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Historia 191773 — capítulo 10

Un momento de paz

Los primeros copos de nieve estaban por caer y con ellos nuestra segunda salida a Hogsmeade, extrañamente pero no para Cherry, algunos de los chicos de tercer, cuarto y quinto me pidieron que saliéramos a pasear en el pueblo, claro que lastimosamente yo ya había hecho planes muy anteriormente con mi compañero de aritmancia, Joel Ethans, así que esta vez, ya no me libraba de un intento de seducción por parte de mi amigo.

Lo bueno de toda la situación es que después de pasar un rato con Ethans iría a verme con mis amigas en las tres escobas con la esperanza de que esta vez la señora Rosmerta no se dé cuenta de nuestra edad y nos sirva un par de vasos de whisky de fuego.

  • ¿Y van a ir solo ustedes dos?- pregunté a mis amigas mientras decidían qué ponerse para la salida, yo no estaba con tanto preparativo, después de todo solo era Ethans.

  • Yo tengo una cita- Cherry dijo risueña.

  • Y porque no lo contaste antes.

  • Porque nos pusimos de acuerdo hace una hora, yo se lo pedí, y bueno, iré con ese chico de Hufflepuff, el alto de ojos color amarillo.

  • ¿Por qué con él Cherry?- soltó Mary- es todo raro, y verdad que su mirada es extraña.

  • Creo que es un vidente y es muy bueno en clase de adivinación, quiero preguntarle algunas cosas.

  • ¿Pero?

  • Déjala Mary, si ella es feliz yendo con… ¿Cómo se llama?

  • No lo sé, para eso es la salida no, para conocernos.

  • Pero el nombre…- empezó Mary.

  • Déjala, es raro, pero déjala, dime tu con quien vas.

  • Sirius- respondió sin mucho interés.

  • Otra cita con vestido rosadito.

  • Muy chistosa Lily, no... hicimos otra apuesta.

  • Y ahora que chica va a estar en medio de todo esto.

  • ¿Por qué siempre tiene que ser una chica?- sonrió pícaramente.

  • Porque las apuestas de ustedes dos siempre han implicado a una pobre niña inocente que cae en las garras de Black.

  • Bueno esta vez es una apuesta entre los dos.

  • Eso es raro... ¿Y qué es?

  • Vamos a ver cuál de los dos aguanta a tomar 10 vasos de cerveza de mantequilla seguidos sin parar.

  • 10, pero eso te va a hacer daño.

  • Eso es Lily, vamos a ver a quien le hace daño primero, bien me voy, nos vemos en las tres escobas a las 5 listo- salió golpeando la puerta levemente.

  • Siempre he sabido que es una mala niña, verdad Lily.

Miré con resignación el agujero porque salió mi amiga y aun que estar tanto tiempo con Black la estaba cambiando, también se la veía más feliz.

Quede en encontrarme con Ethans en la puerta principal a las tres de la tarde, lo bueno es que solo tendría que estar con él 2 horas...

Dos y cincuenta, *hay jamás dejaré de ser demasiado puntual,*decidí esperar los diez minutos que quedaban para las tres y si no llegaba me iría en busca de Mary, aunque estuviera con Black y sus amigos.

  • Hola Lily, ¿Cómo estas?- Ethans llego 5 minutos después de mi llegada.

  • Hola Ethans, muy bien gracias.

  • Estas muy linda hoy.

  • Eh gracias.

Los temas de conversación en un principio fueron acerca del tiempo y de las clases, se le notaba el nerviosismo en la voz, en ocasiones se presentaba un silencio muy incómodo y luego empezó con una falsa modestia y con historias que sonaban muy imaginarias sobre su vida.

  • Ser invitado especial del duque para el baile de navidad no es nada importante- alzaba los brazos restándole importancia- ya hemos ido a mucho bailes, este año preferimos ir a la cabaña de la condesa en las montañas.

  • Que interesante- decía yo arrugando la nariz.

La charla de Ethans se volvió insoportable, no sé cuántas de las cosas que mencionó eran mentiras o exageraciones de su vida, que si las vacaciones pasadas fue a las islas Fiji pero no era tan importante porque le aburría la playa, que prefería pasar el tiempo en New York con el príncipe pero tampoco era agradable tener que ocultar su magia.

