Un heroe en slytherin — capítulo 4
Un apretón de manos.
Harry hubiese deseado que se lo tragase la tierra cuando se encontraron con el anuncio de que las clases de vuelo para el primer año serían compartidas entre los Slytherin y los Gryffindor. Lo último que deseaba era hacer un papelón frente a Weasley y Finnigan. Para empeorarlo, Draco no dejaba de presumir todo lo que él solía hacer con su escoba, y durante el desayuno, almuerzo y cena podía oír una anécdota diferente del gran e inigualable fanfarrón Malfoy.
Al menos, cuando finalmente estuvieron en la clase de la señora Hooch, Harry pudo ver que no era el único nervioso. Al menos entre los Gryffindor, donde habían varios alumnos nacidos de muggles - y Neville Longbottom - podía ver a otros tan nerviosos como él. Claro, Harry no lo dejó mostrar. No le daría ese gusto a Draco.
- Bueno, a que esperar? Cada uno al lado de una escoba. dijo la señora Hooch apenas llegó, señalando las escobas ordinarias que yacían en el suelo - Extiendan la mano derecha y digan, "arriba".
A Harry le sudaban las manos, y sólo esperaba que no se le notara el temblor.
- La escoba notará si tienes miedo. - le dijo Malfoy, arqueando una ceja - Siempre debes mostrar seguridad, Potter. La seguridad y la confianza lo son todo.
Harry le dio una sonrisa de lado.
- De eso puedes dar clases, ¿verdad Malfoy?
"Arriba!" le ordenó a la escoba, y ésta se levantó hasta su mano inmediatamente. Miró a los lados, para ver como unos pocos también lograron hacerlo, mientras otros - como Granger y Longbottom - no pudieron mover sus escobas un centímetro.
Luego montaron las escobas, y Hooch dio instrucciones de cómo iniciar vuelo, pero antes de que ella diera el pitido que señalaba el momento de volar, Neville Longbottom salió disparado para arriba, alto, muy alto... hasta que el chico cayo de la escoba, que siguió subiendo... Hooch tuvo que llevarlo a la enfermería, porque al parecer Longbottom se fracturó la muñeca, y les dio instrucciones de no moverse de allí.
-
¿Has visto la cara de ese gran zoquete? - le preguntó Draco.
-
No le digas así, Malfoy.
-
Allí vamos, San Potter defensor de los débiles y oprimidos. Mira, Potter, ¿qué te parece si probamos estas escobas? ¿O es que tienes miedo?
-
¿Es un reto, Malfoy?
Pero Draco fijó su vista a algo brillante en el suelo. Se trataba del Recordador de Longbottom. Lo tomó a pesar de las protestas de los Gryffindor y se montó a su escoba.
- A que no lo atrapas, Potter.
Harry no declinaría un reto de Draco Malfoy. Sin duda, no perdería ni haría el ridículo frente a él. Se montó a su escoba, y volar resultó ridículamente fácil, tanto que parecía una vergüenza que tuviera miedo sólo unos momentos atrás. Se elevó en el aire y cuando Draco lanzó la bola lejos de él, sus ojos permanecieron fijos en el objetivo, y la escoba y él se sintieron como uno solo, yendo detrás de la recordadora.
Harry y Draco esperaban en silencio al Profesor Snape, e incluso Draco estaba asustado esta vez, Harry lo sabía. Ninguno hubiera esperado que el Jefe de su casa fuera quien los descubriera - hubiera sido preferible McGonagall, seguro tendría más piedad - y los llevara hasta su oficina.
Sólo estaban jugando, después de todo, lanzándose y atrapando la recordadora. No podía ser tan malo. Bueno, tratándose de Snape...
-
Recuérdame no volver a seguirte en nada, Draco.
-
No puedes pasar por niño bueno ahora Harry, no te apunté con la varita.
La puerta se abrió, pero la sala siguió en un silencio pétreo hasta que Snape habló.
- Sin duda deben sentirse orgullosos de esta pequeña travesura. Pero donde no tolero que estudiantes de otras casas cometan este tipo de desacatos, con menos razón permitiré que ustedes sean los que desobedezcan. - dijo el profesor - Potter, no me sorprende su... rebeldía; pero señor Malfoy, había esperado un mejor comportamiento de su parte.
