Un heroe en slytherin — capítulo 3
Severus Snape
La mañana siguiente, un alumno de Quinto año llegó a despertarlos y los dirigió hasta el Comedor, y otro de sexto los llevó hasta la primera clase del día, Encantamientos. Fue una suerte que ellos tuvieran un guía, porque el castillo era enorme, las escaleras cambiaban de lugar antes de que se dieran cuenta, y los cuadros en los pasillos hacían de todo por confundirlos. Sin los alumnos mayores, Harry no dudaba que se perderían; pero llegaron a la primera clase, con el profesor Flitwick.
El mago apenas alcanzaba la altura de Harry - lo que ya era mucho decir - pero él se sintió a gusto en la clase, y resultó ser muy divertido. Quien no era tan divertida era Hermione Granger, la chica que había entrado al compartimento de Harry y Ron el día anterior, y que acabó siendo seleccionada para Gryffindor. La chica no se callaba un solo momento, y aunque ganaba constantes elogios del profesor Flitwick, el resto de los chicos de ambas casas no la miraban con los mejores ojos.
-
Sólo mírala - dijo Blaise Zabini, un chico que se sentaba a su lado, cuando la clase acabó y todos empezaron a retirarse - pretendiendo saber más que todos, cuando sólo es una asquerosa sangre sucia.
-
¿Qué significa "sangre sucia"?
Blaise arqueó una ceja, como diciendo "¿es en serio?"
- Significa que es una nacida de muggles, no pertenece a una familia de magos - aclaró Theo Nott.
A Harry tampoco le agradaba mucho Granger, pero no le gustaba nada aquel término "sangre sucia". Pero si defendía a la chica, acabaría enemistándose con sus compañeros, y ésa no era una opción muy inteligente, cuando apenas era su primer día.
-
¿Tú sabes de lo que está hablando? - preguntó entonces.
-
Claro que si. He visto a mi madre hacer encantamientos así de simples desde siempre. ¿Tú no?
-
No, bueno... la verdad es que yo no sabía que era un mago hasta unos meses atrás, cuando recibí mi carta.
-
Eso no es posible - Draco Malfoy, que iba detrás de ellos, dijo al oírlo - tus padres eran magos.
-
Crecí con unos muggles, la familia de mi madre.
-
Uhg - Blaise hizo una cara de asco - debe haber sido horrible tener que vivir con un grupo de esa clase.
-
Si, fue horrible. Cuando llegó mi carta de Hogwarts, hicieron todo lo posible para que yo no la leyera. Quisieron prohibirme venir aquí. - Harry sonrió al recordar cómo las cartas siguieron llegando y llegando, hasta que Hagrid fue a buscarlo - No les gustaba que hiciera magia, y me escondían de los demás.
-
Por supuesto, tus muggles tenían miedo de ti, y probablemente sentían envidia, porque nunca podrán tener el poder que nosotros tenemos.
-
No todos son malos - aseguró Harry.
-
¿En verdad eres tan ingenuo, Potter? Sal y grita a los cuatro vientos en el Londres muggle que tienes magia, di todo lo que puedes hacer... antes de que te des cuenta, te estarán cazando para lanzarte a una hoguera como hicieron hace siglos con los nuestros.
-
Bueno, Malfoy, no puedes saber si no los conoces. - contradijo Harry, molesto porque en parte, lo que decía Draco tenía mucho sentido - no todos los muggles son malos, y obviamente no todos los magos son buenos - y con esa ultima declaración, su mano fue automáticamente hacia la cicatriz de su frente, una prueba irrefutabe de la crueldad y la maldad de algunos magos.
Draco frunció el ceño. Cada vez se cuestionaba más como fue que Harry acabó en Slytherin.
- Adelante, San Potter. Defensor de los muggles y los impuros. Debi haber recordado que tu madre era una sangresucia también.
