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Historia 191952 — capítulo 7

Siendo sinceros, al principio Scorpius no había puesto mucha fe en el plan que hizo, por eso todavía le costaba creer que hace tres semanas había besado a Rose Weasley. El recuerdo del sabor de sus labios seguía en él todavía y a cada momento lo tenía en la cabeza, lo que hacía que estuviera más alegre de lo usual. Como nadie, ni siquiera Albus y Hugo, sabían aquello, ya se estaba rumoreando de que él estaba ingeriendo sustancias tóxicas. En otras palabras, lo tacharon de drogadicto.  Scorpius pensaba que técnicamente lo era. Era adicto a la boca de Rose Weasley. Quedaba dos meses y medio para los ÉXTASIS y no queriendo pasar por lo mismo que los TIMOs, Scorpius decidió ponerse a estudiar con anterioridad, al igual que el resto de sus compañeros de curso. Agradecía que la Temporada de Quidditch haya terminado para Slytherin la semana pasada o bien apenas tendría tiempo para respirar; el equipo de las serpientes tenía la delantera en la Copa de Quidditch Interescolar, el último partido era dentro de diez días y Gryffindor o Ravenclaw debía ganar con más de cuatrocientos y veinticinco puntos para poder ganar la Copa. Scorpius estaba seguro que Slytherin se la llevaría.  En todo caso, tuvo que suspender por un tiempo su plan para conquistar a Rose. Si, no importaba que se hubiesen besado (y que lo hubiesen repetido unas cuantas veces), todavía no eran novios, no oficialmente, tenía que seguir conquistandola. Al menos contaba con algo seguro: Rose sentía algo por él. Ahora Scorpius estaba sentado en una de las tantas mesas de la biblioteca, repasando todo lo que había aprendido en Historia de Magia junto a Albus y Rose. Se aprendería más rápido lo que leía su amigo en voz alta si no fuera porque Rose estaba acariciandole la mano por debajo de la mesa, Scorpius solo era consciente de los dedos de ella sobre sus nudillos. —Hugo dijo que nos encontráramos con él en una hora en la Casa de los Gritos —le avisó Albus una vez que Rose levantó a buscar otro libro. Scorpius asintió.  —¿Dijo qué semidiós imitaría? —preguntó. Albus frunció el ceño confundido. —En realidad, dijo que imitarás a un duende latino de Santa Claus —respondió. Se encogió de hombros—, sea lo que sea que significa aquello.

Leo Valdez sin duda era el mejor semidiós que hasta el momento Scorpius había imitado. Le gustaba su compartimento infantil, bromista, alegre, divertido y coqueto. Eso si, la idea de usar nuevamente el cabello negro y otra vez lentes de contacto, ahora marrones, no le llamaba mucho la atención, sobre todo usar un hechizo para que sus orejas se pusieran puntiagudas. La ropa le encantó. Los vaqueros marrones y la camisa blanca con tirantes negros eran geniales, pero el cinturón que tenía era fantástico: no sabía como lo hizo Albus, pero pudo meter cientos de cosas ahí adentro, sobre todo herramientas de construcción. La parte complicada fue aprender su vida. Nació en Texas, era hijo de Hefesto, dios del fuego y la forja, y la mortal Esperanza Valdez. Al ser hijo del dios herrero y una mujer que se recibió de ingeniería mecánica, Leo era el doble de bueno con las maquinas que cualquiera de sus medio-hermanos. Y lo mejor de todo, tenía el don del fuego (aunque Hugo comentó que gracias a eso, su madre murió cuando él tenía ocho años. No fue apropósito, pero Leo se estuvo culpando por años por la muerte de Esperanza Valdez). Hugo había conseguido hacer una poción bastante difícil que creaba fuego que no quemaba, se la dio a él y le dijo que si quería hacer aparecer llamas en sus manos, solo debía tomar tres gotas de la poción. Scorpius estaba tan emocionado que se puso de pie y se acercó a la chimenea.  Estaba a punto de tocar el fuego cuando Albus lo jaló hacia atrás, mirándolo como si se hubiese vuelto loco. Algo que obviamente pasaba. Hugo se palmeó la frente. —¡No, idiota! ¡Aléjate del fuego, Scorpius! No eres como Leo Valdez que puede resistirse a las llamas. Serás hurón carbonizado. —Dijiste que podía soportarlo —protestó él. —Dije que podrías soportar el fuego de la poción, ¡no el de la chimenea! —le espetó—. Lo único que nos falta es que te mueras quemado. —Hurón carbonizado —rió Albus. Scorpius rodó los ojos y se sentó en unos de los sofás, repasando la vida de Leo Valdez. El chico era enamoradizo, se había enamorado de Thalia Grace, la hermana cazadora de Jason Grace, Quione, diosa de la nieve, Reyna Ramírez-Arellano y Hazel Lesvesque, aunque esos podían ser llamados amores platónicos, ya que en verdad Valdez estaba enamorado de Calypso. Caleo se llamaba su shipp, la pareja era la tercera en las favoritas de Rose de Percy Jackson; la primera era obviamente Solangelo y la segunda Valdean. Albus y Hugo se fueron de allí con la intención de llamar a Rose para que fuera a la Casa de los Gritos para encontrar a Scorpius. Él estaba nervioso, casi como la vez que se disfrazó de Percy Jackson, por supuesto que esta sería la tercera vez que imitaba a un semidiós, pero era la primera vez que lo hacía luego de besar a Rose. Se preguntó si todo saldría bien.

