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Solo En Mis Recuerdos. — capítulo 10

Capítulo 9: El desprecio de su voz.

—¿Reyna? —ese nombre no me suena conocido del Campamento Mestizo—. Seguro es encantadora.

—Lo es —sonríe aún más— ¿Y quién es tu novio?

—¿Eh? —¿Cómo sabe que tengo novio?

—Se lo dijiste al chico que quiso bailar contigo —señala al interior de su casa.

Oh. Lo había olvidado.

—Ah, es un chico que conocí en un campamento —ni loca voy a decir que es Percy. Me verá como chiflada, o peor: como una pobre chica ilusionada.

—Genial ¿Cómo se llama?

—Ah... No es relevante —levanto un hombro, restándole importancia. Jason sonríe con diversión. Va a decir algo cuándo mira detrás de mí y cambia de opinión.

—Ahí va Percy —me giro a verlo sin ninguna discreción. Efectivamente está ahí. Está cruzando el jardín con cierta calma, luciendo aún su cresta de punk y sus cadenas en sus jeans negros.

Mi corazón da un brinco de felicidad cuándo sus ojos azules como el mar se posan en mí, pero eso es solo un momento antes de que su atención pase a Jason. Percy muestra una sonrisa pequeñita y se acerca a nosotros.

—¿Qué hay? —choca los puños con Jason y a mí me ignora por completo, como si no existiera.

Ahora ya no soy la chica que odia, sino la invisible.

—Ella es Annabeth, mira lo que hizo Piper con ella —Jason me señala con una sonrisa.

Los azulados ojos de Percy se posan de nuevo en mí y espero a que muestre algo, sorpresa, alegría e incluso odio, pero su mirada es tan inexpresiva que me duele.

—Luces... —se queda callado a mitad de frase y las esperanzas renacen en mí.

—¿Guapa? —sugiere Jason guiñándole un ojo.

—Ridícula —dice Percy entre dientes con su voz desbordando desprecio.

Jason alza las cejas y yo lo miro boquiabierta. Siento como mi corazón se agrieta hasta romperse en mil pedazos ¿Era necesario ser tan cruel?

Percy aparta los ojos de mí, como si no soportara verme.

—¿Has visto a Drew? —pregunta a Jason. Claro, todo gira sobre ella. Su hermosa, perfecta y adorada Drew.

El dolor de mi pecho es reemplazado rápidamente por furia ¡Todo esto es culpa de la hija de Afrodita! Si ella no existiera, sería más fácil conquistar a Percy.

Claro, y también sería más fácil si Percy no me odiara.

—Eh, creo que no ha llegado —murmura Jason, pareciendo algo incómodo.

—Iré a buscar a Piper —susurro, más para el rubio que para el otro. Jason asiente con una sonrisa que parece decir "Disculpa a Percy" y el pelinegro ladea la cabeza y sonríe de una forma que me indica "Me alegro de que te vayas".

Retrocedo un paso y el tacón de mi zapato carmesí se hunde en la tierra. Sacudo los brazos pero es inevitable. Igualmente caigo de espaldas al suelo.

—¡¿Estás bien?! —Jason aparece a mi lado. Empiezo a ver estrellitas unos segundos antes de enfocar su rostro preocupado.

—Sí, gracias —medio sonrío e intento incorporarme. Jason me ayuda, pero mientras me levanta mis ojos tropiezan con la mirada de Percy. Él parece divertirle mucho esta situación. Su sonrisa burlona me lo dice todo.

Me sacudo torpemente la tierra y antes de que pueda empezar a echarme a llorar corro de vuelta a la casa. Jason no me sigue.

Lágrimas de impotencia se acumulan detrás de mis ojos ¿Por qué tiene que salir todo tan mal? El plan era perfecto: Percy me vería, me encontraría fabulosa, hablaríamos y me recordaría y juntos devolveríamos todo a la normalidad.

Pero parece que quién sea que haya hecho esto no va a ponérmela fácil.

Sin poder evitarlo las lágrimas corren por mis mejillas, arruinando el hermoso maquillaje de catálogo.

Muchas personas me miran pasar y tengo que empujar a muchos para que me abran paso. Una mano se posa sobre mi hombro y me detengo.

—Oye, chica ¿Estás bien? —la voz se me hace un poco familiar, pero no me vuelvo a mirar.

—Sí —intento decir con firmeza, pero mi voz tiembla.

—¿Nos conocemos de algún lado? Te me haces conocida.

—Lo dudo —aunque eso me ha puesto en alerta. Me giro, sin importarme que parezca un mapache por el maquillaje arruinado y suelto un jadeo, llevo mi mano a mi boca. Es imposible.

—¿Qué sucede? —él ladea la cabeza.

La respiración se me corta y siento que la sangre abandona mi cara.

—Estás muerto —es lo único que puedo decir.

Él me mira con confusión y luego ríe.

—¿Estás ebria?

Pero no lo estoy. Y evidentemente esto no es un sueño.

Luke está vivo y justo delante de mí.