Tal vez bien la burla en mi rostro al escuchar su plática que intentó que le hablara de mi vida, fui tan cruda y sincera en la medida que podía que Ethans ni supo que hacer, más que volver a su charla de la cabaña de la condesa de no se donde.

Entré a la heladería con el afán de que mientras coma un helado dejara de hablar, gran error; empezó a contarme lo deliciosos que son los helados hechos con el hielo mismo de ártico recién sacado del glaciar. Comí el helado de mora y salí inmediatamente de la tienda sin esperar que Ethans terminara el suyo.

Me alcanzó cuando aún no llegaba a la plaza y tomó mi mano.

  • Vamos a las tres escobas- sonrió- espero que tengan vino Francés de calidad.

  • Ethans yo...- me iba a negar su compañía a las tres escobas cuando Ethans solo mi mano de golpe y se cubrió la cara.

  • ¿Qué te pasa?- pregunté un poco angustiada.

  • Me hincho- su voz era un pitido diminuto.

  • ¿Qué?- tomé sus manos y las tire por la curiosidad de saber qué es lo que le ocurría, sus cachetes estaban tan grandes y rojos como dos tomates y cada vez crecían más.

  • Ven vamos a la enfermería- él cubrió su rostro de manera que nadie se diera cuenta de lo que le ocurría .

  • ¡No!- chillo Ethans- yo voy solo, quédate.

Hecho a correr por la calle en dirección al colegio dejándome sola en el centro de la plazuela central, aún faltaba media hora para las cinco pero decidí ir a encontrarme con Mary en las tres escobas.

El local no había cambiado desde la última vez que vine, seguía con su fachada de lugar antiguo pero acogedor, las mesitas agrupadas en diferentes posiciones cada una con cinco sillas alrededor de color café obscuro.

Me acerqué hasta la barra donde la señora Rosmerta ordenaba los vasos en una vitrina.

  • ¿Disculpe?- llamé su atención- ¿Vio tal vez a un grupo de chicos de tercer año?- su mirada era de confusión- me imagino que estarían unos 5… tal vez.

  • Lo siento pero no sé a quién te refieres, muchos grupos de chicos vienen a este local.

  • Bueno tal vez reconoce a Black o Potter- pronuncié con desgano.

  • Debiste empezar por eso, estaban hace unos minutos aquí pero salieron ¿Tú eres la pelirroja verdad?

  • Dijo sonriendo y poniendo su mano en la cadera- Claro que debes de ser ella te dejaron una nota... toma- extendió un papelito de color crema-  ve a sentarte en aquella mesa- su índice señalo la más lejana de todas las mesas, aquella que tenía tres sillas y un sillón grande pegado a la pared- en un momento te llevo una cerveza de mantequilla.

Me moví sigilosamente entre las mesas que tenía hasta llegar a la que me habían dicho que fuera, las miradas de muchos me seguían, seguramente sintiendo pena por mí por irme a sentar en una mesa lejana y solitaria.

Una vez que me senté en la silla con dirección a la ventana desdoble la pequeña hoja de pergamino "Hey pelirroja volvemos enseguida, no te vayas", no pude reconocer la letra, pero seguramente era de James, solo él me llamaba pelirroja.

No pasó mucho tiempo hasta que vi una cerveza de mantequilla en la mesa, de hecho eran dos vasos de cerveza y un chico despeinado sentándose en la silla continúa a la mía.

  • ¿Qué haces aquí?- dije malhumorada.

  • Pelirroja, solo quiero tomar una cerveza de mantequilla tranquilo, podrías estar callada y sin molestar.

  • ¡Que yo te molesto!- la indignación de mi voz sonó muy dolida, como podría decir que yo le molestaba si era él quien siempre me estaba causando problemas- estás loco ¿O qué?

  • Mmh, no... tú eres la loca que siempre está gritando.

Me le quedé mirando, definitivamente Potter es el más gran idiota que existe.

  • Bien... entonces querido Potter- empecé en un tono dulzón- hay muchos puestos vacíos en este local,  ¿Podrías irte a uno que esté muy... muy lejos de mí?… Por favor.

  • Que pena pelirroja pero yo estaba primero en esta mesa.

  • Eso es mentira... yo estaba primero aquí y tú llegaste con las cervezas.

  • Pero te dejamos una nota diciendo que nos esperes en esta mesa... de hecho yo escribí la nota, por lo tanto YO estaba primero aquí.

