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Historia 191773 — capítulo 11

Un ángel

El resto de los días de vacaciones fueron iguales a los anteriores, fríos y aburridos, con una madre postiza que intentaba demostrar amor pero siempre esperando el regreso de su esposo; los bueno de los días malos son solo eso, días, y el momento de regresar al colegió llegó, y para desdicha de Petunia la señora Evans la envió a dejarme en la estación rumbo a Hogwarts, pero ella solamente me dejó en la parada de autobuses con dirección a Londres, alegando que no necesitaba acompañarme porque con un simple movimiento de mi rareza llegaría más rápido.

Decidí ignorarla, subir al auto bus y leer mi gran pergamino de *Descubrimientos e inventos de los alquimistas y magos chinos del siglo II,*lastimosamente la señora que estaba sentada junto a mí, intentaba por todos los medios poder ver mi amarillento retazo de tela por lo que preferí guardarlo y dormir el resto del viaje.

Dos horas más tarde llegue hasta Londres, pero cruzar una ciudad que no conoces desde la parada de autobuses hasta King´s Cross ya es suficiente, ahora el hecho de que la hora de partir del tren ya estaba por llegar aumentó mi nivel de estrés, me encontraba en una calle encerrada por grandes edificios y una plaza en el extremo este, no sabía qué dirección tomar y tampoco tenía dinero para un taxi porque en mi bolso solo había galeones y uno que otro sickles, sostuve con fuerza mi bolso y me ajuste la bufanda que me habían regalado a mi cuello,

  • ¡Hey Lily!

Nunca había sentido tanta emoción de ver a alguien como en este momento.

  • ¡Remus! Que emoción verte- corrí hasta sus brazos.

  • Yo también… me alegro de verte Lily, pero me… me ahogas.

  • Hay, perdón- lo solté sintiendo un ligero rubor en mi rostro-pero es que… me perdí y te juro que ya me estaba desesperando.

  • ¿Cómo que te perdiste?

  • Es que… no he venido muchas veces que se diga a Londres y bueno… nadie me acompañó y no sé dónde está la estación… ¡Por favor ayúdame!

  • Lily cálmate, yo te llevo.

  • Gracias Remus

Empezamos a caminar en dirección contraria a aquella plaza, los carros pasaban a gran velocidad cerca de nosotros, cuando debimos cruzar la calle Remus tuvo que sostenerme de la cintura para que un Ford clásico color verde obscuro no me atropellara.

Seguimos caminando mientras que una ligera sonrisa insistía salir por las comisuras de los labios de Remus.

  • Remus, si quieres reírte por el hecho de que soy una descuidada con los carros y mala para cruzar una simple calle, hazlo... la verdad a mí también me da risa.

  • No es eso querida Lily- estiró uno de sus brazos hasta ponerlo sobre mis hombros- es que a James le hubiera encantado ser él quien te encontrara para poder caminar contigo aunque sea 2 cuadras.

  • Remus, por favor no me molestes con Potter, ya he tenido un largo día y recién es las 9 y 40 de la mañana y no vamos a llegar a la estación a este paso, ¡hay! no sé dónde estoy- la sonrisa de Remus se ensanchó mucho más, y en su mirada descubrí que su frase había tenido un doble significado- dijiste dos cuadras.

Giramos la esquina del edifico más grande para tener frente a nosotros una gran edificación en la cual resaltaba en letras doradas King´s Cross, me quedé petrificada por unos momentos, había estado dando vueltas por todo este lugar y no me percaté de que estaba tan cerca de mi destino.

  • Jajajaja… perdón, es que… jajajaja… lo siento Lily, jajajaja… yo….

  • Remus, porque no me dijiste que estábamos cerca, eso es propio de ti.

  • Jajajaja, lo siento, es que...- intentaba dejar de reírse de mi- te vi tan asustada e indefensa, así con esa carita de desesperación en la cara que...- estaba tan agitado por la sesión de risa que no terminó la frase.

  • Se nota que ya te estás contagiando de tus amiguitos ¿Verdad?  

  • Lily… no te enojes, solo era una broma, perdóname si.

  • No te preocupes, lo que importa es que no vamos a perder el tren.

Al momento de cruzar el portal hasta el andén 9 ¾ la voz de Sirius llamó al nombre de Remus, al girarme vi como el rostro de James estaba tan cerca de mí, que me produjo un escalofrió.

