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Historia 191773 — capítulo 1

Incendio

La mañana del 31 de Diciembre de 2010 amanecí con un sol radiante frente a mi ventana, el sonido de las olas y el chillido de las gaviotas no hacían más que decirme que mi vida era casi perfecta, había venido a pasar las vacaciones de navidad y año nuevo con mis padres, yo acababa de empezar a estudiar en la universidad en un ciudad distante. El día alegre chapoteando y construyendo castillos de arena junto a mi hermano, me decían que seguía siendo la misma niña de hace tanto años, no había madurado en lo absoluto, me hacía feliz darme cuenta que aún tenía todos esos pensamientos de una niña de 11 años.

  • Elizabeth- mi madre gritaba mi nombre desde la casa- mueve tu cabellera roja y ven a ayudarme para la cena- ella quería pasar todo el tiempo que podía a mi lado.

Mi madre era encantadora, cada vez que sonreía alzaba los hombros juguetonamente, gesto que yo había aprendido, nada más que eso teníamos físicamente en común, no nos parecíamos, mi madre tenía el cabello negro salpicado de pocas canas, la piel color canela y hermosos ojos  del mismo color que su cabello.

Esa nochebuena reí hasta más no poder, en mi pueblo, un lugar pequeño, no se acostumbraba a elaborar los platillos típicos de las grandes ciudades, teníamos nuestras propias tradiciones; una parrillada de mariscos era lo esencial en la mesa. El árbol navideño artificial lleno de luces distaba tanto del paisaje que se veía a través de las ventanas, la playa mostraba orgullosa a sus palmeras mientras yo y mi familia recogíamos algunos presentes de debajo del árbol.

Libros que tanto me gustan leer era lo primero que encontré, chocolates propios de mi país, un hermoso collar que tenía un colgante de un búho formado por un cuarzo rosa y una cajita que en el interior tenía una esfera de cristal semejante a la bola del mundo.

Los lentos días se escurrían entre mis manos mientras miraba el mar, las olas en su vaivén susurraban presagios, y mi corazón latiente decía que disfrute cada momento de estar en casa.

Mi pueblo era de tradiciones, y el año nuevo no se quedaba atrás; que si las uvas para la media noche, que si había que agarrar la maleta y dar vuelta a la manzana, que había que quemar un monigote y muchas cosas más, con mis padres y hermano habíamos ido a ver cada uno de los monigotes del pueblo antes de que los quemaran. Mis amigos de la infancia disfrutaban de una fogata en la playa y mis padres decidieron que era buena idea que me quedara hasta que fuera la medianoche, a esa hora nos reuniríamos y recibiríamos el año junto. Un fuerte abrazo y ellos se marcharon a preparar todo.

Baile tanto hasta que mis pies se cansaron, nunca fui buena para el baile, pero lo hacía con pasión, al moverme sentía como si magia recorriera mi cuerpo, una magia casi tangible.

  • Hey mi linda- Gabriel me saludo dándome un fuerte abrazo por la espalda, él y yo llevábamos 3 años saliendo juntos, lo amaba, había planeado tener una vida juntos y cada que veía sus ojos grises me enamoraba un poco más - ya te extrañaba

  • Y yo a ti, no esperaba verte aquí- le dije sosteniendo sus brazos con los míos, estaba tan cálido y confortable.

  • Solo quería verte por última vez este año y pedirte que el próximo siguiéramos juntos

  • Esa es un promesa, el próximo y muchos más- voltee para ver sus ojos y sostuve su rostro para darle un besos

  • ¿Qué sería de mi sin esos ojos verdes y ese cabello rojo fuego que tienes mi linda?- sonreí con sus ocurrencia, él era el hombre perfecto.

¿De quién más podría enamorarme en este mundo? Solo si yo no fuera yo, amaría a alguien más.

  • Ya casi es medianoche- dije pasando mi mano por su pecho- acompáñame a mi casa, papá debe estar preocupado.

  • Como usted y su hermoso cabello de llamas ordenen mi linda- A Gabriel le encantaba jugar con mi cabello, decía que seguramente tenía tanto fuego en el alma que se me escapó un poquito.

Mientras subíamos la colina que llevaba a mi casa gritos de algarabía se escuchaban muy fuertes y un humo espeso se vislumbró desde cerca mi casa

  • Mira- dijo Gabriel con una sonrisa- ya empezaron a quemar los monigotes sin ti.

  • No- el miedo recorrió mi cuerpo- eso no es un monigote.

Corrí colina arriba como si mi vida dependiera de ello, las llamas que se veían cambiaban de color y luces resplandecientes escapaban por las ventanas de mi casa. Mi casa se ahogaba en llamas y mi familia estaba ahí.

El impulso de entrar me llevó a lanzarme contra la reja de la casa, y una mano me sostuvo con fuerza.

  • ¡Suéltame!- grité con todas mis fuerza hacia Gabriel que sostenía mi brazo.

  • ¡Estas loca! Esa casa está en llamas, no te dejaré entrar

  • NO ENTIENDES, son mis padres los que están ahí dentro- sentía como finas gotas de llanto recorrían mi rostro- ¡SUÉLTAME!

Forcejee con fuerza logrando que me lastimara un poco su mano

  • ¡Morirás si intentas entrar!- él tenía razón, moriría.