Tuvo lógica su afirmación, pero de todas maneras me hizo sentir mal, revire la cara hacia cualquier otra mesa a tiempo para ver como muchos rostros volteaban rápidamente, nos estaban observando.

Me incliné un poco para levantarme e irme de las tres escobas a otro lugar, no importa cual, pero la verdad es que no podía aguantar tanto tiempo junto a James. Estaba a punto de salir de la mesa cuando al topar sin querer la mano de James una descarga eléctrica me golpeo..

  • Auhh- mascullamos al mismo tiempo.

  • Sí que tienes mala energía pelirroja.

  • Muy chistoso… pero lo bueno es que ya sabes lo que tienes que hacer para no sentir esa mala energía, no… me… toques…- separe las palabras con el afán de que suene más efusivo.

  • Créeme que no me alegra mucho tener que tocarte.

  • Bien, permiso- empujé la mesa pero otra descarga volvió a hacer brincar mi mano

  • Siéntate ahí, me dijeron que ya volvían y que no dejará que te vayas- mascullaba mientras masajeaba su mano seguramente en el lugar donde la descarga lo lastimó.

  • Tú no puedes impedir que me marche.

  • Mira Evans, no pretendo dar un espectáculo en este lugar... pero decide, o te sientas tranquilita o te hago sentar...

  • Si claro, tú con ese cuerpo delgaducho vas a poder, por favor- no mentía, James era muy flaco, prácticamente un esqueleto, pero aun así llamaba la atención de muchas de las chicas del colegio.

Pero se levantó con mucha agilidad para luego posar sus manos en mis brazos y tirar de ellos, por un breve momento nos acercamos tanto que nuestras narices rozaron, sentí nuevamente otra descarga, pero esta fue distinta, fue en el interior de mi cuerpo y mucho más intensa, quede tan indefensa ante su mirada que no pude moverme ni soltarme de su agarre.

  • Pues mira- susurró y me empujo contra el sillón rojo, caí muy cómodamente sentada y James se situó pegado a mí, impidiendo que me pudiera levantar para marcharme.

  • Pasa algo muchachos- la señora Rosmerta se acercó a nuestra mesa algo preocupada.

  • No se preocupe, estamos bien, verdad Evans- la mirada de James se posó inquisitivamente en la mía mientras que la señora esperaba mi respuesta.

  • Si, todo bien.

Ella se marchó para atender a los demás clientes del local, ahora las miradas de todos eran muy evidentes, mi rostro ardía pero deje de darle importancia, de todos modos pronto se bajaría el rubor de mi cara, pasamos un largo rato en silencio, este silencio era mucho más incómodo del que tuve horas atrás con Ethans, todo el costado de James rozaba con el mío, transmitiendo un agradable calor.

  • ¿Dónde está Mary?- rompí el hielo.

  • Salió con Sirius a tomar un poco de aire... ya sabes, para liberarse un poco del dolor de cabeza por tantas cervezas- pronunció como si nada hubiera pasado.

  • Y quien ganó después de todo.

  • Sirius ¿Quién más?... creías que Mary aguantaría tantas cervezas.

  • Nunca lo creí, ella no es muy buena para la bebida ¿Y Cherry?.

  • Aún no llegaba de su cita… ah, mira está entrando.

La puerta del local chirrió fuerte al abrirse, así mismo cuando Cherry la cerró, tardó un momento en localizanos, pero una vez que lo hizo se acercó dando pequeños saltitos.

  • Hola Lily- saludo con un beso en la mejilla igual que a James.

  • ¿Cómo estas Cherry? vaya sí que eres muy puntual- me queje ya que me llegó 10 minutos después de las cinco, era una estupidez, pero fueron 10 minutos más de espera junto a James.

  • Hay Lily, tú nunca cambias, ya pidieron una cerveza para mí.

  • Eh no, pero ahorita la traigo- James se ofreció.

  • Es muy amable verdad- Cherry lo miraba mientras se acercaba a la barra.

  • Si, muy lindo- dije sarcásticamente.

  • Lily, sabes que piensas que si es lindo y quitándole el sarcasmo verdad.

  • Cherry, por favor, acabo de tener una pelea con él y no quiero que me estés insistiendo en que me gusta… ¡Cosa que no es verdad!