Harry se contuvo para no darle un golpe en la cara - si algún profesor o prefecto les veía, sería una vergüenza perder puntos para Slytherin por pelear con alguien de su misma casa- , y ciertamente aun no conocía suficiente de hechizos, pero la oportunidad vendría, sin duda. Se dio media vuelta, y siguió su camino alejado de sus compañeros.
Cuando a la hora del almuerzo se topó con Ron Weasley - que iba acompañado de sus compañeros de Gryffindor, un chico de apellido Thomas y otro que Harry recordaba vagamente como Seamus Finnigan - le saludó amistosamente, y le sorprendió la mirada dura, de desprecio, que recibió a cambio.
-
Aléjate, Potter. No caeremos en ninguna treta de un Slytherin.
-
Weasley. - Antes de darse cuenta, Harry tenía a su lado a Blaise y a Theo Nott, salidos de quién sabe dónde. - Espero que no hayas estado insultando a Potter. Piérdete, no queremos ensuciarnos con basura como tú.
-
Serás idiota, Zabini - dijo Finnigan - Como si quisiéramos mezclarnos con Serpientes como ustedes.
Harry quedó perplejo por unos segundos, pero rápidamente comprendió cómo iban las cosas. Acababa de enemistarse con un compañero de casa por sus prejuicios y mentes estrechas, pero sin duda no eran sólo por pertenecer a cierta casa. Allí estaba Weasley, demostrando que los Gryffindor también eran prejuiciosos como el que más.
-
Espero que haya servido de lección, Potter - dijo Theo - verás que a ningún alumno de otra casa le importa si tratas de ser amable o no. Todos te odiarán simplemente por ser un Slytherin.
-
Y tú muy probablemente acabas de ganarte la enemistad de Draco, lo que no te conviene para nada - agregó Blaise.- Si fuera tú, empezaría a reconsiderar esa actitud de defensor de los desamparados; en Slytherin eso no nos sienta para nada.
Blaise y Theo se fueron, sin embargo, sus palabras resonaron en la cabeza de Harry por un rato. A él no le gustaba mucho Draco Malfoy, era cierto, y no estaba de acuerdo con varias ideas suyas; pero al menos sus compañeros de Casa seguían siendo personas en quienes podía contar, mientras que otros como Weasley lo verían como alimaña sin importar qué. No era inteligente para nada ser enemigo de Draco.
Harry suspiró y se dirigió a su mesa, con el resto de los chicos. En su momento, pensaría en algo para hacer las paces. Pero tampoco pensaba disculparse con Draco por algo de lo que realmente no estaba arrepentido.
En la tarde tuvieron clases de Transfiguración con la Profesora McGonagall, jefa de la casa de Gryffindor, y Harry pudo sentir la mirada de la profesora observándolo fijamente a ratos, durante la clase, como si él fuera algún tipo de experimento o de animal extraño. La misma mirada que había recibido en la mañana durante los pasillos, incluso durante las clases, debido a su cicatriz. Harry Potter, el Slytherin. ¿Cuál era el problema de la gente con eso? Aparte de Malfoy - y sus dos gorilas - todos los demás en su casa eran chicos bastante agradables.
Los siguientes días pasaron rápidamente, y pronto se dirigían a una de las clases que había aguardado con más ansias - y también más temor - la del Profesor Snape. El Profesor Snape era el jefe de Casa de Slytherin y maestro de Pociones, y desde que fue seleccionado Harry había oído sobre lo exigente y estricto que era con sus estudiantes.
Harry recordaba la mirada dura que le había dado durante la Ceremonia de Selección, y cómo le había parecido que él le disgustaba, aunque probablemente hubieran sido sólo los nervios. Sin embargo, Harry no quería dar al Profesor Snape ninguna razón para molestarse con él, así que pasó las dos últimas noches releyendo capítulos enteros de los libros de Pociones.
Por alguna broma cruel, sólo quedaban dos asientos libres del lado de los de Slytherin - y Harry había aprendido lo suficiente como para alejarse de los Gryffindor, más que nada -, o se sentaba al lado de Draco Malfoy, o al lado de Millicent Bulstrode. La verdad era que Bulstrode daba escalofríos, y Harry, a pesar de si mismo, se sentó al lado de Draco.
