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Recuperando sueños perdidos. — capítulo 8

El lazo de la amistad

La cena transcurrió sin altercados, y después del discurso habitual del director todos los alumnos, bajo el mandato de sus prefectos y premios anuales, comenzaron a dirijirse hacia sus respectivas salas comunes, cuando un grito aterrador inundó el Gran comedor......

Un barullo de gente se apelotonó en la salida de la gran estancia. Harry y Hermione, junto con los demás profesores se dirigieron a toda velocidad hacia el lugar, temiéndose lo peor. Pero cual fue su cara de sorpresa al encontrarse a Peeves lloriqueando en el suelo, mientras gotas de tinta se deslizaban por su transparente figura, a su lado, una niña que parecía de primer año, sonreía, orgullosa de su actuación.

  • ¿Se puede saber a qué viene tanto alboroto? – Preguntó McGonagall, haciendo una aparición estelar, y con su habitual mal talante.

  • Verá usted “señora”, - Comenzó a explicar la niña, que no superaría el metro y medio de altura, y con una voz extremadamente dulce, pero muy disciplinada. – Yo iba muy tranquila detrás de nuestros prefectos, y siguiendo a mis demás compañeros de curso. Cuando “este” individuo – Señaló al poltergeis con desprecio. – decidió tomarla con una compañera mía, y a intentado quitarle su túnica y demás prendas de vestir, de ahí el gran chillido. Yo he decidido intervenir, ya que no soy partidaria de hechos que dañen la integridad de las personas, y permítame decirle, que este lo era. – Dio un pequeño suspiro y prosiguió, ante la atenta mirada de todos los que la rodeaban. – Por tanto, convoqué un tarro de tinta para darle un pequeño escarmiento a “ese sinvergüenza”, y además, le dije sus cuatro verdades. Eso es todo lo que a sucedido. Lamento mucho si he hecho algo indebido, y estaré dispuesta a asumir el castigo que me quiera imponer. – Finalizó la niña, poniendo una mirada de cordero degollado, que hizo que McGonagall se viera en el aprieto de no lanzarse sobre ella y darle un abrazo.

  • No señorita....

  • Samanta Kimberley señora, de Gryffindor.

  • Es cierto. En absoluto creo que hayas obrado mal, todo lo contrario, ya era hora de que alguien le diera su merecido a Peeves, por lo tanto creo que te subiré 20 puntos para tu casa. – Dijo con alegría la mujer.

  • Muchas gracias señora, y lamento el incidente. – Se volvió a disculpar Samanta, haciendo una leve reverencia ante la profesora.

  • Ahora ya se pueden marchar a sus respectivas salas comunes, el día de mañana será muy largo para todos ustedes. – Ordenó con voz autoritaria Harry. De inmediato sus ordenes fueron acatadas, e instantes después todo el Gran Comedor se hallaba de nuevo vacío.

Para una mayor comodidad, tanto Hermione como Harry, habían decidido aceptar unas habitaciones que Dumbledore les había ofrecido para instalarse en el castillo, para que no tuvieran que trasladarse todos los días a sus respectivas casas. Ambas habitaciones quedaban cerca la una de la otra. Hermione se disponía a entrar en la suya, cuando Harry la detuvo.

  • ¿Te diste cuenta de la tal Samanta que ha ingresado en mi casa? Esa chica promete. – Dijo con un brillo especial en los ojos.

  • Pues permíteme decirte que lo único que te va a traer van a ser problemas... – Razonó Hermione.

  • Si claro, ¿No te has dado cuenta de que es igualita a ti?

  • ¿A mi? Por favor Harry, yo nunca le abría hecho eso a Peeves, aunque lo tuviera bien merecido.

  • ¿No? ¿O tal vez fue por que nunca lo llegaste a pensar? – Dijo él, sabiendo cual seria su reacción.

  • Oye... – puso las manos en jarras, mostrando su enfado.

  • NO te enfades, pero admite que es verdad.

