← Historia 191773 · de
Historia 191773 — capítulo 12
¡Será mía!
Nuestros ojos mirándose fijamente, café claro y verde esmeralda sintonizándose a la misma frecuencia, manos sudorosas, frases entrecortadas, labios rogando por aquel beso tan esperado, acercándose con cada pestañeo, un ligero roce de labios ¡Y tenía que llegar! La frase no esperada, la reacción completamente desconcertante, el beso que se esfumó tan rápido como llegó.
Abrí los ojos lentamente, tenía cansancio luego de haber corrido tanto esta noche, pero aquella maldita pesadilla no me dejaba en paz, por lo menos una vez a la semana me atormentaba, despertándome a la madrugada.
La habitación estaba completamente a obscuras, me levanté despacio, procurando no hacer ruido, apenas di una pisada en la fría madera sentí como algo pegajoso se adhería a la planta de mis desnudos pies. Maldije internamente.
Llegué al cuarto de baño esquivando varios artículos esparcidos en la habitación, una figura borrosa me saludó desde el espejo sobre el lavamanos, con pereza empecé a tomar agua del grifo y mojar mi rostro, mis brazos, hasta que terminé por darme un baño, el agua prácticamente helada recorrió mi cuerpo, mientras yo, inmóvil bajo el chorro recordaba aquel día.
¿Cómo podía seguir haciéndolo? Era totalmente masoquista, pero cada vez que las llamas de su cabello bailan cerca, recuerdo ese último encuentro y lo cerca que estuve de besar aquellos labios olor a vainilla y uvas, ya son dos años desde que sucedió y jamás ha vuelto a querer estar cerca de mí. Juré, prometí que ella sería mía, pero no es solo por la estúpida promesa que hice, sino por la necesidad de tenerla ¡No! No de tenerla, de estar en su corazón como ella está en el mío.
Imágenes claras llenaron a mí, aquellas que rogaría por olvidar.
- Quería decirte que… hoy fue un día, eh fabuloso... eh… junto a ti… bueno tú me… Lily quería preguntarte si tú… quisieras ser mí…
Sus ojos llenos de emoción, con aquel brillo que hipnotizaba. Lo sentía, ella quería estar junto a mí tanto como yo, pero su cuerpo empezó a temblar, se agitaba, abrió sus ojos y en ellos vi el miedo, el dolor y la desesperación.
- ¿Que tienes Lily?
- ¡Evans...!
- ¿Qué?
- Que para ti soy Evans, Potter- ¡POTTER! No entendía nada, pero sus ojos rogaban para que me alejara, como pidiendo que salvara mi vida - y te voy a pedir de favor, que nunca más vuelvas a acercarte de esa manera, no seas atrevido. Permiso.
Su cuerpo se desvaneció tras las escaleras, mientras que una mano invisible arrancaba mi corazón del pecho
- Eso estuvo feo- Sirius viéndome desde el sillón, tenía en una mano la capa de invisibilidad y en la otra un vaso de cerveza de mantequilla- lamento haberlo visto, no quería hacerlo ¿Te encuentras bien?
- No- me acerque hasta el sillón y le quité la cerveza para tomarla de un solo trago, me sentía morir y saber que Sirius me había visto era mil veces peor- se lo que vas a decir, soy un idiota, ni siquiera pude darle retenerla un instante.
- De hecho iba a decir: ¡Huao! Pasaste toda la tarde junto a Lily, llegaste a medio rozar sus labios, la forma en la que estaban abrazados no es apta para menores y se fue sin darte un puñete en los anteojos... eres mi héroe Potter.
- No te burles Canuto- recosté la cabeza en el borde del sillón, mientras que mis piernas se apoyaban en la mesita de centro frente a la chimenea.
- No me burlo hermano, la verdad es que eres la primera persona que hace temblar así a Evans, nadie se acercado tanto como lo hiciste tú.
- ¡Pero se fue!
- Pero inténtalo de nuevo, no te des por vencido.
- ¡Sirius! Juro que lo voy a hacer, Lily Evans será mía, no importa el precio, la quiero a ella.
El golpeteo de unos nudillos en la puerta me hizo volver al presente.
-
James… ¿Estás ahí? Tengo que entrar- la voz chillona de Peter sonaba con desesperación.