  • Toma tu cerveza Cherry- James traía consigo tres cervezas- pelirroja te vas a acabar la tuya ¿O no?

  • Si, gracias.

Tome el vaso de cerveza, la mecí un poco para que la espuma se deshiciera y luego acerque el vaso a mis labios, esta resbaló por mi garganta produciendo un ligero ardor.

Inconscientemente reviere hacía James el cual me veía con una mirada ya conocida, como aquella cuando me besó hace ya mucho tiempo

  • ¿Qué me ves?- dije nerviosa.

  • Na… nada- por su tono de voz deduje que lo sorprendí.

  • Dime Cherry ahora si ya sabes el nombre del chico de tu cita.

  • Si, se llama Herlyn.

  • Ese un nombre de mujer- espetó James.

  • Sí pero sus padres decidieron ponerle ese nombre, no es culpa suya.

  • Cherry de verdad que tu amigo resulto bien raro, hasta su nombre- le sonreí.

  • Pero es muy agradable, me comentó cosas muy interesantes.

Volvía tomar otro sorbo de cerveza y nuevamente la curiosidad volvió a hacer que me girara en dirección de James.

  • ¿Y ahora que me ves?

  • Ya te dije que nada pelirroja- nuestras miradas empezaron a flamear.

  • Ehh… Lily- Cherry llamó mi atención, seguramente sintió el ambiente tenso y decidió intervenir- y a ti ¿Cómo te fue con Ethans?

  • Bien, pues él también resultó ser una persona muy agradable- mentí para no tener que contar sobre mi cita.

James alzó su vaso de  cerveza hasta el fondo, cosa que nos impresionó a Cherry y a mí

  • ¿Y a donde no más fueron?- mi amiga siguió con el interrogatorio.

  • Pues… a dar vueltas por el pueblo, comimos un helado y…

  • Ya eres novia de él pelirroja- el tono de voz de James sonó más como una afirmación que como una pregunta.

  • Pues ese no es tu problema.

  • ¿En verdad eres novia de Ethans, Lily?- Cherry parecía asustada.

  • Claro que lo es- James respondió por mí- si no porque van a estar caminando agarrados de la mano por todo el pueblo.

  • Eso no significa nada Potter... además ¿Tú cómo lo sabes?

  • ¡Porque te vi!- gritó y todas las cabezas del local reviraron nuevamente en dirección a nosotros.

  • No grites Potter y como ya te dije a ti eso no te importa.

  • Oh, que linda... defiende su amor con él cara hinchada de Ethans.

  • ¿Pero cómo… lo sabes?- Ethans se había cubierto el rostro y nadie aparte de mí había visto cómo su rostro empezaba a hincharse aceleradamente.

  • Yo…

  • ¡Fuiste tú! Tú lo hechizaste Potter- alce la voz sin importarme el resto de estudiantes que estaban en el local- ¡Idiota!

Lo empuje y logre salir de la mesa para luego escapar de las tres escobas, al salir me encontré con que Mary y Sirius estaban por entrar.

  • Lily ¿Pero a dónde vas?- las cejas de Mary se juntaron.

  • Lejos de Potter- pronuncié aun con la sangre caliente.

  • ¿Y ahora que te hizo?- inquirió Black

  • Existir, eso es lo que hizo- miré a mi amiga- vayan a las tres escobas, te veo luego Mary.

Caminé por las calles del pueblo lentamente, no tenía intención de ir al castillo, no quería encerrarme en mi habitación y tampoco quería ir a ver como se encontraba Ethans en la enfermería, pero mis pies me guiaban hacia el castillo, una vez cruzado las estatuas de los cerdos con alas en la entrada giré a la derecha para recorrer los campos del castillo, estaba casi desierto debido a que la mayoría de los estudiantes estaban en el pueblo.

Todo era muy tranquilo y se respiraba un aire puro y frío, llegue hasta los lirios lo cual me llamó mucho la atención pues yo los recordaba de un color naranja y ahora estaban de un tinte rojo fuego, me quedé un rato observándolos mientras los recuerdos que me traían este lugar flotaban en mi mente, la sensación del roce de sus labios era tan profunda que casi podía sentir ese beso, hasta podía sentir su olor entrar junto con el aire que respiraba.