  • Yo soy mucho más ingeniosa que ella, lo que pasa es que las situaciones en las que normalmente nos solíamos tropezar con Peeves no eran siempre las más oportunas como para pensar que demonios hacer para darle un escarmiento. ¿No te parece?

  • Bueno.... – Dijo dubitativo, ante la castaña que fruncía el entrecejo. – Puede que tengas razón. – Cedió ante la mirada asesina de su mejor amiga. – Ahora bien, verás como esa pequeña joya en bruto se convierte en una futuro premio anual, y va a desbancar de ese lugar a tus queridos alumnos. – Sacó a relucir el chico el espíritu de competitividad.

  • Eso habrá que probarlo con hechos, y no con banales suposiciones señor Potter. Ahora si me disculpa, voy a dormir, estoy molida... – Dio un largo bostezo y entró en la habitación, y cerró la puerta con suavidad. Iba hacia la cama, cuando tocaron en la puerta. Supuso que debía de ser Harry, y abrió la puerta esperando encontrarse con él, pero no fue así, ya que tuvo que bajar la vista para encontrarse a un par de niños.

  • Hola señorita. ¿Es usted Hermione Granger? – Preguntó una niña delgada, y de ojos verdes esmeralda, con el pelo rubio que le llegaba a la cintura, y unos preciosos rizos bien definidos.

  • Si claro, soy yo. ¿Qué querían? ¿Y por qué no están en sus respectivas salas comunes? – Se molestó Hermione, que intentaba ser disciplinaria, pero al ver que la cara de los chicos denotaba temor. – Mejor pasad y me contáis a que habéis venido. – Invitó cordialmente, y les dedicó una mirada dulce.

  • Verá profesora Granger...

  • Hermione, sino te importa. Es que me hace sentir muy mayor que me llamen profesora.

  • De acuerdo Hermione. – Dijo ahora un chico, que era igual que la otra niña que lo acompañaba, salvo que sus ojos eran marrones, y su pelo un poco más oscuro. – Nosotros somos..

  • Javier y María, sino me equivoco ¿no? – Ambos asintieron a modo de afirmación. – Ahora bien, tomad asiento y decidme a que habéis venido. – Con un ligero movimiento de varita dos sillas aparecieron detrás de los jóvenes, que se miraron abrumados, no terminaban de acostumbrase a las maravillas de la magia.

  • Bueno, no es que no nos guste nuestra casa, ya que pensamos que es muy bonita y acogedora, además de que todos nos han recibido con los brazos abiertos pero.... – María bajó la cabeza.

  • Siempre hemos crecido al lado de nuestra prima Samanta, casi se podría decir que somos como hermanos. – Prosiguió Javier, ya que su hermana parecía no encontrar las palabras. – Pero hoy, cuando el sombrero seleccionador le dijo que debía marcharse a Gryffindor.... Es como si una parte de nosotros se hubiese ido con ella.

  • Entiendo... Así que habéis venido para que os cambiemos de casa. – Dijo Hermione.

  • Yo solo sé que no podría estar sin ella, además creo que las relaciones entre Ravenclaw y Gryffindor nunca han sido muy buenas, y yo no quiero que eso pase entre nosotros. – Sollozó María.

  • Las cosas no siempre suceden como esperamos. – Limpió con el dorso de su mano las lágrimas que recorrían la mejilla de la niña, y le acarició dulcemente el pelo. – Pero si debemos aprender a acertarlas, con ello no quiero decir que os neguéis a seguir hablando con ella, o que vuestros compañeros de casa lleven la razón al decir que nunca os llevaréis bien con los Gryffindors. Escuchadme bien, vosotros, y solo vosotros, sois los dueños de vuestro propio destino, en manos de Samanta y de las vuestras, queda que vuestra amistad siga tan intacta como hasta ahora. ¿Me habéis entendido?

  • Pero....

  • ¿Si? – Preguntó Hermione, ya que veía que María no terminaba de aceptarlo.

  • No va a ser lo mismo, puede que solo nos veamos cinco minutos al día, o que solo compartamos una hora al día....