  • ¡Haay! Pero estas loco Potter, como te vienes a aparecer así, casi me matas de un susto.

  • Eh, lo siento, pensé que te ibas a alegrar de verme.

  • La verdad es que…

  • ¡Evans! No te atrevas a decir nada, por favor, después a mí me va a torturar- la voz de Sirius sonó autoritaria.

  • Hash, mejor me voy… Remus, nos vemos luego.

Cruce lo más rápido que pude para encontrar a mis amigas, no sabía si ya estaban en el tren o no, pero decidí subir para poder localizarlas, después de caminar la mayor parte del tren las encontré en uno de los compartimientos de la parte de atrás, platicamos un momento de cómo pasaron las vacaciones, pero mi karma y los merodeadores llegaron y se sentaron  en nuestro compartimiento sin pedir permiso y como Mary y Cherry eran tan amigas de ellos no les importó la intromisión, una hora más tarde en la que todos platicaban y reían menos yo, salí con la excusa de ir a buscar a la señora del carrito por un pastel de calabaza.

Recorrí de ida y vuelta el tren unas tres veces, estaba peor que un prefecto, pero no me importó, una vez que ya me cansé decidí buscar un compartimiento vacío, pero vi por la ventana como mi amigo Severus leía un libro con forro oscuro, como estaba sin sus compañeros de Slytherin entré.

  • Hola Sev, ¿Cómo estás? te interrumpo.

  • Oh... Lily, no tu nunca interrumpes, ven siéntate.

  • Gracias, ¿Qué tal tus vacaciones?

  • Perfectas, el muggle no estaba.

  • Ya veo... ¿Qué lees?

  • El texto de pociones.

  •  Puedo ver- estiró su texto arrugado, apenas lo toque me pude dar cuenta de que era de un año mucho más avanzado del que estábamos.

  • Sev ¿Este texto de quinto año?

  • Eh, si, es que ya sé realizar todas las pociones de los libros anteriores y este particularmente me parece súper interesante… mmm me lo regaló mi madre.

  • Enserio Sev, que lindo detalle.

  • Es el primer regalo que me ha dado mi madre y creo que tal vez sea el único.

  • ¿Por qué dices eso?- pregunté con un tono de aflicción en mi voz

  • Creo que se pasó ahorrando mucho para comprarlo, y dudo que vuelva a poder ahorrar para otro.

  • Ah…Que bien Sev… eres muy bueno en esta asignatura, toma mejor sigue estudiando- le entregue el libro para que pueda seguir en su autoaprendizaje

Estuve en silencio en ese compartimiento la mayor parte del viaje, en ese lapso de tiempo medite acerca del maravilloso y terrible día que pase junto con James y del gran error que cometí al dejar que haya un atisbo de amistad entre los dos, bueno por ahí lo dicen ¿no?, se empieza por la amistad.

Cuando el paisaje cambió por un más conocido y la magia procedente del castillo empezaba a apoderarse de mí decidí regresar al compartimento donde estaban Mary y Cherry para ponerme el uniforme del colegio, gracias a Merlín, los merodeadores ya se habían marchado y puede estar tranquila hasta llegar a Hogsmeade. 

Una vez que llegamos al castillo subí directamente a mi habitación sin haber ido primero a comer en el gran salón, mis amigas me llevaron un poco de tarta de melaza según ellas para que los ruegos que mi estómago haría por comida toda la noche no las despertaran.

No sé si los cielos se apiadaron de mí o si mi gran habilidad para esconderme de James había funcionado porque no me lo tope por mucho tiempo por lo menos en las más de tres semanas que ya llevábamos de clases.

Pero el hecho de que mis amigas sean tan buenas amigas de los merodeadores era un gran problema, así que aproveche cuando la profesora Vector tuvo un accidente por lo que estaba en la enfermería para poder dar un paseo por los jardines sin que mis amigas insistan en que vayamos a reunirnos con James y los demás.

Caminar sola por los jardines verdes tintados de manchas blancas me trajeron recuerdos de aquella ocasión en la que crucé corriendo por la puerta principal con un cabello color negro, lágrimas en los ojos y sin saber qué dirección tomar ni adonde ir, solo con la clara convicción de querer escapar porque no quería que jugaran con mi vida, que la utilizaran y quisieran disponer de ella de cualquier forma, obligándome a vivir un vida de la que no sabía nada y queriendo que cumpliese un futuro sabiendo todo lo que ocurría, las muertes, dolores y las desdichas.