Meneé la cabeza con el afán de olvidar todo aquello, ¿Cómo podía pensar en eso? era casi estúpido. Me levanté rápidamente y caminé en dirección al bosque, hasta aquel lugar cerca del lago que me traía tanta paz, tal vez podría ver nuevamente a la cierva que siempre me esperaba, que pena que esta vez no le lleve manzanas.

Una vez llegado al claro era fácil dirigirse hasta la orilla de lago, simplemente tenía que escoger el camino menos tenebroso.

Lo que vi no me causo paz ni tranquilidad sino más bien terror y desesperación, mi pequeña amiga cierva estaba echada en la fría hierba y propinando chirridos con una clara muestra de dolor.

  • Ely ¿Qué te pasa?- pregunté, claro que la cierva jamás me iba a responder pero algo debía hacer, la sostuve por la cabeza, pero no dejaba de moverse.  

Sus ojos grandes se concentraron en los míos como pidiendo ayuda, revise rápidamente su cuerpo con la mirada en busca de algún indicio de que se haya lastimado, pero caí en la cuenta de que es lo que le pasaba cuando me fije en el bulto que tenía en la parte que debería estar su estómago.

La cierva iba a ser mamá y yo no sabía qué hacer.

  • Soporta, intentare ayudarte por favor… aguanta.

Empecé a desesperarme, nunca había estado en una situación similar, como estábamos cerca del lago recogí con mis manos un poco de agua, pero llegó muy poca hasta la cierva.

  • Hay Lily, se supones que eres una bruja... usa la magia si la quieres ayudar- esa voz, alce la mirada y pude observar el rostro blanco de James apuntando una piedra para transformarla en una muy bonita vasija- mira, con esto recogeremos agua para refrescarla.

  • ¿Pero qué…?

  • Espera, ahorita tenemos que ayudar a esta futura mamá, no peleemos si... solo por hoy- clavó sus ojos en los míos ¿Cómo resistirse a esa mirada? Asentí no solamente por su magnetismo sino por mi afán de ayudar a la cierva.

  • Bien, tienes un pañuelo o alguna tela- negué con la cabeza, pero que me pasaba, acaso solo iba a hacer gestos.

Tomó uno de los extremos de su camiseta negra y la rompió.

  • Toma... moja esto y frotalo en su cuerpo, la naturaleza hará el resto... solo hay que esperar y ayudarla si tiene algún problema.

Hice caso a sus órdenes y mientras mojaba el cuerpo de la cierva James acariciaba su vientre. Cuando la cierva lanzó el alarido más fuerte, él se apuró a sostener a la cierva con sus manos para que no se desplomara del dolor. Bien dijo que la naturaleza se haría cargo, el pequeño animalito empezó a mostrar la cabeza y James lo sostuvo para que no se golpeé al salir completamente.

  • ¿Es ese el bebé?

  • Es una cría Lily

  • No importa si es de un animal, igual es un pequeño bebé- sonreí con tanta emoción, nunca había visto un parto.

James depositó la figura en la hierba donde el pequeño ciervo empezó a revolcarse por instinto hasta quedar completamente limpio, luego intentó ponerse en pie, por sus largas y finas patas caía otra vez que causaba ternura, cuando se cayó por quinta vez quise ayudarlo.

  • Déjalo, caminara y se acercará a su madre, necesita alimentarse- y la verdad fue así, después de muchos intentos se levantó y caminó hasta donde estaba la cierva para poder comer.

  • Gracias- susurré aliviada.

  • No es nada- sonrió también aliviado.

  • Potter ¿Cuándo aprendiste a hacer esto…?- señale a la cierva.

  • Mi padre tiene unos terrenos y algunos caballos, he visto a unas cuantas crías nacer- sonrió de lado-  los caballos y los ciervos no son muy diferentes.

Me quedé observándole y él a mí, sentí como me ruborizaba y vi el color carmín en su rostro.

  • Eh… ven lávate las manos.

Baje la mirada hasta mis manos, y pues, si tenía que lavármelas, estaba llena de lodo, sudor y sangre de la cierva. James también empezó a lavarse las suyas muy cerca de donde yo estaba.

  • ¿Cómo me encontraste?- pregunté mientras me concentraba más de lo debido en que mis manos terminen muy limpias.  