-
Ya salgo
Enrollé la toalla a mi cintura y salí dando trompicones, al abrir la puerta una figura borrosa y pequeña me empujó haciendo que salga y tropezara contra alguien más, *maldita visión borrosa,*intente llegar hasta la mesita de noche y recoger mis gafas, pero alguien me las coloco con suavidad.
-
James de verdad que estás ciego- Dijo Mary en todo de saludo. ¿Mary? pero qué hace aquí.
-
¿Qué haces aquí?
-
Pero qué manera de saludar… Lily me envió.
-
¡¿Cómo?! Ella te envió a verme
-
No subas tanto que la caída dolerá, me envió a ver a Remus, que disque tienen algo que hacer con McGonagall, o algo así, la cosa es que ya sabes que ella no pisa este lugar, por eso me dijo que yo venga.
-
Ah- la esperanzas cayeron nuevamente- pues él no está.
-
Le avisas que Lily le busca, nos vemos en clase.
-
Espera, ya sabemos quién fue el que te hechizo el otro día.
-
Yo también lo sé... fue Mulciber.
-
No…bueno si, pero el hechizo fue de Snape.
-
A él no lo vi.
-
Sabes que Sirius lo matara verdad.
-
Ya te dije que solo vi a Mulciber.
-
Escucha, la otra noche, cuando Snape se metió en el túnel cerca al sauce y lo rescaté… estaba completamente aterrado que empezó a murmurar cosas, una de ellas fue "siento haber inventado el hechizo crece uñas para McDonald"- fingí la voz lo más que pude para que se pareciera a la Snivelius.
-
No te sale bien la voz arrastrada y horrenda de Snape, la verdad no sé porque Lily se aferra tanto a esa amistad... últimamente la veo muy triste, sabes para serte sincera creo que Lily tiene problemas graves.
-
¿Y por qué lo piensas?
-
Habla dormida… todo el tiempo tiene pesadillas y dice: "no, no lo mates, a él no" Cherry y yo no sabemos qué hacer... y respecto a Sirius, dile que no se meta en líos, la próxima semana serán los Timos y no sería nada bueno que termine con mala conducta- se giró rápidamente- ah sí, linda toalla- sonrió coquetamente.
Cerró la puerta suavemente, sé que ella lo decía por molestar, pero la mayoría de chicas del colegio han elogiado mi bien torneado cuerpo, desde aquella vez que Lily me gritó flacucho empecé a hacer ejercicio y junto con las prácticas de quidditch mi anatomía es muy admirada.
Lastimosamente la única mujer que quiero que se quede con la boca abierta no lo hace, ¿Por qué no lo hace? Sé que en ese momento tembló cerca de mí, pero y ahora, porque cambio tanto, parece que me odia, que está en este colegio por obligación, como si mientras más lejos, mucho mejor.
...
La semana de Timos es lo peor que puede ocurrir, especialmente cuando son los últimos días de clase y por tercer año consecutivo no he logrado nada con mi pelirroja, salimos de la habitación dispuestos a dar el último de los exámenes, mañana tendremos un baile de despedida en Hogsmeade y adiós quinto año… y adiós Lily por todo el verano.
Entramos en el gran comedor a las 8 de la mañana para el Timo de Defensa Contra las Artes Oscuras, al igual que los día anteriores la cuatro mesas de las casas no se encontraban, sino pequeñas sillas que esperaban a los estudiantes para torturarlos. Una hora y media más tarde termine el examen, pero no me quise levantar, preferí ver como mi pelirroja raspaba su pluma en el rollo de pergamino, algunos rayos de sol que entraban por las ventanas iluminaban su cabellera, parecía un ángel, un ángel de fuego.
- Cinco minutos más- la voz del profesor Flitwick resonó en todo el comedor, *¿Cómo podía ser tan pequeño y tener semejante voz?*Bostecé y quité la mirada de la cabeza de Lily para ver hacia Sirius, el cual haraganeaba en su silla.
Mi amigo nunca cambiaría, siempre tan despreocupado; comencé a dibujar una snitch en un pedazo de pergamino, e inconscientemente escribía las iniciales de ese ángel pelirrojo.
**- Plumas abajo por favor-**chilló nuevamente el profesor- ¡Eso significa que tú también, Stebbins! ¡Por favor permanezcan sentados mientras yo recojo sus pergaminos! ¡ Accio !
Lo pergaminos empezaron volar por la habitación tirando al suelo al profesor mientras que Sirius y Peter reían fuertemente, hasta que Remus los silenció con una mirada asesina de prefecto, a la que Sirius respondió.
