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La bruja Granger — capítulo 25

−Draco lo hemos encontrado. −Le dijo Hermione feliz abrazando a su marido.

−Lo hemos hecho. −Le dijo el chico mirando el gran árbol dorado que tenía delante. −¿Qué tenemos que encontrar ahora?

−Nada, ya lo tenemos todo.

−¿Vas a coger una fruta?

−No, es mejor que esto se quede oculto para siempre, ni me quiero imaginar qué pasaría si alguien tuviera la fruta de los dioses.

−Yo tampoco, entonces nos vamos.

−Sí. −Saliendo del jardín, volvieron a Atenas y en su habitación le mostro los cuadernos que tenia con ella y que durante los últimos meses habían ido rellenando.

Después de estar separados tres meses por el entrenamiento de Hermione, Draco la había perdonado y habían avisado a la familia que se casarían nada más terminar sus estudios.

La chica que los quería terminar ese mismo año, se había esforzado mucho y había cogido más asignaturas y como con su entrenamiento aunque apenas había tenido horas para dormir, lo había conseguido.

Por suerte tenían a amigos y familia que les ayudaron con los preparativos de su boda y en julio se casaron por la iglesia, Hermione siempre había soñado con casarse de blanco y rodeada de su familia y sus seres queridos.

Después de su luna de miel que los dos decidieron que la pasarían en la playa sin trabajar y sin estudiar, volvieron a Londres y allí Draco le dijo que le ayudaría a terminar de encontrar las respuestas que buscaba sobre su familia.

Así que tomándose un año sabático empezaron su búsqueda y con el broche que Hermione ya controlaba no les fue difícil.

−¿Vas a apuntar lo de la fruta?

−No Draco. −Le dijo Hermione. −Es demasiado peligroso aunque nadie sepa dónde está.

−Sí que lo es, además mi tío Orión y mi abuelo Cygnus estarán contentos de que le des información de nuevas pociones.

−Yo también, y espero que algún día puedan controlar los hechizos para que los demás también los podáis usar.

−Si no los podemos controlar no importa, ya tenemos muchos y la mitad no sirven para nada, lo que me asombra es que tus antepasadas viajaron mucho.

−Estoy feliz por ellas. −Su primera antepasada, era de un pequeño pueblo griego y tenia poderes que solo un dios podía tener así que los habitantes la echaron cuando apenas era una niña y cuando estuvo a punto de morir unas sacerdotisas la encontraron y la llevaron a su templo donde no solo la criaron sino que también la ayudaron a comprender sus poderes.

Cuando tenía quince años, se fue del templo y empezó su viaje para encontrar su lugar en el mundo y es cuando encontró el árbol, hambrienta y sin saber lo que era cogió una fruta y tras darle el primer mordisco gente con extraños vestidos se presentaron.

−Tiene que morir, ha comido una de nuestras frutas. −Le dijo un hombre.

−Padre ella no tiene la culpa de nada. −Le dijo una mujer y la miro. −Yo me ocupare de ella.

−Es humana.

−Ya no. −Le dijo la mujer mirándolo. −Ha tomado ambrosia y ahora es una semi diosa.

−Si los demás se enteraran de lo que ha hecho, vendrían a buscar el árbol.

−Llévatelo, escóndelo pero ella no tiene la culpa. −Y miro de nuevo a la chica. −Soy Atenea, diosa de la guerra y la sabiduría, ¿Cómo te llamas?

−Alena señora.

−Bien Alena a partir de ahora, estas bajo mi protección y estudiaras conmigo. −Y miro a los demás. −Ella está bajo mi protección, ninguno de vosotros le puede hacer daño. −Y la miro de nuevo. −Vamos. −Y se la llevo.

Durante los siguientes años, Alena aprendió de Atenea, cuando el Partenón fue terminado, se lo regalo a Alena a la que había aprendido a querer como una hija.

−Este será tu hogar a partir de ahora, y no estarás sola, yo misma escogeré a las chicas que estarán aquí.

−Gracias.

−De nada, pero tienes que guardar en secreto que comiste ambrosia y que yo te he entrenado.

−No diré nada, lo ocultare.

−Es mejor así, si lo supieran muchos te perseguirían para que les dijeras lo que sabes.

−Lo sé. −Con su nueva vida en el Partenón aprendió mucho mas de las mujeres que Atenea le llevo.

−Quien lo hubiera dicho. −Le dijo Hermione a su marido. −Al final sí que mi antepasada conoció a Atenea.

−Sí que lo hizo, pero creo que es mejor que lo mantengamos en secreto.

−Es lo mejor. ¿Volvemos a Londres?

−Sí, haremos nuestras maletas y volvemos a casa.

−Sí. −Dándole un beso, se pusieron a hacer sus maletas y cuando las tuvieron las dejaron a un lado para el día siguiente.

Unas horas más tarde, el matrimonio llegaba a Londres y tras ir a saludar a sus padres se iban al ministerio directos al despacho de Orión que como siempre no estaba solo.

−Buenos días.

−Buenos días chicos. −Les saludo Orión. −¿Qué tal vuestro viaje?

−Ya hemos terminado. −Le dijo Draco y le dio la caja que llevaba. −Allí tienes nuevas pociones, y hechizos espero que los podáis controlar para enseñarlos al pueblo, parece ser que después de que la antepasada de Hermione saliera del Partenón estuvo viajando por Europa hasta que se encontró a un grupo de romanies que la dejaron viajar con ellos durante varios años, ellos le dieron las cosas que Herms tiene, la ouija, la bola y todo eso, cuando llegaron a Irlanda ella se quedo allí, años más tarde su descendiente llego a Canterbury y allí se quedaron hasta el abuelo de Hermione.

Ante eso todos miraron a la chica.

−Así que ya sabes todo de tu familia.

−Lo sé. −Y de su mochila saco un pergamino. −Aquí está mi árbol genealógico, desde Alena hasta ahora.

−¿Y qué hay antes de Alena?

−No hay nada, sus padres su pueblo la desterró porque tenía poderes que solo un dios podía tener, así que sin importarles que fuera una niña la echaron y cuando estaba a punto de morir unas sacerdotisas le salvaron la vida, allí es donde conoció a Atenea y lo demás ya lo conocéis.

Orión se la quedo mirando como si supiera que ocultaba algo pero dejándolo de lado miro a sus amigos. −Ya tenemos un misterio resuelto. −Y volvió a mirar a los jóvenes. −Gracias por las nuevas pociones e intentare cambiar los hechizos para que todos los puedan usar, ¿Qué haréis ahora?

−Ahora es hora de agrandar nuestra familia, ya va siendo hora. −Le dijo Draco y cogiendo a su mujer de la mano les dijo: −Nos vemos. −Y se fueron.

Diez meses más tarde, Hermione daba a luz una hermosa niña rubia con los ojos grises a la que le ponían el nombre de Jane y aunque ella tenía padre, fue tan especial como las demás mujeres de su familia.

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