  • Es que… te seguí- seguramente la mirada que le lanzaron mis ojos le asustó que reaccionó a la defensiva- no me malentiendas, es que tu saliste muy alterada de las tres escobas y pues Mary y Cherry insistieron en que te siguiera, iba a hacerlo antes que ellas me lo dijeran pero creo que fue una gran excusa decir que tus amigas fueron las que me obligaron a ir a por ti.

  • ¿Y me encontraste enseguida o me seguiste mediante el olfato hasta este lugar? Porque la verdad no creo que si Mary o Cherry me siguieran irían a llegar hasta aquí... nunca he venido con nadie a este lugar.

  • Vaya no creí que la buena estudiante y cumplidora de las reglas del colegio  Lily Evans venga al bosque prohibido… ¿Vienes muy seguido?

  • Solo cuando quiero paz… no lo sé pero me relaja, nadie me puede ver desde el castillo y mucho menos encontrarme... ahora tú eres la excepción.

  • Es que estabas caminando muy despacio, de hecho te encontré en la entrada a los campos, pero no me animaba a llamar tu atención hasta que... entraste al bosque y ya… eso es todo.

  • Bueno es mejor a que tengas un radar que te permita encontrarme- pensé en el mapa del merodeador que tal vez ya estarían empezando a dibujar.

  • Sí, creo que no te gustaría que estuviera tras de ti todo el tiempo- terminó de lavarse y se arrimó a la roca cerca de la orilla.

  • Tienes razón, pero esta vez me alegra que me hubieras seguido, me ayudaste a ayudar a la cierva

  • Sí bueno, no vine solo para ser ayudante de medimago, vine a pedirte disculpas por lo de… ese Ravenclaw.

  • Se llama Joel Ethans y deberías pedirle disculpas a él no mí, o acaso me ves con la cara hinchada.

  • Bueno eso es pedir mucho, sabes que no le pediré disculpas- colocó sus manos tras su cabeza, se veía tan apetecible en esa posición.

  • Si lo sé, pero no perdía nada con intentarlo, la cosa es que a mí no tienes que pedirme ninguna disculpa.

  • Si tengo, lamento arruinar la cita que tenías con tu novio.

  • Ya dije que no es mi novio... y la verdad debería agradecerte por ahorrarme las falsas historias de Ethans.

  • Pues en ese caso… no te preocupes, siempre estaré ahí para arruinar tus citas- sonrió con picardía. 

Le sonreí de lado, me sentí tan bien al estar sin pelear junto a él, en este lugar donde se podía apreciar el atardecer que ya estaba muy cercano.

  • ¿Puedo preguntarte algo?

  • ¿Qué?

  • ¿Por qué llamaste a la cierva Ely?

  • Oh, eso… es que… necesita un nombre y ese me gusta mucho, Ely... Elizabeth.

  • Me estoy dando cuenta, tu lechuza también se llama Ely ¿Verdad?

  • Si, no la he visto hace mucho tiempo, pasa siempre en la lechucería o volando por donde quiere.

  • Nadie te envía cartas o paquetes- negué con la cabeza- ni tus padres o tus hermanos.

  • Mi papá murió el año pasado.

  • Oh, sí, lo siento, si me había enterado, lo siento mucho.

  • No te preocupes, creo que no me dolió mucho que no te acercaras a decirme lo mal que te sentías debido al sufrimiento que estaba sintiendo en ese momento.

  • No nos llevábamos muy bien en ese entonces.

  • Recuerda que estamos en paz solo por la cierva, Potter.

  • Bueno está bien, no nos llevamos muy bien ni siquiera ahora, pero continua con lo de las cartas.

  • Así, eso... bueno a partir de que mi padre murió mi mamá cayó en una depresión tan grande que ahora siempre está aturdida y sin ganas de vivir y mucho menos con ganas de enviar una carta.

  • Y tus hermanos.

  • Solo tengo una y me odia por ser una bruja y ella no… pero no me hace falta saber que no me extrañan, prefiero no importarle ni que me importe nadie… así no sufro cuando se alejan de mi- ya no quiero pasar por eso otra vez.

  • Hablas como si hubieras vivido años de tristeza y apenas tienes 13 años.

Contando con los 17 que tenía antes, ya debería tener 20 años, pero no me sentía de esa edad, al parecer el hechizo que me hicieron hace ya casi tres años también influyó en mi madurez.