A Rose le resultó tierno que Scorpius siguiera con esto de los semidioses, así que cuando su primo y hermano le dijeron que él la estaba esperando en la Casa de los Gritos, no dudó en dejar su estudio por la mitad e ir a su baúl a buscar algo que ponerse, algo atractivo pero que no fuera vulgar. Aprovechando que era fin de semana y no necesitaba usar el horrible uniforme de Hogwarts, Rose se puso unos jeans ajustados y un top blanco con la leyenda "I'm sexy", desordenó su cabello rojo para que se viera más salvaje, pero que no perdiera su brillo. Por último, se puso unos tacones azules. Su corazón le pertenecía a Scorpius desde que tenía catorce años, pero eso no significaba que le molestarán las miraras que las personas le dedicaban; ella podía ser de Gryffindor, pero compartía unas similitudes con las serpientes, como el egocentrismo, a Rose le gustaban las miraras de envidia de las chicas y las miraras de deseo de los chicos. Pero ahora, que sabía que Scorpius también la quería y la estaba esperando en la Casa de los Gritos, ignoró todas las miraras que le dedicaban por caminar con rapidez al lugar donde se encontraría con su mejor amigo. A pesar de que era un día soleado, Rose tuvo que usar un Lumos para poder caminar por el camino del Sauce Boxeador, tenía que tener especial cuidado porque llevaba tacones y realmente la idea de caerse y ensuciarse la ropa no le gustaba en absoluto. —Leo Valdez —suspiró encantada al verlo. Scorpius todavía no notó su presencia, estaba arrodillado frente la chimenea, mirando atento el fuego. Rose se acercó con cuidado de no hacer ruido y se inclinó atrás de él para abrazarlo. Él se sobresaltó pero al darse cuenta de que era ella, sonrió.  —Mmm, que bien te queda la remera —ronroneó coqueta, acercándose a su boca. Rose recordaba divertida como en los primeros besos que se dio con él, Scorpius lo hacía de manera torpe y siempre terminaba sonrojado y mirando al suelo avergonzado, aquello simplemente le parecía tan adorable que volvía a besarlo. Rose podía acostumbrarse a besarlo toda la vida, solo tenía que esperar que él le propusiera ser su novia. Rogaba que no tardará mucho. —Gracias —murmuró Scorpius un tanto sonrojado. Él se levantó y caminó hasta el sofá para sentarse, Rose, sonriendo pícaramente, se acercó y se sentó con toda la libertad del mundo en sus piernas. Scorpius se sonrojó más si era posible. —Aww, eres una ternurita, Scorp —ronroneó ella, apretandole las mejillas. Literalmente Scorpius parecía un tomate andante. A Rose le gustaba que fuera tan fácil sonrojado, ahora a los chicos ya no se los podía alagar sin elevar sus egos y ni siquiera tenían un leve color rojo en sus mejillas. Ella se sentía muy afortunada de tener a su lado a Scorpius, quien era uno de los pocos chicos perfectos que quedaban. —Entonces —dijo Rose, lista para preguntarle preguntas sobre Valdez para saber si él había aprendido bien—, ¿con quién está Leo? Scorpius pestañó nervioso. Había olvidado preguntarle a Hugo que debía contestarle, sabía que Rose amaba la pareja de Leo Valdez y Piper Mclean, pero también la que formaban Valdez y Calypso. Rose carraspeó, esperando una rápida respuesta. —Leo está... —vaciló— con Calypso, y a pesar de que su pareja es buena..., él tambien debe de estar con Piper McLean.  