- ¿Te gusto la pregunta 10, Lunático?
- Me encantó- respondió mi amigo con una sonrisa aprendida de Sirius- mencione cinco signos que identifican a un hombre lobo, excelente pregunta.
Un nudo en la garganta se me formo, si los estudiantes sabían los signos y los asociaban con Remus, sería el fin de mi amigo- ¿Crees que tú tengas todos los signos?
- Pienso que sí, uno- señaló con el dedo- se está sentando en mi silla, dos: está usando mi ropa, tres: su nombre es Remus; tengo la forma del hocico, la pupilas de mis ojos, y la cola copetuda.
Estallamos en risas, se notaba que mi amigo se estaba recuperando después de la terrible semana anterior, como era de costumbre caminamos hasta los jardines, para ser específicos a la orilla del lago.
- Bueno, yo creo que ese examen estuvo relajado- decía Sirius mientras me acomodaba en el tronco de un árbol, al igual que mis amigos- me sorprendería si no saco por lo menos sobresaliente.
- Yo también- tanteé mi bolsillo y saqué uno de mis más preciados objetos.
-¿De dónde la sacaste?
- Me la robe- la mirada de Sirius mostraba enojo por no haber realizado juntos la travesura, pero también se percibía la comprensión, este era un objeto que me acercaba a Lily, la snitch que tome al salvarla de la bludger.
Pasamos en son de holgazanes un buen rato, Sirius deleitándose con las figuras femeninas de algunas de las chicas que pasaban cerca, Remus leyendo un libro y Peter admirando mi destreza con la snitch.
- Guarda eso ¿Quieres?- dijo Sirius- antes que colagusano se moje de la emoción.
**-**Si te molesta.
- Estoy aburrido, como quisiera que fuera luna llena.
**- Podrías-**dijo Remus alzando su libro- todavía tenemos transfiguraciones, si estas aburrido puedes ponerme a prueba… aquí.
- Yo no necesito ver esas tonterías, yo lo sé todo.
Definitivamente esta conversación no terminaría en términos amigables, empecé a buscar una adorable niña que se llevará a Sirius, pero lo que vi, fue la grasienta cabellera de Snape, sé que Mary me pidió que no hiciera nada pero era mi amiga y no permitiría que se burlen de ella sin que lo paguen.
- Esto te despertara Canuto, mira quien es.
Sirius volteo, al verlo se quedó quieto, un cazador en busca de presa, un presa que había lastimando a su "mejor amiga", como ellos dicen ser.
- Excelente… Snivellus.
Nos acercamos hasta el desgastado cuerpo, que caminaba como una araña herida, mientras que Remus y Peter aguardaban bajo el árbol.
- ¿Todo bien, Snivellus?- el miedo que sentía Snape se podía oler, inmediatamente metió su mano en el bolsillo para sacar la varita, pero yo no le daría tiempo- ¡Expelliarmus!
**- ¡Impedimenta!-**gritó Sirius, y la lagartija cayó al piso antes de recoger su varita.
Sentí la mirada de muchos de los estudiantes cercanos, rogando porque Lily no estuviera cerca, cosa casi imposible, porque la costumbre de venir al lago se había dado porque yo quería ver a Lily.
**- ¿Cómo te fue en el examen, Snivellus?-**dije.
-**Yo lo estaba viendo, su nariz estaba tocando el pergamino-**arrastró las palabras Sirius- **van a haber grandes manchas de grasa sobre él, no van a poder leer ni una palabra-**terminó provocando la risa de varias personas.
- Espérate…espérate- siseó, intentando levantarse y con una mirada de odio.
-**¿Esperarme a qué?, ¿Qué vas a hacer ahora, Snivellus, frotar tu nariz en nosotros?-**dijo fríamente Sirius.
-
¡Malditos rastreros, traidores de la sangre! ¡Imbéciles niñatos!
-
Lávate la boca, ¡Scourgify!
Burbujas rosas de jabón salieron de su boca, la espuma cubría sus labios, haciendo que se callara, este era el comienzo: una humillación pública como la de mi amiga, ahora falta el dolor que sintió.
- ¡Déjalo SOLO!- esa voz, la que siempre añoro escuchar ¿Por qué tenía que ser precisamente ahora? ¡Maldita sea!