  • Si... algunos dicen que parezco de mayor edad de la que tengo… y bueno por eso es que no veo a mi lechuza mucho que digamos... ¿Y a ti te mandan cartas todo el tiempo?

  • Si, mamá me envía una carta y dulces por lo menos una vez a la semana, si quieres algún día yo podría enviarte alguna carta.

  • Con tal que no sea con pus de bubotuberculos, gracias.

  • Oh, siento eso, parece que se te quedo una cicatriz- tomó mi mano izquierda y la observó mientras la acariciaba, una nueva sensación electrizante recorrió mi cuerpo y preferí soltarme de su agarre.

  • Si bueno no importa- recupere mi mano y la pegue a mi pecho ocultándola con la otra- me gusta la cicatriz y casi ni se nota, aparte de que me recuerda que ni siquiera merezco tu odio- sonreí amargamente.

  • Vaya sí que tengo muchas cosas de las que pedirte disculpas.

  • Tienes razón, pero no lo hagas, prefiero vivir sintiendo rencor hacia ti por todas las idioteces que me haz hecho.

  • Gracias por lo que me toca y no te quejes tanto que también te he salvado de algunas.

  • Eh si... no te he dado gracias por lo de la bludger.

  • No, no lo has hecho, eso es de muy mal gusto Evans.

  • Entonces gracias, pero no te quejes yo al siguiente día te estaba buscando para decirte gracias pero te pasaste escondiendo de mí.

  • Eh… si, es que te acuerdas cuando estábamos en primero y te salvé de ese animal en el bosque.

  • No era peligroso, era la cierva.

  • Bueno pero ya estaba noche y se veía peligrosa... lo que importa eran mis buenas intenciones y tú te molestaste, esa noche prometí que jamás volvería a intentar salvarte pero no iba a permitir que una bludger te arranque la cabeza y luego me sentí pésimo por romper mi promesa…- calló por un momento, tal vez buscando las palabras adecuadas- pensé… pensé que te ibas a burlar de mí.

  • Como crees eso, yo solo quería agradecerte y nada más.

Una pequeña estrella titilaba en el cielo y muy pronto la acompañaron sus hermanas, pero la que más llamaba la atención fue la gran luna llena en el firmamento.

La contemple con gran emoción, hace mucho tiempo no había estado fuera del castillo en una noche como esta, siempre salía a verla pero solo desde la ventana y así podía gozar de su vista junto con los ruidos nocturnos: del azote de las hojas provocado por el viento, del chocar de las pequeñas olas del lago contra alguna piedra, del ulular de las lechuzas, de los aullidos de…

  • ¡Tenemos que volver al castillo!- susurró James- ven- tomó mi mano con gran brusquedad, pero su mirada era llena de un intento de protección.

  • ¿Qué pasa?- pregunté desconcertada.

  • No te lo puedo decir es un secreto- al parecer la mirada que le lancé le hizo pensar mal acerca de mi curiosidad- no preguntes por favor, no es mi secreto, pero tengo que guardarlo, tal vez tú también tienes uno que jamás podrías decirlo porque es de alguien a quien quieres.

Claro que lo tengo y en ese secreto están involucrados todos los que yo quiero, empezando por él.

  • No te preocupes, no te lo voy a preguntar, vamos.

Entendía su preocupación, Remus estaría recorriendo los bosques dentro de poco, si no es que ya está dando sus vueltas nocturnas.

Solamente cuando ya estábamos dentro del castillo dejo de correr, pero no aflojó su agarre de mi mano hasta que llegamos al retrato de la señora gorda y yo no pude dejar de querer seguir sintiendo la tibieza de su mano. Eso era la peor, el no querer que este día terminara.

  • Las damas primero- extendió su brazo hacia el interior de la sala.

  • Gracias- ya era muy noche, no había ni un solo estudiante cuando entramos a la sala común.

  • Lily yo… eh… quería decirte algo.

  • Mejor lo dejamos para otro día, Mary y Cherry deben estar preocupadas, eh… gracias por todo, chao.

Subía a toda prisa a mi habitación sin dejar que él se despidiera, este día había sido muy intenso y ya no quería tener más cosas de las que agradecerle.

Cuando llegué a mi habitación mis compañeras ya estaban dormidas por lo que no tuve que dar explicaciones que no quería dar. Los posteriores días pase escabulléndome de James, deseé desesperadamente que las vacaciones de navidad llegarán para poder estar lejos de él y ordenar mis prioridades, la principal era tratar de dejar de sentir lo que sentía por ese muchacho de lentes y cabello despeinado.