Me acomode en las raíces de un árbol cerca de lago para leer una historia que muchos muggles habían leído pensado que todo la magia en sus páginas eran solo sacado de la imaginación de un gran escritor, el viento que soplaba podía helar a cualquier persona, pero la bufanda que me habían regalado anónimamente, tenía la propiedad de abrigar la cantidad necesaria según la temperatura del ambiente y transmitía ese calorcito por todo el cuerpo.

El lago tenía todavía varias secciones de hielo frágil, el invierno seguía atormentando a las plantas y a los animales de bosque.

Mientras continuaba con la Historia del maravilloso caballo de ébanode la colección las Mil y una noche, observaba como una manada de ciervos se acercaba sigilosamente al lago para proveerse de refrescante agua, entre ellos se encontraba mi cierva y su pequeña cría, había crecido mucho desde la última vez que lo vi, era de un color café obscuro y con manchitas bronces y en su cabeza recién empezaba a aparecer atisbos de unos futuros cuernos.

Lentamente los demás ciervos de la manada se fueron escondiendo entre los matorrales para luego perderse completamente en el espeso bosque, pero el pequeño ciervo café, clavó sus grandes ojos marrones en los míos y empezó a caminar en mi dirección. El problema era que a su derecha estaba el inmenso bosque, a su izquierda una gran roca le tapaba el paso y el único camino accesible era la fina capa de hielo que ya se estaba deshaciendo por completo en el lago.

  • Quieto- susurre más para mí, ya que considerando la distancia el ciervo jamás me escucharía- no te muevas.

Sus delgadas patas avanzaban hacia el lago, ya se encontraba en la mitad del camino, cuando su madre tomó la iniciativa de ir a rescatar a su hijo, pero solo logró que la ya fina capa de hielo se empezará a trizar.

  • ¡NOO!- grite desesperada.

Primero cayó la cierva produciendo un gran chapoteo, el pequeño animalito corrió en dirección de las grietas del hielo que lo perseguían para ver qué le pasaba a su madre, pero este no soporto más peso y terminó por desprenderse en miles de fragmentos.

  • ¡NOOOOOOO!- volví a gritar desesperada y sin meditar solté mi libro y me arroje a la fría agua del lago, una terrible sensación se apodero de mi ser al sentir aquel frío helado entrar en mi cuerpo, pero mi impulso por salvarlos hacía que mis brazos y piernas dieran todo de sí para llegar.

Sostuve las patas de uno de los animales y traté de llevarlo hasta un punto cercano a la orilla lográndolo con éxito, pero la bufanda que llevaba puesta se enredó en un rama submarina provocando que me tirara y me empezara a asfixiar, el agua empezó a tragarme y las algas acuáticas luchaban por ser las dueñas de mis piernas mientras que mis extremidades se entumecían, luché por guardar el aliento en mi interior y mantener cerrada la boca para que no escapara ni la más pequeña molécula de oxígeno, pero por la forma en la que me atrapaba la bufanda lo hacía casi imposible. Traté de todas maneras luchar por mi vida pero cuando mis fuerzas ya no podían más, sopese sobre el hecho de morir, nunca me causaría daño físico a mí misma, pera si la vida me quería matar ahora y así evitar la de James lo aceptaría con gusto. 

Llegó el momento en el que mis piernas perdieron la movilidad provocando que todo mi cuerpo terminará por hundirse en el fondo de esas aguas gélidas y negras, mis pulmones expiraron el último residuo de oxígeno y mi subconsciente me dio un instante de felicidad mostrándome el rostro de James para luego cerrar los ojos.

Sentí como el alma se desprendía a tirones de mi cuerpo y la frescura del viento en mi piel hasta llevarme a donde quiera que me tengan que llevar, si mi espíritu podía ver, rogaba por abrir los ojos y cerciorarme de la existencia de los ángeles. Pero un fuerte golpe en el pecho provocó que la sensación de volar terminará.

  • Anapneo- un leve sonido y otro fuerte golpe ¿Por qué los ángeles querían que sufriera antes de entrar donde ellos estaban? O acaso no soy tan digna de estar en su morada.

  • Anapneo- volvió a repetir uno de los ángeles haciendo que mi pecho salte y que al caer las piedras golpeasen mi espalda.