Ambos chicos se hundieron más en sus asientos.
-
Ambos están castigados. Los espero aquí, a partir de este sábado, todas las noches a las 7 p.m. Por una semana.
-
Sí, señor - Harry fue el primero en decir.
-
¿Alguna duda? - Snape clavó su mirada en ambos.
-
Ninguna, señor - contestó Draco.
-
Muy bien.
Alguien más tocó la puerta en ese momento.
-
Señor Flint, puede pasar.
-
Profesor, me ha dicho Hibbs que me mandó llamar.
Snape sonrió. Si bien los niños no iban a quedarse sin castigo - o podrían acostumbrarse a romper las reglas, algo que él no permitiría - fue la providencia que hizo que los encontrara volando esa tarde. Quería ver la cara que McGonagall pondría...
- Así es. Flint, estos son Potter y Malfoy. Flint, he encontrado los jugadores que andabas buscando para el equipo.
Flint arqueó una ceja, incrédulo. Draco, al lado de Harry, susurró un "Lo sabía!"
- ¿Qué? - preguntó también en un susurro.
Pero Snape contestó para ambos.
-
Completamente. Marcus Flint es capitán del Equipo de Quidditch. Ambos podrán hacer las pruebas este año.
-
Si usted lo dice... supongo que debe funcionar. Les espero a ambos este sábado a las 9 de la mañana en el campo de prácticas. Ni un minuto tarde. Ah, tendrán que conseguir buenas escobas, no esas porquerías que les dan a los del primer año.
-
Sin duda el profesor Dumbledore hará una excepción con ambos, una vez que hable con él.
-
Muchas gracias, Profesor.
-
Puede retirarse, Señor Flint.
Luego se giró hacia los dos chicos.
- Bien, han oido al capitán de su equipo. No quiero enterarme de que se presenten tarde a la práctica, como también les espero puntuales en su detención. Ahora largo.
Harry y Draco no pretendían que se los dijera dos veces. Murmurando gracias, y nuevas disculpas, se alejaron del despacho de Snape lo más rápido posible.
Una vez más, Snape sonrió cuando los chicos se fueron. Ojalá pudiera ver la cara de James Potter, sabiendo que su hijo jugaría para Slytherin, nada más y nada menos. Harry Potter, el Niño que Lo Sorprendió.
-
Lo sabía! te lo dije antes, que quedaría en el equipo.
-
Bueno, todavía no estamos dentro. El sábado...
-
Tonterías. Si Snape habla con Dumbledore sobre las escobas, es porque ya estamos dentro.
-
Nunca he jugado Quidditch en mi vida.
-
Es el mejor deporte que existe. Deberíamos practicar antes, así estarás listo. - dijo Draco - te imaginas la cara de Weasley...
Harry miró a su horario.
-
No tenemos una sola hora libre ni hoy ni mañana para practicar.
-
Entonces hay que hacerlo después del horario.
Si Snape o Filch los descubrían, estarían muertos.
- Vale. Mañana entonces.
Ambos acordaron no decir nada el resto, hasta que fuera oficial. Así que en la cena, cuando Pansy Parkinson y Blaise les preguntaron qué había pasado con Snape, sólo mencionaron la detención que habían recibido. Horrible, si.
Incluso cuando estuvieron en la sala común, sentado con Draco y Blaise realizando los deberes de Transfiguración, Harry realmente no pensaba en otra cosa que en la práctica del sábado, hasta que sus ojos se encontraron con un artículo del Profeta, que Nott había estado leyendo hace sólo unos minutos, y que llamó su atención.
RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS...
El artículo no era reciente, pero cuando los ojos de Harry se fijaron en la fecha del asalto, le extraño. Fue el mismo día de su cumpleaños, cuando Hagrid lo había llevado al Banco. El guardabosques también había mencionado que era el lugar más seguro del mundo después de Hogwarts, pero habían intentado saquear una cámara ese mismo día! Por fortuna, había sido una cámara que se había vaciado ese mismo día.