Rose sonrió satisfecha y Scorpius se alivió. —¿Hermanos? Mierda. Rose soltó una carcajada al ver a Scorpius balbuceando y tan nervioso. Decidió dejar pasar las preguntas, él ya había aprendido muchas cosas de sus semidioses favoritos como para enojarse por no saber el nombre de alguno de los hijos de Hefesto.  Al menos sabía sobre que Valdean y Caleo eran excelentes parejas. Además, ella no tenía ganas de hacer preguntas, sino de besarlo (y de ser su novia, pero Scorpius, como la mayoría de los chicos, era demasiado lento, y aunque él la amaba, iba a tardar un buen rato en pedírselo). Igualmente, Scorpius pareció tener otros planes, porque la dejó con cuidado en el sofá y se encaminó a la cocina de la Casa de los Gritos -que seguramente debía de tener telarañas- y regresó casi al instante con dos bolsas de Fonzies. Rose reprimió un grito de emoción, desde que leyó La casa de Hadesy apareció aquella comida chatarra, ella tuvo ganas de probarlas, pero por mas que buscara no podía encontrarla en ningún lugar de Londres. Imaginaba que solo se debían de vender en Italia, pero sus padres no aceptaron llevarla al país de origen de Nico di Angelo solo para poder comprar Fonzies. Los padres de Rose eran muy malos porque ¡Fonzies, dioses!, ¿cómo no podían no llevarla a Italia para comprarlos? Scorpius sonrió al verla y se sentó a su lado, ni siquiera pudo pasarle la bolsa de comida chatarra porque Rose ya se lo había arrebatado. —Oh, oh, por los dioses y el Olimpo —murmuró Rose, con la boca llena de Fonzies—. Ésto es una maravilla, parece Ambrosía. ¿Cómo lo conseguiste? Él abrió su bolsa y sacó algo que parecía ser papa frita. Se la llevó a la boca y la probó, Rose tenía razón: los Fonzies eran deliciosos.  —Mi tía Daphne está en Italia ahora —informó Scorpius, limpiando la boca de Rose, quien se había manchado terriblemente por ingerir las papas como loca. Ella le sonrió avergonzada—, le pedí que me trajera esto, hay más bolsas ahí —señaló con la cabeza la cocina, los ojos de Rose brillaron—, puedes quedarte con todo. Rose se inclinó y le dio un beso en la mejilla, completamente feliz. Scorpius entonces se armó de valor y dejó de un lado la bolsa de Fonzies suya como la de ella y le tomó las manos. Rose amplió su sonrisa. —Yo... Bueno, me estaba preguntando si... —Los ojos de ella se iluminaron más y alzó las cejas, esperando impaciente la pregunta— si quisieras venir conmigo al Baile de Graduación.  Al principio, Rose pareció decepcionada (ella realmente había esperado que le pidiera ser su novia), pero al entender bien las palabra de Scorpius recuperó su alegría y lo besó con fuerza en los labios. La respuesta era obvia. Entonces se separó cuando Scorpius le pidió que mirara hacia al frente y el llanto giró la cabeza hacia el lugar donde él le indicaba. No supo como demonios lo hizo (y debía preguntarle para hacerlo ella también), pero de un dedo de Scorpius salía una llama y él estaba escribiendo en el aire tres palabras hechas por fuego al rojo vivo. Te amo, Rose.

Lo siento, lamento haber tardado tanto en actualizar, no recuerdo cuando fue la última vez que subí un capitulo, pero lamento hacerlos esperar. Subiré los dos capítulos y el epílogo que quedan en poco tiempo, ya no más tardanza. Por el momento, espero que hayan disfrutado el capítulo, éste ha sido mi favorito de la historia.

Besos.