El dolor producido por las rocas logró que mis ojos se abrieran y mi grito fuera detenido por una explosión de líquido tibio saliente de mi boca. El hogar de los ángeles era celeste con... ¿Ramas y hojas verdes? Traté de girar mi rostro para verlos, pero solo puede clavar mi vista en el que para mí fue el más hermoso, con finas gotas cayendo de sus pestañas y su cabello humedecido.

  • ¿Eres mi ángel?- susurré con las pocas fuerzas que fui adquiriendo.

  • Eh... Lily, pues… si tú quieres si- la sonrisa torcida de James me despertó de la extraña alucinación en la que me encontraba.

Me quede atónita por la estúpida frase que pronuncié, no había sido mi alma al desprenderse de mi cuerpo lo que sentí, sino el tirar de James para sacarme del lago y las palabras que los supuestos ángeles pronunciaban eran el hechizo para destapar las vías respiratorias que me había realizado,hash maldito subconsciente.

  • Mira, tus labios están morados y estás helada- tomó mi desganado cuerpo y lo apretó contra el suyo- ¿Cómo eres tan tonta de lanzarte al lago?- lo dijo con dulzura, su olor era tan penetrante que por un momento me dio ganas de acercarme mucho más de lo que ya estaba.

  • A ti que te importa Potter- trate de ser hiriente pero mi aún irritada garganta solo produjo un leve sonido.

  • Ven… te ayudo, vamos a la enfermería.

  • Puedo sola, gracias- trate de pararme pero el entumecimiento de las piernas aún no había terminado.

  • No seas terca, y toma mi hombro Evans.

  • Eres sordo Potter, ya te dije que…

  • Immobilus- la sonrisa socarrona que soltó fue demasiado expresiva.

  • Lo siento, pero si no hacia eso jamás ibas a acceder que te lleve en brazos- se inclinó para pasar su brazo tras mi inmóvil cuello- ahora… ven.

¿Y mi cierva? ¡Él no la vio! ¿Por qué no la rescató a ella? Tiene un hijo, ahora él va a estar solo, sin su mamá que lo proteja, como me podía hacer esto ¿Por qué no la salvó?

Inmóvil o no, finas gotas de llanto salieron de mis ojos y empezaron a manchar la camisa de James.

  • No llores Evans, ya mismo llegamos a la enfermería.

Tomó un atajo desde los campos hasta la enfermería, que se encontraba en uno de los muros de arbustos cercanos a la puerta principal.

Cuando llegamos a la enfermería la señora Pomfrey se acercó a una gran velocidad.

  • Señor Potter, pero que le hizo a la pobre joven, suéltela.

  • No le he hecho nada, ella solita se lanzó al lago- continuó mientras me ubicaba en una de las camillas- la tuve que inmovilizar porque no quería que la traiga.

  • Conociéndolo a usted, prefiero no creerle, vaya ahora mismo donde la profesora McGonagall- terminó de recostarme suavemente y luego empezó a retirarse- y Potter, sabré si no fue- dijo en un tono amenazante.

No requirió de mucho tiempo para que me hiciera sentir mejor, primero me quito el encantamiento y procuró calentar mi cuerpo y quitarme el ardor de la garganta. Cuando pregunto qué fue lo que ocurrió simplemente callé y salí de la habitación, escuchando a mis espaldas murmullos malhumorados.

El colegio estaba vació en ese instante, seguramente todos los estudiantes estaban en sus respectivas clases, lo cual fue muy beneficioso para mí, no quería tener que subir hasta el séptimo piso con la mirada de muchos señalando mis ojos rojos y cara de sonámbulo.

Cuando llegue a la sala común, recorrí con la vista aquel lugar, imaginándome como mi hijo se paseaba por aquí según los libros, viviendo momentos felices pero la mayoría tristes, el pensamiento de que mi cierva no haya sobrevivido se presentaba cada vez con más fuerza, no sé si ahora está viva o no, pero tenía tanto miedo de que el ciervo se quedara huérfano.

  • Esto es tuyo- la voz me sobresaltó pero la reconocí en el preciso instante en que la escuche- ¿Te encuentras mejor?

  • No te importa- giré para ver qué es lo que tenía en las manos para ofrecerme y me sorprendí al no darme cuenta de que mi cuello se había despojado de la bufanda.

  • ¿Cómo te atreves a decirme eso?- alzó un poco la voz- ¿Qué no vez que arriesgué mi vida al lanzarme al lago por ti? Que precisamente no estaba en la temperatura que a mí me gusta.

