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Historia 191952 — capítulo 10

Rose estaba maravillada con todo lo que veía en el restaurante Fire. Había ido tres veces antes de aquella vez, cuando fue a celebrar que a su madre la ascendieron como Ministra, cuando fue el cumpleaños de su prima Victoire y cuando vino a comer con sus amigas. Y ahora estaba con Scorpius en su restaurante favorito de todo Hogsmeade.  Por fortuna, no había ningún alumno de Hogwarts que pudiera molestarlos, pero desgraciadamente un al parecer reportero mágico había estado allí y les había sacado una foto cuando Rose de improvisto había besado a Scorpius. Ella no dudaba que al día siguiente los dos estarían en primera plana de el diarioEl Profeta, el título diría algo parecido a:"La hija de los dos héroes está de novia con el hijo de un mortifago"o "Romeo y Julieta: Rose Weasley y Scorpius Malfoy al descubierto". Fuera como fuera, las familias y los amigos de ellos eran conscientes hacía tiempo que ambos se gustaban, no iban a sorprenderse o enojarse al ver la noticia. Rose le sonrió a Scorpius cuando éste le tomó la mano sobre la mesa, con una sonrisa tímida. El camarero les había traído pasta, un vino mágico y una copa para cada uno. Rose jugó con sus dedos, llevándose un poco de pasta a su boca, sin quitarle los ojos de encima. Estaban a punto de terminar su comida y a pesar que no habían bebido ni siquiera la mitad del vino, Rose estaba segura que igualmente estaban a punto de irse, lo que significaba que la hora tan esperada de que él le propusiera ser su novia se acercaba. —Mañana es nuestro Baile de Graduación —comentó Scorpius.  —Y al día siguiente, nuestra Graduación —Ella suspiró—. Seguro recibirás el premio de mejor alumno de nuestro año. —Tú eres mejor —murmuró él. Rose rió, negando con la cabeza, y tomó su copa de vino para darle un sordo. En realidad, no habían hablado mucho, se habían pasado la mayor parte de la veda tomándose de la mano y lanzándose sonrisas tímidas. Aun así, todo le estaba fascinada a Rose. Cada cosa que ocurría, le afirmaba una y otra vez que él la amaba. Scorpius suspiró y acarició sus nudillos con su pulgar, dejando de lado su comida y centrándose únicamente en ella. Rose solo podía sentirse emocionada como nerviosa, ni siquiera le incomodaba el hecho que él la estaba viendo comer, como normalmente le sucedía cuando alguien la observaba a la hora del almuerzo o cena. —Yo te he comprado algo —dijo entonces Scorpius. —No debiste —dijo ella, limpiando su boca con una servilleta—. Seguro el simple hecho de comer aquí te ha salido caro. Scorpius se encogió de hombros, mientras buscaba algo en el bolsillo de su campera blanca. Rose notó que la mano de él temblaba mientras le pasaba la pequeña cajita, aunque no le dijo nada, secretamente le parecía tierno. Rose soltó su mano y tomó el obsequio, con repentina curiosidad y emoción. Adentro, había un anillo de oro rosa, con pequeñas piedras negras en él, un diamente, que parecía verdadero, brillaba contra las dos velas que se habían puesto en la mesa. Sobre diamante, había una rosa roja hecha de plata. Rose contuvo el aliento, era lo más hermoso que había visto, y a la vez le resultaba algo familiar. Casi olvidándose de agradecerle a Scorpius por el anillo, se lo puso en el dedo anular, admirando con alegría el regalo. Scorpius le sonrió.  —Me alegra que te guste —dijo él, mirándola atentamente. —¿Gustarme? Creo que me enamoré de éste anillo —suspiró Rose. Scorpius rió y su sonrisa se hizo más grande. —Era de Nana Greengrass —le informó Scorpius. Con razón le resultaba concedido—, Abuelo Edward lo mandó a hacer especialmente para ella para su primer aniversario como esposos —Él suspiró y agachó un poco la cabeza—. Nana murió hace unos cinco meses, ¿recuerdas cuándo me fui por una semana de Hogwarts? Justo entonces. Yo estuve con ella los últimos minutos de su vida. Nana se sacó el anillo y me lo dio, me pidió que se lo diera a la mujer que más me importaba, a la que más amaba —Scorpius levantó la cabeza. Tenía lágrimas en los ojos, pero estaba sonriendo—. También me dijo:"Y, algo más, no sigas perdiendo tiempo, dile que la amas. Estoy segura que te corresponderá, Scorpius". No sé cómo, pero sé que hablaba de ti. Rose se sonrojó y clavó la vista en el anillo. La primera vez que había conocido a Lena Greengrass, había sido dos años atrás, cuando había acompañado a Scorpius a la casa de sus abuelos maternos para buscar algo que él había dejado olvidado antes de juntarse en el Caldero Chorreante con Albus. Scorpius se había ido a la habitación que usaba cuando se quedaba ahí y ella se había sentado con la abuela de él en la cocina a tomar un té. —Eres hermosa —le había dicho, con una sonrisa tierna—. Debes de tener muchos pretendientes. —La verdad es que si —Rose no quería sonar presumida, pero no mentía: el último mes había recibido cuatro lechuzas de diferentes chicos pidiendo una cita con ella. —¿Pero sientes algo por alguien? —Tal vez —admitió, sin animarse a decirle que el único chico que le interesaba estaba un piso arriba. La abuela de Scorpius sonrió. —Él siente lo mismo que tú —le dijo con seguridad. Rose había estado tan confundida que no volvió a hablar hasta que Scorpius entró en la cocina y le dijo que ya podían irse. Tal vez Lena Greengrass hablaba de Scorpius ese día, como le habló de ella a su nieto en su lecho de muerte. Tal vez ella solo necesitó diez minutos para saber que ellos estaban enamorados y no años como ellos mismos.  —Por eso te doy el anillo —retomó la conversación Scorpius, devolviendo a Rose a la realidad—. Porque mi abuela dijo que sé lo de a quien amaba y yo te amo a ti, Rose. Lo he hecho desde que te vi hace siete años en el Anden —admitió, algo avergonzado—. Sé que puedo hacerte feliz, solo te pido una oportunidad de probartelo. Realmente te amo, Rose, y yo solo quiero tu felicidad. —Ni siquiera tenías que hacer este discurso (aunque me encantó), solo debías besarme hace años. Yo también te amo —le dijo con una sonrisa. Cuando Scorpius se levantó bruscamente de la mesa, tiró del mantel, haciendo que casi se cayeran los platos, las copas y las velas, pero a él no pareció importarle, mucho menos cuando las personas se giraron hacia ellos, advertidos por el ruido. Rose miró soñadoramente como él se acercaba a ella y la tomaba entre sus brazos para levantarla, entonces la besó con la dulzura y la ternura que lo describían. Tal vez hubieran seguido un buen rato besándose, sino fuera porque los magos y brujas que estaban en Fire empezaron a aplaudir. —Para aclarar, ¿quieres ser mi novia? —preguntó Scorpius, con algo de timidez. —Ni siquiera hace falte que responda, pero por supuesto que si —confirmó ella. Y Scorpius volvió a besarla.

Lynx Malfoy tenía que admitir que la historia de amor de sus padres no era para nada normal, podía ser tierna, pero era muy extraña, tanto que él no llegaba a creérselo del todo. Si no fuera por las fotos mágicas que tío Hugo y tío Albus siempre mostraban en días familiares, de su padre disfrazado de personajes ficticios, él nunca hubiera creído que él había hecho todo lo imposible para parecerse a los semidioses que a su madre le encantaba. Su padre, Scorpius, estaba con las mejillas sonrojadas y pareciendo algo avergonzado, mientras que su madre, Rose, estaba acostada en el sillón, leyendo concentrada La sangre del Olimpocomo para darse cuenta de que estaban hablando los dos hombres más importantes de su vida. —Pero, papá... —Lynx se interrumpió a si mismo para reír con fuerza—, te pusiste peluca... y lentes de contacto. ¡Incluso fingidas tener un enamoramiento por un ladrillo! —Lo valió —se encogió de hombros su padre, mirando con amor a su mujer. —Debiste amarla mucho para hacer el ridículo frente a ella —murmuró Lynx—. Y mamá debió amarte mucho para no llamar a un loquero —agregó por debajo. Su madre murmuró algo entre dientes, pero al parecer iba dirigido a su libro. Su padre sonrió y se levantó, le despeinó el cabello a su hijo y se marchó a la cocina para comenzar a preparar la cena. Sabiendo que no era buena idea interrumpir a su madre mientras leía, Lynx se marchó a su habitación, pensando en la historia que le contó su padre; aún le costaba creer que aquello hubo funcionado con éxito. Literalmente, a su padre le ayudó ese plan absurdo y ridículo, porque en vez de hacerlo ver patético, consiguió a la chica que amaba. Lynx rió en voz baja y se tiró en su cama, tomando su celular cuando notó que tenía un mensaje en él. ¿Puedes creer que Emma dejó a Jules y va a hacer que piense que sale con Mark? ¡La amo, pero a veces me exaspera! Y papá dijo que recién me daría el siguiente libro mañana, no puedo aguantar tanto. Necesito más de los cazadores de sombras, decía el texto de Violet Weasley, la prima de Lynx y la hija del hermano de su madre. Lynx le contestó algo parecido a que estaba muy obsesionada con aquella saga, con una sonrisa formándose en sus labios. Estaba seguro que para nadie era un secreto que él estaba enamorado de ella, pero había un problema. No importaba el hecho de que fueran primos, ya había una relación incestuosa en su familia y todo el mundo lo aceptaba, el problema era que Lynx no sabía de que manera decirle lo que sentía y mucho menos sabía si ella lo correspondía. Lynx escuchó entonces la risa de su madre, seguido por la de su padre. Había pensado que la idea de su padre había sido una estupidez, pero quizá era brillante. ¿Y si él se disfrazaba de cinco cazadores de sombras, los favoritos de Violet? ¿Podría obtener el mismo resultado que su padre? Con la moral alta, escribió un mensaje a su mejor amigo, Ethan, el hermano de Violet. Oye, ¿tú también lees estos libros de cazadores de sombras, verdad? Necesito ayuda. ¡Es importante! Lynx sonrió mientras apretaba el botón ENVIAR. Si todo resultaba bien, él tendría el mismo éxito que su padre.