Un heroe en slytherin — capítulo 2
La selección de Casas.Harry miró hacia delante en la fila. Malfoy, el chico que se había burlado de Hagrid y de Ron antes, fue seleccionado para Slytherin, como había predicho. Ya sólo quedaban unos pocos antes de que lo alcanzaran, y no podía evitar los nervios y la ansiedad que se apoderaban de él. Era sólo un sombrero, pero iba a determinar con quiénes y cómo pasaría los siguientes años en Hogwarts.
- Potter, Harry.
Cuando la profesora McGonagall llamó su nombre y él se puso el sombrero, el salón se llenó de murmullos, y era difícil ignorar que él, más que todos los que pasaron antes por el juicio del sombrero, era observado por toda la escuela.
- Por favor, cualquiera menos Slytherin, cualquiera menos Slytherin...
No quería estar e la misma casa que el mago tenebroso que asesinó a sus padres.
Cuando el sombrero sugirió Gryffindor, su corazón dio un salto de felicidad y alivio. Gryffindor, la casa de los valientes! Allí podría quedarse con Ron, porque Ron seguro quedaría en Gryffindor como sus hermanos. Pero entonces, el sombrero prosiguió:
- Por otro lado, puedo sentir tu deseo por probarte a ti mismo. Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino a la grandeza. Grandes magos han estado en Slytherin.
Grandes magos, y magos tenebrosos, sobretodo. Harry sintió miedo, pero también curiosidad.
-
¿Estás seguro? Si es el lugar correcto para mí, entonces...
-
No hay más que decir. Hay muchas cosas en ti, Harry Potter. Puede que ahora no lo veas, pero pronto descubrirás tu verdadero ser y tu destino en...
-
¡SLYTHERIN!- finalmente exclamó el sombrero.
Una gran exclamación se produjo en la mesa del emblema verde y plata, y los estudiantes empezaron a cantar en coro: "TENEMOS A POTTER, TENEMOS A POTTER...", mientras los estudiantes de otras casas protestaban, y finalmente fue necesario que la Profesora McGonagall llamara a silencio.
Los ojos de Harry se cruzaron una vez con Ron, pero éste se puso colorado y miró en otra dirección. Entonces las palabras que había dicho antes sobre Slytherin volvieron a él. Ya no podrían ser amigos. Entonces caminó hacia su mesa, donde Draco Malfoy le observó con una sonrisa de suficiencia y superioridad - sin duda, enfadado por el desplante que Harry le había hecho horas atrás - pero le hizo un lugar en la mesa.
En la mesa de los profesores, el profesor Dumbledore - al que Harry reconoció de inmediato por las tarjetas de las ranas de chocolate. - y él presentó al resto de los profesores. Uno de ellos, de largo pelo negro y piel tan pálida que a Harry le pareció semejante a un vampiro, lo perforaba con la mirada, como si tener que verlo allí le disgustara terriblemente. Ese profesor resultó ser el Jefe de su casa.
Un Slytherin.
Harry no recordaba a sus padres, pero se preguntó qué estarían pensando de él en ese momento.
Las habitaciones de Slytherin y su sala común estaban ubicadas en las mazmorras del castillo. A través de las ventanas de se podía ver el lado negro, y Harry estuvo seguro por un momento que vio pasar algo parecido a una sirena.
Entonces la estudiante de Quinto año que los conducía - una prefecta, dijo una de las niñas que iba detrás suyo - se aclaró la garganta, y con una mirada firme y dura consiguió que todos quedaran en silencio.
- Bien. Ahora les daré unas indicaciones y todos escucharán en silencio, porque no repetiré nada dos veces. ¿Entendido? - todos asintieron - Felicidades por lograr quedar en Slytherin. Algunos de ustedes tal vez crean que tienen derecho a estar aquí sólo por su linaje. Están equivocados - Harry dirigió una mirada a Malfoy - Y algunos tal vez esperaban estar en otra casa, habrán oído que la mayoría de los magos oscuros han estado en Slytherin; bueno, esa parte si es cierta. El sombrero los ha puesto en Slytherin, la más grande casa de todas. Grandes hechiceros y brujas han pasado por aqui. Somos ambiciosos, somos leales a nuestra casa, mantenemos nuestro honor... y siempre debemos ganar. Para ganar, y sobre todo, para aplastar a Gryffindor este año, debemos mantenernos unidos.
La prefecta los miró expectantes, y todos asintieron como si comprendieran perfectamente.
- Ahora, incluso ustedes recién llegados deben cuidar de mantener nuestra reputación. Es o todo o nada, para preservar nuestro honor y las tradiciones de la casa. Si, algunos estudiantes nos temen, y eso está bien. De esa forma ellos nos respetan. Ahora, o hay muchas reglas, pero las que tenemos las deben cumplir: no hacer nada que pueda hacer perder puntos a nuestra casa, no dejar que nadie les descubra rompiendo las reglas, y no traer extraños a nuestra sala común. La contraseña a la sala común la pueden encontrar en el tablero. No se la den a nadie de afuera. Ahora, pueden ir a dormir.
Harry se retiró igual que los demás chicos de primero al dormitorio. Además de Draco, estaban los dos matones que lo seguían en el Expreso de Hogwarts.
- Te dije, Potter, que tenías que cuidar de no hacer amigos en el lado equivocado - señaló Malfoy una vez que llegaron a los dormitorios.
Harry decidió ignorarlo, no caería en las provocaciones; tenía suficiente experiencia con bravucones gracias a Duddley. Además, sin importar que no hubiera quedado en Gryffindor con Ron Weasley y sus tres hermanos, estar en Hogwarts seguía siendo mucho mejor que estar en una alacena en casa de los Dursley. Se dejó caer en la enorme cama con doseles - la mejor cama en la que había dormido en años - y el peso de aquel día extraordinariamente largo y emocionante cayó sobre él.
De pronto estaba muy cansado, y ya no deseaba pensar en nada, ni siquiera en lo que sus padres - a quienes no recordaba - dirían de él. Seguro sus padres habían estado en una casa diferente en Hogwarts. ¿Se sentirían decepcionados? El sombrero había dicho que haría cosas grandes en Slytherin, pero él no se sentía tan especial... sus párpados se fueron cerrando, y poco a poco todos sus miedos y preocupaciones viajaron al mundo de los sueños.