Los almendrados ojos verdes de Lily llameaban de ira.
- ¿Todo bien, Evans?
- Déjalo solo ¿Qué te ha hecho?
- Bueno, es más el hecho de que existe, si sabes a lo que me refiero…- las risas de todos me callaron, ¿Sabría ella que fue Snape el culpable de que Mary pasase una semana en la enfermería?
- Crees que eres gracioso, pero solo eres un arrogante, fanfarrón, Potter. Déjalo solo.
**- Lo dejo si tú sales conmigo, Evans-**sonreí de lado, se que le gusta mi sonrisa- ándale… sal conmigo, y nunca volveré a poner mi varita en el viejo Snivellus.
**- No saldría contigo ni aunque tuviera que elegir entre tú y el calamar gigante-**Lily no se amedrentaba con nadie, si tenía que responder lo hacía.
- Mala suerte Cornamenta ¡AY!- chillo Sirius.
Volteé y un rayo de luz raspo mi cara, salpicando mi camisa blanca de tinte rojo, ardía, nunca había sentido semejante ardor, pero lo soporté y lancé un hechizo no verbal y colgué de cabeza a Snape que mostró sus delgadas piernas y unos grises calzoncillos, era una escena demasiado divertida como para que Lily no la disfrutara, lo vi en sus ojos, pero sus palabras como siempre son otras.
- ¡Bájalo de ahí!
**- Ciertamente-**lo solté despreocupadamente pero intentó nuevamente atacarme.
- Locomotor mortis- los reflejos de Sirius fueron grandes e inmovilizó a Snape.
- ¡DÉJALO SOLO!- la furia de Lily se intensificó, esta vez sacó su varita, ella era muy buena para encantamientos y defensa contra las artes oscuras pero yo era mucho mejor, jamás la lastimaría, pero tampoco dejaría que me humille.
-
**Ah, Evans, no me hagas hechizarte-mis ojos decían"Mira que ya lo he hecho"
-
¡**Entonces quítale el hechizo!-**sus ojos decían "Ya lo sé estúpido y también sé defenderme"
Como negarse a esos ojos, volteé hacia Snape y pronuncié el contra hechizo.
-
**Ahí lo tienes-**miré fijamente a los ojos de la serpiente que tenía frente de mí- tienes suerte de que Evans haya estado aquí, Snivellus.
-
¡Yo no necesito la ayuda de pequeñas y mugrosas Sangre Sucias como ella!
Me concentré en Lily, su mejor amiga, aquella chica fuerte que en este momento sus ojos amenazaban con llorar, sus ojos no brillaban, pero yo siempre he podido sentir lo que siente y en este momento, su tristeza me llenaba.
- Bien, no te molestaré en el futuro, y yo lavaría esos pantalones si fuera tú, Snivellus.
*¡Esa es mi Lily!*Siempre fuerte, la que nunca deja ver sus debilidades y esa frase es mi motor, no dejaría que esta vez Snape se fuera sin una lección, una cosa es Mary y otra muy diferente es que se meta con Lily.
- ¡**Pídele una disculpa a Evans!-**alcé la voz mientras mi varita apuntaba a su pecho.
**- No quiero que TÚ le hagas pedirme una disculpa-**gritó Lily, mientras me rodeaba- tú eres tan malo como él…
- ¿Qué? ¡Yo NUNCA te llamaría una… tú sabes que!
- Desarreglándote el pelo porque piensas que se ve genial verse como si te acabaras de bajar de la escoba, presumiendo con esa estúpida snitch, caminando por los corredores y hechizando a cualquiera que te cae mal, solo porque puedes, me sorprende que tu escoba puede elevarse del suelo con es cabezota encima, me ¡ENFERMAS!
Sus palabras acuchillaron mí ya lastimado orgullo, como podía dejarme sin palabras, cómo podía tratarme así, de verdad que era enfermizo, pero aun así, le amo con ese temperamento.
- ¡Evans! ¡Hey, Evans!
Lily empezó a correr, seguramente al claro del bosque, siempre va allá cuando esta triste, yo la se mirar convertido en ciervo de vez en cuando, pero no sé porque cuando ella me ve en mi figura animal huye.
- ¿Qué es lo que se trae?
**- Leyendo entre líneas, yo diría que ella cree que eres un poco presumido compañero-**dijo Sirius.
*¡Presumido yo!*Es que no se da cuenta que ella es la presumida y orgullosa, bien que sus ojos brillan al verme y no lo puede aceptar.