  • ¡Nadie te pidió que me sacaras del lago, me hubieras dejado ahí si no te gustaba la temperatura del agua!

  • ¡Eres un tonta! No te imaginas el miedo que tuve de que no volvieras a respirar... - su tono de voz se elevó unas cuantas octavas- ¿Cómo se te ocurre lanzarte? ¿Qué pretendías… dar una nadadita mañanera y ver qué tal está el agua? ¿O algo peor?  

  • ¡Oye tú…!- quise replicar, pero él no me dejó.

  • ¡¡NO!! ¡Oye tú Lily! Ese fue el acto más estúpido que has hecho en la vida... Si quieres matarte simplemente busca a uno de esos locos que están empezando a aparecer y NO lo hagas de una forma en la que ¡¡¡YO TE VEA!!! Siempre intentaré salvarte.

Nunca había visto a James reaccionar de la manera en la que lo hizo, su rostro estaba crispado y las alas de la nariz dilatadas.

  • James- dijo Mary que había entrado junto con Cherry, Remus y Sirius justo en su ataque de histeria- cálmate… no grites.

  • Cornamenta- Sirius se acercó por sus espaldas y toco su hombro derecho- ven... vamos a la habitación.

James no dejó de verme con sus ojos rojos en ningún momento, Remus y Sirius tuvieron que utilizar toda la fuerza que tenían para tratar de llevárselo de la sala común porque sus músculos se habían puesto tan rígidos y no mostraba intención de querer moverse del sitio en el que estaba, tampoco pudieron pudieron moverlo. Siguió mirándome esperando una respuesta.

  • No quería ver si estaba o no fría… - susurré lento, pero lo suficientemente alto para que me escuche- para la próxima fíjate cuántas vidas están muriendo- arrastré las palabra para que las mantenga claras en su mente, no tenía derecho a gritarme de ninguna manera y mucho menos sin saber los motivos por los cuales cometí esa locura.

Subí rápidamente por las escaleras hasta mi cuarto con los ojos anegados en lágrimas, corrió tras de mí, escuché el sonido de una caída y el grito de James al resbalar por culpa del hechizo que impide que los hombres suba las gradas hacia las habitaciones de las mujeres.

Me encerré en mi cama, hechizando las cortinas del dosel para que no se abrieran y no salí en lo que quedaba del día.

El posterior lunes evité a todo tipo de personas, como es normal en el colegio, los actos de James sean buenos o malos se publican en cuestión de horas y al día siguiente debido a los acosos de las chicas tontas que querían más información del asunto preferí pasarlo con mis amigas.

Seguramente James les contó todo lo ocurrido a Sirius y sus amigos, por consiguiente Mary y Cherry ya lo debía saber así que no preguntaron, pero si insistían en que debería agradecerle a James.

  • Lily, deberías hacerlo... y lo sabes- dijo Mary mientras estábamos en la biblioteca estudiandoPociones a base de telaraña para heridas leves y graves para el profesor Slughorn.

  • ¿Hacer qué?

  • Hay, ya lo sabes... decirle gracias a James, tienes que hacerlo. 

  • No, no tengo porque hacerlo.

  • Te salvo lo vida Lily- dijo Cherry.

  • Chuta, si por todas las veces que me ha salvado la "vida" tengo que pasar por una semana entera de molestadora de ustedes dos, prefiero morirme.

  • ¡No digas eso!- chillaron al mismo tiempo haciendo que señora Pince dijera un Sshiii.

  • Lo voy a hacer… ya, pero otro día.

  • No- dijo Mary.

  • Tienes que hacerlo- replicó Cherry.

  • Ahora- y continuó Mary

  • ¿Qué? Ahora son gemelas- dije en tono sarcástico.

  • No seas tan hiriente Lily- los rostros de mis amigas se enfurecieron. 

  • Lo siento si, chicas perdón pero he estado un poco tensa con toda esta situación.

  • ¿Sigues enojada con él?

  • Me gritó Mary... y su mirada… me dio miedo- confesé tímidamente.

  • Te gritó porque le interesas de alguna manera- dijo Cherry que aceleró su comentario al ver la mirada asesina que le enviaba- y lo sabes... digamos que James sí tiene síndrome de héroe, pero se preocupa por ti mucho más que por cualquier otra persona... además solo quien quiere reacciona de la manera en la que él reaccionó.

  • Cherry ¿Si voy a decirle gracias dejaras de decir todas estas tonterías?