  • ¿No crees que los más importante es que entre vosotras dos siga existiendo ese vínculo que hasta ahora os a unido? El tiempo es algo secundario, si algo se desea con mucha fuerza, ten por seguro que lo lograrás, y si tu deseo es estar más tiempo junto a ella, verás como acabas encontrando la manera.

  • Creo que lleva mucha razón señorita. – Asintió por fin María, y se fundió con Hermione en un emotivo abrazo, al que poco después se unió Javier, y que alguién estaba viendo desde la puerta.

  • MARIA, JAVIER!!!!!!!!!!!!!!! – Gritó una chica menuda y delgada, mientras corría hacia sus primos.

  • Ola Samanta, estabamos un poco tristes por que no habías caido en nuestra misma casa, pero Hermione nos a asegurado que eso no será ningún problema para seguir con nuestra amistad. – Samanta miró un poco reticente a Hermione, pero después le dedicó una sonrisa, a modo de agradecimiento.

  • ¿Tu querías algo Samanta?

  • No señorita Granger, después de lo que me ha dicho mi prima no se me ofrece nada. Ahora si nos disculpa, nos marcharemos a nuestras respectivas salas comunes, y no la importunaremos más. Que descanse profesora.

  • Eso Hermione, que descanse. – Se despidió María, junto con su hermano Javier.

Ya habían cerrado la puerta, cuando volvió a sonar, y a la castaña, algo cansada ya del ajetreado día, se dirigió con pesar. La abrió y se encontró con María y Javier. Ambos le pidieron que se agachara, y ella obediente así lo hizo. Los dos hermanos depositaron un pequeño beso en la mejilla de la chica, cada uno en un lado, y justo después se marcharon corriendo pasillo adelante, deseando las buenas noches a su profesora. La chica no pudo evitar sonreír, en verdad, podría aconstumbrarse pronto a eso.

Mientras, en la habitación contigua, Harry Potter mantenía una pequeña lucha de sentimientos. No sabía el por qué, pero hasta hacía apenas un mes, sus sentimientos habían permanecido más que claros. Sin embargo, desde la incursión de nuevo en su vida de Hermione, nada había vuelto a ser como antes. A todo esto, se le sumaba que el tenía menos tiempo para Ginny, y que ella tampoco es que hiciera muchos esfuerzos en buscar tiempo para estar con él. Su relación cada día era más monótona y frívola, carecía de la pasión y romanticismo que tenía en un principio. Pero con ella..... todo era distinto, en verdad, siempre lo había sido. Tal vez fijó su atención en Ginny porque daba por sentado que Hermione sería o de Ron o de Krum, por eso desechó cualquier idea que estuviera relacionada en profundizar su relación con la chica. Eso, sin tener en cuenta que ella parecía muy interesada en ambos chicos. Harry siempre era un hombro en el que llorar, una opinión con la que contar, su confidente, su mejor amigo, un pilar donde apoyarse en los malos momentos, pero nunca llegaría a ser su amante, ese hombre que la hiciera vibrar, sentirse mujer, sentirse deseada, amada.... Pero otra voz inundó los pensamientos del chico.... “Ron quedó en el pasado, Krum también, y ahora solo estaba él en medio de su camino, para consolarla, y apoyarla una vez más, tal vez si jugaba bien sus cartas....” Se recriminó por esos pensamientos tan sucios, era como aprovecharse de su amiga, y peor aún, estando con Ginny. Tendría que hablar con ella. Aunque de algo estaba seguro, lo que sucedió en el lago tenía que haber significado algo para ella, le correspondió el beso, eso quería decir algo... “tal vez necesitara consuelo, lo ha pasado muy mal” dijo una voz dentro de su cabeza. En un arrebato de valentía decidió que no había mejor manera de saberlo que preguntárselo a la propia Hermione. Con paso decidido, y sin percatarse de que solo llevaba unos boxers y camiseta, llamó a la puerta de la habitación de la chica.