- Bien, **bien-**que pena por Snivellus pero la ofensa a Lily y lo que le hizo a Mary no se quedaría así- ¿Quién quiere verme quitándole los pantalones a Snivellus?
...
**-**Mi bellaLily, ¿Podemos hablar?- empecé tranquilamente, tenía que solucionar las cosas, mañana nos iríamos de Hogwarts y no permitiría que se fuera así de disgustada.
-
Evans para ti, y no, no podemos hablar.
-
Mira, medite en lo que me dijiste ayer en el jardín, sé que no piensas eso de mí, así que te disculpo.
-
¡Potter...! De verdad que tu cerebro aminoró de neuronas yo nunca te pediría disculpas por eso… tonto egocéntrico.
Lily se levantó cansadamente del sillón frente a la chimenea, se veía tan hermosa con la túnica de gala que llevaba puesto.
-
¡Snape se lo merecía!
-
Pero tú no tenías el derecho de hacerlo.
-
Lily... ¡Él atacó a Mary!
-
Fue Mulciber- pronunció fríamente.
-
No lo puedo entender, viste lo que le ocurrió, los 2 lo vimos- sostuve sus hombros- recuérdalo: a Mary casi se le rompen los dedos con las garras que le crecían y no dejaba de rasguñarse. Fue Snape quien creo el hechizo.
-
¡Suéltame Potter!- forcejeó y se zafó de mi agarre- se perfectamente lo que ocurrió, yo estaba ahí, pero eso no te da el derecho para tomar justica propia.
-
Pero…
-
¡Lily! ¿Qué bien que te veo?- interrumpió Mary entrando a la sala común con cara de muy pocos amigos- afuera está un personaje que definitivamente no quiero que siga ahí, haz que se vaya.
-
¿Quién?
-
La serpiente de Snape, dice que si no sales se va a quedar a dormir fuera hasta que hable contigo.
-
Lily no saldrá a hablar con ese grasiento- repuse indignado.
-
¡¿Perdón?! ¿Desde cuando ¡TÚ! Decides lo que yo tengo o no que hacer?
-
¡Lily! No saldrás a verlo después de lo que te gritó frente a todos.
-
Cualquier cosa es mejor que escuchar a San Potter…- sus cejas se juntaron mostrando confusión *-*eh…bueno lo que sea, quítate.
Otra vez me había dejado plantado y llevándose la última palabra y aun así no podía dejar de ver como su cabello ondeaba cada vez que sus caderas se movían ¡Que mujer! Maldita sea, esa bruja me tiene hechizado.
-
James ¡JAMES!- gritó Mary en mi oreja- si Lily te ve, viéndola de esa forma despídete de tu perfecta nariz, pervertido.
-
¡Yo! Si solo admiro la belleza de la mujer que será la madre de mis hijos.
-
Ya dices… ¿De qué crees que hablen Snape y Lily?
-
No sé, pero lo voy averiguar.
-
¿Cómo?
-
Ese, mi bella Mary, es un secreto.
Salí corriendo escaleras arriba, directo a mi habitación, más bien directo al baúl donde guardaba la capa de invisibilidad, la tomé y me la eche encima sin ni siquiera saludar a Peter que estaba comiendo unas galletas.
Mary seguía en la sala común, esta vez junto con Cherry y Sirius, discutían acerca de a dónde irían a pasar las vacaciones y lo mucho que se extrañarían, ojala y Lily me vaya a extrañar tanto como yo lo voy a hacer.
No tuve que correr mucho para encontrarla, se habían situado junto al retrato de la dama gorda y claramente se percibía tensión entre Lily y Snivellus.
-
Lily, sabes que te quiero, que jamás te trataría así, pero… es que… Potter es…
-
¡No te permito que lo insultes en mi presencia!- las palabras salieron de su boca como una flecha, parecía una leona protegiendo lo suyo.
-
¡¿Cómo?! ¡Lily, tú siempre lo has odiado!- Snape tenía una cara de consternación.
-
¡Potter nunca me ha insultado, ni me ha hecho de menos por ser hija de muggles! En cambio... ¡Tú! ¡En verdad eres malo! Nunca quise creerlo, pero si lo eres, el odio y el rencor que tienes por lo muggle jamás se te va a quitar.
-
Lily, yo…
-
Tú nada, adiós Severus.
