Solo En Mis Recuerdos. — capítulo 2
Capítulo 1: Una mejor amiga desconocida.
Aún aturdida, me levanto de la cama. Una parte de mí se siente como una extraña en una habitación ajena, pero la otra parte, ese lado racional que poseemos los hijos de Atenea, me dice que éste lugar no es tan desconocido: yo vivo aquí y esta es mi habitación.
Y ese instinto que me lleva a asearme, vestirme, recoger una mochila violeta del suelo, bajar las escaleras y entrar a una cocina. Sin duda he estado aquí antes, pero no puedo identificar cuándo. Mis últimos recuerdos se remontan al Campamento Mestizo, cuándo Percy me dijo que me quería y siempre sería así.
Y luego él se esfumó, y luego las cabañas y los semidioses siguieron su destino. Ni siquiera estoy segura de haber dormido nada, a pesar de que haberme levantado de la cama indica lo contrario. Hace unos minutos estaba en Long Island ¿En dónde estoy ahora?
Mis manos y mi cuerpo se mueven en modo automático cuándo traspaso el umbral de la cocina, me llevan a tomar un tazón yabuscar leche en la nevera para prepararme un desayuno rápido.
Siento que ya he hecho esto cientos de veces antes.
¿Qué está pasando? ¿Dónde está mi antigua vida? Sé que este casa es la mía, sé que esto lo suelo desayunar y que en unos minutos me iré al colegio, pero igual me siento muy desorientada y confundida.
¿Es esto algún truco de los dioses?
Yo no debería estar aquí. Yo debo estar en el Campamento Mestizo, con Percy y los otros semidioses, con las fogatas y las misiones. Yo no pertenezco a este lugar, pero no tengo idea de cómo volver a mi verdadero hogar, a mi verdadera vida.
—Annabeth, buenos días —me olvido de la leche que estoy vertiendo en el tazón cuándo escucho esa familiar voz. Me volteo para ver a mi padre entrar en la cocina. Va directo a la cafetera para servirse una taza de café.
—¿Papá? —digo algo insegura— ¿Qué haces aquí?
Mi padre se voltea hacia a mí con una mirada de extrañeza adornando sus ojos.
—Vivo aquí —es obvio que mi pregunta lo desconcierta. Rebusco con locura en mi cerebro alguna información sobre mi padre en esta falsa vida, pero no encuentro nada. De hecho, reconozco la casa pero no sé nada de ninguna persona en general. Esto me hace sentir pánico y me hace ansiar respuestas con urgencia.
—¿Estamos en San Francisco? —pregunto. Las palabras me brotan extrañas, titubeantes. No parezco yo. Mi padre frunce el ceño y le da un sorbo a su taza de café antes de responderme.
—Cariño, no vivimos en San Francisco desde tu infancia.
—¿Mi infancia? —ahora sí que estoy perdida. Estoy demasiado desconcertada para pensar con claridad y eso me enoja. Una hija de Atenea no debería tener problemas para pensar.
—¿Te sientes bien, Annabeth? —pregunta mi papá evidentemente preocupado.
Trago saliva y asiento con la cabeza. Me volteo para echarle el cereal de frutas a la leche y ni mi padre ni yo agregamos nada más.
Ante mí está en gran edificio del Colegio Godel. Una hermosa edificación de piedra blanca y elegantes columnas al estilo griego. De hecho, todo el edificio parece sacado de la Antigua Grecia, otra cosa que solo me recuerda mi verdadero hogar.
Insegura, comienzo a caminar hacia la entrada junto con otros estudiantes. Durante el trayecto al colegio, mi padre me trajo en silencio y no paraba de lanzarme miradas por el rabillo del ojo. Yo, por otro lado, tenía mi mente perdida en otra parte. No podría dejar de preguntarme si esto era un sueño largo y en cualquier momento despertaría.
Pero a la vez todo parece tan real... y el Campamento Mestizo es lo único que siento como un verdadero sueño, lo que me hace cuestionarme ¿Qué es real y qué no lo es?
Me decidí a encontrar respuestas. Y lo mejor será que sea cuánto antes.
Por dentro, el Colegio Godel parece otro más a pesar de que por fuera la estructura indica lo contrario. Hay paredes repletas de casilleros turquesa, algunos carteles destinados a dar información sobre clubes y eventos escolares.
Me quedo de pie en el pasillo, sabiendo a dónde debo ir pero no atreviéndome a hacer lo que mi cerebro me indica.
—¡Annie! —pego un salto cuándo la voz aguda aparece a mi lado. Me encuentro con una chica un poco más baja que yo, de ojos azul cielo y un hermoso cabello negro que me recuerda dolorosamente a Percy—. Al fin llegas, creí que no lo harías nunca —enlaza su brazo con el mío y me hace caminar mientras sigue parloteando—. No vas a creer lo que se dice por ahí, de... ya sabes —me guiña un ojo y suela una risita—. Pero no te cuento ahora, porque no quiero que oídos indeseados me escuchen...