  • Definitivamente lo hará ¿No es así Cherry? Vez dice que si- Mary no dejó que Cherry hablara y agarro mis cosas- no te preocupes yo las llevo, tu solo ve y búscalo.

Creo que recorrí todo el castillo en busca de James, empezando por el cuarto de los chicos, la enfermería, los pasillos del colegio, las aulas vacías, algunos pasajes secretos que Remus me había enseñado, las cocinas, el gran comedor y cuando determine que en el castillo no se encontraba fui hasta el campo de quidditch y tampoco lo encontré, pregunté a varias chicas si lo habían visto y hasta fui a la cabaña de Hagrid para que me dé razón de él pero tampoco pudo informarme de su paradero.

Cansada de tanto caminar por la helada hierba me detuve nuevamente en aquellas raíces en las que había estado sentada hace unos días, el clima estaba mejorando pese a que ayer había caído un poco de nieve por los alrededores, mientras algunos pájaros volaban sobre mi cabeza vi con demasiado interés como el poco hielo del lago que aún quedaba se iba derritiendo.         

  • Hoy tampoco está caluroso como para meterse al lago… pero si te lanzas yo me lanzo.

Una torcida sonrisa se formó en mi rostro al escuchar su voz.

  • No, no lo harás… aunque creo que si necesitas un baño- dije sonriendo al ver su cara y su ropa con manchas de tierra- pero por diversión y aseo.

  • Solo si tú también lo haces… pero por diversión.

  • Lo siento Potter, pero ya me bañe- toque mi cabello que aún estaba húmedo por la ducha que me había dado. 

  • No sé cómo, pero por una extraña razón ya me di cuenta de eso- mostró una sonrisa sincera y se sentó en una raíz que estaba un poco más baja que la mía, provocándome una vista solamente de su coronilla.

Nos quedamos en silencio por un rato muy largo en el que algunos de los estudiantes paseaban por alrededor de nosotros, llevando libros, pergaminos, naipes explosivos y uno que otro algún alimento para el calamar gigante, me estremecí al imaginar que tal vez él se comió a la pobre cierva.

  • James…

  • Mmmmm

  • Puedo preguntarte algo

  • Claro

Él no se movió del lugar en el que se encontraba, eso me facilitaba las cosas, pues al no verle de frente se hacía más sencillo agradecerle, pero... ¿Cómo empezaba?

  • ¿Por qué siempre estás salvándome la vida?

  • Si no quieres ya no lo hago.

  • Siempre dices lo mismo.

  • Eh…- no vi el sonrojo de su cara, pero estoy segura de que ahí estaba- eres mi compañera y un ser vivo, tenía que hacerlo, además solo te he salvado de la bludger y del lago, ni que fuera la gran cosa.

-Bueno, pues de todas maneras… gracias.

  • Pensé que nunca lo ibas a decir.

Se levantó de un solo brinco e inesperadamente agarró mis manos y tiró de ellas para luego emprender una carrera hacia el bosque.

  • Espera… ¿Pero que haces?

  • Te quiero enseñar algo.

  • Pero… despacio… quieres- pronuncie jadeante.

Nos adentramos en el bosque prohibido por un camino que jamás había cruzado, yo caminaba torpemente entre los arbustos, llegamos hasta unos árboles muy juntos, llenos de musgo en el tronco y sus ramas producían estremecimiento por la increíble ausencia de hojas en sus puntas, choqué contra algunos de ellos mientras que James se movía tan ágilmente como si ya hubiera recorrido un centenar de veces por ese estrecho que estaba formando. Un ligero sonido del agua al correr llamó mi atención, pero no sabía dónde se encontraba hasta que uno de mis pies cayó en el arroyuelo.

  • ¿Falta mucho?

  • No, ya mismo llegamos.

  • ¿De que se trata?

  • Tu regalo.

  • ¿Qué?- pregunté atónita.

  • Ya lo veras.

Quise replicar pero llegamos hasta un lugar donde unos los árboles no habían podido situarse, desde ahí se podía ver el lago tras las ramas, poca nieve había caído debido a la altura de los árboles, pero aun así había un claro rastro de que había sido removida y que en el centro algo estaba enterrado.

  • Sé que no pude salvarla, pero busque su cuerpo… es mejor que perderse en las aguas del lago.

Mis ojos se anegaron en lágrimas, ahora estaba segura, mi cierva estaba muerta y su hijo abandonado.

