrece a llevarme a casa.

Perfecto. Tendré que buscar a un chofer nuevo o ir caminando.

El pasillo se ha llenado de gente y se me dificulta encontrar los tacones escarlata que he abandonado. Miro por cada rinconcito, pero no están.

Ah, más perfecto aún: tendré que ir descalza.

Tardo casi media hora, pero logro salir de la atestada casa de los Grace. Ya en el jardín iluminado con luces navideñas miro a mi alrededor, buscando alguien conocido que sea lo bastante amable de llevarme a mi casa.

Las pocas personas que veo no las reconozco. Mis hombros se hunden, sabiendo que tendré que emprender un largísimo camino a casa por mi cuenta.

Pero... Oh, no ¿Cómo es que se llega a mi casa desde aquí?

—Esto es una pesadilla —mascullo entre dientes. Oficialmente este día no podría ir peor.

—Vaya, vaya —una ronca voz me hace dar media vuelta, reconociéndole al instante. Percy está a un metro de mí, mirándome con una sonrisita de burla—. Miren a quién tenemos aquí... Una pequeña chica rubia que luce aún más patética que antes.

Aprieto los puños a mis costados, obligándome a fingir que sus palabras no me duelen como si fueran afilados cuchillos.

—¿Qué quieres, Jackson? —le cuestiono.

Percy apoya el hombro sobre un bonito árbol junto a él. Las luces que lo adornan caen sobre él, dándole un aspecto luminoso y oscuro a la vez, lo cual lo hace ver muy poco al Percy que yo conozco.

—Me recuerdas un poco a Cenicienta —evade mi pregunta. Me cruzo de brazos, esperando a que continúe—. Llegaste con un hermoso vestido y elaborado peinado. Y en un instante terminaste hecha un desastre... y con tus zapatos perdidos.

Mi vestido aún tiene algo de tierra y mis pies descalzos se han ensuciado por pasear por el patio. Mi cabello seguro se ha esponjado por la humedad y ya no tengo el maquillaje encima, pero aún siento los ojos algo rojos por tanto llorar. De verdad debo estar hecha un desastre.

—Mira, Percy, no me importa lo que digas de mí, no tengo ánimos ni tiempo para escucharte —reemprendo mi camino hacia la acera, haciendo acopio de toda mi inteligencia para recordar el camino de vuelta a casa. Está decidido: prefiero ir caminando y llegar con los pies magullados que soportar los insultos de Percy.

—Annibel... —no respondo y comienzo a andar con más ganas. Puedo sentirlo seguirme— ¿Podrías detenerte?

—Déjame en paz —mi voz se quiebra y aprieto los labios. Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas y ya no sé si son de furia, tristeza o qué. Solo sé que no quiero que Percy me vea llorar. Eso solo le dará más material para fastidiarme y demostrarme que me odia.

—¿A dónde piensas ir? ¿Te irás descalza?

—Si eso va a alejarme de ti, sí —siento su mano rodear mi brazo. De inmediato siento algo parecido a una chispa eléctrica que recorre cada articulación de mi brazo. Mis ojos de alzan, abiertos de par en par. Me encuentro con los azules ojos de Percy, pero él no da muestras de haber sentido lo mismo.

—Piper me dijo que te diera esto —su mano se desliza hasta la mía y deposita en ella una única llave plateada—. Es de su auto.

—Gracias —mascullo y me alejo de él, a pesar de que gran parte de mí no quiere hacerlo. Percy no me sigue esta vez y no sé si agradecerle por haberme hecho caso o entristecerme.

Encuentro rápidamente el Lexus de Piper y me subo en menos de dos minutos ya estoy acelerando para irme a casa.

Miro a la acera, esperando ver la silueta de Percy. Pero él ya se ha ido.

No es hasta que llego a casa y me acuesto sobre mi mullida cama que me doy cuenta de algo inusual.

No solo es raro que Luke esté vivo, sino que además... él casi me recuerda.

¿Nos hemos visto en algún lado? Te me haces conocida. Sus palabras suenan en mi cabeza y me siento de golpe sobre la cama. Eso me da una esperanza de que tal vez... solo tal vez todo pueda volver a la normalidad.