-
Espera- agarró su brazo fuertemente, la sostuvo muy cerca de su rostro, una llama de ira creció en mi interior, *nadie se mete con mi pelirroja,*pero antes que me delate saliendo de la capa ella le empujó y se preparó para entrar a la sala común.
-
Suéltame Severus.
-
Lo siento.
-
**No me interesa-**su mirada se volvió fría, mientras que la de Snivellus mostraba desesperación.
-
¡Lo siento!
**- Guarda tu aliento,**las palabras no se borran con un lo siento- cruzó los brazos a la altura del pecho, siempre hacia eso cuando quería demostrar seriedad- sólo salí porque Mary me dijo que amenazabas con dormir aquí.
-Iba a hacerlo. Lo hubiera hecho. Nunca quise llamarte sangre sucia, solo…
- **¡Se te escapó!-**la mirada de reproche e ira en Lily se intensificaba con cada palabra- es demasiado tarde, he encontrado excusas para ti todos estos años. Ninguno de mis amigos puede entender porque te hablo. Tú y tus querido amigos mortífagos.
Sentí un escalofrío recorrer mi nuca, la ola de terror contra los nacidos de muggles estaba latente, en ese tiempo ya tiene muchos seguidores, pero jamás me imagine que el colegio hubiera ese tipo de gente.
El rostro de Snape se contrajo, sin poder ni siquiera responder a semejante afirmación en lo que Lily continuaba.
-¡Ves, ni siquiera lo niegas! ¡Ni siquiera niegas que es a lo que todos aspiráis! No puedes esperar para unirte a ya-sabes-quien ¿Verdad?- Snape abrió la boca pero él, tanto como Lily sabía que todo era verdad, siempre estaba con aquellas personas de los que ya se sospechaba y adoraba la magia oscura- No puedo seguir pretendiendo. Tú escogiste tu camino, y yo el mío.
- No, escucha no quería…
-****¿Llamarme sangre sucia? Pero si así es como llamas a todos los de mi clase, Severus. ¿Por qué yo debería recibir un trato especial?
Nunca vi a Lily lanzar una mirada como lo hizo con Snape, con su pose elegante se fue hacia la sala común dejando a un Snivellus destrozado.
Me quite la capa sin que la viera Snape y sigilosamente me arrimé en uno de los pilares de piedra cruzando los brazos a la altura del pecho.
- ¡Haaa! Definitivamente Lily es la mujer de mis sueños, aparte de ser hermosa y con un cuerpo fenomenal, tiene un carácter… ¡huao!... ¡Así! También te detesta, tenemos todo en común. No lo crees Snivellus.
Los hombros de Snape se tensaron y lentamente giró hacia mí.
-
¡Todo esto es tú culpa, Potter!
-
No Snivellus, tú fuiste quien le gritó sangre sucia no yo... y eso que ella te quiso ayudar, que pena, ya no son amigos- me mofé.
-
¡Me la pagaras Potter! Ella jamás será para ti, Lily es inteligente y nunca, escúchame bien, nunca estaría con un niño engreído e imbécil como tú.
-
¿Y con una serpiente grasienta sí?- sus ojos llamearon de ira, yo le lancé una sonrisa sardónica- admítelo Snape vives por Lily, crees que no me he dado cuenta de cómo la miras, de cómo tratas de acercarte a ella... y a sus labios.
-
Que yo la quiera no tiene nada que ver contigo- arrastró sus palabras.
-
Mía o de nadie Snivellus- me moví con dirección a la sala común, empujándolo con el costado izquierdo- y si tú vives por ella. ¡Yo moría con tal de que sea feliz!
...
Definitivamente las vacaciones más aburridas que he tenido en mi vida, mis papás son encantadores y me dan todo lo que pueda tener, pero debido a que cerca de la región han ocurrido asesinatos a diario, no me dejan salir como yo desearía, es agradable sentirse en casa, con el olor a pastelillos recién horneados por las mañanas y a chocolate caliente en la tarde. Pero extraño a Lily, a su olor a vainilla, a su carácter de mil demonios, a su voz mandona, a su caminar altivo, a su dulzura y sensibilidad que muy pocas veces deja ver. A su cabello rojo despeinado y a sus ojos verdes que hipnotizan.
Unos picotazo en la ventana me despertaron de la ensoñación en la que me encontraba, era Black, la lechuza de la familia "Black" y otra igual de elegante y altiva de un color rojizo.