Hagrid también había vaciado una cámara ese día, buscando un paquete pequeñito. ¿Podría ser...? Harry sacudió su cabeza. Era demasiada imaginación, no tenía ningún sentido.
Blaise le hizo una pregunta, sobre el ensayo que estaba escribiendo, y Harry volvió a concentrarse en terminar los deberes que McGonagall les dejó de una buena vez.
Si le hubieran dicho a Harry semanas atrás que estaría escabulléndose con Malfoy a la sala de las Escobas, para una práctica clandestina de Quidditch en mitad de la noche... Con Draco Malfoy, de entre todos, les hubiera dicho que estaban completamente chiflados. pero allí estaban, saliendo con dos escobas, sin que nadie les hubiera descubierto de momento, y aquello comenzaba a ser emocionante.
¿Draco y él amigos? Claro que no. ¿O si?
Pensaban diferente en demasiadas cosas, como que Draco odiaba a los muggles y a los nacidos de muggles, y hacía de menos a cualquiera que no fuera tan rico como él. La mayor parte del tiempo discutían, podía decirse que eran rivales, pero también se ayudaban - como en la clase de Encantamientos o ahora mismo, yendo a practicar Quidditch - y en las clases de Historia de la Magia o Defensa contra las Artes Oscuras, incluso podían burlarse juntos de los maestros.
-
Shh, para. - Draco le indicó.
-
¿Has sentido algo, mi tesoro? Algún rufián escapándose en la noche, de seguro.
Era Filch, hablándole a la Señora Norris. No estaban demasiado cerca, aun podían alejarse.
-
Maldito Squib.
-
Vámonos, Draco. Por aquí.
Comenzaron a corres a través del pasillo, sintiendo a Filch acercándose a ellos. Y luego el maldito Peeves en su camino, delatándolos,... corrieron todavía más rápido, y cuando Harry vio una puerta, recordó aquel hechizo, ¡cómo era? Ah, si: "Alohomora!"
Harry suspiró aliviado.
-
Esto no es bueno - murmuró Draco.
-
¿Qué? - Claro que no era bueno, estaban a punto de ser atrapados y expulsados del colegio, tal vez!
-
¿Recuerdas que Dumbledore nos prohibió acercarnos al pasillo del Tercer Piso?
Harry seguía con el oído pegado a la puerta, intentando oir a Filch, así que asintió sin realmente prestarle atención a Draco.
- Bueno, Potter. Acabamos de descubrir por qué está prohibido.
Harry se dio vuelta y entendió de que hablaba Malfoy. No era posible, aquello era demasiado. Seis pares de ojos enormes, de un perro monstruosamente enorme, estaban fijos un ellos. Un perro con tres cabezas. Y las tres cabezas gruñéndoles a ellos. Genial. Fantástico.
- Prefiero a Filch - dijo Harry, y tirando del cuello de la túnica de Draco, abrió la puerta y la cerró de un golpe detrás de ellos.
Por fortuna, Filch no estaba, pero aquello no era importante en ese momento. Echaron a correr con todas sus fuerzas hacia las mazmorras de Slytherin. Cuando finalmente estuvieron en la sala común, se desplomaron allí mismo en el suelo.
-
Maldita sea, ¿qué pretende Dumbledore teniendo a un monstruo así en el colegio? Cuando mi padre se entere...
-
No podemos decir nada, o se enterarán que estuvimos allí sin autorización. Nos expulsarán de Hogwarts!
Ser expulsado. Para Draco, Hogwarts no era el mejor colegio, pero por eso mismo sería una vergüenza para toda su familia si le llegaran a expulsar. En cuanto a Harry... imaginar que tendría que volver con los Dursley realmente le enfermaba.
-
Entonces, ni una palabra.
-
Esto queda aquí - Harry le ofreció la mano.
Draco sonrió torcidamente.
- Yo tendría más cuidado si fuera tú, Potter - las mismas palabras que había dicho en el tren, pero ahora todo era completamente diferente.
Draco estrechó su mano.
- Lo tendré en cuenta.
Se podría decir que, desde ese momento, a pesar de todo, Draco Malfoy y Harry Potter se convirtieron en amigos.