—¿Quién eres? —no me resisto a preguntar. Ella se detiene y clava en mí sus ojos abiertos de par en par.
—¿Es una broma, no? —su sonrisa se borra.
—Yo... —no tengo idea de qué decir ahora. Esta chica actúa como si me conociera desde siempre y yo no puedo ni identificarla.
—Te juro que a veces me decepcionas, Annabeth —desenreda su brazo del mío—. Soy yo. Lonney —al ver que no reacciono agrega—: Tu mejor amiga desde que teníamos seis años.
Eso explica porqué me trata como si fuéramos conocidas desde la juventud. Sacudo la cabeza.
—Lo siento, Lonney... es que yo...
—Ay, olvídalo —sacude la mano—. Es amnesia, ¿cierto?¿O algo parecido? Mira que siempre me andas haciendo preguntas tontas, como esta.
—¿Siempre lo hago?
—¡Sí! —me mira con obviedad—. Ayer me preguntaste en qué ciudad estábamos, y, hey, es lo más tonto del mundo que me preguntes tal cosa.
—Yo...
—Pero no me importa —se encoge de hombros, interrumpiéndome—. Sabes que estoy acostumbrada a tu memoria de pez Dory. Después de todo, no eres la más lista de aquí.
—Espera ¿qué? —ese comentario no me gustó para nada. Lonney pone los ojos en blanco y vuelve a sonreír.
—¿Ves lo que te digo? Siempre has sabido que eras un poco tontita —se ríe— ¿Recuerdas lo que dijimos la otra vez? Lo atribuimos a tu cabello —al ver que no río con ella, se carcajea aún más—. Las rubias son tontas, eso dijimos. Y estuviste de acuerdo. Pero no te preocupes, siempre serás mi mejor amiga aunque no seas demasiado inteligente.
—Soy una hija de Atenea —no puedo evitar defenderme ¿Tonta yo? ¡Eso es inaceptable! Soy muy inteligente y ¿eso de que las rubias son tontas? ¡Es un estereotipo ridículo!
—Sí, claro —ella parpadea, confundida pero luego vuelve a reír—. Vamos a clases, Annie, sino llegaremos tarde.
Lonney me conduce hacia mi casillero, curiosamente junto al suyo. Ingreso la clave, mi cerebro indicándome qué hacer, pero aún algo desconcertada por mi vieja mejor amiga recién descubierta y que aparentemente soy una rubia boba.
¿Qué es lo que sigue ahora?
Lonney me guía hacia el aula correspondiente, la de Matemáticas, mientras habla y habla de un fabuloso vestido que vio en línea y que debe comprar sí o sí. Me invita a ir con ella esa tarde al centro comercial y yo a todo asiento, creando un plan en mi cabeza: si quiero descifrar qué está pasando es mejor que me informe primero de esta nueva realidad.
Tomamos asiento una junto a la otra, mientras los demás estudiantes entran y se sientan. Me siento más erguida cuándo reconozco algunas caras: son semidioses del Campamento Mestizo. Pero, aunque algunos me miran, ninguno parece saber quién soy, ni lucen tan confundidos como yo estoy.
—¿Qué era lo que tenías que contarme? —pregunto a Lonney viendo a los semidioses.
—Ah, pues, ya sabes quién tiene una nueva novia —la voz de la pelinegra baja hasta convertirse en un susurro—. Y no vas a creer quién es —la observo, no teniendo idea de quién es "ya sabes quién" ni su nueva pareja—. Se trata de Drew Tanaka, la conoces ¿verdad? —la reconozco vagamente como una hija de Afrodita—. Todo el colegio está hablando de ese emparejamiento, porque es rarísimo que la reina de la moda y belleza salga con alguien tan mala reputación como él.
Pero yo sigo sin saber quién es él.
—¿Y cómo sabes que es verdad ese rumor? —pregunto, fingiendo estar interesada en los chismes del día.
—Está más que confirmado. Drew ya lo confirmó, y él también.
—Ah —asiento, simulando que sé a la perfección de quién me habla.
Lonney se sacude el cabello de los hombros y sigue hablando del tema, mientras yo abro el libro de Matemáticas para saber de qué va la clase.
—¿Sabes? Puede que él tenga esa vida de rebelde sin causa, vista de negro y siempre esté en algún aprieto, pero me parece que hace una linda pareja con Drew. Como que combinan —la veo sonreír—. Hasta sus nombres suenan lindos juntos ¿O me vas a negar que Percy y Drew no hacen un gran dúo?
Ahí es cuándo mi corazón se desploma.