Recogí la carta de la primera lechuza, para encontrarme con una letra desaliñada.
Que fue hermano ¿Ya te llego la carta de Hogwarts? ¡Vamos al callejón Diagon! Remus, Peter, Mary y Cherry también van a ir. Adivina, Mary no me quiso contar el motivo pero Lily esta hospedada en el Caldero Chorreante desde hace dos semana, y se va a quedar ahí hasta empezar clases, aprovecha y ve a verla ¡Estás muy lento Cornamenta! ¿Sabes cómo encontrar a la gente de manera fácil? Yo sí, nos ayudará en nuestros planes para terminar el mapa.
PD: El viernes a las 8:00 en la entrada del Caldero Chorreante.
PD2: Traje un espejo maravilloso de Bagdad para ti.
Sirius.
Tomé de la pata de la lechuza rojiza la carta del colegio, la cual se extendía en una larga lista de útiles para las materias que había escogido este año; y junto a ella mis calificaciones de los timos, que no estaban nada mal, en su mayoría fueron excepcional y un excede expectativas en pociones.
Mamá se puso reacia cuando le dije acerca de ir a dormir en Londres, pero después de varios intentos y de la intervención de mi padre me permitió ir, con la condición de ella mismo ir a dejarme y ver que túnica me compraría. Las mujeres y su urgencia de controlar la ropa de sus hijos
Detestaba viajar por polvos flu, siempre se me ensuciaba las lunas de los lentes, sé que con un simple movimiento de varita se retira todo escombro, pero la molestia de sentirme puro cenizas era lo que me fastidiaba.
Aun así había viajado tantas veces al callejón Diagon que era imposible equivocarme, inmediatamente al introducirme en las llamas verdes esmeraldas de la chimenea un sonido ensordecedor me invitó a pasar hacia una cámara de tortura medieval, en la que el castigo era hacer que el desayuno se revolviera en mi estómago.
Salir tosiendo de una chimenea hasta un lugar tan concurrido como es el callejón Diagon no era propio de un buen mago, por lo que apenas pise la fría piedra de la calle que atravesaba el lugar, agite la varita para deshacerme de todo resto de hollín que llevaba encima.
Mi madre llegó un minuto más tarde quejándose.
- Definitivamente ya no sirvo para estos viajes… no me mires así James sabes que es la verdad.
Luego de haber comprado las túnicas y el uniforme para quidditch caminamos hasta el caldero chorreante para calmar al monstruo que rogaba por comida. Pero aquella sensación de vacío en el estómago se intensificó cuando una cabellera rojiza bailó frente al mostrador del lugar.
Lily llevaba puesto un vaquero negro junto con una blusa de tiritas y sobre esta un tapado que solo cubría parte de su espalda y la parte inferior de sus delgados brazos. Mucho más delgados de cómo los recordaba. Viéndola fijamente todo su cuerpo había adelgazado.Pero aun así se notaba la fina cintura en contraste con sus caderas.
Me acerqué lentamente hasta quedar tras de su espalda y sentir su dulce aroma. No sé si ella sintió mi presencia, pero sus hombros desnudos se tensaron y empezó a tartamudear mientras pedía su ración de alimento.
-
Hola Lily- susurré en su oído mientras sentí como una corriente se deslizó por su columna- te ves…Mmmmm…preciosa.
-
Aléjate Potter, he estado practicando y se cómo noquearte- susurró.
-
Una lucha cuerpo a cuerpo contigo sería fabuloso, pero sería mejor en privado.
Se dio vuelta lentamente, para encontrarse directamente con mis ojos, sus labios temblaron pero rápidamente giró la mirada para encontrarse con los de mi madre que acababa de llegar en busca de una mesa.
-
James, es de mala educación no presentarme a tu novia.
-
Si madre te presento a mi bella Lily…Lily ella es mi madre.
-
Un gusto conocerla señora Potter… soy Lily Evans, compañera pero no novia de su hijo.
-
Ya lo entiendo, disculpa que te haya confundido, es que hacen una linda pareja- dijo mi madre con una ligera sonrisa en su sus labios- ¿Ya ordenaste la comida James?
-
Eh… no, ahora voy.
-
Bien... Lily querida, me ayudas a llegar a una mesa, mira que ya estoy vieja y siempre hace falta una mano joven.