Me aferré a su brazo y el me sostuvo delicadamente tratando de consolarme. De un golpe fuerte en su estómago lo aparte de mí y sin esperar un segundo corrí hacia la casa mientras escuchaba su grito llamándome

  • ¡ELIZABETH!

La reja quemaba y mis manos ardía, mi rostro por el que resbalaban calientes lágrimas estaba sudoroso, toda la casa se incendiaba, no sé como logré cruzar por cada una de las habitaciones buscando a mi familia, talvez sí tenía fuego en el alma y por eso no me quemaba. Desde una ventana logre verlos en la calle, habían logrado salir por la puerta trasera. Mi mente descansó, ellos estaban bien, nada más importaba. No importaba el calor agobiante, ni el poco aire que tenía para respirar, ni que me ahogaba en humo, ni que no podía salir porque el fuego había aumentado y yo me quemaba junto con mi hogar.

Un rayo de luz de esos centelleantes cruzó frente a mi nariz y otro impactó directamente en mi brazo izquierdo por encima del codo, el dolor era tan fuerte que creí me desmayaría, la sangre salía a chorros, pero no era roja, un líquido negro brotaba de la herida. Los rayos seguían saliendo de una habitación, mi habitación, la única que antes no había revisado.

Un hombre anciano y una mujer parecía que se encontraban en una especie de lucha de luces, gritaban palabras inentendibles y los rayos escapaban de algo que sostenía en sus manos, otro rayo golpeó con fuerza en mi pierna, muy cerca de mi ingle, el grito desgarrador que lance llamó la atención de los personajes.

  • ¡Ella no pertenece aquí, y allá no sirve de nada! Debe morir ¡AHORA!- gritaba la mujer muy alterada, sus ojos desorbitados indicaban rastros de demencia y maldad

  • La vida de muchos depende de ella y que vuelva a donde pertenece- sentenció el anciano mientras lanzo una especie de caparazón sobre mí.

  • NO ME IMPORTA, ¡CRUCIO!

apareció una gran fuerza casi invisible que cubrió todo su cuerpo y le permitió repeler aquel ¿hechizo?- entiende que por bien de todos esto es lo mejor, hasta de ti Bellatrix, no morirías, tal vez podrías cambiar tu destino también y tener una vida honrosa y hermosa que es lo mas importante- dijo en tono muy tranquilo como para esa ocasión

  • ¿El destino tiene que cumplirse como ya está escrito? ja - lo dijo sarcásticamente y con un tono enloquecido - eso es mentira, tu ya lo intentaste cambiar una vez y mira lo que sucedió viejo loco,  yo la mataré y el niño no nacerá nunca- limpió su rostro con la manga- mi señor la matara sea ahora o después

  • Yo no lo permitiré, ¡DESMAIUS!- fue muy sorpresivo y ella no se dio cuenta cuando el hechizo llegó directo a su pecho, cayó hacia atrás, provocando que los escombros se levantaran en una gran nube de polvo. 

No tenía fuerzas para hablar, ni para entender lo insólito que sucedía en mi habitación, las llamas quemaban más y mi cabeza comenzaba pesar, tenía ganas de correr pero mis pies no me dejaban

El anciano me miró con uno ojos azules tan penetrantes como el mismo mar, yo tenía tantas preguntas en mi mente pero no sabia como empezar, el sonrió.

  • Puedes empezar por la más importante- me dijo el anciano, parecía que me había leído la mente - ¿Quién soy?- me le quedé mirando estupefacta, no respondí tanto porque mi garganta no lo permitía como porque no entendía nada de lo que sucedía- Pues pequeña mía, yo soy Albus Dumbledore- dijo cordialmente

  • No, no puede ser- logre emitir en un susurro

  • Pues sí, si puede ser

En ese instante una pequeña esfera rodó hasta mi costado, no me había dado cuenta hasta ese instante que una viga aplastaba mi pierna, no la sentirla. Me percate que la esfera brillaba más de lo normal, en el interior de ésta se iban formando letras, que al final terminó dando como resultado una frase, lo leí lentamente y me dejo ensimismada en mis pensamientos

  • Léela en voz alta querida- dijo aquel anciano, haciendo que vuelva a la realidad.

  • No- susurré mientras leía y releía en mi mente la frase intentando encontrarle significado a todo lo que ocurría

"Y de otro lugar vendrá, la madre del elegido, por muchas penas pasará, para cumplir con su destino, ya que ni de época ni mundo pertenece, pero su amor salvará a todo el que perece"

  • ¿Qué significa?- pregunté sin importarme si el hombre sabía o no el contenido de la esfera.

  • No lo entiendes, no perteneces aquí, tú no eres quien crees que eres, tienes una profecía que cumplir, que se encuentra en tus manos, y yo haré que la cumplas.

Una luz intensa salió de la esfera, me fije no sólo en las letras de la bola de cristal sino en ella misma, y para mi sorpresa era la que me dieron mis padres de regalo en navidad, los continentes dibujados en ella empezaron a dar vueltas rápidamente, giraba y giraba sin parar, hasta que de golpe paró produciendo que mi mano se quemara.

  • Tienes que volver, eso será lo mejor, por hoy yo iré contigo.

Quise reclamar, decir que no tenía intenciones de querer ir a ningún lado, que yo tenía una vida completamente feliz aquí, pero antes de pronunciar palabra alguna la esfera me absorbió.