Hermione estaba apunto de acostarse a dormir, tenía un camisón celeste, que dejaba ver la ropa interior de la chica, y sus curvas, dejando más bien poco a la imaginación. Casi estaba metida en la cama cuando volvieron a tocar en la puerta, para ser sinceros, ya les estaban tocando las narices esa noche, ¿acaso nadie dormía en ese colegio? De mal talante se dirigió hacia la puerta, dispuesta a soltarle una reprimenda a aquella persona que perturbaba su sueño, uno que por cierto, no había podido empezar. Llegó a la puerta y la abrió de sopetón, con cara de muy malas pulgas, pero lo que se encontró la dejó sin palabras. Harry, en boxers, y con una camiseta..... “si no la llevara puesta” suspiró para sí misma, e instantes después reprochándose por haberlo pensado.

  • Veo que no te alegras mucho de verme....

  • No, no es eso... es que ya he tenido un par de visitas antes, y bueno... creo que ya me toca dormir ¿No te parece? – Le reprochó por las horas de hacer una visita, y mucho menos en esas condiciones.

  • Si te refieres a la hora de verdad que lo siento, pero... ¿No dicen que los amigos para hablar no tienen horarios? – Lo sabía, sabía que si utilizaba esa frase no se podría negar.

  • Venga pasa, y dime pronto a que has venido... – Se dio por vencida, cayendo abatida sobre su cama, lo que tuvo como consecuencia que el camisón se elevara más de lo necesario, y dejara ver (mejor de lo que antes se veía) los muslos de la chica. Harry tomó asiento en una silla que había cerca de la cama, donde no perdía detalle de la joven, que estirazada contemplaba el techo. No es que le pareciera lo más interesante en el mundo, pero a su edad las hormonas podían jugarle una mala pasada, y más aún, si su mejor amigo, que estaba como un queso, entraba a su cuarto de aquella manera. IMPERDONABLE, pero a la vez excitante.

  • Bueno..... – Harry recorría el cuerpo de su mejor amiga con la vista, pero con gran lujuria, en esos instantes no deseaba otra cosa que no fuera sentirla suya, y como pronunciaba su nombre entre jadeos. Lástima que aquello fuera una mera ilusión.

  • Venga Harry, ¿melo vas a decir ya o has venido solo para no dejarme dormir? – Preguntó la chica, incorporándose lo suficiente como para verla cara de su amigo.

  • Mejor iré al grano. – Se levantó de la silla y se tumbó al lado de la chica. - ¿Recuerdas el día que te dije que si querías ser profesora en Hogwarts?

  • Claro que lo recuerdo.

  • ¿Y lo que pasó aquel día? – Dijo algo avergonzado, y sonrojándose, pero ella no lo miraba, por lo que no pudo notarlo.

  • Claro, llegaste a mi casa y me diste la noticia, después vinimos a Hogwarts a recordar viejos momentos, nos bañamos.... Bueno cuando comenzó a atardecer nos marchamos.

  • ¿Recuerdas lo que pasó en el lago? – Insistió el chico.

  • Si, pero ya hemos hablado de eso, y no creo que tengamos que sacar de nuevo el tema. – Se cerró ella en banda, no tenía la menor intención de volver a sacar ese tema, la incomodaba demasiado.

  • No es por incomodarte, pero.... ¿Sentiste algo especial? – Aquella pregunta se escapaba de todos los esquemas de la chica, y la pilló por sorpresa, lo último que se esperaba que le preguntara era sobre eso.

  • Bueno.....

  • SI yo volviera a besarte.... – Se acercó peligrosamente a ella, sus labios casi se rozaban.

  • Harry... – Suspiró ella, instantes antes de fundirse en un profundo beso con el chico.

Notas de la autora: Olas gente!!!!!!! Ha sido corto el capi pero espero que les haya gustado, dejenme reviews!!!! Son mi unico apoyo para continuar con la historia, lamento mucho la tardanza de verdad, pero me es imposible el haber actualizado antes. Muchas gracias a aquellos que me dejaron un review. OS QUIERO muchos besosssssssssssss

Cristy