-
Claro, yo la acompaño.
-
James…dile a Tom que yo pago lo de Lily y que envíe la comida a aquella mesa.
-
No se preocupe por mi señora Potter- dijo Lily mostrando en su rostro un tinte carmesí.
-
No es ninguna molestia, si eres amiga de mi hijo eres como de la familia.
Ambas se fueron caminando hasta la mesa más lejana del bar mientras que yo daba las indicaciones a Tom, el dueño del bar. Mamá nunca necesito ayuda para movilizarse, aunque siempre se quejaba de dolencias de la vejez no le gustaba que la trataran como si ya no podría hacer nada. Sabía perfectamente que ella lo planeó todo, una treta para que pasemos un momento con Lily. Lo que falta es esperar a saber ¿A dónde quiere llegar mi madre con todo este teatro?
Hice tiempo hasta llegar a la mesa, quería que las dos mujeres de mi vida tengan un momento a solas, mientras admiraba el lúgubre lugar en el que nos encontrábamos. Mesas de madera sin mantel alguno, arañas caminando a toda prisa por el techo y las paredes, unas inestables escaleras que dan al segundo piso, gente con túnicas y gorros puntiagudos de colores, adolescentes usando ropa muggle y cargados de libros, calderos, frascos de ingredientes para pociones, tinteros y plumas recién compradas. Pero lo que más llamó mi atención, fueron las figuras oscuras que trataban de pasar desapercibidas en el fondo del bar.
Caminé despacio hasta la mesa donde se encontraba Lily y mi madre seguido de las bandejas de comida que esquivaban a las pocas personas que salían del lugar.
-…fascinante entonces tendré el gusto de seguirte escuchando… oh James, siéntate- señaló mi madre la silla frente a Lily- ¿Por qué no me dijiste cuán encantadora es Lily?
-
Eh, pues…
-
No mejor no contestes, eso fue lo mejor, así yo misma lo pude comprobar.
Durante la comida los ojos de mi madre no se perdían ni de uno de rasgos y gestos de Lily, mientras que ella, sumida en sus pensamientos ignoraba que no solamente los ojos grises de mi madre estaban puestos sobre ella, sino también los míos y los de un joven con nariz ganchuda que acababa de entrar.
Las papas fritas de Lily se iban terminando poco a poco pero el pastel de carne que se encontraba frente a mi madre, permanecía casi intacto, mientras que ella frotaba su dedo índice con su pulgar ¿De qué se está acordando mi madre?
La última papa de Lily y un brillo de conocimiento en los ojos de mi madre.
- ¿Ya no te has pintado nuevamente el cabello Lily?
Esos ojos verdes se abrieron como platos ante la mención.
-
¡¿Co…cómo?!- ¿Qué?
-
Si bueno, la última vez que te vi tenías el cabello color negro, pero me imagino que eres pelirroja natural ¿Cierto?
-
Cuan…cuando la viste madre- mascullé al instante.
-
Te acuerdas cuando pasamos a conocer Hogwarts antes de que inicie tu primer año, ahí nos encontramos con Lily, claro que ahí tenía el cabello pintado ¿Verdad? Pero no logro entender porque lloraba y pedía a gritos que le alejaran de ahí.
Entonces si era ella, Lily era mi bonita. ¿Pero porque me lo negó?**¿O mi madre estaba confundida?
Sus ojos verdes comenzaban a moverse de un lado a otro, la conocía tanto que sabía perfectamente cómo buscaba una respuesta a la afirmación de mi madre
-
Eh… señora Potter creo que se confunde nuevamente, yo… nunca he estado en Hogwarts antes de mi primer año, mis padres son muggles y no tenía idea de que existía la magia, mucho menos el castillo.
-
¿En verdad? Talvez mi memoria me esté fallando, pero juraría que he visto esos ojos antes.
-
Puede ser… pero yo no soy… ya sabe es de humanos confundirse.
-
Claro, claro… que pena que no seas tú, disculpa por confundirte- dijo mientras revoloteaba mi cabello- mmm, mira la hora que es, me tengo que ir… ¿Puedo pedirte un favor Lily? Bueno más bien dos.
-
Claro señora, diga usted.
-
Cuida hoy a mi hijo por mí, es muy imprudente... y con todo lo que está pasando no me cabe la menor duda de que se meterá en problemas y la segunda: déjate cuidar por él, es imprudente pero también valiente.