Sentí los brazos de James rodearme por la espalda y en esta ocasión no hice nada para apartarlo, necesitaba de alguien que me abrazara, que me consolara, giré mi cuerpo lo vi directamente a los ojos y recosté mi rostro en su pecho, llenándolo de lágrimas, sabía que eso no le importaba por la forma en la que acariciaba mi cabello y espalda.

  • Lo siento Lily- susurró en mi oreja con un dejo de dolor en su voz.

  • Yo también lo siento.

Continuamos en esa posición por mucho rato hasta que nuestras piernas se cansaron y me condujo hasta sentarnos en una roca cercana.

  • ¿Desde cuándo conocías a la cierva?- preguntó mientras seguía abrazándome.

  • Primer año, el día que me encontraste en el bosque.

  • Ya veo, entonces eres una especie de tía de ese pequeño ciervo.

  • ¿Dónde está?

  • No sé si hice lo correcto, pero hoy lo lleve con una manada de ciervos a las afueras de Hogsmeade, ya sabes donde no haya animales peligrosos, se integró muy rápido, espero que no te importe- su mirada mostraba un ligero atisbo de súplica.

  • Creo que será lo mejor, siempre y cuando no lo traten mal ¿Crees que podría visitarlo?

  • Claro, yo te ayudo en eso, conozco el camino y no te preocupes estará bien.

  • Gracias, por todo… eh, ya sabes por lo de la cierva y eso del ciervo.

  • No tienes por qué decirlo, eres un libro abierto y sabía que esto es lo que deseabas.

  • ¿A qué te refiere?- el viento soplaba con un poco de fuerza pero los árboles nos protegían, pero aun así mis cachetes empezaban a ponerse rosados.

  • Al hecho de haber conseguido una familia al ciervo, ahora que está sin madre… mejor nos vamos, empieza a hacer demasiado frío.

  • Claro- me incorpore para empezar a salir, pero no tenía idea de cómo escaparía de esta masa de árboles oscuros- eh, ¿Por dónde?

  • Estamos muy cerca de los campos del colegio.

  • Pero si caminamos un montón.

  • Es que entramos por otro lugar, ven, te quiero enseñar algo primero.   

  • ¿Y ahora qué?

  • Solo espera.

No pasó siquiera 5 minutos de caminata hasta que llegamos al claro que dividía los árboles oscuros y los más distantes que llevaban a ese lugar donde iba cuando estaba agobiada, solo que en esta ocasión salimos por aquel lugar que nunca antes me hubiera atrevido a entrar.

Seguimos el arroyo que bajaba hasta el lago y nos sentamos en silencio, yo con la vista hacia el oeste y James al este, chocando y soportando cada uno la espalda del otro, abracé mis piernas y empecé a ver como el cielo se tintaba de gamas de naranja. Era una visión completamente llenadora, ver aquel residuo de hielo pintándose de manchas color de la sangre.

  • Puedo preguntarte algo Potter

  • Eh, claro.

  • ¿Por qué dijiste que lo que yo quería es que el ciervo no se quedara sin familia?

  • Porque se te nota en la cara.

  • ¿Y cómo se me nota?

  • No sé cómo explicarte, la cosa es que lo sé y ya... además de que yo tampoco me sentí bien al ver que la cría se quedó sin familia... y más si fui yo quien la ayudó a traerlo a la vida, recuerdas.

Una visión se presentó en mi mente, una familia conformada por James, Harry y yo, ambos le habíamos dado la vida y la cría se quedaría sola.

  • ¿Oye?- llamé su atención.   

  • Mmmmm

  • ¿Cómo te sentirías si supieras que tu hijo se quedará huérfano?

  • Eso jamás sucederá- una punzada en el pecho me golpeó, jamás le podría decir la verdad, jamás podría tener una vida feliz junto a él.

  • ¿Y si en el caso murieras y también la madre de… tu hijo?

  • No quisiera ni pensar en eso, saberlo sería lo más horrible en el mundo... pero igual jamás lo dejaré solo.

  • Ya te dije que suponiendo que mueres- no entendía por qué insistía con este tema que me hacía tanto daño.

  • Aun así, jamás lo abandonaría, por lo menos hasta saber que está completamente a salvo y feliz.

  • ¿Te refieres a una especie de fantasma?- uní mis cejas por la incredulidad.