Petunia me fue a ver en la estación del tren, me reclamó todo el viaje de que mamá la había obligado-

  • Lily linda llegaste- la señora Evans estaba sentada en el sillón grande de la sala- cuanto te extrañe- su rostro no mostraba la efusividad de sus palabras.

  • Hola mamá, yo también te extrañe.

  • Si, ve a tu cuarto a cambiarte, te llamó a cenar a la hora que llegue tu padre linda.

Me quedé muy sorprendida por lo que escuche, la señora Evans ya se sentía mal las vacaciones pasadas, pero ahora se notaba un trastorno mental; agarré el único bolso con ropa y unos libros que había traído y subí a mi habitación.

Al día siguiente escuché sin intención una conversación telefónica de Petunia en la que  relataba todo el dolor que había tenido que pasar durante este tiempo en el que la señora Evans sufría de sus demencias e insultándome por el hecho de que yo me ausentaba casi todo el año y las dejaba solas.

Tenía razón en ese punto, yo me marchaba al colegio y la dejaba sola con todo el conflicto de una madre con problemas mentales que no superaba la muerte de su marido, pero cada vez que yo regresaba a casa Petunia hacía todo lo posible por mantenerme alejada de la señora Evans y mandarme indirectas y la mayor parte del tiempo unas frases muy directas de querer que ya se acaben las vacaciones para poder librarse de mí.

La verdad es que fue un poco difícil soportar la nochebuena, empezando con que la cena la hizo Petunia y al parecer no era muy buena cocinera y que la señora Evans se negó rotundamente a empezar a comer mientras no llegara su marido, naturalmente tuvimos que estar sentadas en la mesa hasta que se durmiera.

  • ¿Te ayudo con los platos?- me ofrecí de la manera más voluntaria que pude.

  • Y permitir que tus manos le hagan algo a los platos y luego me vuelvan fenómeno como tú, estás loca ¿o qué? Lily.

  • Solo quería ayudarte, no tienes por qué responder de esa manera tan hostil.

-  Quieres ayudarme ¡Pues vete!

Subí rápidamente hasta mi habitación, no tenía por qué aguantar tantos insultos de parte de una persona de lo más detestable, ahora voy entendiendo todo el dolor que debió sentir mi hijo durante los 11 años que vivió con ella, sin nadie que lo proteja, que lo quiera, que lo abrace durante las noches y le lea un cuento, sin su papá ni su mamá, sin mí.

Intenté cerrar con un golpe fuerte la puerta de mi cuarto, pero no lo logre, a cambio causé que la lechuza de color gris que estaba posada en el filo de la ventana ululara asustada.

  • Hey ¿Y quién eres tú?

La lechuza inclinó su cabeza para que mi atención se posara en el paquete que tenía amarrada a su pata derecha.

  • Te ayudo ven- saqué el paquete con mucho cuidado para no lastimarla y la lechuza me dio un pequeño y suave picotazo en la mano.

Antes de abrir el paquete le di una de las galletas que tenía guardadas en mi bolso y cuando se agachó a recogerla pude vislumbrar una cadena enroscada en su cuello con un sello que mostraba las letras F.P. en oro, la lechuza terminó el pequeño bocadillo y se acercó nuevamente a la ventana para emprender su viaje de vuelta.

Recogí el paquete del lugar de la cama en el que la había situado y al abrirla vi una bufanda de color carmesí y de un material tan suave como el algodón, junto a ella, una nota. Feliz navidad Lily, cuídate, que eres muy importante para mí.

  • ¿Y? sin nada más, sin emisor ¿Quién la envía?- murmuré

No pude reconocer de quién era la letra pues estaba escrita por una especie de imprenta o máquina de escribir, aunque no estaba segura de si alguien del mundo mágico conociera esos instrumentos a menos que esté relacionado con los muggles.

Pero quién? Recordé aquel sello en la pata de la lechuza.

  • F.P.... F.P. ¿Quién será?- pronuncie nuevamente, aunque esta vez con un tono de voz un poco más elevado.

Seguramente un… Fenómeno… Peligroso como tú- Petunia se fue riendo a su habitación después de haber interferido en mis pensamientos.