Draco bufó.
-
¿No encontraste un espacio al lado de tu querido Weasley, Potter?
-
Déjalo, Malfoy. De verdad no quiero discutir contigo.
-
Entonces, ¿ya te has dado cuenta de qué están hechos realmente esos traidores a la sangre?
-
No me gusta cómo los llamas. Pero es cierto que Weasley es un idiota - reconoció Harry.
Draco sonrió de lado.
- Eres lento, pero vas aprendiendo, Potter.
Snape entró a clase, batiendo su capa negra detrás de él al caminar - como un vampiro, pensó Harry por segunda vez - y comenzó por pasar lista. Cuando llegó al nombre de Harry, se detuvo.
- Ah, Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.
Del otro lado del salón, Weasley y Finnigan rieron tapándose la boca; y al lado de Harry, Draco bufó. El profesor continuó, hablando casi en un susurró, pero apenas comenzó a hablar la clase quedó en un silencio total, y se le escuchaba perfectamente:
- Ustedes están aqui para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones. Aqui habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de ustedes dudarán que esto sea magia... Puedo enseñarles cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si son algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.
Se hizo un largo silencio, y luego, lo que Harry más había temido sucedió: Snape se dirigió directamente a él.
- Potter, ¿qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
Harry trató de hacer memoria, estaba seguro de que lo había leído la noche anterior...
- La... poción para dormir... El Filtro de Muertos en Vida?
Snape frunció en entrecejo.
- No pareces muy seguro, Potter. Pero si, es el Filtro de Muertos en Vida. - Harry suspiró aliviado, y pensó que había terminado ya, pero entonces Snape estaba de vuelta sobre él - A ver si realmente has estudiado como deberías, Potter: ¿dónde buscarías si te digo que me encuentres un Bezoar?
Del otro lado del calabozo, Hermione Granger alzaba la mano bien alto, esperando responder la pregunta, pero Snape la ignoró.
-
En el estómago de una cabra, señor.
-
¿Cuál es la diferencia, Potter, entre acónito y luparia?
Eso ya no lo recordaba, y mientras Harry se devanaba los sesos tratando de rememorar lo que había leído de Mil hierbas mágicas, Hermione Granger prácticamente saltaba en su lugar, tratando de que el profesor la notara.
-
No lo recuerdo, señor.
-
Así que el prodigioso Harry Potter no lo sabe todo. Para tu información, Potter, acónito y luparia son la misma planta.
Harry esperó algún reproche más, pero en su lugar, el Profesor lo dejó en paz y se dirigió a la niña de Gryffindor.
- Siéntese, Señorita Granger.
El resto de la clase fue mejor de lo que Harry había esperado, incluso podía decir que le había gustado. Snape criticaba el trabajo de la mayoría de los alumnos, y solamente había dirigido elogios a Draco, pero a Harry no le había dicho nada malo sobre su trabajo, así que él suponía que no lo estaba haciendo mal. A quien no le fue tan bien fue a Neville Longbottom, que convirtió el caldero de Finnigan en ácido y él mismo acabó lleno de pústulas, gimiendo de dolor, hasta que Snape tuvo que enviarlo a la enfermería.
Una hora más tarde, cuando volvían a las mazmorras, Draco, Blaise y Theo se burlaban de Longbottom, pero Harry estaba demasiado distraído para comentar nada.
-
¿Qué, te comieron la lengua las ratas, Potter?
-
Creo que al Profesor Snape no le caigo bien.
-
Al Profesor Snape no le gusta casi nadie. - dijo Draco - Creo que yo le gusto porque es amigo de mi padre, pero además de eso... bueno, lo que quiero decir es que no te lo tomes personal, es así con todos.
Esto tranquilizó un poco a Harry. Tal vez estuviera exagerando. Sin duda, Snape no podía ser tan malo.
Próximo capítulo: Un apretón de Manos.