  • No… me refiero a un ángel- una ligera sonrisa de lado se ensanchó en mí rostro, pero se esfumó el momento en que James se incorporó bruscamente provocando que me cayera de espalda contra hierba húmeda, el colocó sus manos a los lados de mi hombros- si ya soy tu ángel, porque no ser la de mi hijo.

Sentí como mis mejillas empezaron a arder mientras sus ojos se clavaron en los míos.

  • Eh… mejor nos vamos- dije mientras desviaba la mirada- ya está anocheciendo y tengo hambre.

  • Claro, pero… primero tengo algo que darte- comenzó a buscar en los bolsillos del pantalón y luego por los de la túnica- tu bufanda, ese día te fuiste sin cogerla.

  • Gracias, ya me hacía falta- me la enrollo en el cuello y de inmediato mi cuerpo adquirió la temperatura que le faltaba- y… toma.

Extendió un pequeño lirio de cristal rodeado de hojas verdes igualmente de cristal.

  • Las hojas se desvanecen según el tiempo, guarda un mensaje dentro, nadie puede saberlo hasta que todas las hojas terminan de desvanecerse… tómalo.

Recogí suavemente el lirio más por inercia que porque realmente haya querido cogerlo, apenas mi piel lo toco el color se volvió más oscuro.

  • Se me olvidaba, también cambia de color según los sentimientos de quien lo recibe.

  • ¿Por qué me lo das?

  • Bueno, según la tradición se da regalos en los cumpleaños ¿no?

  • Pero hoy no es mi cumpleaños- mis cejas volvieron a juntarse.

  • Claro que lo es, hoy es 30 de enero, tú cumples el 30 de enero.

Los ojos se me abrieron como platos y un gran círculo se formó en mis labios.

  • Ups… lo olvide- las mejillas volvieron a arder y presioné mis labios con los dientes por la vergüenza, ¿Cómo podía haber olvidado mi propio cumpleaños? Bueno digamos que ni tan propio, tal vez sea porque nadie excepto él me había recordado de que era mi cumpleaños, ni la señora Evans envió un presente, ni Severus que supone es el único que sabía.

  • Nunca imaginé que tuvieras una cara tierna Evans- dijo riendo por su comentario-  feliz cumpleaños.

  • Gracias, vamos al castillo si.

Nos demoramos más de lo que debíamos en llegar al castillo, a esa hora ya se había terminado la cena y James me llevó hasta las cocinas para surtirnos de algo que llenara nuestros estómagos.

No le pedí que vayamos por un atajo puesto que se supone que él no sabía que yo estaba al tanto de sus travesuras, pero él tampoco insinuó el ir por un camino que nos reduzca la caminata y así subimos hasta el séptimo piso las infernales gradas y escondiéndonos de vez en cuando de Filch y alguno que otro fantasma del colegio.

A estas horas de la noche la sala común estaba completamente vacía, ni siquiera los premios anuales y prefectos se encontraban cerca.         

  • Bueno… que tengas una linda noche- dije a manera de despedida.

  • Eh… espera… ¿Puedo preguntarte algo?

  • ¿Qué?

Dio dos zancadas grandes y tomó mis manos poniéndolas a la altura de su pecho.

  • Quería decirte que… hoy fue un día, eh fabuloso- empezó a balbucear-  junto a ti… bueno tú me… Lily quería preguntarte si tú… quisieras ser mi… - su rostro se acercaba peligrosamente hacia mí, mientras sus ojos empezaban a cerrarse y mis labios querían abrirse para recibir a los suyos.

Empecé a cerrar los míos y poder sentir nuevamente el sabor de sus labios, era solo un pequeño roce, casi imperceptible pero caliente y al momento en que cerré totalmente los ojos vi en mi mente aquella imagen que sostuve mientras leía los libros: a James jugando con mi hijo y luego olvidando su varita en el sillón solo para que Voldemort llegara y lo matara sin que tuviera la más mínima oportunidad de defenderse.

La imaginación que tenía era tan grande que pude ver como su cara se contorsionaba de dolor al recibir el rayo color verde en su pecho, mis ojos se abrieron de golpe y empecé a agitarme, una sensación peor que la que se siente al ahogarse se apoderó de mí.

  • ¿Que tienes Lily?

  • ¡Evans...!

  • ¿Qué?

  • Que para ti soy Evans... Potter- me aleje de él. *¿Cómo pude permitir que un día como hoy pasase?*Eso jamás debía haber sucedido- y te voy a pedir de favor, que nunca más vuelvas a acercarte de esa manera, no seas atrevido. Permiso.